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Электронная книга - «Traficantes de dinero». Краткое содержание книги:

El presidente del banco FMI anuncia a toda la directiva que tiene cáncer y pronto va a morirse, hay dos candidatos para ocupar su puesto, Alex y Roscoe. Alex es liberal, con ideas nuevas, pero Roscoe es conservador. La lucha entre ambos para llegar a la cima conduce a una trama muy interesante que empieza cuando desaparecen misteriosamente 6000 dólares de la caja de la empleada Juanita Núñez, se nos revelan muchas incógnitas sobre el funcionamiento interno de un banco y cómo una mala inversión puede llevarlo a la quiebra de la noche a la mañana.
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Margot agarró el brazo de Alex, con los D'Orsey, se unió a los otros, en la tranquila procesión que siguió a Ben Rosselli a su tumba.

17

Por acuerdo previo Roscoe Heyward y Alex Vandervoort no asistieron a la nueva reunión de la Dirección. Ambos esperaron ser convocados en sus despachos.

La convocatoria llegó poco antes del mediodía, dos horas después de iniciada la discusión de la Dirección. También fue llamado a la sala de conferencias el vicepresidente de relaciones públicas, Dick French, encargado de dar a la prensa el anuncio del nombramiento del nuevo presidente del FMA.

El jefe de publicidad ya tenía preparadas dos noticias con las fotografías que las acompañaban:

Los respectivos titulares eran:

ROSCOE D. HEYWARD

PRESIDENTE DEL FIRST MERCANTILE AMERICAN

ALEXANDER VANDERVOORT

PRESIDENTE DEL FIRST MERCANTILE AMERICAN

Los sobres estaban dirigidos. Los mensajeros habían sido alertados. Los primeros ejemplares de una u otra resolución iban a ser entregados esta tarde a los servicios telegráficos, los diarios locales, las estaciones de radio y de televisión. Muchas más saldrían por correo expreso esa misma noche.

Heyward y Alex llegaron juntos a la sala de reunión. Se deslizaron en sus asientos habituales, vacantes en ese momento, junto a la gran mesa ovalada.

El vicepresidente de relaciones públicas quedó detrás del jefe de la reunión, Jerome Patterton.

Fue el director más antiguo del servicio, el honorable Harold Austin, quien anunció la decisión de la Dirección.

Dijo que, Jerome Patterton, hasta ese momento viceconsejero, pasaba a ser de inmediato presidente del First Mercantile American.

Mientras se hacía el anuncio, el mismo nombrado pareció un poco apabullado.

El vicepresidente de relaciones públicas dijo, sin ser oído:

– ¡Ah, mierda!

Más tarde, aquel mismo día, Jerome Patterton tuvo dos conversaciones por separado con Heyward y Vandervoort.

– Soy un Papa interino -informó a cada uno-. Como ustedes saben no he buscado esta tarea. Ustedes saben, y también lo saben los directores, que sólo me faltan trece meses para jubilarme. Pero el consejo rector había llegado a un punto muerto con ustedes dos y, al elegirme, ha ganado tiempo antes de tener que decidirse. Lo que sucederá entonces, lo sé yo tanto como ustedes. Entretanto, sin embargo, espero hacer lo mejor y necesito la ayuda de ambos. Sé que la obtendré, porque será ventajoso para cada uno de ustedes. Fuera de esto, lo único que prometo es un año interesante.

18

Incluso antes que se iniciaran las excavaciones, Margot Bracken estaba relacionada con el Forum East. En primer lugar era consejera legal de un grupo de ciudadanos que hizo una campaña para poner en marcha el proyecto, y más adelante, desempeñó el mismo papel en la Asociación de Inquilinos. También dio ayuda legal a algunas familias durante el desarrollo, y lo hizo mediante un pago pequeño o ningún pago. Margot iba con frecuencia al Forum East y, al hacerlo, llegó a conocer a muchos de los que allí vivían, incluida Juanita Núñez.

Tres días después del entierro de Rosselli -un sábado por la mañana- Margot encontró a Juanita en el almacén, que formaba parte del mercado de compras del Forum East.

El complejo del Forum East había sido planeado como una comunidad homogénea con bajos costos de alquiler, apartamentos atractivos, casitas y viejos edificios remodelados. Había canchas deportivas, un cine, un auditorio, al igual que tiendas y cafés. Los edificios ya terminados estaban unidos por tres alamedas y pasos elevados -muchas ideas habían sido tomadas del Golden Gateway de San Francisco y del Barbican de Londres-. Otras partes del proyecto estaban aún en construcción, con nuevas adiciones planeadas, que esperaban financiación.

– ¿Qué tal, mistress Núñez? -dijo Margot-. ¿Quiere que tomemos café?

En una terraza cerca del almacén bebieron un express y charlaron… sobre Juanita, su hija Estela, que esa mañana había ido a una clase de ballet de las que costeaba la comunidad, y que se desarrollaba en el Forum East. Juanita y su marido Carlos habían estado entre los primeros inquilinos de la construcción, y ocupaban un pequeño apartamento en uno de los viejos edificios rehabilitados, y había sido poco después de mudarse allí cuando su marido había partido con destino desconocido. Hasta el momento Juanita no se había movido.

Pero arreglarse era muy difícil, confesó.

– Todos aquí tenemos el mismo problema. Cada mes el dinero compra menos. ¡Qué inflación! ¿Dónde va a terminar?

Según Lewis D'Orsey, reflexionó Margot, todo iba a terminar en desastre y anarquía. Guardó para sí la idea, aunque recordó la conversación de tres días atrás, entre Lewis, Edwina y Alex.

– He oído -dijo- que usted tuvo un problema en el banco donde trabaja.

La cara de Juanita se ensombreció. Por un momento pareció a punto de llorar y Margot dijo, apurada:

– Perdón, tal vez no debí preguntarle.

– No, no… es que… recordar de pronto… de todos modos la cosa ha pasado. Pero, si quiere se lo contaré.

– Una cosa que debería usted saber sobre nosotros los abogados -dijo Margot- es que siempre metemos la nariz en todas partes.

Juanita sonrió, pero se puso seria al describir la pérdida de los seis mil dólares y la pesadilla de cuarenta y ocho horas, hechas de sospechas e interrogatorios. Mientras Margot escuchaba, su rabia, nunca muy lejos de la superficie, afloró.

– El banco no tenía derecho a presionarla sin que tuviera usted un abogado que la defendiera. ¿Por qué no me llamó?

– No se me ocurrió -dijo Juanita.

– Eso es lo malo. La mayoría de la gente inocente no lo hace… -Margot meditó unos momentos, y añadió-: Edwina D'Orsey es mi prima. Hablaré con ella de esto.

Juanita quedó atónita.

– No lo sabía. Pero no lo haga, por favor. Después de todo fue mistress D'Orsey quien descubrió la verdad.

– Bien -concedió Margot-, si no quiere que lo haga, no lo haré. Pero hablaré con otra persona que usted no conoce. Y recuerde esto: si alguna vez vuelve a estar en dificultades, sobre cualquier cosa, llámeme. Estaré allí para ayudarla.

– Gracias -dijo Juanita-, si sucede, lo haré. De verdad lo haré.

– Si el banco hubiera despedido a Juanita Núñez -dijo esa noche Margot a Alex Vandervoort- le hubiera aconsejado que os llevara a juicio, y hubiera cobrado… bastante.

– Podías muy bien haberlo hecho -concedió Alex. Iban a bailar y a cenar y él conducía el Volkswagen de Margot-. Especialmente cuando saliera la verdad sobre el ladrón de Eastin, como iba a surgir finalmente. Por fortuna, los instintos femeninos de Edwina actuaron, salvándonos de los tuyos.

– Eres un petulante.

El tono de él cambió.

– Tienes razón y no debería serlo. El hecho es que nos hemos portado suciamente con la chica Núñez y todos los que han estado en ello lo saben. Yo lo sé porque he leído todo lo referente al caso. También lo ha hecho Edwina. Y Nolan Wainwright. Pero, por suerte, no pasó nada malo. Mistress Núñez sigue en su empleo, y el banco ha aprendido algo que le ayudará a portarse mejor en el futuro.

– Eso me parece mejor -dijo Margot.

Dejaron allí la cosa, lo que, dada la natural tendencia de ambos a la discusión, era todo un logro.

19

En la semana antes de Navidad, Miles Eastin compareció ante los tribunales acusado de robo en cinco cuentas separadas. Cuatro de las acusaciones suponían transacciones fraudulentas en el banco, de las que se había beneficiado; formaban un total de trece mil dólares. La quinta acusación se refería al robo de caja de seis mil dólares.

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