Al Amparo De La Noche
- Автор: Ховард Линда
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «Al Amparo De La Noche». Краткое содержание книги:
…Los llevará a una arriesgada aventura. Calvin Harris es un hombre solitario que realiza tareas de mantenimiento en el hostal de Cate Nightingale. Secretamente enamorado de la protagonista, la ayuda en todo lo que puede para que ella y sus hijos puedan vivir sin apuros económicos. Sin embargo, el destino lo obligará a demostrar su callada valentía para salvar a sus vecinos de un horrible fin. Escapa con Cate bajo el amparo de la noche, para obtener la ayuda que necesitan y así deshacerse de los invasores. Y quizá a través de esta verdadera odisea para contactar con el pueblo más cercano, la mujer a la que ama descubra el verdadero héroe que hay en él.
Capítulo 14
Esa noche, Teague volvió a reunirse con Toxtel y Goss. A la reunión también asistieron los tres hombres a los que había llamado para que participaran en la operación: su primo Troy Gunnell, su sobrino Blake Hester y un viejo amigo, Billy Copeland. Troy y Billy eran casi tan buenos como Teague en la montaña; Blake no se desenvolvía mal, pero su principal habilidad, y por eso estaba en el grupo, era su puntería. Si tenían que liquidar algún blanco concreto que fuera complicado, Blake sería el tirador.
Los seis repasaron el plan una y otra vez. Teague se había pasado casi todo el día diseñándolo, literalmente, con una serie de mapas de carreteras, topográficos, imágenes de satélite y mapas que él mismo había hecho de la zona. Durante su visita a Trail Stop, había tomado fotos de forma discreta con una cámara digital y las había impreso en casa. A partir de las fotografías y de su memoria, dibujó un plano de Trail Stop donde aparecían las casas y las distancias entre ellas.
– ¿Por qué necesitamos saber dónde están las casas? -preguntó Goss sin apartar la mirada del mapa. No había impaciencia en su tono, sólo genuino interés. Tenía mejor aspecto que el día anterior; cuando Teague se lo comentó, Goss admitió que el lampista de Trail Stop, a quien Toxtel describió como un hijo de puta delgaducho con una escopeta enorme, le había golpeado en la cabeza.
– Porque esta gente no suele levantar las manos y rendirse -les explicó Teague-. Quizá uno o dos sí, pero la mayor parte se cabrearán y se defenderán. No los subestiméis. Esta gente ha crecido cazando en estas montañas y habrá algunos con muy buena puntería. Si elegimos bien nuestras posiciones, podemos neutralizar casi todos los puntos de defensa; además, necesitamos tenerlos lo más reunidos posibles. Así podremos vigilarlos mejor. ¿Veis lo separadas que están las casas? -preguntó, señalando el mapa-. Con las posiciones de disparo que he seleccionado, tenemos línea de fuego directa a veinticinco de las treinta y una casas.
– ¿Y la pensión? -preguntó Toxtel.
Teague dibujó una línea discontinua desde una de las posiciones hasta la casa. Sólo había posibilidad de disparar a la esquina superior derecha de la casa porque el resto quedaba detrás de otro edificio.
Toxtel frunció el ceño. Evidentemente, esperaba algo mejor.
– ¿No puedes mover la posición y buscar un ángulo mejor?
– No. No sin tener que subir hasta lo alto de esta montaña -Teague señaló un punto del mapa, en la parte nordeste de Trail Stop.
– ¿Y por qué no lo haces?
– En primer lugar, porque no soy una puta cabra montes; es una roca casi vertical. Y, en segundo lugar, porque no vale la pena; cualquier intento de fuga no será por este lado. Sólo les hemos dejado una salida, que es aquí -dibujó una ruta con el dedo, un camino prácticamente paralelo a la planicie donde se situaba Trail Stop, que después torcía hacia el noroeste a través de una grieta en la montaña.
– ¿Y por qué no la cierras también? -preguntó Goss.
– Porque, si no recuerdo mal, sólo somos cuatro. Con vosotros, seis, pero creo que no tenéis experiencia con los rifles, ¿verdad?
Goss se encogió de hombros.
– Yo no. Toxtel no lo sé.
– Un poco -admitió Toxtel casi a regañadientes-. No mucha.
– Entonces, resulta que nosotros cuatro tendremos que repartirnos la vigilancia en turnos de doce horas. Y eso ya es suficientemente duro. Primero, cada uno de nosotros se colocará con un rifle en estas tres posiciones de disparo pero, cuando hayamos arrinconado a la mayoría en el extremo derecho del pueblo, esta posición del puente os la dejaremos a vosotros. Ellos no sabrán que los rifles estarán concentrados en las dos posiciones de la derecha donde, de todos modos, el riachuelo ejerce como barrera natural.
– ¿Y por las noches? ¿Tienes prismáticos de visión nocturna? -preguntó Goss.
Teague dibujó una sonrisa fría como el hielo.
– Tengo algo mejor. Visores FLIR.
– ¿Flir? ¿Qué coño es eso?
– Visores infrarrojos. Captan el calor corporal. La ropa de camuflaje puede engañar a la visión nocturna, pero no a los infrarrojos. Nuestro campo de visión estará limitado por la mirilla de los rifles, así que tendremos que ir con mucho cuidado, pero al concentrar a todo el mundo en un punto, compensaremos ese punto débil.
Teague se había pensado mucho eso de los visores. En primer lugar, porque pesaban mucho, al menos un kilo y medio. Eso significaba que él y los demás no podrían aguantar los rifles durante mucho tiempo; tendrían que estar estirados en el suelo. Y las baterías duraban seis horas en óptimas condiciones, es decir, a unos veintisiete grados. Se dijo que, con suerte, les durarían cinco horas. Teniendo en cuenta que cada día había menos horas de luz, cada hombre tendría que cambiar la batería al menos una vez durante su turno y, si hacía más frío, seguramente dos. La noche anterior, las temperaturas había bajado de los diez grados. No era extraño que nevara en septiembre, de modo que el tiempo podía empeorar en cualquier momento. Para estar tranquilo, había conseguido doce baterías recargables y unos cargadores muy potentes que podían cargar más de una batería a la vez.
– Billy ha conseguido varias vallas plegables y las ha pintado para que parezcan las que utiliza la policía; con ellas cortaremos la carretera y evitaremos que alguien se acerque al pueblo. También hemos pegado el cartel de una empresa de construcción en una camioneta que podemos utilizar nosotros, para fingir que se están haciendo obras en el puente. El gobierno estatal no me preocupa, pero sí las compañías de la luz y el teléfono. Lo tienen todo informatizado. ¿Sabrán si Trail Stop se queda a oscuras?
Blake habló por primera vez. Era un chico de veinticinco años, medía dos metros y tenía el pelo y los ojos negros, como su tío.
– No necesariamente. No saben cuando un cliente en particular tiene problemas, a pesar de que sea un problema de la línea. Alguien tiene que llamar e informar. Además, las líneas terminan en Trail Stop, a partir de allí no van a ningún sitio. Y si aparecen, el puente estará inutilizable, así que no podrán cruzar. ¿Qué harán? Esperar a que el estado arregle el puente, ya está.
Teague se quedó pensativo un buen rato y al final asintió.
– Podría funcionar. Lo que vosotros tenéis que hacer -dijo, volviéndose hacia Toxtel y Goss-, si aparecen, es convencerlos de que trabajáis para el estado o para la empresa de construcción. Ninguno tiene pinta de trabajar en la construcción, así que lo del estado es más creíble… pero tienes que dejar el traje en el coche -le dijo concretamente a Toxtel-. Pantalones de algodón, botas, camisas de franela, chaquetón. En este trabajo se viste así. Y compraros un par de cascos para que parezca oficial.
– ¿Plazo? -preguntó Goss.
– Tengo que encargarme de un último pequeño detalle -Creed no era tan «pequeño», pero no podían poner el plan en marcha hasta que Teague localizara al guía-. Aprovechad mañana para comprar la ropa y el equipaje que necesitéis. Yo lo tengo todo. Y no olvidéis material de acampada. Ninguno se irá de aquí hasta que el baile termine, y eso significa comida, agua, linternas y estufas. Por la noche puede hacer mucho frío y el tiempo está cambiando. Ropa térmica. Calcetines y ropa interior de recambio. Todo lo que se os ocurra. Preparadlo todo para que mañana a mediodía podamos empezar. Cortaré la electricidad y el teléfono a las dos y, luego, nos encargaremos del puente.
No tenía sentido llamar a la cabaña de Creed cuando sabía que no estaba allí, pero el domingo por la mañana Harris calculó que el guía habría enviado a su cliente a casa y estaría descansando un poco. El viejo Roy Edward Starkey dijo que aquel cliente parecía un chulo inaguantable y Roy Edward era muy bueno definiendo a la gente. Eso significaba que Creed necesitaría más horas a solas de las habituales para felicitarse por no haber ahogado a ese cabrón.