Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Фэнтези » Tres corazones y tres leones [Three Hearts and Three Lions - es]
Tres corazones y tres leones [Three Hearts and Three Lions - es] - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

Tres corazones y tres leones [Three Hearts and Three Lions - es]

Электронная книга - «Tres corazones y tres leones [Three Hearts and Three Lions - es]». Краткое содержание книги:

Tras ser herido en un campo de batalla de la Segunda Guerra Mundial, Holger deja de ser un moderno soldado para encarnarse en un caballero armado, exiliado en un mundo de brujería y magia donde se libra una sangrienta guerra. La hechicera Le Fay utilizará su espada contra Caos; la doncella-cisne querrá que ayude a su apacible pueblo. Al principio, él se negará a servir a ambas en un intento de retornar a la realidad, pero la Tierra era su exilio: es aquí, bajo el ardiente aliento del dragón, donde deberá luchar y morir…
1 ... 41 42 43 44 45 46 47 48 49 ... 53
Перейти на страницу:

Los miembros del grupo estaban demasiado agotados como para tragar algo más que un poco de comida y envolverse en sus mantas. Hugi se encargó de la primera ronda de vigilancia, y Holger de la segunda. En aquel momento la noche era absoluta. Holger atizó el fuego, se apretujó el manto para vencer el frío y miró a sus compañeros.

El brillo hacía que sobresalieran sus figuras. Carahue dormía como un gato, con la misma tranquilidad y comodidad que aparentaba cuando estaba despierto. Hugi se había enrollado en la manta como si fuera un capullo, y sólo sobresalía de ella su nariz, que roncaba sensualmente. Holger posó la mirada en Alianora, y la dejó allí. La manta se había deslizado. Estaba de costado, con las piernas recogidas hacia arriba y las manos encima de sus pequeños pechos. Su rostro, que podía vislumbrar entre una mata de cabello, era infantil, y con el sueño había adoptado una apariencia extrañamente indefensa. Holger se agachó para arroparla. Sus labios rozaron la mejilla de la joven y ella sonrió sin despertar.

El se levantó. Sentía una pesadez más por ella que por sí mismo. Ya era bastante malo que se hubiera visto atraído por irresistibles poderes guerreros, pero odiaba pensar que ella se hubiera visto arrastrada con él, Dios sabría hasta dónde. ¿Pero qué podía hacer? ¿Qué podía hacer? Golpeó la palma de una mano con el puño cerrado de la otra.

—Maldición —murmuró—. Maldición —exclamó sin saber si estaba lanzando una maldición o estaba implorando.

—Holger.

Se dio la vuelta de un salto. Ya tenía la espada en la mano. Pero sólo encontró la oscuridad, más allá de la hoguera. So— pió el viento, la hierba seca murmuró, en algún lugar gritó un búho.

—Holger.

Caminó hasta el borde del círculo encantado.

—¿Quién anda ahí? —preguntó en voz baja, a pesar de sí mismo.

—Holger —contestó la voz—. No grites. Sólo hablaré contigo.

Los latidos de su corazón se lanzaron a una carrera. Dejó caer la espada, como si se hubiera vuelto demasiado pesada para él. Morgana le Fay avanzó hasta la luz.

Esta ondeaba, pintándole a ella de rojo sobre el fondo de negrura. Las sombras acariciaban ese cuerpo dentro del largo y vacilante vestido. El fuego tocaba sus ojos y encendía en ellos pequeñas llamas.

—¿Qué quieres? —preguntó Holger.

La sonrisa de ella era lenta y hermosa.

—Tan sólo hablar contigo. Ven aquí conmigo.

—No —contestó, sacudiendo violentamente la cabeza, esperando que así se aclarara—. No hay nada que hacer. No daré un paso más allá del círculo.

—Nada tienes que temer. Al menos nada de los seres a quienes detendrían tus símbolos. Están en otra parte, preparándose para la batalla —se encogió de hombros—. Pero sea como tú quieres.

—¿Qué tienes entonces para amenazarme? —preguntó—. ¿Más caníbales?

—Aquellos a quienes encontraste hoy tenían órdenes estrictas de mantenerte vivo a toda costa —dijo ella con la mayor seriedad—. Habrías hecho mejor en entregarte a ellos. Te habrían traído hasta mí, sin daño alguno.

—¿Y mis amigos?

—¿Qué son para ti esos conocidos de sólo unas semanas? ¿Por qué has de preocuparte de ellos? En cualquier caso, querido mío, el grupo al que rechazaste hoy ha regresado con el ejército principal de su tribu. Y el jefe está loco de ra— bia por la vergüenza que dejaste caer sobre él. Ni yo ni el propio infierno podremos impedir que trate de matarte la próxima vez que te encuentre. Sólo podrá recuperar el honor comiéndose tu corazón. Vente conmigo, Holger, mientras puedas.

—¿Contigo, que has ayudado a enseñar a esos pobres salvajes a comerse hombres?

Morgana hizo una mueca.

—No hice yo eso. Ciertos aliados míos, los demonios y sus profetas, a quienes Caos ha utilizado para poner bajo nuestro control a los montañeses… ellos han predicado esa tosca religión. Que no es la que yo les habría enseñado —su sonrisa retornó—. Yo creo en la alegría, en el cumplimiento de la vida, eso es lo que te enseñé una vez y te volvería a enseñar otra, Holger.

—Tampoco ese argumento funcionará —dijo él. Miró más allá de ella, hacia la noche. Y esta vez, comprendió de pronto, sabía lo que decía. Ya no deseaba a Morgana le Fay. Cuando ella se acercó y le tomó la mano, sus dedos le produjeron la misma sensación que los de cualquier mujer. Una mujer atractiva, ciertamente, pero nada más que eso.

—No eres la persona más constante del mundo —dijo ella, todavía sonriendo—. Una vez te rebelaste contra el señor al que habías jurado lealtad, el propio Cari. Nunca había tenido un enemigo más fiero hasta que tu gran corazón puso fin a la enemistad.

—Pero sospecho que nos reconciliamos —contestó Holger, apartando la mano de ella.

Morgana miró a Alianora. Su suspiro contenía una tristeza no fingida.

—Percibo que una brujería más antigua que la mía te ha hechizado, Holger. Bueno, fue gozoso en otro tiempo. Nada podrá quitarme eso.

—En cambio tú me has quitado el pasado —replicó Holger con amargura—. Me convertiste de nuevo en niño y me enviaste fuera de mi universo. Y no he regresado por ti. Alguna otra cosa me trajo, algo que ninguno de nosotros entiende.

—Entonces ya sabes eso —dijo ella—. ¿Querrías saber algo más? Si lo deseas, puedo hacer que recuperes la memoria perdida.

—¿A qué precio? ¿Al mismo que quisiste la última vez?

—Por menos. No será necesario que traiciones a tus amigos de ahora. Puedo hacer que también ellos prosperen. Tu actual dirección sólo les conduciría a la destrucción, contigo.

—¿Y cómo puedo confiar en tu palabra?

—Déjame que te devuelva la memoria. Sal de ese círculo para que pueda utilizar un hechizo que disuelva la oscuridad que hay en ti. Entonces recordarás los juramentos que te atan a mí.

Holger la miró. Estaba de pie, alta y serena, salvo por el cabello oscuro que se agitaba bajo la corona. Sin embargo, Holger sintió que ella estaba tan tensa como un alambre a punto de romperse. Su boca, llena, había adelgazado, la curva de la nariz estaba dilatada, los reflejos de mego que había en sus ojos parecían enfebrecidos. Lentamente, ella me apretando los puños.

¿Por qué razón la bruja más poderosa del mundo le temía? Holger meditó en ello, allí de pie, bajo la noche ventosa, con el sueño a sus pies y la negrura por encima de la cabeza. Ella tenía poderes, sí, y los había utilizado contra él; pero él mismo poseía alguna otra fuerza, que se le oponía, y esa fuerza le decía: «Hasta allí, y no más lejos.» Todos los actos de magia que ellos habían intentado, en Avalon, en Faerie, en las tierras de los mortales, no habían conseguido detenerlo. Ahora hasta la propia belleza de Morgana se había vuelto impotente por causa de aquellos ojos grises y las trenzas morenas. Ya no tenía encantamientos que pudieran detenerle.

Desde luego, a algo que no estuviera embrujado por ella, sino que fuera sobrenatural por sí mismo, o incluso al acero frío y ordinario, él seguía siendo terriblemente mortal. —En mi mundo —dijo Holger, no sin cierta perplejidad—eres un mito. Nunca pensé que lucharías contra un mito.

—Tampoco ése es tu mundo —replicó ella—. Aquí tú también eres una leyenda. Este es tu lugar, a mi lado.

El agitó la cabeza.

—Creo que los dos mundos son míos —contestó imperturbable—. De alguna manera, tengo un lugar en ambos.

1 ... 41 42 43 44 45 46 47 48 49 ... 53
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)