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Juego del Depredador

Электронная книга - «Juego del Depredador». Краткое содержание книги:

Después de ser torturado, el ex SEAL y Caminante Fantasma, Jess Calhoun, regresa a su ciudad natal en Sheridan, Wyoming, donde posee una estación de radio local. Sus intenciones son vivir tranquilamente, escribir canciones y realizar su fisioterapia.
Saber Wynter contesta a un anuncio para la estación de radio… el trabajo perfecto de noche para ella. Es afortunada al alquilarle a Jess, el segundo piso de la estación, en donde también puede trabajar como un ama de casa de medio jornada.
Jess pasa la mayor parte de su tiempo encerrado y aislado en su oficina privada. Pero frente a la fragilidad e inocencia de Saber se despierta en su alma, el poderoso deseo de protegerla, cuidarla y… amarla.
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Supo el primer instante en que ambos empezaron a sospechar. Su energía alimentada por la adrenalina se precipitó. Continuó allí quieta, respirando regularmente y manteniendo los latidos de su corazón, lentos y estables, incluso automáticamente adecuó su ritmo para incluirlos. Podía encontrar el latido de un corazón en las proximidades y trabajar con él, sin siquiera necesitar tocar, pero no era tan fácil o exacto. No podía interrumpir el ritmo, pero podía apaciguar y calmar.

Había tocado con anterioridad a ambos individuos y ya había aprendido de memoria sus ritmos. La actividad bioeléctrica de cada persona era única hasta en una fase reversiva. Saber tenía un pulso eléctrico-magnético sutilmente afilado cuando deseaba dar un golpe con el campo que su cuerpo generaba. Era tan fuerte, que debía mantener su biorritmo muy bajo en el interior de edificaciones y alrededor de otros para impedir interrumpir el equipo sensible, tanto humano como artificial.

La onda era bastante fácil de interrumpir si tocaba su objetivo, pero aún así podía enviar pulsos para atraer el ritmo a la dirección que deseara. La clave era mantener su toque ligero de tal manera que pareciera ser natural. No podía permitir que la energía se elevara alrededor de ella, revelando su presencia a un soldado psíquico realzado.

Esperó hasta que Ken y Mari regresaron a sus ritmos normales, y luego comenzó a abrirse camino sobre la azotea, atravesando, como el hilo en la aguja, entre los dos Caminantes Fantasmas. Se había entrenado contra soldados realzados durante años, moviéndose por áreas aseguradas con cámaras, detectores de movimiento. Cada avance tecnológico en seguridad había sido usado contra ella. La última línea de la defensa habían sido perros y soldados realzados con órdenes de disparar a matar.

No se estremeció cuando fácilmente paso a Mari, moviéndose con el viento, manteniendo su ritmo bajo para no activar sus alarmas naturales. Estaba tan cerca de ella que podría haber extendido la mano y tocar la pierna de Mari cuando se deslizó por allí. Suavemente llegó al borde del techo del garaje adjunto. Si pudiera haber elegido un modo diferente lo habría hecho, pero este era el único camino seguro para bajar sin arriesgarse a hacer ruido. El más mínimo sonido sería llevado por la noche y donde la casa de Jess estaba localizada, había poco tráfico y ninguna otra casa.

Tenía que dejar la azotea cuanto antes. Ken merodeaba el área, peinando cada pulgada de la zona repetidamente. Él no podía sentirla, pero su radar era extremadamente sensible y era el guarda más cuidadoso en el mundo, o él más agudo para gusto de ella. Apenas logró llegar hasta la cuneta antes de que él la alcanzara. Su corazón casi dejó de latir.

La oleada de adrenalina casi fue su perdición. Luchó por controlar la reacción de su cuerpo cuando quedó colgando en el aire. La punta del zapato de Ken tocó sus dedos mientras se detenía, contemplando el área arbolada a través de la propiedad Calhoun. Ella colgaba directamente bajo él, su cuerpo se mezclaba con las sombras del garaje, y rezó para que Mari no mirara demasiado estrechamente a su marido.

Sólo cuando él se movió al otro lado se permitió un pequeño aliento de alivio cuando se dejó caer a tierra. Aterrizó, permaneció agazapada mientras "sentía" la noche alrededor de ella. Atravesar líneas enemigas sin ser detectada requería de una paciencia infinita, y durante años, Saber se había acostumbrado bien a esperar.

Se extendió sobre campo abierto y cruzó con meticulosa lentitud, como un caracol, reptando con ayuda de sus codos y dedos del pie hasta que llegó junto a la alta cerca. Se puso de rodillas en el punto más alto de esta, contando despacio en su cabeza. Era donde sería más vulnerable, aunque debido a que había elegido el punto menos probable de entrada, las posibilidades de que alguien concentrara su atención allí en ese momento preciso eran muy bajas. A veces el azar en verdad era la perdición de un gran asesino.

El punto más alto de la cerca estaba junto a terreno despejado. Pocos intentarían la entrada allí porque podrían ser vistos fácilmente y la cerca era difícil de subir. Ella no tenía ninguna intención de hacerlo de esa forma. Detrás de pequeños arbustos, tumbada en la tierra, cavó una pequeña depresión. Usando su fuerza realzada, dobló la base de la cerca sólo unas pulgadas para así poder arrastrarse por ella. Tuvo que aplanar su cuerpo como mejor pudo, todo el rato moviéndose a un paso de tortuga para no atraer la atención de Ken o Mari. Sería bastante fácil empujar la tierra de vuelta a su lugar y enderezar las pocas pulgadas del cercado cuando volviera, y nadie sospecharía nunca que había abandonado la zona.

Una vez fuera de la cerca, se metió en una arboleda y caminó en silencio. Había poca luz de luna, lo cual la ayudaba. El área estaba llena de maleza con arbustos y bayas, haciendo mucho más difícil ver algo.

Permitió que su propio ritmo se escabullera de su mente, concentrándose en encontrar el de los demás. En algún sitio, alguien vigilaba la casa de Jess y emitían energía. En esa energía sentía una amenaza. Sus capacidades psíquicas eran fuertes cuando debía leer energías y auras. Si bien no podía leer pensamientos de la manera en que algunas de las otras mujeres habían sido capaces de hacer a través del tacto, ella podía sentir el peligro a millas de distancia. Mientras caminaba por los bosques, la impresión de amenaza aumentó considerablemente.

Saber tenía la probabilidad de que Ken o Mari se dieran cuenta del intruso y vinieran a investigar, lo que significaba que ella tendría que estar alerta a cada momento. Percibió el humo de cigarrillo y redujo la marcha, agazapándose en la tierra mientras avanzaba hacia el coche escondido entre los arbustos de un estrecho camino de tierra.

El vehículo estaba aparcado detrás de varias plantas similares a un arbusto. Era imposible verlo desde el camino, y con seguridad no desde la casa de Jess, lo que significaba que quienquiera que vigilaba no podía estar en el coche. Saber se quedó allí de todos modos, esperando un sonido, algo, que le indicara la ubicación del observador.

La brisa cambió ligeramente. Arrugó la nariz. Humo de cigarrillo y perfume… reconoció el perfume. Chaleen.

Saber mantuvo su posición, a yardas del vehículo, respirando profundamente para mantener su cuerpo relajado y su emisión de energía bajo. La idea de que la antigua novia de Jess lo espiara la enfureció, pero no podía permitirse hacer volar su cubertura con una oleada de adrenalina que atraería corriendo tanto a Mari como a Ken.

Chaleen estaba de pie en una roca grande al lado de un árbol. Estaba lo bastante cerca para que a primera vista uno pudiera confundirla con parte del follaje. Llevaba una malla naval oscura e, increíblemente, tacones altos. Sus zapatos parecían absurdos allí en medio del bosque. Sostenía un par de binoculares ante los ojos y estudiaba la casa de Jess, con un débil ceño de fastidio en su cara.

Con un pequeño suspiro de impaciencia, dejó caer los binoculares, dejándolos colgar por la correa alrededor del cuello, luego se bajó de la roca, cuidadosamente para no arruinar sus tacones. Abriendo con un chasquido su teléfono celular, caminó hacia el área más abierta del camino de tierra en una tentativa de captar una señal. En todo momento, siguió observando la casa.

Cuando puso el teléfono en su oreja, su chaqueta se abrió, revelando la pistolera del hombro y el arma bajo su brazo. Llevaba pantalones estrechos y cuando ella dio un paso, el material se estiró lo suficiente para revelar un arma allí también. Saber habría apostado que tenía otra sujeta en la parte posterior de su cinturón, justo donde la chaqueta era lo bastante suelta para ocultarla.

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Главный герой
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