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Juego del Depredador

Электронная книга - «Juego del Depredador». Краткое содержание книги:

Después de ser torturado, el ex SEAL y Caminante Fantasma, Jess Calhoun, regresa a su ciudad natal en Sheridan, Wyoming, donde posee una estación de radio local. Sus intenciones son vivir tranquilamente, escribir canciones y realizar su fisioterapia.
Saber Wynter contesta a un anuncio para la estación de radio… el trabajo perfecto de noche para ella. Es afortunada al alquilarle a Jess, el segundo piso de la estación, en donde también puede trabajar como un ama de casa de medio jornada.
Jess pasa la mayor parte de su tiempo encerrado y aislado en su oficina privada. Pero frente a la fragilidad e inocencia de Saber se despierta en su alma, el poderoso deseo de protegerla, cuidarla y… amarla.
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Tamborileó las uñas contra el salpicadero de su coche y se observó en el retrovisor. No había ni una sola arruga en su suave piel de bebé. Sus enormes ojos estabas bordeados de largas y espesas pestañas y sostenían una mirada de absoluta inocencia. A veces apenas podía mirarse. Había perdido su inocencia cuando fue enviada a su primera misión, a los nueve años. Echó un vistazo a sus manos, esperando ver sangre… algo… alguna evidencia del mal que acechaba en su interior, pero hasta sus manos parecían jóvenes e inocentes.

Miró hacia atrás en el espejo. Se había hecho a si misma la promesa de que nunca volvería a aquella vida, pero no iba a -no podía- abandonar a Jess. No creía en coincidencias, pero no había ningún modo de que Jess pudiera haber planeado que ella llegase a su casa. Ella había acabado en su camino, esperando encontrar un lugar para instalarse antes de que el invierno se asentase y tuviese que continuar el viaje. Había conseguido su nombre de un sitio de Internet para empleos en la radio cuando buscaba una oportunidad en Sheridan.

Su voz era una de sus mejores ventajas. Las emisoras de radio eran los sitios más fáciles donde encontrar trabajo, y si no había ninguna plaza, podía usar su voz para persuadirlos de que la contratasen de todos modos. Sabía que Jess había sospechado que ella era una mujer maltratada que huía. La había contratado para trabajar en la emisora y le había ofrecido alquilar el piso de encima a cambio de unas pequeñas tareas domesticas. ¿Cómo podría alguien haber manipulado su encuentro? Y si lo habían hecho ¿con qué propósito?

Se mordió el labio inferior mientras se sentaba allí, dándole vueltas en su mente. No podía irse, no cuando alguien estaba cazando a Jess. Sencillamente iba a tener que estar muy alerta, y a tener en cuenta que uno de ellos, o ambos, podrían estar continuamente en peligro.

Jess miró en el monitor mientras Saber conducía su coche a través de las puertas y desaparecía de la vista. Tocó la pantalla con la yema del dedo, directamente sobre el punto donde habían estado las luces traseras del Volkswagen. Debería haber insistido en un guardaespaldas para ella. Alguien los estaba vigilando. Alguien que sabía cómo evitar la clase de seguridad que él tenía, sabía exactamente donde estaban los ángulos muertos de la cámara y los había utilizado para invadir el territorio de Jess. Había sabido el momento en el que él había salido. Dudaba si el intruso había penetrado en la casa o no, pero los había seguido al parque. Jess sabía que estaban siendo cazados.

No hubo ninguna vacilación cuando alcanzó el teléfono, presionando un número al que pocas personas tenían acceso. Sabía cuando necesitaba ayuda. Tenía que traer a parte del equipo y desplegarlos. No importa cuánto amaba a Saber, o porqué la amaba, tenía que notificar a aquellos en los que confiaba que alguien estaba orquestando algo importante.

No le gustaba la idea de no poder mantener a salvo a Saber él mismo, pero no podía permitir que su ego entrara en juego. Todavía estaba reponiéndose de la operación, y había arriesgado demasiado tomado Zenith en un esfuerzo para curarse más rápido. Lily y Eric habían neutralizado la medicina dos veces y habían tenido que darle sangre mientras las células estaban aumentando en él. Se había sometido a la cirugía antes de que Saber hubiese entrado en su vida. Tal vez no lo habría hecho de haber llegado ella antes, pero su vida se había vislumbrado interminablemente sombría cuando había oído a Eric esbozar la tecnología. Parecía posible, más que posible, no sólo que pudiese caminar otra vez, sino estar en activo.

Soltó un suspiro. Una vez más había consentido ser un experimento. Los militares estaban usando la biónica para los soldados, pero ellos lo llevaban puesto por fuera nada tan avanzado o tan complicado como lo que él tenía metido dentro. Hacía la mayor parte de la intensa terapia por la noche, mientras Saber estaba en la emisora de radio. Era más seguro para Lily Whitney-Miller visitarle cuando no había nadie alrededor. Siempre venía con su marido, Ryland Miller, líder del equipo de los Caminantes Fantasma de las Fuerzas Especiales, y Eric Lambert, el cirujano que había salvado la vida de Jess. Con frecuencia Eric estaba a la espera durante las misiones, listo para volar a cualquier parte del mundo para asistir a los Caminantes Fantasma caídos, y a menudo venía para tratar a Jess.

Después de hablar con Logan y arreglarlo para que viniese con su equipo rápidamente, fue a la piscina. De pié, se zambulló en el agua y usó los implantes biónicos, obligando a su cerebro a desarrollar las conexiones nerviosas necesarias para manejar sus nuevas piernas. La regeneración celular estaba ocurriendo, pero a un ritmo mucho más lento del que nadie había anticipado. Tenía que ser cuidadoso porque una de las medicinas que usaban era muy peligrosa. Curaba… y mataba.

Nadó, tratando de dirigir su cuerpo para estudiar detenidamente la mecánica de cada movimiento. Se mantuvo de pie en la parte poco profunda cerca de la red de barras y realizó ejercicios. El agua lo hacía ligero, tanto que si sus piernas fallaban, como hacían a menudo porque su concentración no era exacta, no importaba, aunque sabía que Lily estaría disgustada con él por trabajar solo.

Cuando lo habían operado, había estado completamente seguro de que simplemente se levantaría y andaría. No fue nada de eso. Todo su entrenamiento en el programa SEAL, su aprendizaje de Caminante Fantasma, nada de eso era comparable a esto. La cabeza le dolía constantemente. Sus piernas temblaban y estaban débiles. El dolor atravesaba sus muslos y sus caderas. Se caía constantemente, y eso era lo peor. Sus piernas simplemente estaban pegadas a él, rechazando trabajar si no estaba pensando cada segundo en el mecanismo que las hacía funcionar. La distracción más pequeña podía hacerle caer.

Maldijo repetidas veces mientras forzaba a su cerebro a decirles a sus piernas como funcionar. Visualizó cada músculo, cada nervio que necesitaba, los ligamentos y tendones, las articulaciones para obligar sus piernas a dar pequeños pasos. El sudor corría por su cuerpo lleno de gotas de agua cuando se impulsó hacia la escalera y se sentó, los pulmones ardiendo y la cabeza gritando.

Había sangrado otra vez por la nariz, la única cosa que lo hacía abandonar. No quería otra transfusión. Alcanzó una toalla, furioso por haber estado de acuerdo en primer lugar. Sus piernas eran demasiado débiles para sostenerle. Se ejercitaba dos veces al día y hacía fisioterapia, pero aquí estaba cada día, exactamente lo mismo, las piernas temblando, la cabeza doliendo y nada que mostrar a cambio.

Notando que el agua de la piscina burbujeaba en respuesta a su cólera, inhaló profundamente varias veces para calmarse. Estaba más enojado de lo que le podía decir a Saber. De que ella no le hablase de su vida. Vivían en la misma casa. Había visto el amor en sus ojos, lo había probado en sus labios, y aún así no podían hablar de quienes eran ellos realmente.

Blasfemando, se agarró a las barras y se colocó en posición vertical. Siempre le asombraba lo diferente que se veía todo cuando se mantenía de pié. Le asombraba lo diferente que se sentía. Era un hombre fuerte con una asombrosa fuerza en la parte superior de su cuerpo, sus muslos eran fuertes, pero la debilidad de sus pantorrillas podía enviarlo a estrellarse contra el suelo en un momento.

Iba a caminar hasta su silla. Los dedos se curvaron en dos puños apretados y la determinación moldeaba su boca. Esta vez lo haría. Era solo medio metro. Era cuestión de visualizar el modo en que una pierna trabajaba y darle la información a su cerebro para que la llevase a través de su cuerpo a su pantorrilla y a su pie.

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