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Seduciendo A Mister Bridgerton

Электронная книга - «Seduciendo A Mister Bridgerton». Краткое содержание книги:

A sus veintiocho años, Penélope se ha resignado ya a convertirse en una solterona destinada a envejecer cuidando a su madre. Durante una década, ha asistido a todas las fiestas de la aristocracia londinense, y siempre ha sido la muchacha mediocre, callada, la que nadie saca a bailar más que por compromiso, la que pasa inadvertida para todos. También para Colin Bridgerton, hermano de la mejor amiga de Penélope, guapo, audaz, soltero de oro… y su amor platónico desde siempre. Para Colin, Penélope siempre ha estado ahí, simpática, agradable, pero casi invisible. ¿Cómo es posible que todo cambie de repente? Sin saber bien cómo, el menor de los Bridgerton descubre a una mujer inteligente, sensible, audaz… y muy atractiva. Durante años se han conocido casi como hermanos, y de repente se dan cuenta de que no saben nada el uno del otro. Pero no todo lo que descubrirán va a resultar tan placentero…
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Muchacha astuta, ni siquiera hizo un intento.

Pero como la muchacha astuta que ella era, intentó jugar fingiendo inocencia.

¡"Colin!" finalmente logró decir. "Qué… que…”

¿"Sorpresa?"

Ella tragó aire. "Sí".

"Estoy seguro que lo es."

Sus ojos se lanzaron hacia a la puerta, hacia la nave, hacia todas partes menos al banco donde ella había escondido su sobre. "Yo -yo nunca te vi aquí antes."

"Nunca lo estuve."

La boca de Penelope se movió varias veces antes de que sus siguientes palabras emergieran. "Es muy apropiado, realmente, que tu estuvieras aquí, efectivamente, porque, realmente… uh los… ¿conoces la historia de saint bride?"

Él levantó una ceja. ¿"Es así como se llama?"

Penelope aspiraba claramente a una sonrisa, pero el resultado era más de la clase de idiota boquiabierta. Normalmente este lo habría divertido, pero él todavía estaba enojado con ella por salir sola, siendo descuidad con su seguridad y bienestar.

Pero por sobre todo, él estaba furioso por que ella tenía un secreto.

No tanto por que ella había guardado un secreto. Los secretos se suponía que debían ser guardados, y él no podía culparla por eso. Irracional como era, no podía tolerar en lo absoluto el hecho de que ella tuviera un secreto. Ella era Penelope. Se suponía que era un libro abierto.

Él la conocía. Él siempre la había conocido.

Y ahora pareciera que nunca la conoció.

"Sí," ella finalmente contestó, chillando. "Esta es una de las iglesias de wrenn, tu sabes, fueron hechas después del gran incendio, ellas están por toda la Ciudad, y realmente esta es mi favorita. Yo amo el techo de la torre en punta. ¿No crees que parece un pastel de boda? "

Ella balbuceaba. No era un buen signo cuando alguien balbucea. Generalmente significaba que escondían algo. Era obvio ya que Penelope hacía el intento de ocultar algo, pero la rapidez inusitada de sus palabras le dijo que su secreto era sumamente grande, en efecto.

Él la contempló por un largo rato, Durante varios segundos sólo para torturarla, entonces finalmente preguntado, "¿Es por eso que crees que es adecuado que este aquí?"

Su cara estaba blanca.

"El pastel de boda…" él apuntó.

¡"Ah!" ella chilló, su piel se volvió de un profundo, rojo culpable. ¡"No! ¡Nada de eso! Es sólo que – Lo que quiero decir es que esta es la iglesia de los escritores. Y editores. Creo. Sobre los editores, eso es. "

Ella estaba temblando y sabía que ella estaba temblando. Él podía verlo en sus ojos, en su cara, del mismo modo que en sus manos enroscadas cuando hablaba. Pero ella seguía intentando, seguía intentando mantener las apariencias, y entonces él no hizo mas que dirigirle una mirada sardónica, mientras ella continuo diciendo, "Pero estoy segura sobre los escritores. ¡" Y luego, con un floreo que podría haber sido triunfal si ella no lo hubiera arruinado con un gesto nervioso, "y tu eres un escritor!"

¿"Entonces dices que esta es mi iglesia?"

"Er…" Sus ojos miraron a su izquierda. "Sí".

"Excelente."

Ella tragó aire. ¿"Lo es?"

"Ah, sí," dijo él, dando una liviandad a sus palabras que tenían la intención de aterrorizarla.

Sus ojos se volvieron a su izquierda nuevamente… hacia el banco donde había escondido su correspondencia. Ella había estado tan bien hasta ahora, manteniendo su atención lejos de sus pruebas incriminatorias. Él casi había estado orgulloso de ella por ello.

"Mi iglesia," repitió él. "Qué idea tan encantadora."

Sus ojos se agrandaron, asustados. "No entendí el sentido."

Él se toco la mandíbula, luego sostuvo su mano de una forma pensativa. "Creo que estoy desarrollando un gusto por el rezo."

¿"Rezar?" ella resonó débilmente. ¿"Tu?"

"Oh, sí."

"Yo… bien… Yo… Yo…”

¿"Sí?" preguntó, comenzando a disfrutar de manera enferma. Él nunca había del tipo enojon, meditabundo. Claramente, él no sabía lo que se estaba perdiendo. Había algo bastante placentero en mortificarla. ¿"Penelope?" él siguió. ¿"Tenías algo que decir?"

Ella tragó. "No".

"Bueno." Él sonrió suavemente. "Entonces creo que requiero unos momentos para mí."

¿"como dices?"

Él caminó a su derecha. "Estoy en una iglesia. Creo que quiero rezar."

Ella anduvo a su izquierda. ¿"Perdón?"

Él movió su cabeza ligeramente hacia al lado en cuestión. "Dije que quiero rezar. Esto no es un sentimiento terriblemente complicado."

Él podría decir que ella se esforzaba por con fuerza por no caer en su trampa. Ella trataba de sonreír, pero su mandíbula estaba rígida, y él apostaría a que sus dientes terminarían en volverse polvo dentro de unos minutos.

"No pensé que fueras una persona en particular religiosa," dijo ella.

"No lo soy." Él esperó su reacción, luego añadido, "tengo la intención de rezar por ti."

Ella tragó sin control. ¿"Por mí?" chilló.

¡"Claro," él comenzó, incapaz de impedir que su voz se subiera de tono, "para cuando termine, el rezo es la única cosa que va a salvarte!"

Y con esto él la dejó de lado y anduvo a zancadas hacia donde ella había escondido el sobre.

¡"Colin!" ella gritó, corriendo frenéticamente tras él. ¡"No!"

Él saco el sobre de detrás del misal sin mirarlo. ¿"Quieres decirme que es esto?" exigió. "Antes de que yo mire por mi mismo, ¿quieres decírmelo?"

"No," respondió, con voz quebrada

Su corazón rompiéndose en la expresión de sus ojos.

"Por favor," pidió. "Por favor devuélvemelo." Y luego, cuando él la contempló solamente con ojos duros, enojados, ella susurró, "es mío. Es un secreto."

"¿Valoras tu secreto o tu bienestar?" él casi rugió. ¿"Valoras tu vida?"

¿"De que estas hablando?

¿"Tienes alguna idea lo peligroso que es para una mujer andar sola en la Ciudad? ¿Sola en cualquier partes?"

Todo lo que dijo fue, "Colin, por favor." Ella se acerco al sobre, todavía sostenido fuera de su alcance.

Y de repente sin saber lo que él que hacía. Este no era él. Esta furia insana, esta cólera – no podía ser él.

Y aún así lo fue.

Pero la parte preocupante fue… que Penelope le había hecho esto. ¿Y qué había hecho ella? ¿Viajar sola a través de Londres? Él estaba irritado con ella por su carente falta de preocupación por su propia seguridad, pero esto palidecía en comparación por la furia que él sentía por que ella se guardara sus secretos.

Su cólera era completamente injustificada. Él no tenía ningún derecho de esperar que Penelope compartiera sus secretos con él. Ellos no tenían ningún compromiso, nada más allá de una amistad bastante agradable y solo un, inquietante, beso. Él seguramente no habría compartido sus diarios con ella si ella no hubiera tropezado con ellos.

"Colin," susurró. "Por favor… no lo hagas."

Ella había visto sus escritos secretos. ¿Por qué debería él ver los suyos? ¿Tenía ella a un amante? Que eran todas estas tonterías que no había tenido antes de besarla-¿tonterías?

Por Dios, este fuego que sentía en su vientre… ¿celos?

"Colin," suplico otra vez, ahogándose ahora. Ella tomo su mano, tratando de impedirle abrir el sobre. No con fuerza, ya que ella nunca podría vencerlo en esto, sólo con su presencia.

Pero no había ninguna forma… ningún modo que lo hubiera detenido en aquel momento. Él habría muerto antes de devolverle el sobre sin abrir.

Él rasgo el sobre abriéndolo.

Penelope soltó un grito estrangulado y huyo de la iglesia.

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