Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне

Электронная книга - «Rosa candida». Краткое содержание книги:

El joven Arnljótur decide abandonar su casa, a su hermano gemelo autista, a su padre octogenario y los paisajes crepusculares de montañas de lava cubiertas de líquenes. Su madre acaba de tener un accidente y, al borde de la muerte, aún reúne fuerzas para llamarle y darle unos últimos consejos. Un fuerte lazo les une: el invernadero donde ella cultivaba una extraña variedad de rosa: la rosa cándida, de ocho pétalos y sin espinas. Fue allí donde una noche, imprevisiblemente, Arnljótur amó a Anna, una amiga de un amigo. En un país cercano, en un antiguo monasterio, existe una rosaleda legendaria. De camino hacia ese destino, Arnljótur está, sin saberlo, iniciando un viaje en busca de sí mismo, y del amor perdido.
1 ... 35 36 37 38 39 40 41 42 43 ... 50
Перейти на страницу:

Por la noche, después de dormir a la niña, charlo con Anna sobre mi trabajo en el jardín. Le digo que estoy intentando recuperar una antiquísima rosaleda, la única en su especie, que estaba en plena decadencia y abandono.

– Tu padre no me dijo nada de tu trabajo en el jardín -responde ella.

– Hay montones de especies que corren riesgo de desaparecer -digo-, y eso representaría una pérdida para la flora -añado, pues la genetista comprenderá perfectamente ese punto de vista.

– Bueno, no importa -dice Anna-, podemos organizar el día de modo que yo me quede con Flora Sol por la tarde mientras tú vas al jardín. A cambio -me dice- estudiaré un poco por las noches cuando la niña esté dormida -si es que a mí me parece bien

Capítulo 58

Tenemos un acuerdo provisional para llevar la casa y cuidar a nuestra hija. Desde que me ofrecí el primer día a cocinar, no tuve necesidad de mencionarlo más, al segundo día ya era un elemento de nuestra pauta de convivencia que fuera yo quien guisara, así fue la división de tareas en mi nueva vida familiar desde el comienzo mismo, imaginé que la genetista dispondría de conocimientos culinarios más escasos aún que los míos. Aunque ella se encargaba también de hacer compras y solía volver de la biblioteca cargada con toda clase de bizcochos y tartas de la panadería. Como no he sido capaz de aprender más platos en un tiempo tan breve, voy a preparar ternera con salsa de vino por tercera noche. En esta ocasión corto la carne en tiras, para introducir cierta variación después del gulasch de la noche anterior, y las aso con cebolletas. Luego pruebo a cocer diversas clases de verdura con las patatas: zanahorias, guisantes y espinacas, que van bastante decentemente con la salsa. Ni la madre ni la hija protestan, la niña se come con mucho apetito el puré de espinacas y zanahorias con la carne muy picadita, y Anna alaba la comida por tercera vez y repite. Y eso que está muy flaca, casi en los huesos, se le notan las costillas por debajo de la camiseta, y las caderas en los pantalones vaqueros. Tomo la determinación de hacerla engordar un poco mientras esté bajo mi techo, y crear así una madre más rellenita. Claro que lo primero que tengo que hacer es aprender a guisar con menos monotonía, y al día siguiente pregunto por posibles platos a prácticamente todos cuantos se Cruzan en mi camino. El de la carnicería me recomienda probar distintos tipos de carne, pero no me atrevo por cl momento, así que me enseña a preparar salsa de crema en vez de salsa de vino tinto.

– Si pone en la sartén crema en vez de vino, la salsa le quedará espesa y de color marrón claro, y si sigue usando vino tinto, la salsa será marrón rojizo y más clara. La elección es cosa suya.

Voy también a la librería y hojeo dos libros de cocina: están en el dialecto local y uno se dedica exclusivamente, por lo que puedo entender, a platos de calamares. Los libros tienen aspecto de ser bastante antiguos, se nota por la ropa de la gente sentada a la mesa de un banquete y por los colores de los platos, pálidos y desvaídos.

Al final voy a ver a la señora del restaurante y le pido que me enseñe a cocinar uno o dos platos. Llevo a la niña a todas partes, así habrá mayor probabilidad de tener algún éxito. La señora trae ajos y dice que si sé usar el ajo ya sé cocinar. Descuelga de la pared toda una ristra de ajos, elige unos cuantos y me hace practicar la forma de abrirlos, pelarlos, picarlos y machacarlos. Me hace repetirlo varias veces y añade que se me da bastante bien. Mientras me dedico a los ajos en la tabla de cortar, ella se ofrece a ocuparse de la niña. Luego se ofrece a enseñarme a cocinar calamares. A cortarlos en trozos, añadir aceite y meterlos en la olla; lo vuelve a explicar y me hace repetirlo dos veces. Me pregunta lo que sé cocinar y le hablo de la carne de ternera con patatas y salsa.

– En lugar de patatas puede poner arroz -me dice-, una taza de arroz por cada taza de agua, se baja el fuego cuando empieza a hervir y se deja hervir diez minutos en la olla, con la tapadera puesta.

Hace que se lo repita dos veces. Cuando voy a darle las gracias por su ayuda, mira la cocina por un instante y vuelve al momento con un cuenco que me entrega.

– Budín de ciruelas -dice-. Puede tomarlo de postre. También podría cocinar yo por ustedes si es necesario, y se lo lleva usted mismo a casa.

Luego me pregunta si puede quedarse la niña un momento más, y yo le digo que sí. Hora Sol le da unas palmaditas a la mujer en las mejillas con sus deditos cortos y gordinflones, a continuación estira los brazos por encima de la cabeza y pone las palmas por un instante sobre la cabeza de la señora, como un sacerdote bendiciendo a un niño.

Camino de casa paso por la carnicería a comprar ternera. Cuando ha acabado de cortar los filetes, yo le señalo la máquina de picar carne que está a su espalda, esta vez le pido que me pique los filetes porque pretendo preparar albóndigas. He decidido cortar algunas hierbas aromáticas de las que tengo en la fresquera y usarlas para una salsa de crema.

Al pasar delante de la cabina de teléfono camino de casa, recuerdo que hace dos semanas que no hablo con papá. Saco del cochecito a Flora Sol y la tengo en brazos mientras marco el número. Confío en que papá no me pregunte por mis planes de futuro mientras la niña y su madre estén viviendo en mi casa. Aquí desempeño el papel de padre de una niña y de padre de la hija de una mujer, no consigo precisar mi función en la vida en estos momentos.

– ¿Llamamos al abuelo?

– A-bu.

Papá se alegra mucho de oírme y enseguida pregunta por la niña y por su madre, y sobre todo qué tal va Anna con su tesina. Me doy cuenta de que está muy enterado del terreno de investigación de Anna, sea por sus conversaciones con la madre de mi hija, a la que ha estado visitando sin mi conocimiento, o porque ha leído cosas sobre el tema.

– Le indiqué un interesante artículo sobre la ética de la investigación genética -dice el electricista.

Aprovecho la ocasión, ya que tengo a papá al teléfono, para preguntarle por las albóndigas de carne que solía hacer mamá. No recuerda la receta pero dice que cree que mezclaba huevos y pan seco con la carne picada. Luego añade que* ayer Bogga le invito a merendar en su casa.

– Menuda variedad de bollos que tenía la buena de Bogga, lenguas de gato, cruasanes, rosquillas y qué sé yo.

Me conmueve hablar con papá, nuestras conversaciones me despiertan toda clase de sentimientos. Siempre existe la posibilidad de que detrás de lo que dice esté acechando algún otro significado, que lo que realmente quiere transmitir esté muy por debajo de la superfìcie.

Cuando voy camino a casa con la bolsa de la compra y mi hija en brazos, mi anciana vecina del piso de arriba aparece en el descansillo.

No parece que pueda deberse a una simple casualidad que cada vez que entro o salgo con la niña, mi vecina tenga algo importante que hacer fuera de su piso. Si no llevo a la niña, vuelve a entrar enseguida. Al principio pensé que me traía un mensaje de la dueña, como que tuviera en cuenta que ahora éramos tres y no dos los que vivíamos en el piso. Pero no, parece más bien encantada de vernos, incluso da la impresión de que nos estuviera esperando. Parece que se trata de saludar a mi hija, ya se ha aprendido el nombre, Flora Sol, dice mientras baja por la escalera, tres escalones por delante de nosotros. Luego, la señora le da una palmadita a la niña y le hace una carantoña, y la niña le da también sus palmaditas, y al final la señora me pregunta si no necesito que me vuelva a dejar la plancha. ¿Y la batidora? Mi hija le sonríe.

– Desde que la niña se vino a vivir a esta casa, estoy muy mejorada de mi eccema, prácticamente me ha desaparecido de las manos y se me ha reducido mucho en las piernas -dice la señora en el descansillo, levantándose un poco el borde del vestido.

1 ... 35 36 37 38 39 40 41 42 43 ... 50
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)