Traficantes de dinero
- Автор: Хейли Артур
- Язык: испанский
- Жанр: Современная русская и зарубежная проза
Электронная книга - «Traficantes de dinero». Краткое содержание книги:
»A veces tendremos que levantar la voz para apoyar algunos objetivos públicos: viviendas a bajo costo, mejora ambiental, conservación y otros puntos que puedan surgir. Después de todo este banco tiene una influencia y un prestigio que podemos prestar sin pérdidas financieras. Incluso podremos contribuir con sumas monetarias, y tenemos un departamento de relaciones públicas que se encarga de hacer conocer nuestras contribuciones… incluso… -tuvo una risita- se encarga de "exagerarlas" en ocasiones. Pero, para los beneficios reales, debemos poner nuestro mayor impulso en otra parte.»
Alex Vandervoort pensó: sean cuales fueren las críticas que se hicieran a Heyward, nadie podía quejarse de que no hubiera expuesto claramente sus puntos de vista. En cierto modo sus afirmaciones eran una declaración sincera. También la cosa estaba calculada con audacia, incluso con cinismo.
Muchos dirigentes en los negocios y en las finanzas -incluida una buena proporción de los directores presentes en el salón- protestaban ante las restricciones de la libertad para hacer dinero. También se sentían molestos ante la necesidad de ser circunspectos en las declaraciones públicas, para no irritar a los grupos consumidores o a otros críticos de negocios. Por lo tanto sentían alivio al oír sus convicciones internas proclamadas en voz alta y sin equívocos.
Evidentemente Roscoe Heyward había tomado esto en cuenta. También, Alex estaba seguro, había contado las cabezas alrededor de la mesa de conferencias, calculando quién podía votar de aquella manera, antes de comprometerse.
Pero Alex había hecho sus propios cálculos. Creía todavía que existía un grupo medio de directores, suficientemente fuerte como para hacer girar el eje de la reunión desde Heyward hacia él. Pero tenía que convencerles.
– Concretamente -declaró Heyward- este banco debe depender, como lo ha hecho por tradición, de sus negocios con la industria norteamericana. Con esto me refiero al tipo de industria con un informe probado de elevadas ganancias que, a su vez, comprenderá las nuestras.
»Expresado en otras palabras, estoy convencido de que el First Mercantile American, tiene, por el momento, una proporción insuficiente de fondos a disposición de grandes préstamos para la industria, y debemos lanzarnos inmediatamente con un programa para acrecentar tales préstamos…»
Era un proyecto conocido que Roscoe Heyward, Alex Vandervoort y Ben Rosselli habían discutido con frecuencia en el pasado. Los argumentos que Heyward daba ahora no eran nuevos, aunque los presentara de manera convincente, usando cifras y cuadros. Alex sintió que los directores estaban impresionados.
Heyward siguió hablando otros treinta minutos sobre el tema de la expansión industrial y una contracción en los compromisos con la comunidad. Terminó con lo que, según calificó, era «una llamada a la razón».
– Lo que más se necesita hoy en día en un banco es una dirección pragmática. La clase de dirección que no se dejará convencer ante las emociones o las presiones para hacer usos "blandos" del dinero debido al clamor público. Como banqueros debemos insistir en que hay que decir "no" cuando nuestro punto de vista fiscal es negativo, "sí" cuando presentimos un beneficio. Nunca debemos comprar una popularidad fácil a costa de los accionistas. En lugar de esto debemos prestar nuestro dinero y el de nuestros depositantes sólo en base al mejor beneficio y si, como resultado de esa política, se nos describe como "banqueros duros", que así sea. Personalmente me alegraré de figurar en ese número.
Heyward se sentó, en medio de aplausos.
– Señor consejero -el hombre del acero, Leonard Kingswood, había levantado la mano-. Tengo algunas preguntas que hacer y no estoy de acuerdo en varias cosas.
Desde el extremo de la mesa el Honorable Harold Austin contestó:
– En lo que se refiere a este informe, señor consejero, yo no tengo ninguna pregunta que hacer y estoy totalmente de acuerdo, hasta ahora.
Estallaron las risas y una nueva voz, la de Philip Johannsen, presidente del MidContinent Rubber, añadió:
– Estoy contigo, Harold. Me parece que ha llegado el momento de seguir una línea más dura -algunos añadieron:
– Yo también.
– Señores, señores -Jerome Patterton golpeó ligeramente con el martillo-. Sólo parte de la tarea está realizada. Las preguntas vendrán después; en cuanto a los desacuerdos, sugiero que los dejemos para la discusión posterior, cuando Roscoe y Alex se hayan retirado. Primero oigamos a Alex.
– La mayoría de ustedes me conocen bien como hombre y como banquero -empezó Alex. Se había puesto de pie casualmente ante la mesa de conferencias, inclinándose por momentos para ver a los directores de la derecha y de la izquierda, al igual que a los que tenía enfrente. Dejó que su tono fuera el de una conversación.
»Ustedes también saben, o deberían saber, que, como banquero, soy recio y duro si alguno prefiere esta palabra. La prueba de esto existe en las finanzas que he dirigido por el FMA, todas beneficiosas, en las que no hay involucrada ninguna pérdida. Obviamente en los negocios bancarios, como en los otros, cuando se trata de beneficios, se trata de fuerza. Esto se aplica también a la persona de los banqueros.
»Pero estoy contento de que Roscoe haya presentado el tema, porque me da oportunidad para proclamar mis creencias con respecto a los beneficios. Ditto por la libertad, la democracia, el amor y la maternidad.»
Algunos tuvieron unas risitas. Alex respondió con una fácil sonrisa. Echó hacia atrás la silla para poder dar unos pasos si necesitaba moverse.
– Otra cosa acerca de los beneficios aquí, en el FMA, es que deben ser drásticamente mejorados. Pero de esto hablaremos después. Por el momento me limitaré a las creencias.
»Una creencia mía es que la civilización de esta década está cambiando con más sentido y más rápidamente que en ningún otro momento desde la Revolución Industrial. Lo que estamos viendo y compartiendo es una revolución social de conciencia y de comportamiento.
»A algunos esta revolución no les gusta; personalmente me gusta. Pero, guste o no, ahí está, existe, no dará media vuelta y no se irá.
»Porque la fuerza impulsora detrás de lo que está ocurriendo es la determinación de la mayoría de la gente de mejorar las condiciones de vida, detener las expoliaciones en nuestro medio y preservar lo que queda de recursos de todas clases. Para esto se requieren nuevos standards en la industria y en los negocios, de modo que el juego se llama ahora "responsabilidad social corporativa". Lo que es más, se están alcanzando elevados standards de responsabilidades, sin pérdida significativa de beneficios.»
Alex se movió inquieto en el espacio limitado detrás de la mesa de conferencias. Se preguntó si debía afrontar directamente otra de las provocaciones de Heyward, y decidió que sí.
– En el asunto de la responsabilidad y el estar involucrado, Roscoe presentó el ejemplo de su iglesia. Nos ha dicho que aquellos que, como él dice, «han tomado nuevamente el control» han optado y están favoreciendo una política aislacionista. Bueno, en mi opinión, Roscoe y sus compañeros de iglesia están marchando decididamente hacia atrás.
Heyward intervino en seguida. Protestó:
– Ésa es una mala interpretación y desagradablemente personal.
Alex dijo con calma:
– Creo que no es ninguna de las dos cosas.
Harold Austin golpeó agudamente con los nudillos.
– Señor consejero: protesto; Alex ha descendido a asuntos personales.
– Roscoe ha sacado a colación su iglesia -argumentó Alex-. Yo estoy simplemente comentando.
– Quizá sea mejor que no lo haga -la voz de Philip Johannsen, presidente de la MidContinent Rubber, interrumpió cortante, desagradable, desde el otro lado de la mesa-. De otro modo podríamos juzgarles a ambos por la gente que frecuentan, lo que pondría en posición muy ventajosa a Roscoe y a su iglesia.