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Электронная книга - «Al Amparo De La Noche». Краткое содержание книги:

El comienzo de una tragedia… Cate Nightingale vive con sus gemelos de 4 años en el pueblo de Trail Stop. A pesar de que ha enviudado siendo muy joven, saca adelante a sus niños gracias a su trabajo en un hostal en el que recibe pocos visitantes. La ayuda de Calvin Harris, muy hábil para la carpintería o la fontanería, es fundamental para que su negocio subsista. Pero Cate ni siquiera se imagina qué tan importante será este hombre en su vida, hasta que la desaparición de uno de sus huéspedes desencadena la tragedia. Y cuando Calvin la rescata de una situación muy peligrosa, Cate comienza a mirar con otros ojos a este ex marine que sólo desea entrar en su corazón
…Los llevará a una arriesgada aventura. Calvin Harris es un hombre solitario que realiza tareas de mantenimiento en el hostal de Cate Nightingale. Secretamente enamorado de la protagonista, la ayuda en todo lo que puede para que ella y sus hijos puedan vivir sin apuros económicos. Sin embargo, el destino lo obligará a demostrar su callada valentía para salvar a sus vecinos de un horrible fin. Escapa con Cate bajo el amparo de la noche, para obtener la ayuda que necesitan y así deshacerse de los invasores. Y quizá a través de esta verdadera odisea para contactar con el pueblo más cercano, la mujer a la que ama descubra el verdadero héroe que hay en él.
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Vale, estaba hecho un flan. Pero no se trataba de él. Se trataba de Neenah. De Neenah aterrada y sin tener a nadie con quien hablar.

Se relajó, se reclinó en el sofá y se dejó envolver por los cojines. Mientras miraba las lámparas, las plantas, las fotografías, los libros, los adornos y una especie de marco de madera con una costura a medias pensó que era un salón de mujer. Había un televisor de diecinueve pulgadas colocado entre libros en lo que parecía un viejo aparador. La pared izquierda estaba ocupada por la chimenea y las brasas ardiendo delataban que había encendido el fuego para combatir el frío de la noche.

Ella no se había relajado; todavía estaba sentada con la espalda recta; Creed sólo le veía la espalda. No pasaba nada. Quizá ella necesitaba aquella sensación de anonimato.

– Hice carrera en los marines -dijo él, al final, mientras observaba cómo ella tensaba los hombros y lo escuchaba atentamente-. Veintitrés años. Vi mucha acción y me vi atrapado en medio de muchas situaciones tensas. De algunas pensé que no saldría con vida y, cuando lo hacía, a veces temblaba tanto que creía que se me iban a romper los dientes. La mezcla de miedo y adrenalina pueden dejarte tocado y quizá necesites un tiempo para recuperarte.

Se quedaron en silencio, un silencio palpable como una caricia. Creed la oía respirar, cada suave inhalación y espiración, el delicado ruido de la tela que retorcía con los dedos. Entonces, ella murmuró:

– ¿Cuánto tiempo?

– Depende.

– ¿De qué?

– De si tienes a alguien en quien apoyarte o no -respondió él, mientras alargaba los brazos y, con delicadeza, la agarraba por los hombros y la echaba hacia atrás.

Ella no se resistió, pero Creed percibió su sorpresa y su reticencia inicial. La colocó con cuidado en el hueco de su brazo y la acercó a él. Ella lo miró y parpadeó, con la expresión de sus azules ojos solemne, interrogante y dubitativa.

– Shhh -murmuró él, como si ella hubiera protestado-. Relájate.

Neenah debió de ver algo en su cara que la tranquilizó, (Señor, ¿cómo podía estar tan ciega?), porque suspiró levemente, relajó el cuerpo y se amoldó al cuerpo de Creed, se perdió en su calidez mientras él la iba acercando más a su pecho.

Era suave, cálida y olía muy bien. Todos los sentidos de Creed despertaron ante aquella proximidad, ante el delirio de tenerla por fin entre sus brazos, sentirla, olerla. Ella hundió la cabeza en su hombro, temblorosa. Sus hombros se agitaron un poco y él le murmuró algo tranquilizador mientras la abrazaba.

– No estoy llorando -respondió, con la voz apagada y triste.

– Si quieres, llora. Total, ¿qué son unos pocos mocos entre amigos?

Ella se echó a reír, el sonido se perdió en el cuerpo de Creed y levantó la cabeza para mirarlo.

– No me puedo creer que hayas dicho eso.

La besó. Llevaba años queriendo hacerlo y, cuando la vio levantar la cabeza y que sus labios quedaban a escasos centímetros de los suyos, se dijo, al diablo, y lo hizo. Le agarró la cara con las manos y la besó con toda la ternura del mundo, dejándole espacio de sobra por si quería apartarse, pero no lo hizo. En lugar de eso, Neenah apoyó una mano en su hombro y le devolvió el beso, abrió los labios y lo buscó con la lengua.

La tierra tembló; una gigantesca explosión sacudió la casa. Una pequeña parte de Creed quiso atribuirlo a la emoción del beso, pero era más realista y abrazó a Neenah con las dos manos mientras la lanzaba al suelo y se colocaba encima de ella para protegerla.

Capítulo 16

En cuanto Teague hizo volar el puente, Billy, Troy y Blake empezaron a disparar contra la primera línea de casas. No intentaban alcanzar a nadie de forma deliberada pero, si lo hacían, tampoco les importaba. Sencillamente, apuntaban un poco alto porque sabían que una masacre sólo conseguiría que todos los policías de Idaho los persiguieran, y no querían que eso pasara.

Blake utilizaba un Weatherby Mark V Magnum.257, una auténtica obra de arte que hacía mucho daño. Billy tenía un Winchester y Troy un Springfield M21. El Weatherby y el Winchester eran dos buenos rifles de caza, mientras que el Springfield era un arma de francotiradores. Teague tenía un Parker-Hale M85, con sistema bípedo para mayor estabilidad. Tanto el Springfield como el Parker-Hale eran rifles de larga distancia, capaces de alcanzar a alguien a un kilómetro de distancia, siempre que la persona que apretara el gatillo fuera buena.

Teague había elegido las armas pensando en sus diferencias. Blake y Billy cubrirían los turnos de noche, cuando necesitarían los visores infrarrojos. Esos visores tenían un límite físico; cualquier objetivo que estuviera a más de cuatrocientos metros no aparecería en el radar. De modo que sus rifles eran mejores para la media distancia. Troy y Teague podían utilizar prismáticos de gran precisión durante el día y sus rifles de gran alcance meterían el miedo en el cuerpo de cualquiera que vieran moviéndose por la comunidad. Estos rifles también tenían infrarrojos, pero Troy y Teague no tenían que depender únicamente de ellos.

Goss y Toxtel estaban preparados para acercarse a la posición donde antes se levantaba el puente, una vez el polvo hubiera desaparecido. Con sus pistolas, eran responsables de controlar cualquier acción de alcance próximo, algo que Teague no creía que sucediera.

El rugido de la explosión y la consiguiente lluvia de escombros todavía no habían terminado cuando la gente del pueblo salió corriendo de casa para ver qué estaba pasando. Tranquila y deliberadamente, los cuatro hombres empezaron a disparar para arrinconar a los buen ciudadanos de Trail Stop al final del pueblo.

En cuanto se fue la luz, Cal se levantó, cogió su linterna sumergible y se dirigió hacia la puerta. Si el colmado, que era uno de los primeros edificios del pueblo, se había quedado sin luz, eso significaba que casi con total seguridad el resto de la comunidad también estaba a oscuras y Cate estaba sola en casa. Estaba saliendo por la puerta cuando la fuerza de la explosión lo hizo caer de espaldas; cayó rodando, agarrando con fuerza la linterna para no perderla.

«Una bomba.»

La oscuridad, la explosión y la onda expansiva lo pusieron directamente en modo de batalla. La adrenalina invadió su cuerpo y no se paró a pensar, no tenía que pensar, porque aquello no le era extraño, era su naturaleza. Se guardó la linterna en el bolsillo de los pantalones, abrió la puerta y salió a gatas al rellano de las escaleras. No había ninguna barandilla de seguridad, sólo un pequeño zócalo. Se agarró al extremo del rellano y se quedó allí colgando un segundo antes de dejarse caer en la oscuridad. Como no veía el suelo, era difícil controlar la caída, pero al conocer la distancia le resultó más fácil. Amortiguó el golpe doblando las rodillas, dio una voltereta en el suelo y se colocó detrás de su furgoneta.

Cuando se oyó el primer disparo, él ya estaba en el suelo.

Le silbaban los oídos de la explosión, pero aún así podía identificar el punto desde donde salían los disparos… no, los puntos… cuatro puntos distintos. La explosión había venido del lado del puente; quizá había estallado un vehículo mientras lo cruzaba, pero no le daba esa sensación, el sonido había sido distinto. Como en aquella dirección no había nada más, el instinto le decía que alguien había hecho volar el puente. El por qué y el quién eran preguntas que podían esperar. Tenía que ir a por Cate.

Un fuerte disparo atravesó las paredes de su salón, lanzando astillas de madera encima de la furgoneta. Quien quiera que estuviera al otro lado del río, estaba disparando de forma sistemática contra todas las casas.

Desde el puente, el colmado era la tercera casa por la derecha; la casa de Neenah era la primera y era una de las más expuestas. Creed había ido a su casa, lo que significaba que Cal tenía que contemplar la posibilidad de que su antiguo comandante estuviera muerto o, al menos, herido. Por lo tanto, no podía contar con su ayuda.

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