El Largo Camino A Casa
- Автор: Стил Даниэла
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «El Largo Camino A Casa». Краткое содержание книги:
La odisea de una niña maltratada que, una vez convertida en mujer, tiene valor para liberarse del pasado y tomar las riendas de su propio destino. Toda una lección de entereza, esperanza y amor.
“Ingresé en el sacerdocio por ellos, por los hermanos de San Marcos, porque sabía que era la mayor alegría que podía darles. No querían otra cosa de mí y yo les di mi corazón y mi vida. Pensaba que si hacía algo bueno por una vez, Dios me perdonaría por lo que les había hecho a mi madre y a Jimmy.
“Fui feliz durante mucho tiempo, Gabbie. Me sentía bien aquí, haciendo lo que me parecía correcto. Me gustaba la idea de haber entregado mi vida por mi madre y mi hermano… hasta el día que te conocí y comprendí lo mucho que deseaba recuperar esa vida. No supe lo que era la felicidad ni el amor verdadero hasta que te conocí. Desde el primer momento no deseé otra cosa que ser tu marido y tu amante. Sólo quería estar contigo y darte todo mi ser, mi vida y mi alma., pero mi vida y mi alma ya no me pertenecían y no podía dártelas.
“He intentado imaginarme casado contigo y siendo para ti todo lo que te mereces, pero estoy seguro de que sólo conseguiría decepcionarte. No sé cómo darte todo lo que mereces, y por otro lado tampoco puedo faltar a una promesa. No puedo dejar de servir a Dios porque he encontrado a alguien a quien amo más o con quien prefiero estar. No puedo hacerles eso a los hermanos de San Marcos ni a mis compañeros de San Esteban. Cambié mi vida por la de Jimmy y mi madre porque les había fallado, y si ahora la recupero sólo conseguiré fallarte a ti, a mí y a las personas a quienes ya he entregado mi alma. Siempre tendrás mi corazón, siempre te amaré, siempre estaré contigo. No podría soportar vivir sin ti ni volver a decepcionarles a todos. No puedo dejarles. Si lo hiciera tú y yo nunca encontraríamos la paz. Ahora sé que, por mucho que me cueste, debo quedarme aquí. El trato se cerró hace mucho tiempo y las cosas que prometí darte no me pertenecían. Pero también sé con toda mi alma y mi corazón que no puedo vivir sin ti. No puedo soportar un día más aquí sabiendo que te hallas cerca y no puedo verte. Gabbie, no puedo vivir sin ti.
“Me voy, con Jimmy y con mamá. Me ha llegado la hora. He hecho aquí cuanto podía. Durante mis años de sacerdote he ayudado a algunas personas. No obstante, ¿cómo podría ahora mirarles a la cara sabiendo lo poco que me importan y lo mucho que te quiero? Si no puedo estar contigo, no estaré con nadie. No puedo cumplir las promesas que les hice a ellos y a ti. No puedo dejar a mis hermanos y tampoco puedo dejarte a ti. Estoy dividido en dos. Y con lo mal que me he portado ¿cómo podría ser un buen padre para nuestro hijo?
“Gabbie, tú eres una persona muy fuerte. -otra vez las odiosas palabras, pensó ella con una mueca de dolor, leyendo a través de las lágrimas-. Eres mucho más fuerte que yo. Serás una madre maravillosa para nuestro hijo y yo seré mucho más feliz contemplándoos desde el cielo, si alguna vez llego allí. Cuéntale un día a nuestro hijo lo mucho que le quise y lo mucho que te quise a ti, que fui un hombre bueno, que intenté serlo… pero sobre todo, oh, Gabbie, dile lo mucho que yo te quería. No lo olvides nunca, por favor. Perdóname por lo que he hecho y por lo que estoy a punto de hacer. Que Dios os proteja a los dos. Reza por mí, Gabbie. Te quiero. Que Dios me perdone…”
Firmaba simplemente “Joe”. Gabriella contempló la carta mientras lloraba quedamente. Ahora lo veía todo claro. Joe pensaba que había fallado a todo e mundo y que ella era fuerte, pero sólo porque él tenía demasiado miedo para hacer lo que realmente quería. Estaba más aterrorizado que ella. y el bebé del que hablaba ya no existía. Si Joe hubiese tenido el valor de dejar San Esteban, si hubiesen podido emprender una vida juntos, ella habría podido demostrarle lo equivocado que estaba, que no había fallado a nadie… hasta este momento, cuando les falló a todos y la abandonó mientras le pedía que fuera fuerte porque él no lo era. En cierto modo le recordaba a su padre; la había dejado sola, sin nada a lo que agarrarse salvo una carta. Gabriella quería gritar, pero se limitó a llorar. Leyó la carta varias veces. Todo estaba allí, toda la angustia de Joe, todos sus temores, todo el remordimiento que sentía por cosas de las que no era responsable, como la muerte de su hermano y el suicidio de su madre.
¿Y quién era responsable de lo ocurrido ahora? ¿De quién era la culpa? Gabriella sabía que era suya porque había conducido a Joe a un lugar donde no podía existir, porque lo había arrojado a los brazos de oro fracaso. Y todo eso por el simple hecho de amarle. Le había conducido hasta el borde de un precipicio del que Joe no sabía escapar, así que saltó al abismo y la arrastró a ella con él. Pero Gabriella había sobrevivido y él había muerto. Él la había condenado a un cuartucho en una casa de huéspedes inhóspita. La había dejado sola, sin nada salvo recuerdos y una carta donde le decía lo fuerte que era, algo que ahora Gabriella tendría que ser porque él había optado por ser débil. Y de pronto, tras haber leído la carta por décima vez, Gabriella se sintió indignada, indignada por lo que Joe no se había atrevido a hacer, por lo que no había intentado, por no haberla amado lo suficiente como para vivir. Había huido para refugiarse junto a Jimmy y su madre. Había actuado del mismo modo que su progenitora. Había preferido morir a luchar y correr el riesgo de ganar, de que las cosas fueran bien, de ser felices. No había dado la oportunidad a otras opciones. Había salido por la única puerta que conocía y dejado que Gabbie se las arreglara sin él. a Gabriella le dieron ganas de gritarle, de zarandearle… Si hubiese sabido lo que le rondaba por la cabeza habría podido hablar con él, discutir, incluso abandonarle si eso le hubiese mantenido vivo. Pero Joe no había elegido ninguna de esas opciones. Simplemente se había ido por el extremo de una cuerda en un armario sombrío.
Era la huida de un cobarde, y Gabriella sabía que una parte de sí misma le odiaba, pero que otra le amaría siempre. Y al caer la noche, mientras miraba por la ventana, recordó cuando la madre Gregoria le dijo que la madre de Joe había muerto del mismo modo, que había un problema allí que nada tenía que ver con Gabriella. Mas aún sabiendo eso, se sentí terriblemente culpable. En el fondo de su corazón se sabía responsable de la muerte de Joe. Y mientras pensaba en él, en la oscuridad de la noche, se dijo que por mucho que se hubieran amado, ella le había matado. Había pagado un alto precio por ello, pero estaba segura de que ocurriera lo que ocurriera, Dios nunca la perdonaría.
16.-
Gabriella pasó una semana entera pateándose las calles. buscó trabajo en grandes almacenes, cafeterías y restaurantes, e incluso en el mugriento establecimiento del otro lado de la calle. Pero a pesar de su diploma de Columbia, su experiencia como jardinera, sus buenos modales y su talento para escribir, nadie quería contratarla. Los restaurantes alegaban que nunca había servido mesas y los grandes almacenes su falta de experiencia como dependienta.
Caminó tanto y hasta tan lejos que tuvo que rezar para no sufrir otra hemorragia, pues sus fondos habían disminuido de forma alarmante y no se atrevía a gastar dinero en un médico. Estaba a punto de perder la esperanza cuando una tarde se detuvo en una pequeña cafetería alemana de la calle Ochenta y seis para tomar una pasta y un café. No había comido nada desde el desayuno.
Pidió un bollo de chocolate y un café con schalg, la deliciosa crema que servían en el local. Y mientras merendaba vio al dueño del establecimiento colgar un letrero en la ventana que rezaba: SE BUSCA AYUDNTE. Aunque sabía que era inútil, Gabriella decidió preguntarle por el anuncio cuando fue a pagar. Le dijo que carecía de experiencia pero que necesitaba el trabajo y que estaba segura de que podía servir mesas. Desesperada, dijo que había vivido en un convento y servido las mesas del comedor. Era la primera vez que lo mencionaba, pues no quería responder a demasiadas preguntas, pero necesitaba el trabajo y estaba dispuesta a decir lo que hiciera falta para conseguirlo.