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MI CONFESION CARLOS CASTAÑO revela sus secretos

Электронная книга - «MI CONFESION CARLOS CASTAÑO revela sus secretos». Краткое содержание книги:

Este libro es algo más que las confesiones de Carlos Castaño, uno de los principales actores de la guerra colombiana hasta su misteriosa desaparición, en abril de 2004. El testimonio de este criminal de guerra es un reflejo de la descomposición de la sociedad colombiana, de la suciedad de un conflicto armado que hace años dejó de ser ideológico. Un documento periodístico que ayuda a conocer mejor a una persona que, desafortunadamente, influyó de manera decisiva en la Colombia actual y que ha sido uno de los protagonistas de los episodios más trágicos de las dos últimas décadas. Contribuye también, a comprender que las Autodefensas Unidas de Colombia no son los hijos díscolos del gobierno de turno y de los militares, sino que funcionan de manera autónoma, aunque con frecuencia las autoridades no las han combatido, se han beneficiado de sus actuaciones e inlcuso les han facilitado la comisión de actos ilegales.
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Alberto Romero y yo cambiamos el tema, empezamos a hablar de Pablo Escobar, quien se hab�a escapado el 26 de julio de 1992 de �La Catedral� la c�rcel-palacio que le construy� el gobierno de C�sar Gaviria.

Ten�amos que hacer algo para controlarlo.

De repente Romero se decidi� a preguntar por mi identidad: ��Alekos�, �qui�n es usted? �Se puede saber o prefiere que sigamos hablando as�?� Romero estaba sentado cuando le dije, mir�ndolo a los ojos: �Soy Carlos Casta�o Gil�.

Su rostro se descompuso, gir� la silla y se par� molesto. Ten�a su pistola sobre el escritorio y yo no estaba armado, por eso me acerqu� sutilmente a la 9 mil�metros, pues no sab�a cu�l podr�a ser su reacci�n. Ya para ese momento Carlos Casta�o sonaba como la mano derecha de Fidel, y para Romero era una situaci�n muy dif�cil, yo creo que alcanz� a pensar: ��lo arresto o no lo arresto?�

Pero encontrar la respuesta correcta no era f�cil, saber que Carlos Casta�o era �Alekos�, lo impresion� mucho m�s y ten�a un porqu�. En ese tiempo el DAS persegu�a a muerte, en el norte del pa�s, a los hermanos Casta�o. Uno de sus agentes, Emilio Benze Sabaleta, nos captur� mucha gente.

Romero camin� lentamente hasta el ventanal, mantuvo la mirada fija en la inmensidad de la ciudad hasta que se volte� y dijo: �Esto es un mundo de locos, �Alekos�, y yo no soy un can�bal situacional. Usted no me conoce y yo no lo conozco. �Usted debe salir de mi oficina cuanto antes! Ah� haga lo que usted crea que debe hacer, pero tenga clara una cosa, yo recibo informaci�n de �Alekos�, no de Carlos Casta�o�.

Yo sal� del edificio del DAS y regres� a Medell�n. Nunca m�s volv� a hablar con Alberto Romero. Fue un hombre vertical a partir de ese momento, es un hombre honesto; lo �ltimo que supe de �l fue un mensaje que me envi� v�a beeper con el tel�fono de algunas personas de la Polic�a a quienes les pod�a seguir suministrando informaci�n, para esta nueva campa�a contra Escobar.

Cuatro d�as m�s tarde entregu� por tercera vez a Pablo Escobar. Est�bamos a minutos de incursionar en la etapa final del operativo, y yo mismo me vi obligado a desviarlo por razones que ya le contar�. Nuevamente se salva Escobar.

-��C�mo sucedi� y cu�ndo se dieron esas delaciones? -pregunt�.

-�Yo particip� como informante en la operaci�n �Apocalipsis I�, el 22 de noviembre de 1989. Pero la primera vez que yo entregu� a Pablo Escobar fue en la operaci�n policial �Apocalipsis II�, el 3 de julio de 1990. La segunda vez fue a la Polic�a de Medell�n, a trav�s del DAS, y en la tercera yo estuve presente en el operativo, pero decid� abortarlo teniendo a Escobar a escasos mil metros, ya le contar� por qu�.

En �Apocalipsis I�, el contacto con la autoridad lo hizo Henry P�rez, el comandante de las Autodefensas de Puerto Boyac�.

Nosotros coordin�bamos las informaciones directamente con las autoridades en Bogot�, a trav�s de dos oficiales y un hombre que hab�a sido �M-19�. Recuerdo que despu�s de tener clara la ubicaci�n de Escobar, le dije a Henry: �Este operativo debe ser silencioso. Si la autoridad le mete helic�pteros se corre un riesgo innecesario de un rotundo fracaso. Vamos por la selva con un grupo de la Autodefensa, ejecutamos a Escobar y despu�s se legaliza. Si entra tropa helicoportada, con seguridad que Escobar se escapa�. Henry me dec�a: �Qui�n sabe, de pronto no�. Pero las Fuerzas Armadas, por impresionar y hacer del operativo todo un espect�culo, cometieron el error y, preciso, Escobar se vol�.

Lo m�s tenaz fue que Pablo con ese olfato tan felino no se dio cuenta, no sospech� de Henry porque pensaba: �Henry no va a ser tan idiota de correr el riesgo de ser capturado tambi�n. �l sabe d�nde estoy, simplemente se acerca en son de amigo, me mata y punto�. Esa vez los dos informantes salimos sanos.

Despu�s vino la primera vez que yo entregu� a Escobar. A partir de proporcionarles a las autoridades la informaci�n, se estructur� la operaci�n �Apocalipsis II�.

A finales de junio de 1990, d�as antes de iniciar la operaci�n, Escobar me mand� a buscar en Medell�n; yo a�n gozaba de su confianza. Pablo quer�a que le hiciera un sondeo sobre el accionar de la Polic�a y el Ej�rcito contra �l. Me llevaron hasta �La Cristalina�, el lugar donde estaba escondido con pocas personas, entre ellas el ex narcotraficante Jorge Luis Ochoa, un hombre pac�fico y bonach�n que visitaba con frecuencia a Pablo. All� lo vi insistirle, casi rogarle, a Escobar que se entregara a las autoridades y buscara el sometimiento a la justicia. Pero Pablo dec�a: �Si no derrotamos a esta oligarqu�a, nosotros no tenemos arreglo, Jorge Luis�. Escobar siempre consider� que su enemigo no era realmente el Gobierno, era la oligarqu�a colombiana.

Cinco d�as despu�s, llegu� donde Henry P�rez y organizamos la informaci�n para las autoridades. Yo mismo hice los planos, pint� el sitio sobre el mapa y suger� la mejor forma de entrar y ejecutar a Escobar. Henry sab�a por d�nde estaba Pablo, pero desconoc�a el sitio exacto y en qu� condiciones se encontraba. Yo hab�a estado en el lugar.

Cuando supe que la Polic�a iba a utilizar otra vez helic�pteros, le dije a Henry: �Si viene tropa helicoportada, volvemos a fracasar. Pablo tiene la mara�a de la selva a cincuenta metros y, apenas sienta los aparatos, atraviesa el pasto alto que sembr� y se vuela�. Pero Henry, esperanzado, dec�a: �Pablo es muy confiado, no creer� que est�n encima�.

El contacto con la Polic�a lo manej� estrictamente Henry, yo le alcanc� a decir que me dejara hablar con ellos para que no se utilizaran nuevamente helic�pteros, pero era muy celoso, quer�a todos los m�ritos como informante, y no me dej�.

Yo insist�a que lo mejor era mandarle un grupo de hombres por la vereda Perales, meternos los dos por Nare y as� lo bloque�bamos en el cerro. Ah� s�, que entre la Polic�a y si no le dan lo cogemos nosotros subiendo por la selva.

Al final, la Polic�a no accedi� a la propuesta y s�lo pidieron un gu�a. Henry asign� a Ponzo�a, un gran amigo y compa�ero de Autodefensa, quien viaj� a Bogot� y de all� la Polic�a lo traslad� a Medell�n; quer�an la informaci�n y no sugerencias de c�mo hacer el operativo. Por nada del mundo iban a permitir que quedara alg�n antecedente de colaboraci�n civil en el hecho y menos de la Autodefensa. No permitieron que particip�ramos militarmente.

Mi inquietud hab�a sido premonitoria, yo era el �nico que hab�a estado con Escobar en el sitio y no se atendi� mi sugerencia. Nuevamente el espect�culo avis� del operativo.

Despu�s me enter� de que ese operativo se cay�, porque Hern�n Henao, uno de los hombres de Escobar, estaba en una torre alt�sima que hay en el municipio de Doradal, desde donde logr� ver los helic�pteros, y le dio a Pablo los cinco minutos que necesitaba para volarse. Ese d�a, la suerte tambi�n estuvo del lado de Escobar, los helic�pteros lo alcanzaron y ametrallaron la zona donde estaba, pero de manera milagrosa se salv�.

Jam�s dir�a que la Polic�a no tuvo intenciones, claro que las ten�a, hab�a ganas de destruir a Escobar, pero nuevamente se les escap�.

All� la Polic�a dio de baja al hombre que Pablo m�s quer�a sobre la tierra, su cu�ado Mario Henao. Ese d�a pudo haber sido Pablo, pero no fue. Escobar descubri� a Henry y no dud� en mandarlo a matar, el ala �narca� de la Autodefensa de Puerto Boyac� que hab�a sido comprada por Escobar para hacerle contrainteligencia le ayud�. Adem�s en esta operaci�n estuvo involucrada tropa de la Autodefensa de Puerto Boyac�.

En ese momento Escobar desconfiaba hasta de su sombra. Yo a�n estaba sano, pero Pablo cada vez sospechaba m�s de Carlos Casta�o.

Despu�s de los fracasos de Apocalipsis I y II, ya hab�a decidido que si iba a entregar a Pablo Escobar, establecer�a contacto directo con un sector de la Polic�a que actuara de manera irregular y con el cual podr�a montar el operativo, para que se viera como una acci�n de la autoridad. Esto sucedi� cuatro d�as despu�s de la reuni�n con Alberto Romero, en las instalaciones del DAS, en Bogot�, en los primeros d�as de agosto del 92.

Al llegar a Medell�n, ya sab�a d�nde estaba durmiendo Pablo Escobar, pues le ven�a haciendo inteligencia desde su fuga de �la Catedral�, y mi informante lo ten�a localizado. Dos d�as despu�s, de forma irregular, me presentaron en la ciudad a un mayor de la Polic�a Nacional; a �l le dije: �Ma�ana vamos a ejecutar a Escobar�. Yo he hecho dos buenas apuestas en la vida; ese d�a, convencido de que Pablo se mor�a, y en la semana en la que de verdad fue dado de baja. La primera la perd�, la segunda la gan�.

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