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Cincuenta Sombras Liberadas

Электронная книга - «Cincuenta Sombras Liberadas». Краткое содержание книги:

La tercera entrega de la exitosa trilogía Cincuenta sombras
Cuando la joven Anastasia conoce al poderoso y enigmático Grey, comienzan un excitante, sensual y atormentado romance. Erótica, entretenida y profundamente conmovedora, la serie Cincuenta sombras es una historia que te cautivará, te poseerá y se quedará contigo por siempre.
Para público adulto.
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– ¿Por qué? -pregunto en un susurro.

Me mira durante un segundo y sus ojos se abren un poco más.

– Porque me hace sentir querido.

Prácticamente se me para el corazón. Oh, Christian, mi Cincuenta… Y antes de darme cuenta le estoy abrazando y besándole el pecho antes de apoyar la mejilla sobre el vello de su pecho, que me hace cosquillas.

– Ana. Mi Ana -murmura. Me envuelve con sus brazos y los dos nos quedamos de pie inmóviles, abrazándonos en nuestro baño. Oh, cómo me gusta estar entre sus brazos. Aunque sea un imbécil dominante y megalómano, es mi imbécil dominante y megalómano que necesita una dosis de cariño que dure toda la vida. Me aparto un poco, pero no le suelto.

– ¿De verdad quieres que lo haga?

Asiente y sonríe con timidez. Yo le devuelvo la sonrisa y rompo el abrazo.

– Entonces siéntate -le pido otra vez.

Él obedece sentándose de espaldas al lavabo. Me quito los zapatos y los alejo con el pie hasta donde está su camisa tirada en el suelo del baño. Cojo de la ducha su champú de Chanel que compramos en Francia.

– ¿Le gusta este champú al señor? -le digo mostrándoselo con ambas manos como si estuviera vendiendo algo en la teletienda-. Traído personalmente desde el sur de Francia. Me gusta como huele… huele a ti -añado en un susurro abandonando el estilo de presentadora de televisión.

– Sigue, por favor -dice sonriendo.

Cojo una toalla pequeña del toallero eléctrico. La señora Jones sí que sabe hacer que las toallas estén de lo más suaves.

– Échate hacia delante -le ordeno y Christian obedece.

Le cubro los hombros con la toalla y abro los grifos para llenar el lavabo de agua tibia.

– Ahora échate para atrás. -Me gusta estar al mando. Christian me obedece, pero es demasiado alto. Se sienta más al borde e inclina la silla hasta que la parte alta del respaldo se apoye contra el lavabo. Una distancia perfecta. Deja caer la cabeza. Sus ojos me miran fijamente y yo sonrío. Cojo uno de los vasos que tenemos sobre el lavabo, lo sumerjo en el agua para llenarlo y después la vierto sobre la cabeza de Christian para mojarle el pelo. Repito el proceso inclinándome sobre él.

– Huele muy bien, señora Grey -murmura y cierra los ojos.

Mientras le voy mojando el pelo metódicamente, aprovecho para mirarle con total libertad. Dios… ¿Me voy a cansar alguna vez de mirarle? Sus largas pestañas oscuras están desplegadas sobre sus mejillas, tiene los labios un poco separados formando un pequeño rombo oscuro y respira tranquilo. Mmm, qué ganas tengo de meter por ahí la lengua…

Le echo agua en los ojos accidentalmente. ¡Mierda!

– Perdón.

Coge una esquina de la toalla y se ríe al quitarse el agua de los ojos.

– Oye, ya sé que soy un petulante, pero no intentes ahogarme.

Me inclino, le beso la frente y suelto una risita.

– No me tientes.

Me coge la nuca y se acerca para juntar sus labios con los míos. Me da un beso breve a la vez que emite un sonido satisfecho desde el fondo de la garganta. Ese sonido entra en conexión con los músculos de lo más profundo de mi vientre. Es un sonido muy seductor. Me suelta y vuelve a colocarse obedientemente, mirándome con expectación. Durante un momento parece vulnerable, como un niño. Se me ablanda el corazón.

Me echo un poco de champú en la palma y le masajeo la cabeza, empezando por las sienes y subiendo hasta la coronilla para después bajar por los lados haciendo círculos con los dedos rítmicamente. Él cierra los ojos y vuelve a hacer ese sonido grave y ronroneante.

– Qué gusto… -dice un momento después y se relaja bajo el firme contacto de mis dedos.

– ¿A que sí? -Vuelvo a besarle la frente.

– Me gusta que me rasques con las uñas. -Sigue con los ojos cerrados, pero tiene una feliz expresión de satisfacción; ya no queda ni rastro de su vulnerabilidad. Oh, cuánto ha cambiado su humor… Me alegra saber que he sido yo quien ha logrado ese cambio.

– Levanta la cabeza -le ordeno y él obedece. Mmm… Cualquier mujer se podría acostumbrar a esto. Le froto con la espuma la parte de atrás de la cabeza, rascándole con las uñas-. Atrás otra vez.

Vuelve a colocarse y le aclaro el champú con ayuda del vaso. Esta vez consigo no salpicarle la cara.

– ¿Otra vez? -le pregunto.

– Por favor. -Abre los ojos y su mirada serena se encuentra con la mía. Le sonrío.

– Ahora mismo, señor Grey.

Me voy al lavabo que normalmente usa Christian y lo lleno de agua templada.

– Para aclararte -le digo cuando me mira intrigado.

Repito el proceso con el champú mientras escucho su respiración regular y profunda. Cuando tiene la cabeza cubierta de espuma, me tomo otro momento para contemplar el delicado rostro de mi marido. No me puedo resistir. Le acaricio la mejilla tiernamente y él abre los ojos para observarme, casi adormilado, a través de sus largas pestañas. Me inclino y le doy un beso suave y casto en los labios. Él sonríe, cierra los ojos y deja escapar un suspiro de total satisfacción.

¿Quién iba a creer que después de nuestra discusión de esta tarde podría estar ahora tan relajado? Y sin sexo… Me inclino más sobre él.

– Mmm… -murmura encantado cuando le rozo la cara con los pechos. Conteniendo las ganas de sacudirme, quito el tapón para que se vaya el agua llena de espuma. Él me pone las manos en la cadera y después las desliza hasta mi culo.

– No se manosea al servicio -le digo fingiendo desaprobación.

– No te olvides de que estoy sordo -dice con los ojos todavía cerrados mientras me baja las manos por el culo y empieza a subirme la falda. Le doy un manotazo en el brazo. Me lo estoy pasando bien jugando a la peluquería. Sonríe con una gran sonrisa infantil, como si le hubiera pillado haciendo algo de lo que en el fondo se sintiera orgulloso.

Cojo el vaso otra vez, pero ahora utilizo el agua del otro lavabo para aclararle el champú del pelo. Sigo inclinada sobre él, que no me aparta las manos del culo y mueve los dedos de un lado a otro, de arriba abajo, otra vez de un lado a otro… Mmmm… Me contoneo un poco. Él gruñe desde el fondo de la garganta.

– Ya está. Todo aclarado.

– Bien -dice. Sus dedos me aprietan el culo y se incorpora en el asiento con el pelo mojado goteándole por todo el cuerpo. Tira de mí para sentarme en su regazo y sus manos suben desde mi culo hasta la nuca. Después pasan a mi barbilla para mantenerme quieta. De repente doy un respingo al notar sus labios sobre los míos y su lengua caliente y dura dentro de mi boca. Entierro los dedos entre su pelo mojado y empieza a resbalar agua por mis brazos. Su pelo me cubre la cara. Su mano baja de mi barbilla al primer botón de mi blusa-. Ya vale de tanto acicalamiento. Quiero follarte mil veces peor que el domingo y podemos hacerlo aquí o en el dormitorio. Tú decides.

Los ojos de Christian lanzan llamaradas, calientes y llenos de promesas, y su pelo nos está mojando a los dos. Se me seca la boca.

– ¿Dónde va a ser, Anastasia? -me pregunta todavía sujetándome en su regazo.

– Estás mojado -le respondo.

Agacha la cabeza y me pasa el pelo mojado por la parte delantera de la blusa. Me retuerzo e intento zafarme, pero él me agarra más fuerte.

– Oh, no, no te escaparás, nena. -Cuando levanta la cabeza sonriéndome travieso me he convertido en Miss Camiseta Mojada 2011. Tengo la blusa empapada y se me transparenta todo. Estoy mojada… por todas partes-. Me encanta esta vista -susurra y se agacha para rodearme una y otra vez un pezón con la nariz. Me retuerzo-. Respóndeme, Ana. ¿Aquí o en el dormitorio?

– Aquí -le susurro ansiosa. A la mierda el corte de pelo… Ya se lo haré luego.

Sonríe lentamente; sus labios se curvan en una sonrisa sensual llena de una promesa lasciva.

– Buena elección, señora Grey -dice junto a mis labios. Me suelta la barbilla y baja la mano hasta mi rodilla. Después la desliza sin dificultad por mi pierna, subiéndome la falda y acariciándome la piel, lo que me provoca un cosquilleo. Me va recorriendo la línea de la mandíbula desde la base de la oreja sin dejar de besarme.

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