Seduciendo A Mister Bridgerton
- Автор: Куинн Джулия
- Язык: испанский
- Жанр: Исторические любовные романы
Электронная книга - «Seduciendo A Mister Bridgerton». Краткое содержание книги:
"Ella dijo exactamente lo que se esperaba que ella dijera," contestó él.
Hyacinth hizo una mueca. "Los hombres nunca han servido para el chisme. Quiero las palabras exactas."
"Es muy interesante," dijo Penelope de repente.
Algo sobre en el tono pensativo de su voz exigió atención, y en segundos la muchedumbre entera se había calmado.
"Hable," instruyó Lady Danbury. “Todos escuchamos."
Colin esperó que tal demanda hiciera sentir incómoda a Penelope, pero independientemente de la infusión silenciosa de confianza que ella había experimentado unos minutos antes, aun la acompañaba, porque estuvo de pie derecha y orgullosa cuando dijo, "¿Por qué se revelaría alguien como Lady Whistledown?"
"Por el dinero, por supuesto," dijo Hyacinth.
Penelope sacudió su cabeza. "Sí, pero usted debe pensar que Lady Whistledown ya es completamente rica. Todos hemos comprado su revista durante años. "
¡"Por dios, ella tiene razón!" exclamó Lady Danbury.
"Quizás Cressida simplemente buscaba llamar la atención," sugirió Colin. Esto no era una hipótesis muy increíble; Cressida había pasado gran parte de su vida adulta que tratando de ser el centro de atención.
"Yo había pensado en eso," permitió Penelope, "pero realmente ¿quiere ella esta clase de atención? Lady Whistledown ha insultado completamente a varias personas durante años. "
"Nadie que signifique algo para mí," bromeó Colin. Entonces, cuándo se hizo obvio que sus compañeros requerían una explicación, él añadió, "¿no han notado ustedes que Lady Whistledown sólo insulta a la gente que necesita ser insultada?"
Penelope aclaro su garganta delicadamente. "Me ha mencionado como un cítrico demasiado maduro."
Él se preocupo por ella. "Excepto las pocas cosas sobre la moda, por supuesto."
Penelope debe haber decidido no llevar el tema más allá, porque todo lo que hizo fue darle a Colin una larga mirada evaluadora, antes de volverse hacia Lady Danbury y decirle, "Lady Whistledown no tiene ningún motivo para revelarse. Cressida obviamente lo tiene."
Lady Danbury emitió un sonido, antes que su cara se convirtiera en un completo fruncimiento de ceño. "Supongo que tendré que darle hasta la quincena para que traiga una 'prueba.' Juego limpio."
"Por mi parte estaré muy interesada en ver lo que ella trae,"expuso Hyacinth. Ella se volteo hacia Penelope y añadió,
"Siempre digo, que eres muy inteligente, ¿sabías eso?"
Penelope se sonrojó modestamente, entonces ella se volteo hacia su hermana y dijo, "debemos retirarnos, Felicity."
¿"Tan pronto?" preguntó Felicity, y para su horror, Colin se dio cuenta que él había articulado las mismas palabras.
"Nuestra madre nos quiere en casa temprano," dijo Penelope.
Felicity parecía realmente perpleja. ¿"Ella quiere eso?"
"Ella quiere eso," dijo Penelope enérgicamente. "Y además que, no me siento bien."
Felicity asintió con la cabeza con desánimo. "Le dire a un lacayo que vea que nuestro carruaje sea traído."
"No, tu te quedas," dijo Penelope, colocando una mano en el brazo de su hermana. "yo lo haré."
"Yo lo haré," anunció Colin. ¿Cual era la utilidad de ser un caballero cuando las damas insisten en hacer las cosas por si misma?
Y luego, antes de que se diera cuenta, él había facilitado la salida de Penelope, y ella dejó la escena sin que él alcanzara a pedirle perdón.
Él supuso que debería haber juzgado la tarde como un fracaso solamente por esta razón, pero la verdad sea dicha, él no podía sentirlo totalmente así.
Después de todo, él había pasado la mayor parte de los cinco minutos sosteniendo su mano.
El CAPÍTULO 12
No fue hasta que Colin despertó la mañana siguiente que sintió que todavía no le pedía perdón a Penelope. En un sentido estricto, probablemente ya no era necesario que lo hiciera; aunque ellos apenas se habían dicho algo en el baile de los Macclesfield la noche anterior, pareciera que forjaron una tregua tácita. De todos modos, Colin no pensó que se sentiría cómodo en su propia piel hasta que él le dijera las palabras, " Lo siento."
Esa era la forma correcta de hacerlo.
Él era un caballero, después de todo.
Y además, él se imaginó verla esa mañana.
Él había ido al Número cinco para desayunar con su familia, pero primero quiso ir directamente donde Penelope para después volver a su casa, entonces saltó en su carruaje para viajar a la casa Featherington en la Calle Mont, aunque la distancia fuera bastante corta para hacerlo sentirse bastante perezoso por ello.
Él sonreía alegremente, mirando la encantadora escena de primavera pasar por su ventana. Este era uno de esos días perfectos cuando todos se siente simplemente correcto. El sol brillaba, se sentía notablemente activo, él había desayunado excelente esa mañana…
La vida realmente no podía ser mejor que esto.
Y se acercaba para ver a Penelope.
Colin decidió no analizar por qué estaba tan impaciente por verla; era la clase de cosas en la que un hombre soltero de treinta-y-tres no le gustaba generalmente pensar. En cambio simplemente disfrutó del día – el sol, el aire, hasta las tres casas adosadas ordenadas que pasó por la Calle Mont antes de divisar la puerta principal de Penelope. No había nada remotamente diferente u original en ninguna de ellas, pero esta era una mañana tan perfecta que parecían excepcionalmente encantadoras topando una al lado de la otra, altas y delgadas, y majestuosas con su piedra de Portland gris.
Este era un maravilloso día, calido y sereno, soleado y tranquilo…
Salvo que cuando comenzó a levantarse de su asiento, una ráfaga corta de movimiento salto a la vista través de la calle.
Penelope.
Ella estaba de pie en la esquina de la calle Mont y la calle Penter – la esquina lejana, la cual no era visible para alguien que mirara desde una ventana en la casa Featherington. Y ella subía en un coche alquilado.
Interesante.
Colin frunció el ceño, mentalmente golpeándose en la frente. No era interesante. ¿En qué demonios estaba pensando él? No era interesante en absoluto. Podría haber sido interesante, si tuviera, supongamos, un hombre. O podría haber sido interesante si el transporte en el cual ella acababa de entrar hubiera sido unos de los carruajes Featherington y no algún coche de alquiler desaliñado.
Pero no, esa era Penelope, que no era ciertamente un hombre, y ella entraba en un carro sola, probablemente dirigiéndose a algún lugar completamente inadecuado, porque si ella hiciera algo apropiado y normal, estaría en un transporte Featherington. O todavía mejor, con una de sus hermanas o una criada, o alguien, no sola, maldita sea, sola.
Este no era interesante, era idiota.
"Mujer tonta," refunfuñó, saltando de su carruaje con la intención de lanzarse hacia el coche, tirando la puerta abierta, y bajarla. Pero cuando su pie derecho dejó los límites de su carruaje, él fue golpeado por la misma locura que lo condujo a vagar por el mundo.
Curiosidad.
Varias maldiciones selectas fueron dichas bajo su aliento, todas ellas autodirigidas. Él no podía ayudarla. Era muy extraño en Penelope salir sola en un coche alquilado; él tenía que saber a donde iba.
Y entonces, en vez de sacudirla a la fuerza para hacerla entrar en razon, él dio instrucciones a su cochero para seguir el carruaje, y ellos fueron por el norte hacia la carretera ocupada por la Calle Oxford, donde, Colin reflexionó, seguramente Penelope tenía la intención de hacer algunas compras. Podían existir varias excusas por la cuales ella no usaba el carro Featherington. Quizás estuviera dañado, o algunos de sus caballos estaba enfermo, o Penelope compraba a alguien un regalo y quería guardarlo en secreto.