El susurro del diablo
- Автор: Миябэ Миюки
- Язык: испанский
- Жанр: Другие детективы
Электронная книга - «El susurro del diablo». Краткое содержание книги:
Mamoru, un joven de dieciséis años, tratará de desenmarañar el misterio. Su tío es el taxista que ha atropellado a la tercera víctima y se encuentra en prisión preventiva, acusado de homicidio involuntario.
Decidido a ayudar a su tío y limpiar su buen nombre, el astuto joven descubre que la chica que encontró la muerte bajo las ruedas del taxi participó en una despiadada estafa, y que tres de las cuatro mujeres involucradas en la misma ya están muertas.
Cuando un influyente empresario se presenta ante la policía para desvelar nuevas evidencias que dan un vuelco a la investigación, Mamoru comienza la búsqueda de la única superviviente, que es también el siguiente objetivo del asesino.
Y, entonces, el asesino contacta con él…
La chica no dejó de gritar. Conforme los curiosos se agolpaban alrededor del depósito, Takano se abrió camino hasta los jóvenes, aún en peligro, y los rodeó a ambos con sus brazos para apartarlos del borde.
– Ya está, ya está. No pasa nada. Tranquila, tranquila -canturreaba Takano cual mantra, consolando a la chica. Por fin, consiguió calmarla. La chica se rindió, dejó de forcejear y prorrumpió en llanto. Necesitaban una escalera para bajarla del depósito, y fueron los bomberos quienes se encargaron de llevarla hasta abajo y tumbarla sobre una camilla.
– ¡Ha faltado muy poco! -Mamoru y Takano se quedaron un rato sentados arriba, enjugándose el sudor de sus frentes.
Takano dejó escapar un profundo suspiro mientras negaba con la cabeza.
– Un paso en falso y habrías caído al vacío con ella.
– Bueno, al final no ha pasado nada.
– ¡Eh, chaval! ¿Dónde has aprendido eso, en la tele? -le gritó Makino con los brazos en jarras desde donde se encontraba, dos metros abajo junto al depósito. Mamoru, para seguirle el juego, se encogió como si el guarda acabase de descubrir su secreto-. Tendré que hablar con el encargado para que instalen más medidas de seguridad en esta zona.
– ¿Cómo habrá llegado hasta aquí arriba?
– Pues como tú -repuso Takano-. Al parecer, buscaba algún tipo de instrumento musical y, por alguna razón que seguimos sin comprender, entró en una especie de trance. Se puso a actuar como un animal salvaje atrapado en una colina en llamas; siguió subiendo y subiendo, hasta acabar aquí arriba.
– ¿Qué le habrá ocurrido?
– Los que la vieron dicen que daba la impresión de que alguien la perseguía. -Takano se encogió de hombros y miró fijamente a Mamoru-. Y tú, ¿cómo has llegado hasta aquí?
– Subí por la escalera de servicio.
– ¿No está cerrada con llave esa puerta?
– Hoy no lo estaba. -El temblor que se había apoderado de su cuerpo empezaba a remitir, y Mamoru pudo por fin bajar al suelo. Un bombero le clavó la mirada y frunció el ceño.
– Siento el alboroto que se ha formado -se disculpó Takano, inclinando la cabeza a modo de reverencia.
– ¡No podemos permitir que la gente monte espectáculos así!
Mamoru fue acribillado a preguntas no solo por parte de la policía, sino también por el departamento de bomberos. Y aún le quedaba mucho trabajo que hacer en la tienda. Necesitó alguna que otra hora extra para terminar las tareas que tenía pendientes antes de dirigirse a casa, exhausto.
Se montó en su bicicleta y tomó el camino que se extendía junto al río. Cuando, rumbo a la casa de los Asano, tomó un desvío, alguien llamó su atención. Al mirar hacia atrás, reconoció a su prima Maki que corría para alcanzarlo; su chaqueta abierta revoloteaba a su paso.
Llegaron juntos a casa, abrieron la anticuada puerta corredera, y anunciaron al unísono:
– ¡Estoy en casa!
– ¡Bienvenidos! -Contestó una voz familiar. Una voz que llevaban demasiado tiempo sin escuchar. Intercambiaron una mirada de desconcierto en el momento en que Taizo aparecía por la puerta del salón para recibirlos.
– ¡Yo también estoy en casa! -dijo, sonriente.
Esa noche, Yoriko preparó tal festín que no hubo sitio en la mesa para disponer todos los platos.
– ¡Papá dice que ha soñado con el momento de tomarse una cerveza! -bromeó Maki-. Debería darte vergüenza, ¡preferir beber una cerveza en lugar de abrazar a tu hija!
Taizo estaba más delgado y se le veía cansado. Pero tras apurar un gran vaso de cerveza, una sonrisa iluminó su rostro, devolviendo a sus ojos la vivacidad de siempre.
– No me importa con qué haya soñado en el tiempo que ha estado en la cárcel. Lo importante es que por fin está en casa -dijo Yoriko mientras tomaba la botella y servía más cerveza a su marido.
Taizo se enderezó en la silla para adoptar una posición formal.
– Quiero deciros que siento muchísimo todo lo que ha pasado y toda la preocupación que os he causado. Tú, Yoriko, sufriste además una agresión. Lo único que puedo decir es gracias, gracias a los tres. -Nada más acabar el breve y solemne discurso, Taizo se plantó sobre la estera de tatami para ejecutar una exagerada reverencia.
– ¡Vamos, papá! ¡Vas a hacer que nos pongamos colorados! -protestó Maki-. ¡Venga, comamos!
Después de la cena, Taizo puso a Maki y a Mamoru al tanto de los nuevos detalles de la investigación que habían provocado su puesta en libertad.
– ¿Qué tipo de persona era el testigo? ¿Fue su testimonio lo que convenció a la policía de tu inocencia?
– Maki, ¿has oído hablar de la compañía Shin Nippon? -preguntó Taizo.
– ¡Por supuesto! Nuestro director se está devanando los sesos para dar con el modo de que contraten nuestros servicios. -Maki trabajaba para una compañía de transporte aéreo de mercancías-. En un principio, Shin Nippon centraba sus actividades exclusivamente en la importación de muebles y antigüedades. Sin embargo, ya llevan cinco años consolidándose en el mercado de apartamentos turísticos y complejos hoteleros. De esta forma, se especializan en construcción de calidad que luego amueblan con artículos selectos. Esta reconversión ha conocido un gran éxito y Shin Nippon es un negocio de lo más boyante. Fueron ellos quienes impulsaron aquella moda retro de hace algunos años.
– ¿Y qué tiene que ver Shin Nippon? -inquirió Mamoru.
– El testigo no es otro que el vicepresidente de la compañía, Koichi Yoshitake.
– He oído hablar de él -dijo Maki con emoción-. Escribe una columna llamada «El espectador desapercibido» para una revista. Han publicado un libro con una selección de sus artículos.
– ¡Es cierto! ¡Lo he visto! -interrumpió Mamoru-. Es un gran volumen lleno de imágenes.
– Eso es. Fotografías y comentarios sobre los lugares de trabajo de periodistas, autores, arquitectos y otra gente destacada.
– Se vende muy bien.
– Por eso es famoso -masculló Yoriko-. Y por eso ha tardado tanto en dar la cara.
– ¿Qué quieres decir? -preguntó Mamoru.
Yoriko miró a Taizo a quien le entró un ataque repentino de tos.
– El señor Yoshitake iba de camino a casa de su amante cuando presenció el accidente -explicó.
Maki y Mamoru se quedaron sin palabras. Fue Yoriko quien retomó la explicación.
– La policía albergaba sus sospechas porque tardó varios días en aparecer. Comprobaron su historia con suma minuciosidad. Habló con la señorita Sugano minutos antes del accidente, le preguntó la hora… Dice que probablemente llegaba tarde a casa y que por eso corría.
– Tiene sentido -accedió Maki, asintiendo-. Yo también vuelvo corriendo a casa cuando se me ha hecho tarde. ¿Por qué siempre se empecinan en sospechar tanto de la gente? Jamás me casaré con un policía.
– ¡No creo que ninguno te aceptase como esposa! -apuntó jocosa Yoriko.
– Resumiendo, alguien como el señor Yoshitake podía haberse mantenido al margen y no confesar lo que presenció. Le debo mi puesta en libertad -dijo Taizo cargado de emoción-. Está emparentado con una familia muy influyente. Su esposa es la presidenta de la compañía y, según comentó uno de los detectives, está dispuesta a pedir el divorcio.
– Debe de haber sido muy duro para él -añadió Yoriko-. Y pese al riesgo que corría, acudió a la policía. Tuvo que ser una decisión muy delicada.
– ¡Eh, alto ahí! -A Maki se la veía indignada-. Papá jamás habría sido arrestado si ese hombre se hubiese quedado donde estaba. ¡No olvidemos que hemos vivido esta pesadilla porque él huyó de la escena!