Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне

Электронная книга - «La Alcoba De La Reina». Краткое содержание книги:

Francia, junio de 1626.
Una niña de cuatro años vaga por el bosque: su nombre es Sylvie de Valaines y su familia ha sido asesinada. Un muchacho de diez años, François de Borbón-Vendôme, la encuentra y la lleva al castillo de Anet. Oculta tras un nuevo nombre y criada entre los Vendômes, Sylvie se convertirá en doncella de honor de la reina Ana de Austria y compartirá, sin quererlo, el mortal secreto del nacimiento del futuro Luis XIV.
1 ... 29 30 31 32 33 34 35 36 37 ... 80
Перейти на страницу:

—Pero Fontainebleau está lejos de Orleans.

—Es un movimiento que podría hacer suponer a Monsieur que su hermano el rey aparecerá pronto al pie de sus murallas.

—En ese caso, ¿no habrían bastado los soldados? ¿Por qué la reina y toda la corte?

—Para que Monsieur no se espante una vez más. Lo que se pretende ante todo es evitar que vaya a reunirse con Soissons y Bouillon en las Ardenas, donde tendría todas las facilidades del mundo para entenderse con los españoles...

Sylvie miró a su compañera con admiración.

—¿Cómo sabéis todo eso?

Mademoiselle de Hautefort dio unos toquecitos indulgentes en la mano de la joven.

—Os lo explicaré más tarde. Hay otra razón por la que el rey se lleva consigo a todo el mundo, y es que no quiere estar separado un solo día de La Fayette. La reina no se ha equivocado al colocarla en su carroza.

—¿Su Majestad no siente celos?

—Sí. Eso forma parte del carácter español. Allá abajo se es celoso por tradición. Pero estima más juicioso vigilar de cerca a la doncella que tenerla maniatada.

Como estaba previsto, aquella noche se detuvieron cerca de Mennecy, en el castillo construido a finales del siglo anterior por el secretario de Estado Neuville de Villeroy, ya que el mal estado de los caminos y la brevedad de los días no permitía cubrir en una sola jornada el trayecto hasta Fontainebleau. La etapa no resultó agradable. Por más amplio que fuera el castillo con sus dependencias, resultaba un tanto exiguo para un millar largo de personas. Desde luego no faltaron alimentos ni un buen fuego, pero las doncellas de honor, amontonadas en cuatro habitaciones, pasaron una noche incómoda. Y aún hubieron de darse por contentas de que al cardenal no se le hubiese antojado elegir como fin de etapa su castillo de Fleury.

—Porque entonces —comentó Ana de Austria con amarga ironía—, sin duda mis doncellas habrían tenido que acostarse en la paja de un establo. ¡Vaya idea, Dios mío, enviarnos a recorrer el mundo con este espantoso tiempo invernal!

La reina estaba próxima a una crisis nerviosa. Esa tarde Sylvie fue invitada a cantar y, al recibir permiso para elegir canción ella misma, interpretó su canción favorita, un viejo romance que había aprendido de Perceval, que también lo apreciaba mucho:

L'amour de moy si est enclose

L'est dans ce joli jardinet

Où croît la rose et le muguet

Et aussi fait la passerose... [18]

La voz de Sylvie era de una limpidez cristalina. Muy pronto todas se sintieron subyugadas, y la reina todavía más. Cuando la canción hubo concluido, posó su mano sobre la cabellera castaña de la adolescente.

—En casa de Madame de Vendôme ya me había parecido que cantabais como un ángel, gatita. Nunca le agradeceré lo bastante que os haya cedido a mí...

Era el primer gesto afectuoso entre las dos mujeres. Sylvie experimentó un intenso placer, que se reflejó en su sonrisa.

—¿Quiere Vuestra Majestad oír otra cosa?

—Cantáis también en español, por lo que me han dicho.

—Sí, señora. Puedo cantar la Canción de la Virgen, del señor Lope de Vega, y también...

—No —dijo la reina—. Nada de canciones de mi país por hoy. El rey se aloja muy cerca de nosotras, y eso podría disgustarle. Repetid mejor ese bonito romance...

—¿No creéis, señora —propuso Marie de Hautefort—, que al rey le agradaría escucharlo? Le gusta la música, y aún más las voces bellas. —La mirada de la joven buscó a Louise de La Fayette, que miraba distraídamente por una ventana. Era hasta entonces la mejor cantante entre las doncellas de honor, y a Luis XIII le complacía escucharla.

—No desea oír más que una sola voz —murmuró la reina, vuelta de nuevo a sus preocupaciones—. Seríamos mal recibidas. Más tarde, tal vez...

Sylvie repitió su canción, entonó después la Endecha del ruiseñor, y así concluyó la velada. La reina se retiró a su habitación, procedió a la ceremonia de acostarse, y después cada cual se dirigió a la cama más o menos improvisada que le esperaba. Sin embargo, antes de que Sylvie saliera del dormitorio, Stéfanille la retuvo. Era un gesto absolutamente excepcional. La anciana camarera consideraba en bloque al tropel de doncellas de honor como secuaces de Satanás, y por lo general les oponía una actitud hostil que no contribuían a dulcificar sus severos ropajes negros. En esta ocasión, sus labios delgados dibujaron algo que con un poco de imaginación podía pasar por una sonrisa.

—Habéis distraído a la reina —susurró—. Es buena cosa, pero no basta. Quiero saber si la amáis.

—¿A quién?

—A la reina. Necesita mucho que la amen.

—Cuando llegué el otro día al Louvre, juré guardarle fidelidad y devoción. No sé todavía si la amo, pero creo que eso llegará.

—Sois sincera. En ese caso, nos entenderemos...

Y Stéfanille volvió al lecho de su ama, cuyas cortinillas acababa de cerrar, y se inclinó hacia el interior para decir algo que Sylvie no pudo oír.

Al día siguiente por la tarde, al llegar a Fontainebleau, encontraron el palacio dispuesto para recibirlos. Los furrieles del rey habían hecho un buen trabajo. Había fuego en las chimeneas, y cada cosa estaba en su lugar. Sylvie y las demás se instalaron con satisfacción. La enorme residencia construida por Francisco I en un magnífico entorno de bosques y lagunas la sedujo de inmediato. Incluso llegó a preguntarse por qué razón los reyes de Francia se obstinaban en pasar la estación fría en el viejo Louvre, sombrío y huraño, cuando incluso el invierno era más agradable aquí. Los árboles escarchados, las extensas alfombras de nieve fina que tan bien reseguían el dibujo de los jardines, todo la atraía; y se prometió volver a disfrutar allí del placer experimentado antaño en los jardines de Anet y Chenonceau. De modo que a la mañana siguiente, aprovechando que no estaba de servicio, Sylvie se abrigó con una gruesa capa forrada de vero, se calzó botines y guantes, y marchó a pasear por los alrededores sin avisar a nadie por miedo a que quisieran acompañarla. Tenía necesidad de estar sola, porque para ella la única forma de descubrir las cosas es en conversación consigo misma. Al menos así lo pensaba, porque ignoraba aún que el descubrimiento podía resultar mucho más agradable hecho entre dos.

Salió del patio Oval por la puerta Dorada, donde fue saludada por los centinelas; siguió la terraza que dominaba el Parterre y rodeó por fuera la sala de baile, el ábside de la capilla de Saint-Saturnin y el pabellón del Tibre. Una vez allí, podía elegir entre el Parterre y el parque, y se decidió por este último. El cielo estaba magnífico, de un azul muy pálido atravesado por pequeñas nubes gordinflonas como querubines.

Al llegar a una bifurcación en las proximidades del pabellón Sully, dudó. ¿Iría hacia el canal, que extendía su larga cinta azulada por toda la extensión del parque, o hacia la zona de bosque? Eligió el segundo camino, atraída por los bosquetes de acebos con sus hojas brillantes y sus bonitos frutos redondos y rojos, y lamentó no haberse provisto de un cuchillo para llevarse algunas ramas a su habitación. Como siempre le costaba mucho renunciar a algo que deseaba, se acercó más con la idea de que tal vez conseguiría partir las ramas con las manos, pero a los pocos pasos se detuvo de golpe: había alguien en el bosquecillo. Dos voces, un hombre y una mujer.

вернуться

[18] Mi amor está encerrado / en este bello jardincito / donde crecen la rosa, el muguete / y también la malvarrosa. (N. del T.)

1 ... 29 30 31 32 33 34 35 36 37 ... 80
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)