Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Фэнтези » Tres corazones y tres leones [Three Hearts and Three Lions - es]
Tres corazones y tres leones [Three Hearts and Three Lions - es] - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

Tres corazones y tres leones [Three Hearts and Three Lions - es]

Электронная книга - «Tres corazones y tres leones [Three Hearts and Three Lions - es]». Краткое содержание книги:

Tras ser herido en un campo de batalla de la Segunda Guerra Mundial, Holger deja de ser un moderno soldado para encarnarse en un caballero armado, exiliado en un mundo de brujería y magia donde se libra una sangrienta guerra. La hechicera Le Fay utilizará su espada contra Caos; la doncella-cisne querrá que ayude a su apacible pueblo. Al principio, él se negará a servir a ambas en un intento de retornar a la realidad, pero la Tierra era su exilio: es aquí, bajo el ardiente aliento del dragón, donde deberá luchar y morir…
1 ... 44 45 46 47 48 49 50 51 52 53
Перейти на страницу:

—Bien —dijo el danés inútilmente—. Aquí estamos.

Sentía la lengua seca.

—Me gustaría volver a ver las estrellas —comentó Alianora. El viento se llevó sus palabras. Hugi le apretó la mano.

—En marcha —dijo Carahue—. ¿Suponéis que nos encontraremos con el troll? Nuestras espadas lo cortarán en jirones. No tenemos que asustarnos por cuentos de viejas.

Cabalgó a paso vivo hasta la entrada de la cueva y penetró por ella.

Holger le siguió, sintiendo la pesadez de la espada en la mano derecha y el escudo en el brazo izquierdo. Sentía el sudor goteando bajo su cota de malla, produciéndole una picazón que no se podía rascar, y dolores apagados en donde harían caído los golpes. El aire de la cueva estaba lleno de olor troll y a carroña. Las llamas de la antorcha danzaban, mentaban y volvían a avivarse, agitando las sombras de los muros. Holger habría jurado que algunas de las formaciones de sombras eran rostros que le miraban. El suelo estaba cubierto de piedras que acuchillaban los dedos de los pies. Precavidamente, Alianora siguió recogiendo trozos de madera y paja entre los huesos de animales esparcidos por el camino. El ruido más fuerte era el de los cascos de los caballos, un agudo golpeteo que era seguido por el eco. Holger tenía cada vez más la sensación de que las paredes se apretaban hacia el interior.

Al final de la cueva habían excavado un túnel de algo menos de tres metros de altura, y no mucho más ancho, lo que obligó a Holger y Carahue a aproximarse. Holger procuró no pensar si el troll lo habría excavado con las manos. En una o los ocasiones sus pies chocaron con lo que podía reconocerse como restos de cráneos humanos. Tras recorrer varias bajadas del túnel, perdió el sentido del equilibrio y sólo sabía que descendían, interminablemente, hacia las tripas de la tierra. Sofocó un deseo de gritar.

El pasillo desembocaba en una caverna ligeramente más grande. En el extremo opuesto se abrían otros tres agujeros, Hugi hizo una seña a sus compañeros y deambuló por allí, desconcertado. La antorcha resaltaba las prominencias de su rostro y pintaba detrás su sombra, como si fuera algo negro y grotesco que fuera a comérselo.

Estudió la llama, que se había vuelto amarillenta y echaba mucho humo; humedeció el pulgar y lo puso en varias direcciones; se agachó para oler el suelo. Finalmente, miró hacia a salida de la izquierda.

—Esta es —gruñó.

—No —replicó Holger—. ¿No te das cuenta de que el suelo desciende en esa dirección.

—No, no es así. No arméis tanto alboroto. —¡Te digo que estás chiflado! —protestó Holger—. Cualquier estúpido…

Hugi le miró con el ceño fruncido.

—Cualquier estúpido puede seguir sus caprichos —terminó el enano—. Quizá tengáis razón. No puedo decirlo con seguridad. Pero opino que éste es el túnel, y sé más de madrigueras que vos. ¿Estáis dispuesto a seguir?

Holger tragó saliva.

—De acuerdo —dijo—. Lo siento. Sigamos.

El espectro de una sonrisa levantó los bigotes de Hugi.

—Buen muchacho —dijo, entrando al trote por el pasillo que había elegido. Los demás le siguieron.

Enseguida cogieron un camino inequívocamente ascendente. Holger no dijo nada cuando Hugi pasó junto a varios agujeros sin ni siquiera mirarlos. Pero cuando llegó a otra triple elección, el enano se quedó deliberando unos minutos. Al final, turbado, dijo:

—Por lo que parece, debemos coger el del centro. Aunque creo que la peste a troll es más fuerte en él.

—¿Acaso eso importa algo? —preguntó Carahue irónicamente.

—A lo mejor su nido está en esa dirección —susurró Alianora. Uno de los caballos resopló: en ese espacio estrecho y resonante, el ruido que produjo fue fantasmal—. ¿No se puede rodear por ninguna parte?

—Es posible —contestó Hugi dubitativamente—. Aunque sería un rodeo muy largo.

—Y tenemos que llegar pronto a la iglesia —intervino Holger.

—¿Por qué? —preguntó Carahue.

—Eso no importa ahora —contestó Holger—. ¿Creéis mi palabra?

No era ése el lugar apropiado para detenerse a explicar la complicada verdad, por muy fiel que el sarraceno hubiera demostrado ser. Pero el hecho evidente era que la espada Cortana resultaba decisiva. El enemigo no se habría esforzado tanto para bloquear esa búsqueda de no haber sido sí.

Morgana podría haber llegado a la iglesia antes que él sin problemas. Pero no debía ser capaz de llevarse el arma a otra arte. Sin duda era demasiado pesada para su fuerza natural, demasiado santa para sus hechizos. Necesitaría ayuda humana, como lo había necesitado cuando robó por primera vez Cortana. Pero los paganos estaban demasiado asustados por la iglesia de San Grimmin para acercarse a ella, incluso aunque Morgana se lo mandara; y sus hombres de otras pares del mundo estaban demasiado atareados preparando el ataque al Imperio.

Sin embargo, si tenía suficiente tiempo podría encontrar a alguien. O… más probablemente… podría invocar a los poderes que interceptarían a Holger en su camino. Hasta ahora había tenido más suerte de la que se merecía; pero sabía perfectamente que no podría seguir abriéndose camino así a través de los aliados de Morgana. Sólo un santo podría conseguirlo, y él estaba muy lejos de la santidad.

Tenía que darse prisa.

Carahue posó gravemente su mirada en él antes de decir:

—Como deseéis, amigo mío. Tomemos entonces el canino más recto.

Hugi se encogió de hombros y abrió la marcha. El agujero se retorcía, se elevaba, se hundía, volvía a elevarse, se esquinaba, se estrechaba, para volver a ensancharse y a estrecharse otra vez. Las pisadas del grupo parecían tamborileos. Como si estuvieran anunciando: Aquí, aquí estamos, troll, aquí. Aquí, aquí, aquí estamos.

Cuando las paredes de la roca se cerraron tanto que les rozaban los hombros, Holger se encontró detrás de Hugi, con Carahue a su espalda y Alianora guiando los caballos junto a la espalda del sarraceno. Ante sus ojos sólo podía ver los chisporroteos de la antorcha. Oyó murmurar a Carahue:

—El más grave de mis pecados es haber permitido a tan dulce doncella entrar en un lugar tan horrible. Dios no me lo perdonará.

—Lo haré yo por él —respondió ella en voz baja.

Carahue sofocó una risa.

—¡Bueno! ¡Con eso basta! Y al fin y al cabo, dama mía, ¿quién necesita el sol, la luna o las estrellas cuando vos estáis presente?

—No, os lo suplico, no debemos hablar.

—Entonces pensaré. Tendré pensamientos de belleza, de gracia, de suavidad y encanto; en resumen, pensaré en Alianora.

—Ay, Carahue…

Holger se mordió los labios hasta que sintió dolor.

—Guardad silencio —les reprendió Hugi—. Nos acercamos a su madriguera.

El túnel terminaba. La luz de la antorcha no se extendía más allá de la caverna. Holger había confundido las visiones de los muros curvándose hacia arriba perdiéndoles en una oscuridad móvil. El suelo estaba lleno de ramas, hojas, paja y huesos: por todas partes había huesos roídos. La peste a muerte le superó. Vomitó.

^¡Silencio! —ordenó Hugi—. ¿Creéis que me gusta este lugar? Quedaos donde estáis. Hay muchas salidas en el otro lado.

El alfombrado crujía bajo sus pies, más fuerte a cada paso. Holger se tambaleaba mareado. Tropezó con un leño. Una rama le arañó el cuello, como si buscara sus ojos. Un mentón humano se deshizo cuando lo pisó. Oía que los caballos se hundían bajo su peso, sacudiéndose indignados.

La antorcha se avivó. En ese mismo momento, Holger sintió una corriente fría.

—¡No estamos muy lejos de la salida! —exclamó Hugi.

«No», repitió el eco. «Nooo.»

El troll se movió bajo las hojas muertas.

Alianora gritó. Holger pensó que hasta entonces nunca había escuchado en su voz un miedo auténtico. —Dios tenga piedad de nosotros —dijo en voz baja Carahue. Hugi se agachó y gruñó. A Holger se le cayó la espada, se gachó para recogerla y volvió a caérsele de nuevo porque mía las manos cubiertas de sudor.

1 ... 44 45 46 47 48 49 50 51 52 53
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)