La chica del tambor
- Автор: Ле Карре Джон
- Язык: испанский
- Жанр: Шпионские детективы
Электронная книга - «La chica del tambor». Краткое содержание книги:
Una vez m�s, Charlie ocult� su reacci�n bajo un nuevo ataque:
-�Si Joseph es israel�, �qu� diablos hac�a viajando en un puerco autom�vil �rabe?
El rostro de Kurtz se quebr� en aquella surcada y arrugada sonrisa que tan espectacularmente hab�a revelado su verdadera edad a Quilley. Alegremente, repuso:
-�Lo robamos, Charlie.
Y esta confesi�n suscit� inmediatamente otra salva de carcajadas, a las que Charlie tuvo, en parte, tentaciones de unirse.
Anunciando impl�citamente con sus palabras que la discusi�n sobre Palestina hab�a quedado, al menos por el momento, quemada, como hab�a deseado, Kurtz dijo:
-�Y lo que ahora querr�s saber, Charlie, es qu� diablos haces aqu� entre nosotros, y por qu� has sido arrastrada hasta aqu� de una manera tan complicada y tan poco ceremoniosa. Te lo voy a decir. Dicha raz�n estriba en que queremos ofrecerte un trabajo. Un trabajo de actriz.
Kurtz hab�a entrado en un buen terreno, y su bondadosa sonrisa indicaba que se hab�a dado cuenta de ello. Su voz se hizo lenta e intencionada, como si estuviera anunciando los n�meros ganadores:
-�Ser� el papel m�s importante que hayas interpretado en tu vida, el que m�s sacrificios te cueste, el m�s dif�cil, el m�s peligroso y, sin la menor duda, el m�s importante. Y no hablo de dinero. Te daremos cuanto dinero quieras. T� misma puedes poner el precio.
El recio antebrazo de Kurtz efectu� un movimiento con el que quit� toda importancia a las consideraciones cremat�sticas. Kurtz sigui�:
-�El papel que hemos pensado confiarte exige la combinaci�n de todos tus talentos, tanto humanos como profesionales, Charlie. Tu ingenio, tu excelente memoria, tu inteligencia, tu valent�a, y tambi�n esta cualidad humana a la que antes me he referido, tu calor humano. Te elegimos, Charlie, te dimos el papel. Hemos buscado mucho, hemos estudiado a muchas candidatas de muchos pa�ses, hasta que te encontramos a ti, y �sta es la raz�n por la que est�s aqu�, aqu�, entre admiradores. Todas las personas que est�n en este cuarto te han visto actuar y admiran tu labor. En consecuencia, m�s valdr� que el ambiente imperante sea congruente con este hecho. Por nuestra parte no hay la m�s leve hostilidad, sino que hay afecto, esperanzas y admiraci�n. Escucha lo que tenemos que decirte. Tal como tu amigo Joseph ha dicho, somos buena gente, al igual que lo eres t�. Te necesitamos. Y hay otra gente, que no est� presente, que te necesitar� mucho m�s de lo que nosotros te necesitamos.
Al callar, la voz de Kurtz dej� un vac�o. Charlie hab�a conocido actores, muy pocos, que sab�an hacer esto con sus voces. La voz as� era como una presencia que, por su implacable benevolencia, se transformaba en adicci�n, y cuando la voz dejaba de sonar, como ocurr�a ahora, el oyente se quedaba solo, varado. Llevada por una instintiva oleada de alegr�a, Charlie pens�: �Primero Al consigue un papel, y ahora lo consigo yo.� Segu�a percibiendo cu�n loca era la situaci�n en que se encontraba, pero esta conciencia era lo �nico que pod�a utilizar para reprimir una sonrisa de excitaci�n que le cosquilleaba las mejillas, pugnando por salir a la superficie.
Consiguiendo una vez m�s hablar en tono de escepticismo, Charlie dijo:
-���sta es la manera en que reparten ustedes los papeles? �Golpeando a las actrices en la cabeza y llev�ndolas maniatadas adonde les da la gana? Imagino que esto ser� habitual en ustedes.
En tono muy sereno, Kurtz dijo:
-�Charlie, jam�s diremos que se trate de un drama normal y corriente.
Y despu�s de decir estas palabras, Kurtz volvi� a ceder la iniciativa a Charlie. Luchando todav�a para no sonre�r, Charlie quiso saber:
-��En qu� clase de actuaci�n me dan este papel?
-�Llam�mosle actuaci�n teatral.
Charlie se acord� de Joseph y de la manera en que la expresi�n divertida desapareci� de su cara, cuando hizo una seca referencia al teatro de la vida real. Charlie dijo:
-�Si se trata de una obra teatral, �por qu� no lo dice? Kurtz le dio la raz�n:
-�En cierto aspecto es una obra teatral.
-��Qui�n la ha escrito?
-�Nosotros nos encargaremos de la trama. Joseph se encargar� del di�logo. Todo con mucha ayuda tuya.
-��Ante qu� p�blico?
Con un adem�n, Charlie indic� las sombras:
-��Estas monadas?
La solemnidad de Kurtz fue tan s�bita y tan tremenda como su buena voluntad. Uni� sobre la mesa sus manos de obrero, avanz� la cabeza dej�ndola encima de ellas, y ni siquiera el m�s en�rgico esc�ptico hubiera podido negar la convicci�n con que se expres�:
-�Charlie, hay gente que jam�s ver� esta obra teatral, que ni siquiera llegar� a saber que se representa, pero que quedar� en deuda contigo mientras viva. Es gente inocente. Personas a las que siempre has tenido simpat�a, en cuya representaci�n has intentado hablar, intervenir en manifestaciones, ayudar. En todo lo que hagas a partir de este momento debes llevar bien metida en la cabeza esta idea, ya que, de lo contrario, puedes llevarnos a la perdici�n, a nosotros y a ti.
Charlie intent� apartar la vista de Kurtz, debido a que su ret�rica era excesiva, demasiado altisonante. Charlie sinti� deseos de que Kurtz empleara aquellos medios con otra persona, no con ella. Rudamente, esforz�ndose una vez m�s en hurtarse a las oleadas de la persuasi�n de Kurtz, Charlie inquiri�:
-��Y qui�n diablos se imagina usted ser para determinar qui�n es inocente y qui�n no lo
es?
-��Te refieres a m�, en cuanto a israel�?
Evitando entrar en terreno peligroso, Charlie repuso: -Me refiero a usted, personalmente.
-�Prefiero soslayar un poco tu pregunta, Charlie, y limitarme a decir que, desde nuestro punto de vista, una persona ha de ser muy culpable para merecer la muerte.
-��Qui�n, por ejemplo? �Qui�n merece la muerte? �Esos pobres insensatos a los que matasteis en el West Bank? �O esos a quienes bombarde�is en el L�bano?
Incluso mientras formulaba estas atolondradas preguntas, Charlie se preguntaba c�mo diablos hab�an comenzado a hablar de muertes. �Hab�a comenzado ella, hab�a comenzado �l? Carec�a de importancia. Kurtz ya estaba meditando su respuesta. Con firme �nfasis replic�:
-��nicamente aquellos que rompen totalmente el v�nculo humano. Estos merecen la muerte.
Tozuda, Charlie sigui� atacando a Kurtz:
-��Hay jud�os as�?
-�Si., hay jud�os que son as�, y tambi�n hay israel�es. Pero nosotros no nos contamos entre ellos, y, afortunadamente, esta noche no constituyen el tema del que debemos tratar.
Kurtz ten�a la autoridad suficiente para hablar de esta manera. Daba las respuestas que los ni�os quieren. Ten�a la preparaci�n suficiente para ello, y todos los que se encontraban en el cuarto, Charlie incluida, lo sab�an. Kurtz era un hombre que s�lo trataba de asuntos que conoc�a por propia experiencia. Cuando formulaba preguntas, se ten�a la seguridad de que antes le hab�an formulado a �l aquellas preguntas. Cuando daba �rdenes se sab�a que antes hab�a obedecido �rdenes ajenas. Cuando hablaba de muerte resultaba evidente que conoc�a la muerte y que la conoc�a muy de cerca, y que en cualquier momento pod�a volver a conocerla.
Y cuando decid�a dar una advertencia, como ahora se la dio a Charlie, era evidente que hab�a afrontado los peligros a que se refer�a. Hablando muy seriamente, dijo:
-�No confundas nuestra representaci�n teatral con la diversi�n, Charlie. No hablamos de bosques encantados. Cuando las luces se apaguen en el escenario, ser� de noche en la calle. Cuando los actores r�an, ser�n felices. Cuando lloren, estar�n tristes y con el coraz�n roto. Y cuando los actores resulten heridos (y resultar�n heridos) no se encontrar�n en situaci�n, al bajar el tel�n, de ponerse en pie de un salto e ir corriendo a coger el autob�s que los llevar� a casa. No habr� posibilidad de remilgos y de alejarse en las escenas duras, no habr� permiso por enfermedad. Ser� una actuaci�n constante desde el principio hasta el fin. Si esto es lo que te gusta, si eres capaz de hacerlo, y nosotros creemos que s�, esc�chanos. Si no es as�, levantemos la sesi�n.