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Cartas de un asesino insignificante

Электронная книга - «Cartas de un asesino insignificante». Краткое содержание книги:

Durante su solitaria estancia en el pueblo costero de Roquedal, una traductora, Carmen del Mar Poveda, recibe misteriosas cartas de un desconocido que le declara su intenci?n de matarla. Las cartas son abandonadas en el muro que rodea su casa y el desconocido exige una respuesta. Comienza as? un extra?o intercambio epistolar, un juego de acertijos y falsas soluciones, de identidades y espejos, en el que, inexorablemente, se imbricar?n las oscuras leyendas del pueblo, sus antiqu?simas fiestas populares y algunos de sus m?s enigm?ticos habitantes. Escrita en clave l?dica, siguiendo una estructura argumental que recuerda el juego m?ltiple de las cajas chinas, la novela aborda do manera brillante la idea de la muerte, ese asesino particular que siempre nos acompa?a como interlocutor privilegiado de toda la vida, al tiempo que presenta la escritura como met?fora y espejo del destino humano. Estimada se?orita. Voy a matarla y usted lo sabe, as? que me asombra su silencio. La flor del almendro ya destella de blancura en las ramas, pero no advierto la flor de sus cartas en el muro. Eso no es lo convenido. Yo me tomo en serio mi papel de verdugo: haga lo mismo con el suyo de v?ctima. Le sugiero, por ejemplo, que se vuelva rom?ntica.
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Tampoco sé si fue pensar esto, querido, inestimable señor, usted me entiende. Puede que fuera llorar como lo hice, así de maquillada, frente al espejo del cuarto de baño, así de guapa, frente al espejo, con mi muñeca izquierda levantada y apoyada en mi pecho -una muñeca acunada en mi regazo-, la pluma a punto de arañar la última palabra.

Ahora que lo pienso, quizá fuera llorar. ¿Desde cuándo no había llorado? ¿Desde cuándo me había limitado a traducir mi veneno en esta triste novela epistolar en vez de verterlo, derramarlo hacia la realidad? ¿Sería, quizá, la posición de mi rostro, mi boca absurdamente abierta como si gritara «auxilio, me matan», aunque en silencio? ¿Quizá, querido señor fue el llanto?

Posiblemente fuera la risa. A veces la ridiculez es salvadora. Verme llorar así, maquillada, el pañuelo blanco al cuello, desnuda bajo el vestido que compré para la boda de Eloísa, la muñeca izquierda dispuesta como un papel y la pluma a punto de escribir sobre ella, lo transformó todo en lo que realmente era -porque las actividades solitarias siempre nos hacen reír, por graves que sean-; y mi llanto se deshizo en risa sin transición. De igual manera el odio se vuelve amor; la desesperación, esperanza; la muerte, vida. «Mírame», pensé. «Oh, por favor, mírame. Mírame de nuevo renacida, mi cuerpo desnudo y vestido, mis facciones estropeadas, pero el calor de nuevo conmigo, porque llorar es volver a ser joven, el tibio calor de las lágrimas y de la risa otra vez conmigo.»

Y en lugar de rubricar sobre mis arterias, he dirigido la pluma hacia el papel y le he escrito, señor mío, la última carta.

Última carta a mi asesino

Mi inestimable señor. Sus amenazas nunca me asustaron, pero ahora ni siquiera me preocupan. Usted sigue siendo anónimo e insignificante como los malos recuerdos o el naipe de la muerte. Sé que me visitará algún día (la certeza de este hecho es incuestionable, como a usted le gusta decir), pero advierta que yo no lo llamaré. Deberá invitarse a sí mismo cuando le

plazca. Me hallará tranquila, casi feliz, probablemente escribiendo (pero no a usted, se lo aseguro). Su insignificancia es tal, señor mío, que ni siquiera voy a despedirme ahora: bastará un punto final, un leve punto final, el gesto de alzar la pluma en este momento, y usted desaparecerá. Porque el único remedio que encuentro ante su insistencia es ignorarle. Se merece usted algo mucho peor que mi desprecio: se merece, estimado señor, mi aburrimiento. Ya no quiero escribir más sobre usted.

La pluma

Levanto la pluma del papel y finalizo.

Nota final del editor

Carmen del Mar Poveda me entregó estas cartas, así como su brillante traducción de Light in August, a su regreso de Roquedal Una lectura preliminar me reveló que no se trataba de una correspondencia sino de un monólogo. Sé que la autora -a quien conozco desde hace varios años- ha exorcizado muchos fantasmas gracias a este juego de espejos.

Los lectores, sin duda, se complacerán en saber que Carmen del Mar Poveda se halla preparando una nueva novela. Yo le escribo con cierta regularidad y ella nunca me contesta. Entre nosotros eso es buena señal.

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