Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Другие детективы » El susurro del diablo
El susurro del diablo - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

El susurro del diablo

Электронная книга - «El susurro del diablo». Краткое содержание книги:

Tres muertes se suceden en un breve intervalo de tiempo: una chica salta desde la azotea de un edificio de seis plantas; otra, cae del andén al paso de un tren; y una tercera es atropellada de noche por un taxi. Pero ¿qué relación guardan estos tres casos? ¿Accidentes, suicidios… o asesinatos?
Mamoru, un joven de dieciséis años, tratará de desenmarañar el misterio. Su tío es el taxista que ha atropellado a la tercera víctima y se encuentra en prisión preventiva, acusado de homicidio involuntario.
Decidido a ayudar a su tío y limpiar su buen nombre, el astuto joven descubre que la chica que encontró la muerte bajo las ruedas del taxi participó en una despiadada estafa, y que tres de las cuatro mujeres involucradas en la misma ya están muertas.
Cuando un influyente empresario se presenta ante la policía para desvelar nuevas evidencias que dan un vuelco a la investigación, Mamoru comienza la búsqueda de la única superviviente, que es también el siguiente objetivo del asesino.
Y, entonces, el asesino contacta con él…
1 ... 26 27 28 29 30 31 32 33 34 ... 66
Перейти на страницу:

Yukiko estaba a punto de empezar a trabajar y convertirse en miembro de pleno derecho de la sociedad. ¿Qué sería de ella tras el tsunami que suscitarían semejantes revelaciones? Mamoru se ponía enfermo solo de pensar en ese giro del destino. Quería que el desconocido pasado de Yoko permaneciese bajo tierra. Lo deseaba con tanta fuerza como que su tío saliese de la cárcel.

– Mamoru, ¿tienes un momento? -Maki asomó por la puerta de su habitación-. ¿Hubo alguna llamada mientras estuve fuera?

– No, ninguna.

Maki agachó la mirada, en un gesto de decepción.

– ¿Te refieres a si tu novio ha llamado?

Maki asintió. Y Mamoru decidió ofrecerle un rayo de esperanza.

– Ayer estuve todo el día fuera. Quizá llamara cuando no había nadie en casa. Estoy seguro de que está muy preocupado por ti. ¿Por qué no lo llamas a la oficina?

– Es una buena idea. -Una sonrisa iluminaba de nuevo su cara-. Llamaré un poco más tarde.

La casualidad quiso que, en ese preciso instante, el teléfono sonara. Maki y Mamoru intercambiaron una mirada antes de apresurarse hacia la escalera. Yoriko, con un plumero en la mano, se disponía a descolgar el auricular, pero Mamoru se le adelantó en el último momento.

– Casa de los Asano, ¿dígame?

– Kusaka, ¿es usted? -El señor Nozaki, del instituto de Mamoru. El chico chasqueó la lengua, contrariado, e hizo un gesto a su prima y a su tía para confirmarles que no era la llamada que estaban esperando.

– Sí, he olvidado avisarlo… Resulta que hoy…

– ¡Venga al instituto inmediatamente!

– ¿Cómo?

– Necesito que esté aquí lo antes posible. Venga a verme a la sala de profesores. Hablaremos en cuanto llegue. -No hubo tiempo para despedidas.

– ¿Era del instituto?

– Sí. -Mamoru miró el auricular unos cuantos segundos antes de colgar. Al parecer, el señor Incompetente estaba enfadado por no sabía qué motivo-. Era el señor Nozaki. Quiere que vaya a verlo inmediatamente.

– ¿Es que no los avisaste? -Yoriko le dio un suave capirotazo-. Pues entonces será mejor que vayas. Llamaré al instituto si hay alguna novedad.

Mamoru se encogió de hombros. Maki no pudo evitar sonreír mientras descolgaba el teléfono para llamar a la oficina.

Por desgracia, se trataba de algo serio. Nozaki esperaba a Mamoru y, en cuanto lo divisó, se abalanzó sobre él.

– Sufrimos un robo el sábado por la noche.

Mamoru supo de inmediato lo que se le venía encima.

– ¿Qué se han llevado?

– Entraron en la sala del equipo de baloncesto y se llevaron tanto las cuotas mensuales que pagan los jugadores como el dinero para financiar el campamento de Año Nuevo.

– ¿Cuánto había?

– Medio millón de yenes. Lo justo para cubrir los gastos de toda una semana de campamento para veintidós chicos.

Mamoru cerró los ojos. «¿Por qué tiene que pasarme esto? Era lo único que me faltaba».

– ¿Y por qué dejaron tanto dinero sin vigilancia?

En Japón, la mayoría de los equipos masculinos que disputaban algún tipo de liga escolar estaban liderados por entrenadoras. Pese a gozar de semejante estatus, las tareas que desempeñaban las chicas se reducían más bien a las de una criada. Cinco años atrás, Iwamoto, el director del departamento de Educación Física y entrenador del equipo de baloncesto, decretó que el centro pondría punto y final a aquella tradición. Su discurso venía a ser: «¿Qué se han creído que son? ¿Profesionales? ¡De aquí en adelante serán ustedes quienes se hagan la colada! Esa es una tarea que corresponde a cada miembro del equipo y a nadie más. Y si no les gusta, ¡ya saben dónde está la puerta!».

Fue así como los chicos empezaron a responsabilizarse de la limpieza y recaudación de sus propias cuotas. Esta última tarea fue encomendada a Sasaki, alumno de primero recién llegado al equipo que además era amigo de Miura.

– Sasaki guardó el dinero en una taquilla cerrada con llave -prosiguió Nozaki-. Y la sala del equipo también estaba cerrada a cal y canto. Cuando el domingo por la mañana, el equipo acudió al entrenamiento, tanto las cerraduras de la sala como la de la taquilla habían sido forzadas. Utilizaron una cizalla. Kusaka, el robo tuvo lugar entre las seis y media de la tarde del sábado, después del entrenamiento, y las siete y media de la mañana del domingo. Dígame, ¿dónde estuvo durante ese tiempo?

– En casa.

– ¿Alguien puede corroborarlo?

– Estuve solo. Vino una amiga que se quedó hasta las nueve de la noche, pero el resto del tiempo no había nadie más en casa. -Verse arrastrado hacia semejante embrollo le provocaba una sensación de rabia que iba in crescendo-. ¿Acaso soy sospechoso?

– El sábado por la mañana, en clase -continuó Nozaki, ignorando la pregunta de Mamoru-, Miura, Sasaki y Tsunamoto hablaron del campamento de Año Nuevo, y me han dicho que usted estaba presente. Por lo visto, también mencionaron el dinero del que disponían, así como el hecho de que quizás lo guardaran en la sala del equipo.

– ¿O sea, le dijeron que yo escuché la conversación y por eso me está acusando? -Qué extraño que Miura y los gamberros que tenía por amigos no entrasen en la lista de posibles sospechosos.

– Dicen que nadie más estaba al tanto de dónde se encontraba el dinero.

– Yo no sé nada de ningún dinero. No escuché ni una palabra. ¿Cree a Miura y Sasaki, y a mí no va a darme el beneficio de la duda?

– Sabía que le habían tendido una trampa. Miura habría aguzado bien el oído mientras Mamoru y Anego conversaban. Mamoru le había comentado que estaría solo en casa esa noche, de ahí que ella y su hermano fueran a hacerle una visita. Esos sinvergüenzas sabían perfectamente que Mamoru no dispondría de una coartada para el sábado por la noche-. ¿Y el resto del equipo de baloncesto? Ellos debían de saber dónde estaba guardado el dinero.

– No, no fue ninguno de ellos.

– ¿Y cómo está tan seguro?

Nozaki enmudeció. Mamoru reparó en que le palpitaban las venas de las sienes.

– ¿Cómo puede culparme de algo así? ¿Por qué yo? -Mamoru repetía una y otra vez la misma pregunta aunque, a juzgar por la expresión de su profesor, ya sabía la respuesta: «De casta le viene al galgo. De tal palo tal astilla».

Por supuesto, Nozaki conocía la historia del padre de Mamoru. Todos estaban al corriente, tanto profesores como alumnos. Desde el día en que Miura destapó su secreto, el rumor se había extendido como la pólvora. El instituto ya era un auténtico polvorín, y a la menor chispa, todo estallaría. Mamoru sintió que la desesperación le atravesaba el corazón como una espada. Nada había cambiado.

– ¿Y qué opina el señor Iwamoto? ¿También cree que yo soy el culpable?

– Lo único que puedo decir es que ha aplazado los entrenamientos hasta atrapar al responsable. El campamento queda definitivamente suspendido. No habrá marcha atrás, aparezca o no el dinero. Y no solo eso, también ha sancionado a todo el equipo por descuidar tal suma. Ya conoce la versión de Miura y se va a encargar él mismo de llevar una investigación a cabo.

Mamoru se vio invadido por una leve sensación de alivio. Iwamoto era conocido entre los alumnos por el apodo de «Sabueso»: un tipo riguroso a la vez que obcecado, al que no le iban las medias tintas. Mamoru estaba seguro de que no dudaría en poner el instituto patas arriba hasta dar con el dinero robado.

El chico contempló el rostro pálido de Nozaki.

– ¿Qué me dice de usted? ¿Cree que he sido yo?

Nozaki se negó a contestar durante unos cuantos segundos. Ni siquiera era capaz de mirar al chico a la cara.

– Yo solo… -farfulló al fin-. Solo quiero que me diga la verdad.

– Pues entonces ya está. Yo no lo hice. Eso es todo lo que tengo que decir.

– ¿Que eso es todo? -resopló Nozaki-. ¿Está seguro de que no tiene nada más que añadir?

1 ... 26 27 28 29 30 31 32 33 34 ... 66
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)