MI CONFESION CARLOS CASTAÑO revela sus secretos
- Автор: MOLINA MAURICIO ARANGUREN
- Язык: испанский
- Жанр: Биографии и мемуары
Электронная книга - «MI CONFESION CARLOS CASTAÑO revela sus secretos». Краткое содержание книги:
Alberto Romero y yo cambiamos el tema, empezamos a hablar de Pablo Escobar, quien se hab�a escapado el 26 de julio de 1992 de �La Catedral� la c�rcel-palacio que le construy� el gobierno de C�sar Gaviria.
Ten�amos que hacer algo para controlarlo.
De repente Romero se decidi� a preguntar por mi identidad: ��Alekos�, �qui�n es usted? �Se puede saber o prefiere que sigamos hablando as�?� Romero estaba sentado cuando le dije, mir�ndolo a los ojos: �Soy Carlos Casta�o Gil�.
Su rostro se descompuso, gir� la silla y se par� molesto. Ten�a su pistola sobre el escritorio y yo no estaba armado, por eso me acerqu� sutilmente a la 9 mil�metros, pues no sab�a cu�l podr�a ser su reacci�n. Ya para ese momento Carlos Casta�o sonaba como la mano derecha de Fidel, y para Romero era una situaci�n muy dif�cil, yo creo que alcanz� a pensar: ��lo arresto o no lo arresto?�
Pero encontrar la respuesta correcta no era f�cil, saber que Carlos Casta�o era �Alekos�, lo impresion� mucho m�s y ten�a un porqu�. En ese tiempo el DAS persegu�a a muerte, en el norte del pa�s, a los hermanos Casta�o. Uno de sus agentes, Emilio Benze Sabaleta, nos captur� mucha gente.
Romero camin� lentamente hasta el ventanal, mantuvo la mirada fija en la inmensidad de la ciudad hasta que se volte� y dijo: �Esto es un mundo de locos, �Alekos�, y yo no soy un can�bal situacional. Usted no me conoce y yo no lo conozco. �Usted debe salir de mi oficina cuanto antes! Ah� haga lo que usted crea que debe hacer, pero tenga clara una cosa, yo recibo informaci�n de �Alekos�, no de Carlos Casta�o�.
Yo sal� del edificio del DAS y regres� a Medell�n. Nunca m�s volv� a hablar con Alberto Romero. Fue un hombre vertical a partir de ese momento, es un hombre honesto; lo �ltimo que supe de �l fue un mensaje que me envi� v�a beeper con el tel�fono de algunas personas de la Polic�a a quienes les pod�a seguir suministrando informaci�n, para esta nueva campa�a contra Escobar.
Cuatro d�as m�s tarde entregu� por tercera vez a Pablo Escobar. Est�bamos a minutos de incursionar en la etapa final del operativo, y yo mismo me vi obligado a desviarlo por razones que ya le contar�. Nuevamente se salva Escobar.
-��C�mo sucedi� y cu�ndo se dieron esas delaciones? -pregunt�.
-�Yo particip� como informante en la operaci�n �Apocalipsis I�, el 22 de noviembre de 1989. Pero la primera vez que yo entregu� a Pablo Escobar fue en la operaci�n policial �Apocalipsis II�, el 3 de julio de 1990. La segunda vez fue a la Polic�a de Medell�n, a trav�s del DAS, y en la tercera yo estuve presente en el operativo, pero decid� abortarlo teniendo a Escobar a escasos mil metros, ya le contar� por qu�.
En �Apocalipsis I�, el contacto con la autoridad lo hizo Henry P�rez, el comandante de las Autodefensas de Puerto Boyac�.
Nosotros coordin�bamos las informaciones directamente con las autoridades en Bogot�, a trav�s de dos oficiales y un hombre que hab�a sido �M-19�. Recuerdo que despu�s de tener clara la ubicaci�n de Escobar, le dije a Henry: �Este operativo debe ser silencioso. Si la autoridad le mete helic�pteros se corre un riesgo innecesario de un rotundo fracaso. Vamos por la selva con un grupo de la Autodefensa, ejecutamos a Escobar y despu�s se legaliza. Si entra tropa helicoportada, con seguridad que Escobar se escapa�. Henry me dec�a: �Qui�n sabe, de pronto no�. Pero las Fuerzas Armadas, por impresionar y hacer del operativo todo un espect�culo, cometieron el error y, preciso, Escobar se vol�.
Lo m�s tenaz fue que Pablo con ese olfato tan felino no se dio cuenta, no sospech� de Henry porque pensaba: �Henry no va a ser tan idiota de correr el riesgo de ser capturado tambi�n. �l sabe d�nde estoy, simplemente se acerca en son de amigo, me mata y punto�. Esa vez los dos informantes salimos sanos.
Despu�s vino la primera vez que yo entregu� a Escobar. A partir de proporcionarles a las autoridades la informaci�n, se estructur� la operaci�n �Apocalipsis II�.
A finales de junio de 1990, d�as antes de iniciar la operaci�n, Escobar me mand� a buscar en Medell�n; yo a�n gozaba de su confianza. Pablo quer�a que le hiciera un sondeo sobre el accionar de la Polic�a y el Ej�rcito contra �l. Me llevaron hasta �La Cristalina�, el lugar donde estaba escondido con pocas personas, entre ellas el ex narcotraficante Jorge Luis Ochoa, un hombre pac�fico y bonach�n que visitaba con frecuencia a Pablo. All� lo vi insistirle, casi rogarle, a Escobar que se entregara a las autoridades y buscara el sometimiento a la justicia. Pero Pablo dec�a: �Si no derrotamos a esta oligarqu�a, nosotros no tenemos arreglo, Jorge Luis�. Escobar siempre consider� que su enemigo no era realmente el Gobierno, era la oligarqu�a colombiana.
Cinco d�as despu�s, llegu� donde Henry P�rez y organizamos la informaci�n para las autoridades. Yo mismo hice los planos, pint� el sitio sobre el mapa y suger� la mejor forma de entrar y ejecutar a Escobar. Henry sab�a por d�nde estaba Pablo, pero desconoc�a el sitio exacto y en qu� condiciones se encontraba. Yo hab�a estado en el lugar.
Cuando supe que la Polic�a iba a utilizar otra vez helic�pteros, le dije a Henry: �Si viene tropa helicoportada, volvemos a fracasar. Pablo tiene la mara�a de la selva a cincuenta metros y, apenas sienta los aparatos, atraviesa el pasto alto que sembr� y se vuela�. Pero Henry, esperanzado, dec�a: �Pablo es muy confiado, no creer� que est�n encima�.
El contacto con la Polic�a lo manej� estrictamente Henry, yo le alcanc� a decir que me dejara hablar con ellos para que no se utilizaran nuevamente helic�pteros, pero era muy celoso, quer�a todos los m�ritos como informante, y no me dej�.
Yo insist�a que lo mejor era mandarle un grupo de hombres por la vereda Perales, meternos los dos por Nare y as� lo bloque�bamos en el cerro. Ah� s�, que entre la Polic�a y si no le dan lo cogemos nosotros subiendo por la selva.
Al final, la Polic�a no accedi� a la propuesta y s�lo pidieron un gu�a. Henry asign� a Ponzo�a, un gran amigo y compa�ero de Autodefensa, quien viaj� a Bogot� y de all� la Polic�a lo traslad� a Medell�n; quer�an la informaci�n y no sugerencias de c�mo hacer el operativo. Por nada del mundo iban a permitir que quedara alg�n antecedente de colaboraci�n civil en el hecho y menos de la Autodefensa. No permitieron que particip�ramos militarmente.
Mi inquietud hab�a sido premonitoria, yo era el �nico que hab�a estado con Escobar en el sitio y no se atendi� mi sugerencia. Nuevamente el espect�culo avis� del operativo.
Despu�s me enter� de que ese operativo se cay�, porque Hern�n Henao, uno de los hombres de Escobar, estaba en una torre alt�sima que hay en el municipio de Doradal, desde donde logr� ver los helic�pteros, y le dio a Pablo los cinco minutos que necesitaba para volarse. Ese d�a, la suerte tambi�n estuvo del lado de Escobar, los helic�pteros lo alcanzaron y ametrallaron la zona donde estaba, pero de manera milagrosa se salv�.
Jam�s dir�a que la Polic�a no tuvo intenciones, claro que las ten�a, hab�a ganas de destruir a Escobar, pero nuevamente se les escap�.
All� la Polic�a dio de baja al hombre que Pablo m�s quer�a sobre la tierra, su cu�ado Mario Henao. Ese d�a pudo haber sido Pablo, pero no fue. Escobar descubri� a Henry y no dud� en mandarlo a matar, el ala �narca� de la Autodefensa de Puerto Boyac� que hab�a sido comprada por Escobar para hacerle contrainteligencia le ayud�. Adem�s en esta operaci�n estuvo involucrada tropa de la Autodefensa de Puerto Boyac�.
En ese momento Escobar desconfiaba hasta de su sombra. Yo a�n estaba sano, pero Pablo cada vez sospechaba m�s de Carlos Casta�o.
Despu�s de los fracasos de Apocalipsis I y II, ya hab�a decidido que si iba a entregar a Pablo Escobar, establecer�a contacto directo con un sector de la Polic�a que actuara de manera irregular y con el cual podr�a montar el operativo, para que se viera como una acci�n de la autoridad. Esto sucedi� cuatro d�as despu�s de la reuni�n con Alberto Romero, en las instalaciones del DAS, en Bogot�, en los primeros d�as de agosto del 92.
Al llegar a Medell�n, ya sab�a d�nde estaba durmiendo Pablo Escobar, pues le ven�a haciendo inteligencia desde su fuga de �la Catedral�, y mi informante lo ten�a localizado. Dos d�as despu�s, de forma irregular, me presentaron en la ciudad a un mayor de la Polic�a Nacional; a �l le dije: �Ma�ana vamos a ejecutar a Escobar�. Yo he hecho dos buenas apuestas en la vida; ese d�a, convencido de que Pablo se mor�a, y en la semana en la que de verdad fue dado de baja. La primera la perd�, la segunda la gan�.