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El susurro del diablo

Электронная книга - «El susurro del diablo». Краткое содержание книги:

Tres muertes se suceden en un breve intervalo de tiempo: una chica salta desde la azotea de un edificio de seis plantas; otra, cae del andén al paso de un tren; y una tercera es atropellada de noche por un taxi. Pero ¿qué relación guardan estos tres casos? ¿Accidentes, suicidios… o asesinatos?
Mamoru, un joven de dieciséis años, tratará de desenmarañar el misterio. Su tío es el taxista que ha atropellado a la tercera víctima y se encuentra en prisión preventiva, acusado de homicidio involuntario.
Decidido a ayudar a su tío y limpiar su buen nombre, el astuto joven descubre que la chica que encontró la muerte bajo las ruedas del taxi participó en una despiadada estafa, y que tres de las cuatro mujeres involucradas en la misma ya están muertas.
Cuando un influyente empresario se presenta ante la policía para desvelar nuevas evidencias que dan un vuelco a la investigación, Mamoru comienza la búsqueda de la única superviviente, que es también el siguiente objetivo del asesino.
Y, entonces, el asesino contacta con él…
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Mamoru casi podía oír el temblor que sacudía las rodillas de su interlocutor.

– ¿Lo has pillado? Y no lo olvides, todo está en los genes. Ándate con ojo a partir de ahora.

Para añadir algo de drama al asunto, Mamoru colgó con violencia. El nudo del estómago se aflojaba por fin. Se dio cuenta de que sus propias rodillas le flaqueaban. Se apoyó sobre el cristal de la cabina telefónica y dejó escapar un profundo suspiro.

* * *

Del tabloide semanal, Spider, edición del 30 de noviembre:

¿Héroe o villano? El testigo que escuchó la voz de su conciencia.

¿Hay entre nuestros lectores algún afortunado cuyos ingresos anuales asciendan a diez billones de yenes? ¿Alguien que esté casado con una hermosa heredera y disponga además de una amante que la supera en belleza? Esta descripción corresponde a Koichi Yoshitake, vicepresidente de la compañía Shin Nippon, quien aparece en la fotografía que mostramos a la izquierda. Conocido por el golpe de suerte tan peculiar como extraordinario que le cambió la vida, el señor Yoshitake acaba de desvelar otra faceta de su personalidad: un singular sentido de la justicia y la ecuanimidad.

Todo ocurrió poco después de la medianoche del 13 de noviembre, cuando un taxi atropello a una estudiante de veintiún años. No hubo testigos. La policía se enfrentaba a un gran dilema: por un lado, el taxista juraba que la chica hizo caso omiso del semáforo en rojo del paso de peatones y prácticamente se le echó encima: por otro lado, las últimas palabras de la víctima refutaban las declaraciones del conductor. En este punto entró en escena el señor Yoshitake. Gracias a su testimonio, el taxista, detenido de forma preventiva hasta el cierre de la investigación, vuelve a ser un hombre libre.

El accidente tuvo lugar lejos del domicilio de Yoshitake quien, dicho sea de paso, no tenía un motivo razonable para explicar qué hacía en el lugar del accidente a esas horas de la noche. El testigo acabó confesando que, en el momento de la tragedia, iba de camino a casa de su amante, la señorita I., cuyo apartamento queda cerca de la zona.

De cuarenta y cinco años y natural de Hirakawa, Yoshitake es un perspicaz hombre de negocios que empezó trabajando como vendedor y ascendió hasta

el que actualmente es su puesto. El padre de su esposa no es otro que el fundador y propietario de la compañía Shin Nippon, que su yerno representa en calidad de vicepresidente. Como es lógico, su estatus familiar y profesional requiere de cierto grado de discreción a la hora de mantener relaciones extraconyugales.

Aun asi, Yoshitake se presentó en la comisaría de Joto cuando supo que, a falta de un testigo que apoyara su versión de los hechos, el taxista permanecía detenido. Su declaración coincide con la del conductor. Yoshitake llegó incluso a intercambiar unas palabras con la víctima a quien abordó para preguntarle la hora. La respuesta fue: «Las doce y cinco». Este dato fue definitivo para convencer a la policía de la credibilidad del testimonio y concluir que el accidente fue el resultado de la negligencia de la propia víctima. Yoshitake ha demostrado gran valor al anteponer la justicia a su vida privada, aunque algunos aseguran que su mujer no tardará en poner sobre la mesa los papeles del divorcio.

El asunto también ha salpicado a la señorita I. Una vez que su relación con Yoshitake salió a la luz, dejó el club nocturno donde trabajaba y, según cuentan, se fue a vivir con una amiga hasta que Yoshitake y su mujer llegaran a un acuerdo. En definitiva, si entre nuestros lectores contamos con un hombre tan afortunado, permítanos darle un consejo: para evitar la ira de su esposa y el llanto de su amante, evite a toda costa los accidentes de tráfico cuando se acuda a una cita amorosa.

A primera vista, todo parecía haber vuelto a la normalidad en casa de los Asano. A Maki no se la veía tan animada como siempre, pero iba a trabajar cada mañana. Yoriko sacaba al remolón de su sobrino de la cama, le preparaba el almuerzo y lo enviaba al instituto antes de ponerse a hacer sus tareas domésticas.

Solo Taizo estrenaba rutina. Siempre había trabajado por la noche y dormía cuando Maki y Mamoru se marchaban de casa. Ahora, se sentaba cerca de la ventana y los veía alejarse. Pasaba más tiempo que de costumbre leyendo el periódico. Cuando su familia reparó en que lo estudiaba con demasiada atención, supo que estaba consultando las ofertas de trabajo. Su taxi verde oscuro le fue devuelto al día siguiente de su puesta en libertad, pero Taizo solo se acercó al coche para lavarlo y no lo volvió a tocar.

El señor Satomi, de Taxis Tokai, le hizo una visita formal para ofrecerle un puesto hasta que le devolvieran el carné de conducir. La empresa necesitaba algo más que taxistas, por ejemplo, alguien que se encargara de la limpieza, el papeleo y la gestión de personal. Taizo declinó la oferta sin dudarlo un segundo. Se aferraba con fuerza a su decisión de mantenerse lo más lejos posible del negocio.

– ¡Este hombre no atiende a razones! -exclamó enfadado el señor Satomi antes de volverse sobre sus talones.

– No se preocupe, ya se le pasará -dijo Yoriko, forzando una sonrisa.

En el instituto de Mamoru las cosas también volvían a su cauce. Su estrategia parecía haber surtido efecto con Miura y su banda; habían dejado de molestarlo. Las heridas de Yoichi Miyashita empezaban a cicatrizar y volvía a asistir a clase.

Una noche, mientras la familia Asano se sentaba a la mesa a cenar, con las noticias de las seis de fondo, Mamoru desvió la mirada hacia la televisión y reconoció la fachada del edificio que salía en el reportaje.

«-A las tres en punto de esta tarde, en los grandes almacenes Laurel situados en el distrito de K., -decía el presentador del telediario- un anciano perdió los estribos y se puso violento.»

Mamoru dejó su cuenco de arroz sobre la mesa y escuchó con atención.

«-Tras adueñarse de un cuchillo de la Sección de Hogar, apuñaló a dos empleados. El agresor ha sido identificado como Kazunobu Kakiyama, un vecino de la zona.»

– Mamoru, ¿no es ahí donde trabajas? -preguntó Maki angustiada mientras se agachaba a recoger los palillos que el chico acababa de dejar caer al suelo.

«-Goro Makino, un guarda de seguridad de cincuenta y siete años, y Hajime Takano, de treinta han resultado heridos. Takano recibió una puñalada en el hombro y está hospitalizado con pronóstico reservado. No hubo que lamentar más víctimas pese a que, en el momento de la agresión, unos ciento quince clientes se encontraban en el interior del edificio. Una vez que la policía logró desarmar y reducir al desequilibrado, lo llevaron a la comisaría de Joto donde tendrá que prestar declaración. Dado el estado de perturbación del agresor y su conocido problema de consumo de sustancias estupefacientes, la policía cree que pudo actuar bajo la influencia de las drogas.»

Para cuando Mamoru llegó al hospital, el horario de visitas estaba a punto de finalizar. Takano yacía en una cama. Lucía una venda que le cubría el cuello y el hombro izquierdo y, en el brazo derecho, una intravenosa conectada a un gotero. Pese a su mal aspecto, en cuanto avistó a Mamoru, hizo lo que pudo por alzar la cabeza.

– ¡Entra! -Saludó al chico muy sonriente-.Te habrás preocupado mucho al enterarte de lo sucedido, ¿verdad?

– Lo vi en las noticias mientras cenábamos. Casi me atraganto.

Takano le dijo que unos detectives se habían pasado por allí para hablar con él y que regresarían al día siguiente para tomarle declaración.

– Es horrible lo que ha pasado. ¿Te duele mucho? -preguntó Mamoru.

– No es tan grave como parece. Me han cubierto de vendas para que la cosa no empeore.-Takano se valió de la barbilla para indicar el punto donde había recibido la puñalada. Unos centímetros más arriba y el cuchillo podría haberle alcanzado la yugular; unos centímetros más abajo, y le hubiese atravesado el corazón. Mamoru sintió un escalofrío descendiéndole por la espalda-. No soy tan rápido como pensaba. Estaba seguro de poder esquivarlo. Bueno, al menos, ningún cliente salió herido.

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