Cincuenta Sombras Liberadas
- Автор: Джеймс Эрика Леонард
- Серия: Cincuenta Sombras #3
- Год: 2012
- Язык: испанский
- Жанр: Романы для взрослых
Электронная книга - «Cincuenta Sombras Liberadas». Краткое содержание книги:
Cuando la joven Anastasia conoce al poderoso y enigmático Grey, comienzan un excitante, sensual y atormentado romance. Erótica, entretenida y profundamente conmovedora, la serie Cincuenta sombras es una historia que te cautivará, te poseerá y se quedará contigo por siempre.
Para público adulto.
Gia está pendiente de Christian, esperando a que tome la decisión. Veo que se le dilatan las pupilas y que separa los labios cubiertos de brillo. Se pasa la lengua rápidamente por el labio superior antes de darle otro sorbo al vino. Cuando me vuelvo hacia Christian me doy cuenta de que todavía me está mirando a mí, no a ella. ¡Sí! Yo voy a tomar las decisiones, señorita Matteo.
– Ana, ¿qué quieres tú? -me pregunta Christian, pasándome claramente la pelota.
– Me gusta la idea del porche.
– A mí también.
Me vuelvo hacia Gia. Oye, chica, mírame a mí, no a él. Yo soy la que toma las decisiones en este tema.
– Me gustaría ver unos dibujos con los cambios incorporados, con lo del porche más grande y los pilares a juego con el resto de la casa.
Gia aparta a regañadientes los ojos de mi marido y me sonríe. ¿Es que cree que no me doy cuenta?
– Claro -concede en tono agradable-. ¿Alguna otra cosa?
¿Aparte de follarte con la mirada a mi marido?
– Christian quiere remodelar la suite principal -continúo.
Se oye una tosecita discreta desde la entrada. Los tres nos giramos y nos encontramos con que Taylor está allí de pie.
– ¿Qué quieres, Taylor? -le pregunta Christian.
– Necesito tratar con usted un asunto urgente, señor Grey.
Christian apoya las manos en mis hombros desde detrás de mí y le habla a Gia.
– La señora Grey está a cargo de este proyecto. Tiene carta blanca. Haz lo que ella quiera. Confío completamente en su instinto. Es muy lista. -Su voz cambia sutilmente; ahora hay orgullo y una advertencia velada. ¿Una advertencia para Gia?
¿Que confía en mi instinto? Oh, este hombre es imposible… Mi instinto le ha dejado esta tarde pasar por encima de mis sentimientos sin la menor consideración. Niego con la cabeza frustrada, pero me alegro de que le esté diciendo a la señorita demasiado-provocativa-pero-desgraciadamente-buena-en-su-trabajo que yo soy la que está al mando. Le acaricio la mano que tiene sobre mi hombro.
– Disculpadme. -Christian me da un apretón en el hombro antes de seguir a Taylor. Me pregunto qué estará pasando.
– Hablábamos de la suite principal… -retoma nerviosa Gia.
La miro y espero un momento para asegurarme de que Christian y Taylor no pueden oírnos. Entonces, reuniendo toda mi fuerza interior y aprovechando que he estado muy enfadada las últimas cinco horas, me decido a descargarlo con ella.
– Haces bien en ponerte nerviosa, Gia, porque ahora mismo tu trabajo en este proyecto pende de un hilo. Pero no tiene por qué haber ningún problema siempre y cuando mantengas las manos alejadas de mi marido.
Ella da un respingo.
– Si no, te despido, ¿entendido? -digo pronunciando todas las palabras con mucha claridad.
Parpadea muy rápido, totalmente asombrada. No se puede creer lo que acabo de decir. Yo misma no me puedo creer lo que acabo de decir. Pero me mantengo firme y miro impasible sus ojos marrones que se abren cada vez más.
¡No te eches atrás! ¡No te eches atrás! He aprendido de Christian, que es el mejor en estas cosas, esa expresión impasible que descoloca a cualquiera. Sé que renovar la residencia de Christian Grey es un proyecto prestigioso para el estudio de arquitectura de Gia, una bonita pluma para poner en su sombrero. No puede perder este encargo. Y ahora mismo me importa un comino que sea amiga de Elliot.
– Ana… Señora Grey… Lo siento. No pretendía… -Se ruboriza sin saber qué más decir.
– Seamos claras. A mi marido no le interesas.
– Por supuesto… -dice ella y se queda pálida.
– Solo quería ser clara, como he dicho.
– Señora Grey, me disculpo si es que ha pensado que… he… -no termina la frase porque sigue sin saber qué decir.
– Bien, siempre y cuando nos entendamos, todo irá bien. Ahora voy a explicarte lo que tenemos en mente para la suite principal y después quiero que veamos la relación de materiales que tienes pensado usar. Como sabes, Christian y yo queremos que esta casa sea ecológicamente sostenible y quiero saber qué materiales vamos a utilizar y de dónde proceden, para que él se quede tranquilo.
– Claro, claro… -balbucea todavía con los ojos muy abiertos y parece sinceramente intimidada por mí. He triunfado. La diosa que llevo dentro da una vuelta al estadio saludando a la multitud enfervorecida.
Gia se toca el pelo para colocárselo y me doy cuenta de que es un gesto de nerviosismo.
– Bien, la suite… -dice nerviosa con un hilo de voz.
Ahora que tengo el control me siento relajada por primera vez desde mi reunión con Christian de esta tarde. Puedo hacer esto. La diosa que llevo dentro está celebrando que ella también lleva dentro una bruja.
Christian vuelve con nosotras justo cuando ya estamos terminando.
– ¿Ya está? -pregunta. Me rodea la cintura con el brazo y se vuelve hacia Gia.
– Sí, señor Grey. -Gia sonríe ampliamente, pero su sonrisa parece tensa-. Volveré a enviarle los planos modificados dentro de un par de días.
– Excelente. ¿Estás contenta? -me pregunta directamente con la mirada cariñosa y a la vez inquisitiva.
Asiento y me sonrojo no sé por qué.
– Tengo que irme -dice Gia con demasiado entusiasmo. Extiende la mano para estrechar la mía primero y después la de Christian.
– Hasta la próxima, Gia -me despido.
– Sí, señora Grey. Señor Grey.
Taylor aparece en la entrada del salón.
– Taylor te acompañará a la salida -digo lo bastante alto para que él me oiga.
Ella vuelve a tocarse el pelo, se gira sobre sus tacones altos y sale de la habitación seguida de cerca por Taylor.
– Estaba bastante más fría -señala Christian, mirándome burlonamente.
– ¿Ah, sí? No me he dado cuenta. -Me encojo de hombros intentando parecer indiferente-. ¿Qué quería Taylor? -le pregunto en parte porque tengo curiosidad y en parte porque quiero cambiar de tema.
Con el ceño fruncido Christian me suelta y empieza a enrollar los planos sobre la mesa.
– Era sobre Hyde.
– ¿Qué pasa con él?
– Nada de lo que preocuparse, Ana. -Deja los planos y me atrae hacia sus brazos-. Por lo que parece no ha pasado por su apartamento en semanas, eso es todo. -Me da un beso en el pelo, me suelta y termina lo que estaba haciendo-. ¿Qué habéis decidido? -me pregunta y sé que es porque no quiere que siga interrogándole sobre Hyde.
– Lo que tú y yo hablamos. Creo que le gustas -le digo en voz baja.
Él ríe.
– ¿Le has dicho algo? -me pregunta y yo me ruborizo. ¿Cómo lo sabe? Como no sé qué decir, me miro los dedos-. Éramos Christian y Ana cuando ha entrado y señor y señora Grey cuando se ha ido. -Su tono es seco.
– Es posible que le haya dicho algo -murmuro. Cuando levanto la vista para mirarle, él me está observando con ojos tiernos y por un momento parece… encantado.
Baja la mirada, niega con la cabeza y su expresión cambia.
– Solo reacciona ante esta cara. -Suena un poco resentido, incluso un poco asqueado.
Oh, Cincuenta, no…
– ¿Qué? -Le sorprende mi expresión de perplejidad. Sus ojos se abren por la alarma-. No estarás celosa, ¿verdad? -me pregunta horrorizado.
Me sonrojo, trago saliva y me miro los dedos entrelazados. ¿Lo estoy?
– Ana, es una depredadora sexual. No es mi tipo. ¿Cómo puedes estar celosa de ella? ¿De cualquiera? Nada de lo que ella tiene me interesa.
Cuando levanto la vista, está mirándome como si me hubiera salido una extremidad de más. Se pasa una mano por el pelo.
– Solo existes tú, Ana -dice en voz baja-. Siempre existirás solo tú.
Oh, Dios mío… Dejando los planos una vez más, Christian se acerca a mí y me coge la barbilla entre el pulgar y el índice.
– ¿Cómo has podido pensar otra cosa? ¿Te he dado alguna vez señales de que podía estar remotamente interesado en otra persona? -Sus ojos sueltan llamaradas, fijos en los míos.