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El tiempo es lo más simple [Time is the Simplest Thing - es]

Электронная книга - «El tiempo es lo más simple [Time is the Simplest Thing - es]». Краткое содержание книги:

Llegó un momento en que el hombre tuvo que admitir que no le sería posible alcanzar las estrellas. Lo había sospechado por los cinturones radioactivos de Van Allen, cuando fueron descubiertos por el sabio astrónomo que le dio su nombre, hasta que gradualmente, se llegó a su total certidumbre.
Pero el hombre, con su interminable ingeniosidad, resolvió el problema con el auxilio de los telépatas, y con la ayuda de una gigantesca organización del más alto secreto, llamada “Anzuelo”, mediante la cual, los hombres podían lanzar sus mentes a las profundidades del espacio. Y en una de esas ocasiones, Sheperd Blaine, mientras exploraba su camino asignado por el “Anzuelo” tomó contacto con una criatura fantástica, sin forma, omnisciente, una amsitosa Cosa de Color de Rosa que le dijo: “Intercambio mente con la tuya”.
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Llegaron al coche de Rand, que estaba en la carretera. Subieron y Rand arrancó el vehículo sin encender las luces. Lo puso en marcha y continuó siguiendo la ruta de la carretera general, volando a pequeña altura.

—La policía no puede realmente hacer mucho más — dijo —. Pero creo que es preferible no verse mezclado en nada de todo eso, y evitarlo si es posible.

Rand evitó el centro del pueblo y fue serpenteando por las calles laterales. Finalmente llegó a una larga avenida, llegó a un aparcamiento y se detuvo.

—Ya hemos llegado. Vamos a tomarnos ese trago.

La puerta de atrás del Puesto Comercial se abrió a su llamada y entraron por la parte trasera de la factoría. La mayor parte de aquel lugar, según pudo apreciar Blaine, estaba dedicada a almacenamiento; pero un rincón hacía las veces de cuarto de estar. En él había una cama, una estufa y una mesa. La estufa era una maciza chimenea con un amplio hogar en el que ardían troncos de madera, y unas cuantas sillas confortables se hallaban dispuestas a su alrededor.

Cerca de la puerta que daba a la parte opuesta del amplio local, se observaba una gran caja de madera maciza, de estructura parecida a una gran cabina telefónica antigua, y Blaine, aunque no había visto ninguno, creyó ver en el acto que se trataba de un «transo», la máquina de transferir materia, que hacía de la red de distribución de los Puestos Comerciales del Anzuelo en todo el mundo, una vasta posibilidad económica. A través de aquel dispositivo podría ir, en cualquier momento, cualquier mercancía que fuese solicitada por los millares de clientes en un momento determinado. Aquella era la máquina a que Dalton se había referido con ocasión de la fiesta de Charline, la terrible máquina que hubiera borrado de la faz del mapa terrestre todos los intereses de las sociedades de transportes, en beneficio exclusivo del Anzuelo. Y que resultaría una catástrofe en cuanto se pusiera a disposición del público.

Rand le indicó una silla con un ligero gesto de la mano.

—Póngase cómodo — le dijo a Blaine — Grant, nos gustaría destapar una buena botella; ¿no tiene usted una por ahí a la mano?

El factor convino con un gesto.

—Ya sabe usted que sí. ¿Cómo podría vivir si no, en un lugar como este?

Blaine tomó asiento en una de las sillas que había frente al fuego, y Rand tomó otra frente a él. Se frotó las manos con la caricia del fuego.

—De nuevo nos hallamos compartiendo una botella — recordó a Blaine. Yo diría que es como renovar la familiaridad que ya tuvimos la pasada vez.

Blaine sintió crecer en su interior una tensión molesta, con el sentimiento de sentirse atrapado; pero hizo un gesto de asentimiento a Rand.

—¿Sabe usted el margen que tuve aquella noche? —preguntó —. Ocho asquerosos minutos. Así sucedió.

—Calculó usted mal, Shep. Tuvo usted exactamente doce minutos. Los muchachos se retrasaron un poco en sacarle de los registradores.

—Y Freddy Bates. ¿Quién podía haber imaginado que Freddy trabajaba para usted?

—Se sorprendería usted, querido Blaine — dijo Rand — de ciertas personas de las que están trabajando igualmente para mí.

Por unos instantes parecieron medirse mutuamente, mientras recibían el agradable calor de los troncos de manzano que ardían en la chimenea.

Rand dijo finalmente:

—¿Por qué no se confía a mí, Shep? Dígame lo sucedido. Yo no puedo saberlo todo, ni puedo figurármelo. Usted se proyectó con la mente más allá de las Pléyades y usted volvió trastornado de allá…

—¿Trastornado?

—Sí, ciertamente. Lo supimos y nos convencimos de que usted había captado algo extraño y enviamos a otros al mismo lugar. Su famosa criatura permanecía en el mismo sitio, les miró fijamente y eso fue todo. Los muchachos trataron de hablar con ella, pero permaneció absolutamente muda. Es como si no hubiese querido oírles. Eso nos ha confundido y no podemos comprender..

—La hermandad — repuso Blaine —. Nosotros hicimos algo parecido a un rito que usted no comprendería…

—Creo que sí — dijo Rand —¿Hasta dónde es usted extrahumano, Shep?

—Póngame a prueba y véalo.

Rand se encogió de hombros.

—No, gracias. Sabrá usted que le hemos seguido el rastro por todas parles. Empezó con Freddy y continuó más fantástico a medida que se alejaba usted.

—¿Y qué piensa usted con este asunto?

—Maldito si lo sé.

El factor llegó con la botella y los vasos.

—¿No trae uno para usted? — preguntó Rand al funcionario.

Grant sacudió la cabeza.

—No, gracias, señor; tengo muchas cosas que poner en orden por ahí adentro, si no le importa…

—Por supuesto que no, Grant — le dijo Rand —. Vaya, vaya a su trabajo. Una cosa…

—¿Qué es, señor?

—Imagino que el señor Blaine pasará la noche aquí…

—Bien, aunque me parece bastante incómodo.

—No me importa — dijo Blaine.

—Puedo ofrecerle mi cama, señor; pero, francamente, no es ninguna ganga. Una vez acostumbrado, puede usarla; pero al principio…

—No había pensado en utilizarla.

—Le conseguiré algunas mantas y puede dormir bien sobre el suelo. Créame, lo pasará mejor que en la cama.

—Cualquier cosa — dijo Blaine —, le agradeceré lo que sea; me resulta igual.

Rand tomó la botella y la descorchó.

—Le traeré esas mantas dentro de un momento — dijo el factor.

—Gracias, Grant.

El funcionario del Puesto salió. La puerta que daba a la parte frontal del almacén gimió suavemente tras él. Rand escanció el licor.

—Y ahora — dijo —, a menos que usted se niegue, ya no tendrá por qué continuar aquí.

—¿No?

—Me vuelvo al Anzuelo, a través del transo. Podría usted venir conmigo, si quiere.

Blaine permaneció silencioso. Rand le ofreció el vaso.

—Bien, ¿qué dice usted?

Blaine sonrió.

—Está usted poniendo el asunto demasiado fácil.

—Quizá ya lo esté igualmente.

Y se tomó un trago, echándose sobre el respaldo de la silla.

—Puedo comprender la parte de enajenación sufrida por usted — dijo Rand —. No es más que un riesgo profesional con el que se encara cualquier viajero de la casa. Pero, ¿cómo fue robada la máquina? Usted estaba en sociedad con Stone, por supuesto.

—Sabrá usted que Stone ha muerto.

—No, no lo había oído. — Pero parecía dudoso.

Y repentinamente, a juzgar por la voz de Rand y de una especie de intuición, Blaine comprendió que a Rand no le importaba lo más mínimo que Stone hubiera muerto, ni que Finn se hallara en el pueblo. Todo aquello le resultaba una misma cosa a Rand. O quizá habría mucho más que aquello. Pudiera ser que Rand se hallase completamente satisfecho y hubiese aprobado parte de lo que Finn estaba haciendo, ya que así el monopolio del Anzuelo quedaría sobre un mundo desprovisto de parakinos, sobre millones y millones de personas que se verían forzadas a aceptar y a entrar en trato con el Anzuelo para el comercio con los mundos lejanos. «Y de aquella forma, el Anzuelo con Rand a la cabeza, pensó Blaine con una profunda sorpresa, se hallaría apoyando la cruzada emprendida por Finn y sosteniéndola para que siguiera adelante con su inevitable conclusión».

Y si aquello era cierto, ¿habría sido el Anzuelo en vez de Finn, quien hubiera asesinado tan brutalmente a Stone?

Blaine reculó ante semejante monstruosidad; pero la idea quedó arrinconada en su cerebro, ya que la situación revelaba por sí misma algo más que una simple lucha particular entre Finn y Stone.

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