Noticias de la noche
- Автор: Márkaris Petros
- Язык: испанский
- Жанр: Триллеры
Электронная книга - «Noticias de la noche». Краткое содержание книги:
Guardo silencio.
– Hay algo más. Algo bueno.
Le hablo de Kolákoglu. Al oírme se le ilumina el rostro.
– ¿Por qué no lo has dicho antes? -exclama entusiasmado.
Agarra el teléfono y ordena a Kula que llame a Delópulos. Lo miro estupefacto. Se da cuenta y sonríe.
– Sorprendido, ¿eh? Ahora verás cómo se ejecutan las maniobras.
Cuando Delópulos se pone al teléfono, Guikas se lo cuenta todo menos el nombre y la dirección del bar. Cuelga satisfecho.
– Delópulos está saltando de alegría. A partir de ahora me llamará a mí y a ti te dejará trabajar en paz. Y algo más. Quiero los dos informes, el tuyo y el de Kolákoglu, para enviárselos al ministro. Hay que saber hacer callar algunas bocas.
Sus ojos reparan en la otra carpeta, el separador azul claro. Lo abre y ojea el contenido por encima. Levanta la mirada lentamente.
– Comprenderás que tengo la obligación de ordenar una investigación interna -dice.
– Lo comprendo, aunque me gustaría que se retrasara un poco.
– ¿Por qué?
– Karayorgui está muerta y ya no puede robarnos más documentos. Sin embargo, el que se los facilitaba podría estar muy implicado en esta historia. Ahora duerme tranquilo porque piensa que nadie sospecha de él. Si ordena una investigación interna, lo despertará antes de tiempo. Deje que continúe la investigación en curso, a ver qué nuevos datos nos proporciona.
– De acuerdo -dice tras una breve reflexión-. Informaré personalmente al ministro y le explicaré por qué habrá un retraso. -Recoge la carpeta y me la da-. Guárdala bajo llave. Será mejor que nadie más sepa que existe.
Tengo tantas ganas de ponerme en acción, que en lugar de esperar el ascensor bajo los escalones de dos en dos. Al llegar a mi rellano, veo el tropel de siempre delante de la puerta de mi despacho.
– Si queréis declaraciones, tendréis que hablar con el señor Guikas, chicos. Ya sabéis que se ha hecho cargo personalmente del caso.
Lo saben y no insisten. Empiezan a retroceder hacia el ascensor. Sotirópulos finge que los sigue pero se queda.
– ¿Podemos hablar un poco?
– Me han ordenado que cierre el pico. No me metas en un aprieto.
Sonríe comprensivo y me da unas palmaditas en el hombro.
– Ya pasará el temporal -dice como si me presentara sus condolencias.
Copio en la parte superior de una hoja las salidas de frigoríficos, y las llegadas de viajeros y chárteres en la parte inferior. En otra hoja anoto los cinco nombres de la segunda lista de Karayorgui. Llamo a Sotiris por la línea interior.
– Pregunta a aduanas qué transportaban estos camiones. Seguramente serán de Transpilar, la compañía de Pilarinós. Y pregunta después al aeropuerto si tienen las listas de pasajeros de estos chárteres y viajes organizados. Es probable que viajaran con alguna de las agencias de Pilarinós. A estos cinco quiero que los interrogues tú, personalmente. Nos interesa averiguar el motivo de su viaje.
Recoge las dos hojas pero no se va. El nombre de Pilarinós ha despertado su curiosidad y quiere saber más.
– Venga, no pierdas el tiempo. Ya te contaré cuando llegue el momento. Y llama a Zanasis.
Entretanto intento terminar mi informe, pero no me da tiempo. Zanasis no tarda ni un minuto en llegar.
– Han telefoneado del laboratorio -dice-. El alambre coincide con el que usaron para matar a Kostaraku, pero no pueden afirmar que se trate efectivamente del que se empleó en el crimen. Si hubiésemos encontrado el alambre que utilizó el asesino, tal vez pudieran averiguar si procede del mismo rollo. Sin embargo están seguros de que el trozo no fue cortado con tijeras ni con alicates, sino con la mano.
Es un dato importante. Si Petratos vio el alambre casualmente y se le ocurrió usarlo, tal vez lo cortó con las manos debido a las prisas. Claro que cualquiera que necesitara un trozo de alambre y le diera pereza ir a buscar unos alicates haría lo mismo.
– Petratos conduce un Renegade. Quiero que peines el barrio de Kostaraku, por si alguien lo vio a la hora del crimen. No es probable que recuerden la matrícula, pero anótala por si acaso. XPA-4318. Y lleva estos negativos al laboratorio para que los pasen a papel.
Cuando se va Zanasis, me pongo manos a la obra con el informe y lo termino en quince minutos. Antes de entregarlo llamo por teléfono a Politu, la juez de instrucción que está a cargo del caso del albanés, y la informo de las novedades que se han producido.
– ¿Qué fundamento tiene la sospecha de que se trata de tráfico de niños? -pregunta.
– Todavía no lo sé. Sin embargo no podemos descartar que el albanés matara a la pareja por las razones que suponía Karayorgui, y no por las que él reconoce en su confesión.
– Bien. Le avisaré cuando lo llame a declarar -dice y cuelga.
Entrego ambos informes a Kula y bajo al sótano, donde están los archivos.
El encargado se sorprende al verme.
– ¿Cómo usted por aquí, señor Jaritos?
Es un hombre de unos cuarenta años con la sonrisa siempre a flor de labios. Hace un par de años, tuvo la desgracia de meterse en un lío con el hijo de un ministro, que había herido gravemente a otro hombre en un bar. El ministro presionó para que declararan que lo había hecho en defensa propia, pero Yannis estaba indignado con la desfachatez del chico y no quiso ceder. Al final, al niñito de papá le cayeron seis meses. La sentencia fue suspendida y Yannis acabó en archivos.
– Yannis, me gustaría que me hicieras un favor personal.
– Con mucho gusto, si está en mi mano.
– He de averiguar qué informes de este departamento han salido de los archivos a lo largo del último año y medio, y quién se los llevó.
– ¿Año y medio? -pregunta, y es evidente que se queda estupefacto.
– Sí, pero que quede entre nosotros. No quiero que se entere nadie.
Sé que es una faena. Tendrá que mirar los informes uno por uno: No conozco los números de los archivos y prefiero no preguntar a mi gente, para no alertar al colaborador de Karayorgui.
– ¿Qué le vamos a hacer? Si se trata de un favor… -se resigna Yannis-. Aunque me llevará algún tiempo.
– Tan pronto como puedas. -Le estrecho cordialmente la mano para mostrar mi agradecimiento.
Ha comenzado a lloviznar. Subo al Mirafiori y me pongo en camino para ir a ver a Zisis. Es el contacto que no quise revelar a Guikas.
Capítulo 27
Lambros Zisis vive en la calle Ekavis, en Nea Filadelfia. Si uno se pone en marcha a la una, como hago yo, se necesita al menos hora y media para recorrer la avenida Galatsíu, salir a Patisíon, enfilar Ajarnón y, pasando por Tris Yéfires, llegar a la avenida Dekelías. La calle Ekavis se halla en medio de la bifurcación formada por Dekelías y Pindu, y corre paralela a otra reina olvidada, Yokasta. A lo mejor las han puesto juntas para que se consuelen contándose sus penas.
Conocí a Zisis en 1971, cuando yo hacía guardia en los calabozos de Bubulinas. Kostarás quería que los agentes estuviéramos presentes en los interrogatorios, supuestamente para «instruirnos». En realidad se jactaba de que para él no había huesos duros de roer, los trituraba todos, y para demostrarlo montaba verdaderas representaciones teatrales cuyo público éramos nosotros, los policías novatos.
Sin embargo, en Zisis encontró la horma de su zapato. El hombre había empezado su carrera de mártir en las mazmorras de las SS en la calle Merlín, continuó en Jaidari e hizo su doctorado en Makrónisos *. Se sentaba frente a Kostarás, lo miraba fijamente a los ojos y no abría la boca. Kostarás rabiaba. Con Zisis puso a prueba todos sus conocimientos técnicos: palizas, falangas, falsas ejecuciones; lo dejaba macerar durante horas en un barril de agua helada, lo subía al terrado de Bubulinas y amenazaba con tirarlo abajo, incluso probó con el electrochoque, pero no logró arrancarle más que aullidos de dolor. Palabras, ni una. Cuando me tocaba llevarlo de vuelta a su celda, tenía que sujetarlo por los sobacos o arrastrarlo, porque no se tenía en pie.
* Los nombres corresponden a lugares famosos de detención y tortura, primero bajo la ocupación nazi y después bajo los regímenes represores griegos. (N. de la T.)