MI CONFESION CARLOS CASTAÑO revela sus secretos
- Автор: MOLINA MAURICIO ARANGUREN
- Язык: испанский
- Жанр: Биографии и мемуары
Электронная книга - «MI CONFESION CARLOS CASTAÑO revela sus secretos». Краткое содержание книги:
Segu� avanzando a un ritmo fuerte, entre cien y ciento veinte kil�metros por hora, en una v�a con curvas. De pronto pens� que era pura paranoia m�a, pero comenc� a ver las luces del taxi por el retrovisor. En las rectas avanzaba a ciento cuarenta kil�metros, y el taxi ah�, a la distancia. Las llantas chillaban porque tomaba las curvas a mucha velocidad en tercera y las revoluciones del carro se acercaban a ocho mil, ya iba arriesgando. Desconcertado, decid� meterme por una variante que hay antes de llegar al municipio de Santa Rosa. Yo de trochas y atajos s� conozco. Era una v�a sin asfalto, que nos dejaba adelante del pueblo.
Con mi esposa reflexionaba: �Ser�n unos borrachos, pues es la madrugada posterior al 31 de diciembre y puede ser sugesti�n m�a�. Pero no, me iban a matar con mi esposa y mi hija. A�os m�s tarde, captur� a uno de esos hombres y me lo cont� todo con detalles. El sicario que iba en la silla trasera del taxi llevaba un fusil G-3 y a la salida del peaje estaba listo para disparar la r�faga de veinte tiros, justo cuando yo pasara.
Sal� de nuevo a la autopista con una tranquilidad relativa, muy atento con el taxi, pero no lo volv� a ver. Pas� por el municipio de Don Mat�as y llegu� a un cerro donde est�n los restaurantes a lado y lado de la carretera, y vi dos motos salir de uno de los restaurantes. Dej� de acelerar para observarlos bien, cuando el parrillero de la moto que iba adelante, como a unos cien metros, dej� caer su gorra. De inmediato present�, sin lugar a equivocarme: �Comenzaron el operativo y me quieren matar�.
Not� que la moto se detuvo y el segundo sicario se baj� y la recogi� para darme tranquilidad, pero, al agacharse, le alcanc� a ver debajo del poncho una subametralladora M.P5 recortada, una arma fina, que muy poquitos ten�amos. De inmediato pis� a fondo el freno y levant� la palanca de emergencia, a unos sesenta kil�metros por hora, para intentar dar un trompo y quedar en contrav�a y as� huir, pero di la vuelta entera y qued� frente al sicario otra vez. No dud� en sacar la pistola y le hice cuatro disparos.
Mientras los tipos tomaban una mejor posici�n que les permitiera disparar desde la moto, alcanc� a ver m�s adelante que los otros atravesaron su moto impidiendo el paso de los veh�culos que se aproximaban en sentido contrario. Yo maniobr� el campero y lo arrincon� a un muro de contenci�n amarillo con negro, en el filo de un precipicio tan profundo que mi hija se asom� y me dijo: �Papi, no me vayas a dejar caer ah�, que eso est� muy miedoso�. Recuerdo que mi hija no dijo una palabra sobre los sicarios y mi esposa me preguntaba: ��Nos van a matar?�
�Tranquilas, que no va a pasar nada�, les dije, y me baj� orden�ndoles que se quedaran ah�. Me escond� detr�s de una piedra a un costado de mi carro a esperar que salieran los sicarios. S�lo ten�a una pistola 7-56 y un proveedor en el bolsillo, ya me hab�a gastado cuatro tiros, me quedaban ocho en la rec�mara del arma y doce en el otro proveedor. Cuando salieron los que me hab�an disparado y su moto hab�a resbalado sobre la cuneta de cemento a la salida del restaurante, me inclin�, puse una rodilla en el piso y les apunt�, recost� mi cabeza en el hombro, mientras mi mano izquierda abrazaba la derecha que empu�aba mi arma. Con la metra en la mano fueron cruzando frente a m� y el sicario me grit�: ��La cosa no es contra usted, �parce!, nosotros vamos es por el carrito!�. Luego aceleraron la moto, y yo les contest�: ��Pase que no voy a disparar!� Mientras se alejaban, no dej� de apuntarles hasta que se fueron. Luego regres� por trochas hasta una zona segura y controlada por la Autodefensa.
El atentado se dio porque Pablo Escobar ya intu�a que yo, a espaldas de mi hermano Fidel, le estaba ayudando a las autoridades para que lo capturaran, por eso, la realidad es que no puedo calificar de traici�n su actitud, como le escrib� en la nota, simplemente �l era mi objetivo y yo me convert� en el suyo. Las razones es otra cosa. Adem�s, se le hab�a frustrado m�s de un atentado terrorista, justo de los que yo ten�a conocimiento.
-�Sospecha que ten�a sentido -le coment� a Casta�o.
-��Claro, por Dios! Desde que conoc� a Pablo, en 1984, percib� que era un manipulador que siempre me consider� un instrumento. Yo sab�a que tarde o temprano �bamos a rivalizar por las capacidades que cada uno ten�a, aunque con horizontes distintos. Siempre he tenido un concepto muy claro de la preservaci�n de la democracia y el Estado. �l odiaba a la clase dirigente y a la oligarqu�a. Con su poder ya empezaba a sentirse Estado.
Cuando en 1985 se plane� en mi presencia la toma del Palacio de Justicia entre Pablo Escobar y Carlos Pizarro, yo no imaginaba a Pablo tan perverso.
Al lado de Escobar uno se pod�a convertir perfectamente en un monstruo igual que �l. Sinceramente, yo cre� que Pablo se ca�a por gravedad, el propio peso de su accionar endemoniado lo iba a acabar, pero pasaron los a�os y Escobar se fortalec�a, cada vez era m�s criminal. Cre� que la autoridad iba a terminar con �l, pero en mi accionar antisubversivo al lado de las instituciones y por fuera de ellas, descubr� que no hab�a qui�n lo pudiera ejecutar, por el grado de corrupci�n pol�tica y judicial que existe en Colombia.
A principios de 1989 yo ya era un enemigo oculto de Escobar y le suministraba informaci�n al DAS. En ese entonces se me conoci� en la central de inteligencia como el informante �Alekos�, al que internamente llamaban �El Fantasma�, de lo cual hay registros y grabaciones que lo comprueban. Para un sector de la Polic�a, siempre fui conocido como �Alex�.
-�Pero comandante, su hermano Fidel Casta�o a�n era amigo de Pablo y asist�a a las reuniones del cartel. �Qu� opinaba �l?
-��Nada! Fidel no estaba enterado de todo lo que yo tramaba en contra de Pablo. Luch� contra Escobar, a escondidas de mi hermano y del DAS. En la central de inteligencia no conocieron mi identidad durante mucho tiempo, siempre fui �Alekos�. Se lo ocultaba a Fidel, porque mi hermano siempre crey� en Pablo Escobar. Se trataban como amigos y con aprecio. Fue tan �pablista�, que cuando le escrib� para contarle que Escobar orden� mi muerte, no me crey�. Fidel, como todos sus amigos, le era leal por el terror que le ten�an. En ese momento conven�a ser amigo de Pablo y no su enemigo.
Mi hermano cre�a en Escobar como en un amigo leal. Enemigo de sus enemigos y amigo de sus amigos. Yo insist� en lo contrario: �Pablo es enemigo de sus amigos y as� sobrevive, matando amigos�.
Comenc� a suministrar informaci�n a las autoridades diez meses antes de que estallara el cami�n bomba con seis mil kilos de dinamita en las instalaciones del DAS en Bogot�, un triste 6 de diciembre de 1989. Recuerdo que mientras los que queremos este pa�s sufr�amos al ver c�mo fallecieron de manera infame casi cien personas y m�s de mil quedaron heridas, �Mem�n� y el �Chopo�, los hombres de Pablo Escobar que colocaron las seis toneladas de explosivos, celebraban y se sent�an mejores que los dem�s bandidos. �No cre�an en nadie!, a pesar del rega�o que les meti� Pablo, porque el director del DAS, general Maza M�rquez, hab�a salido ileso.
Ellos se ufanaban y contaban abiertamente los detalles del atentado a la gente de confianza, entre los que, supuestamente, me encontraba yo; tan bocones fueron que ese d�a les saqu� la informaci�n necesaria para descubrir la bodega donde quedaba la dinamita sobrante del atentado, unos tres mil kilos, que despu�s se utilizar�an para realizar tres nuevos atentados con carros bomba de por lo menos quinientos kilos de explosivos cada uno.
Quince d�as despu�s del atentado, llam� al DAS y pude hablar por segunda vez con el Director de la Central de Inteligencia, Alberto Romero Otero; me lo pas� el coronel Echavarr�a, de la Divisi�n de Inteligencia.
Con Echavarr�a exist�a cierta confianza porque le hab�a suministrado, en el transcurso del a�o, cuatro o cinco denuncias importantes.