Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Триллеры » Noticias de la noche
Noticias de la noche - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

Noticias de la noche

Электронная книга - «Noticias de la noche». Краткое содержание книги:

Atenas, años noventa, la presión de los emigrantes, clandestinos o no, de los antiguos países del Este, el dinero fácil, los empresarios del pelotazo, la corrupción policial, el todo vale de algunos medios de comunicación, también la conciencia de una democracia reconquistada después de una dictadura, son el telón de fondo de una historia que se inicia con la muerte a cuchilladas de una pareja de albaneses y continúa con el asesinato de dos reporteras de una popular cadena de televisión.
1 ... 39 40 41 42 43 44 45 46 47 ... 68
Перейти на страницу:

– ¿Por Panos?

– Sí. Tiene que entregar un trabajo después de vacaciones, y ella se queda como muestra de solidaridad, aunque me había prometido que vendría.

En cuanto pasa la primera impresión, me imagino al mamón en camiseta y zapatillas deportivas y me sube la adrenalina.

– ¿Qué trabajo tiene que entregar ese aprendiz de verdulero? ¿Estudiar cómo caen las manzanas de los manzanos o cómo se podan las ortigas?

– No es ningún verdulero. Estudia para perito agrónomo.

– ¿Y necesita que alguien le lleve de la mano, el muy inútil? -Si lo tuviera delante le daría de bofetadas hasta cansarme, aunque me dejara para el arrastre con esos músculos que tiene.

– Es duro, lo sé, pero cuando estás enamorado de alguien siempre quieres tenerlo a tu lado. Llega un momento en que los padres pasan a un segundo plano.

Normalmente, cuando me suelta esas filosofadas de pacotilla sacadas de los seriales televisivos me entrego a todos los demonios, pero ahora no tengo valor para chillarle: sé que padece tanto como yo.

– ¿Quieres ir a pasar las fiestas con ella?

No sé cómo se me ha ocurrido, tal vez porque veo lágrimas en sus ojos. No lo esperaba y, por un momento, sus ojos se iluminan detrás de las lágrimas. Pero enseguida recupera la expresión grave, más para contenerse a sí misma que para tranquilizarme.

– ¿Dejarte solo en estas fechas? ¡Ni hablar!

– Olvídate de mí. El caso Karayorgui está tan liado que ni siquiera sé si podremos comer juntos el día de Navidad. Iré de cabeza todo el día. Y tú estarás sola en casa, amargándote la vida.

– Eso costaría un montón de dinero.

– ¿De cuánto estamos hablando? El billete del tren, el regalo de Katerina, que de todos modos compraríamos, y tus gastos de cada día. Con ochenta mil habrá de sobra.

Con lo que tengo en el banco más la paga extra de Navidad bastará para cubrir sus gastos y los de Katerina en el mes de enero. Desde luego no me quedará nada, pero da igual, ya me las arreglaré. Ahora que se lo pongo fácil, Adrianí empieza a dudar.

– ¿Crees que puedo ir? -pregunta recelosa, como temiendo que cambie de opinión y me retracte si muestra su alegría.

– Piensa en lo contenta que se pondrá Katerina. Quiere complacer a ese mamarracho pero seguro que la repatea dejarnos solos.

Desde luego lo hago por Adrianí y por Katerina. Al menos ellas tendrán unas fiestas felices. Hay algo más, sin embargo, que me pone de buen humor: es un golpe bajo contra el inútil ese. Ha conseguido que Katerina se quede en Salónica pero, con Adrianí allí, no la tendrá como criada en exclusiva. Además, no podrá estar a solas con ella, tendrá que cargar con la suegra. Adrianí me abraza con fuerza y pega sus labios a mi mejilla.

– Eres un cielo -susurra cuando se aparta-. A veces se te cruzan los cables y no sabes lo que dices pero, en el fondo, eres un bendito de Dios.

¿Es un cumplido? No sé, pero vuelve a ponerme el plato delante.

– Venga, come -dice imperativamente-. No me gustaría que lo dejaras. Lo he preparado para ti.

Y me obliga a cenar. Se ha superado a sí misma, y el sabor me devuelve el apetito. Ella picotea y me observa, feliz.

– ¿Por eso te aprietan de este modo? -pregunta de repente-. ¿Porque es un caso difícil?

– Qué más da, metieron la pata, porque se ha demostrado que yo tenía razón.

– Si tuvieran dos dedos de frente, te dejarían hacer tu trabajo en lugar de pasarse de listos.

Ha cambiado el disco. Haga lo que haga, tengo razón, nunca me equivoco. No me molesta que me lo diga aunque, en parte, he pagado por ello. A nadie le amarga un dulce. Lo curioso es que no estoy alegre por esto, sino porque he conseguido ahuyentar su tristeza y levantarle los ánimos.

Capítulo 29

Los tomates rellenos me sentaron mal y tuve pesadillas toda la noche. Al principio soñé que Guikas me había suspendido de empleo y sueldo por haber enchironado a Kolákoglu. Decía que lo había hecho para desviar el curso de la investigación, porque recibía sobornos de Pilarinós, que era el violador de las niñas, no Kolákoglu. Yo intentaba convencerlo de que tenía pruebas y le proponía interrogar a Kolákoglu en su presencia. Pero cuando lo trajeron, no era él sino Petratos. Lo sentaron en una silla delante de mí, y yo empecé a gritar: «¡Dime quién te facilitó el ciclostil para imprimir las octavillas porque te mato, comunista de mierda! ¡De aquí no sales con vida!» Y Guikas se había convertido en Kostarás. «Bien, vas bien, empiezas a aprender», decía satisfecho. Pero Petratos mantenía la boca cerrada. Entonces empecé a golpearlo a ciegas, con rabia, y me desperté empapado en sudor.

Ahora estoy sentado al volante del Mirafiori. No se me ha quitado el peso del estómago y sigo con la cena atravesada. Intento ordenar mentalmente información que he reunido hasta el momento. Aún no sé si estoy investigando un caso o si se trata de dos. Si los asesinatos de Karayorgui y Kostaraku guardan relación con la carpeta que me entregó Arma Antonakaki, el asesino es Pilarinós o alguien que actuó bajo sus órdenes. Si no tienen nada que ver, Petratos sigue siendo el sospechoso número uno. Hay algo, sin embargo, que todavía me atormenta. ¿Por qué el asesino revolvió la casa de Kostaraku y en cambio no tocó nada de la de Karayorgui? ¿No debería haber buscado primero allí, si buscaba algo? Salvo que cuando la mató no supiera que este algo existía. Vio en las noticias que Karayorgui había llamado a Kostaraku, empezó a sospechar y le hizo una visita. El otro interrogante es la carta del desconocido «N». Encaja con Petratos, pero no con Pilarinós, que se llama Jristos. Si la muestra de escritura de Petratos no concuerda con la de las cartas, tenemos a tres sospechosos. Y lo peor de todo es que no disponemos de ninguna pista que conduzca a este último. Un auténtico caos.

Veo desde lejos a Zanasis, que me está esperando en la puerta. En cuanto me ve, se acerca corriendo.

– Lo he llamado a su casa pero ya se había ido.

– ¿Qué pasa?

– ¡Hemos encontrado a Kolákoglu!

Algo en su expresión, inquieta y asustada, me dice que hay problemas. De otro modo, se habría hinchado como un pavo.

– ¿Dónde está?

– Vive con nombre falso en el City, un hotel de la calle Nirvana, entre Ajarnón y la avenida Ionías. -Le cuesta hablar-. Se ha subido al terrado del hotel, se ha puesto una pistola en la sien y amenaza con volarse los sesos.

– Pide un coche patrulla -le ordeno tajante.

– Está listo, esperándole.

La sirena del coche abre camino entre el tráfico. Bajamos por Alexandras sin detenernos en los semáforos en rojo y torcemos por Iulianú. Allí empiezan las dificultades, porque la calle es estrecha y nos atascamos cada dos por tres.

– ¿Quién nos ha avisado? -pregunto a Zanasis, que va sentado en el asiento del acompañante.

– El equipo de Hellas Channel.

– ¿Cómo ha llegado allí la televisión?

– Lo encontraron ellos -dice, y ahora entiendo por qué tiene cara de perro apaleado.

Volvemos a establecer el diálogo mudo, como todas las mañanas, aunque hoy un poco más tarde de lo habitual y a través del retrovisor. «Soy un cretino.» «Sé que eres un cretino.»

Hace un esfuerzo por cambiar de tono.

– Tengo noticias del coche de Petratos.

– Ya me las darás después. Ahora hay que resolver otros problemas.

Han cortado el tráfico a la altura de la calle Vurdubá, en Tres Yéfires. La manzana entre las avenidas Ionías y Ajarnón, y las calles Nirvana y Stefanu Visantíu, está bloqueada con coches patrulla, agentes de policía y unidades móviles de televisión.

La fachada del hotel da a la acera izquierda de la avenida Ionías. Salimos del coche patrulla y cruzamos a pie el puente del metro para pasar al otro lado. Al romper el cerco, veo con el rabillo del ojo la furgoneta de la cadena Horizonte pero ni rastro de la unidad móvil del Hellas Channel. Mi curiosidad queda satisfecha al llegar al hotel. Está aparcada delante de la puerta. La avenida Ionías y la calle Nirvana están repletas de policías uniformados, periodistas y cámaras que dirigen la mirada al cielo como si estuvieran viendo una exhibición de cometas. Levanto yo también la cabeza, para no desentonar.

1 ... 39 40 41 42 43 44 45 46 47 ... 68
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)