Seduciendo A Mister Bridgerton
- Автор: Куинн Джулия
- Язык: испанский
- Жанр: Исторические любовные романы
Электронная книга - «Seduciendo A Mister Bridgerton». Краткое содержание книги:
Sus labios se cerraron alrededor de ella, y antes de que hubiera sentido nada más que el calor de él, ella se retiro del asiento sorprendida, sus caderas se apretaron desvergonzadamente contra él, luego retrocedieron cuando él respondió contra ella, sosteniéndola inmóvil mientras el le daba placer.
"Ho, Colin, Colin," jadeó, sus manos volaron alrededor de su espalda, apretando desesperadamente sus músculos, no queriendo nada además que sostenerlo y tenerlo y nunca dejarle ir.
Él tiro de su camisa, liberandola del cinturón de sus pantalones, y ella siguió su señal resbalando sus manos bajo la tela y dirigiéndolas a lo largo de la piel caliente de su espalda. Ella nunca había tocado a un hombre de esta forma; ella nunca había tocado a nadie de esta manera, excepto tal vez a si misma, e incluso así, ella no podía tocarse tan fácilmente su espalda.
Él gimió cuando ella lo tocó, luego tensándose cuando sus dedos pasaron rozando a lo largo de su piel. Su corazón saltó. Le gustaba esto; le gustaba el modo en que ella lo tocaba. Ella no tenía la menor idea de que hacer, pero a él le gustó igualmente.
"Eres perfecta," susurró él contra su piel, sus labios se abrieron camino atrás hasta la parte oculta de su barbilla. Su boca reclamó la suya nuevamente, esta vez con intensificado fervor, y sus manos deslizaron hacia abajo hacia su derriere, metiéndose y amasando y pulsándola contra su excitación.
"Ho mi Dios, te deseo," jadeó él, aplastando sus caderas hacia abajo. "Quiero dejarte desnuda y pentretarte y nunca dejarte ir."
Penelope gimió con deseo, incapaz de creer cuanto placer ella podía sentir con solo palabras. Él la hizo sentir malavada, traviesa, "y tan deseable".
Y ella nunca quiso que esto terminara.
"Ho, Penelope," gemía él, sus labios y manos eran cada vez más frenéticos. "Ho, Penelope. Ho, Penelope, ah-" Él levantó su cabeza. Muy repentinamente.
"Ho, Dios."
¿"Qué sucede?" ella preguntó, tratando de levantar su cabeza del cojín.
"Nos hemos detenido."
Le tomó un momento reconocer el significado de esto. Si ellos se habían detenido, eso significaba que ellos habían alcanzado probablemente su destino, que era…
Su casa.
¡"Ho, Dios!" Ella comenzó a tirar la blusa de su vestido con movimientos frenéticos. "¿No le podemos pedir al conductor que siga?"
Ella había demostrado ya ser una completa desenfrenada. Ya parecía poco dañino en este agregar "desvergonzada" a su lista de comportamientos.
Él la ayudo acomodar la blusa de ella, y la acomodo en su lugar lugar. ¿"Cuál es la posibilidad de que tu madre no haya notado mi carro delante de su casa aún?"
"Ninguna, realmente," dijo ella, "pero Briarly lo habrá reconocido."
"¿Tu mayordomo reconocería mi carruaje?" Preguntó con incredulidad.
Ella asintió con la cabeza. "Cuando viniste el otro día. Él siempre recuerda cosas así."
Sus labios giraron y con un tono de voz gravemente decidido. "Muy bien, entonces," apuntó él. "Ponte presentable."
"Puedo correr hasta mi cuarto," comento Penelope. "Nadie me verá."
"Lo dudo," dijo él siniestramente, acomodando su camisa y alisando su pelo.
"No, te lo aseguro-"
"Y yo te aseguro," indicó él, marcando sus palabras. "Que tu serás vista." Él lamió sus dedos, luego los paso por su pelo. ¿"Parezco presentable?"
"Sí," ella mintió. En verdad, él parecía ruborizado, con los labios hinchados, y su pelo que no se adhería remotamente a ningún estilo convencional.
"Bien." Él bajo del carruaje y le ofreció su mano.
¿"Tu también entraras?" preguntó.
Él la miró como estuviera repentinamente chiflada. "Por supuesto."
Ella no se movió, demasiado perpleja por sus acciones para dar la orden de moverse a sus piernas. No existía seguramente ninguna razón por la cual él tuviera que acompañarla al interior. La situación realmente no lo ameritaba, y-
"Por Dios, Penelope," dijo él, agarrando su mano y tirando de ella hacia abajo. ¿"Vas a casarte conmigo o no?"
El CAPÍTULO 14
Ella golpeó el pavimento.
Penelope era – en su opinión, más elegante que lo que la mayor parte de las personas acreditaban. Era una buena bailarina, podía tocar el piano con sus dedos perfectamente arqueados, y podía moverse por lo general en un cuarto atestado sin chocar con una cantidad poco común de gente o mobiliario.
Pero cuando Colin hizo su oferta bastante normal, su pie entonces a mitad de camino de salir del carruaje encontraron solo aire, su cadera izquierda encontró el freno, y su cabeza encontró las puntas de las botas de Colin.
"Por dios, Penelope," exclamó él, poniéndose en cuclillas. ¿"Estas bien?"
"Estoy bien," ella logró decir, buscando un agujero en la tierra que debía acabar de abrirse, de modo que ella pudiera arrastrarse lentamente en el y morir.
"¿Estas segura?"
"No es nada, realmente," contestó ella, sosteniendo su mejilla, en lo que ella estaba segura haber dejado una perfecta marca en la bota de Colin. "Sólo un poco sorprendida, eso es todo."
"¿Por qué?"
¿"Por qué?" ella resonó.
"¿Sí, por qué?"
Ella parpadeó. Una vez, dos veces, entonces otra vez. "Er, pues esto podría tener que ver con tu mención sobre el matrimonio."
Él la levanto bruscamente poniendo la de pies, casi dislocando su hombro en el proceso. "Bien, ¿en que pensaste que yo diría?”
Ella lo contempló con incredulidad. ¿Él estaba loco? "No, eso," finalmente contesto.
"No soy un completo patán," refunfuñó él.
Ella limpio el polvo y los guijarros de sus mangas. "Nunca dije que lo fueras, yo sólo-"
"Puedo asegurarte," siguió él, ahora pareciendo mortalmente ofendido, "yo no me comporto como lo hice, con una mujer de tu clase sin dar una propuesta de matrimonio."
La boca de Penelope se abrió hasta el suelo, dejándola quedar como un búho.
¿"No tienes una respuesta?" exigió.
"Todavía trato de entender lo que decías," confesó ella.
Él plantó sus manos en sus caderas y la contempló decididamente con falta de indulgencia.
"Debes confesar," dijo ella, con su barbilla alzada considerando su propuesta de forma sospechosa, "sonó realmente como si tu, er -Como lo dirías – hubieras propuesto matrimonio antes. "
Él le frunció el ceño. "Por supuesto que no. Ahora toma mi brazo antes de que comience a llover."
Ella alzó la vista hacia el cielo azul claro.
"Así como vas," dijo él con impaciencia, "estaremos aquí durante días."
"Yo… bien…" Ella aclaro su garganta. "Seguramente puedes perdonarme mi carencia de calma ante tremenda sorpresa."
¿"Ahora quién habla en círculos?" él refunfuñó.
"Perdóname."
Su mano apretó a su brazo. "Vaya sólo ponte en camino."
¡"Colin!" ella casi chilló, tropezando con sus pies cuando ella subía las escaleras. "Estas seguro-"
"Nada como el presente," contesto, casi con garbo. Él parecía completamente cómodo consigo mismo, lo que la dejó perpleja, porque habría apostado su fortuna entera – y como Lady Whistledown, ella había acumulado una verdadera fortuna – que él no había querido pedirle matrimonio hasta el momento en que su carruaje estacionara en el frente de su casa.
Tal vez no incluso cuando sus palabras habían salido de sus labios.
Él se dio vuelta. "¿Tengo que llamar?"
"No, "yo" "
Él llamó de todos modos, o mejor dicho golpeó, si uno intenta ser específico en eso.
“Briarly," dijo Penélope con un intento de sonrisa cuando el mayordomo abrió la puerta para recibirlos.