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MI CONFESION CARLOS CASTAÑO revela sus secretos

Электронная книга - «MI CONFESION CARLOS CASTAÑO revela sus secretos». Краткое содержание книги:

Este libro es algo más que las confesiones de Carlos Castaño, uno de los principales actores de la guerra colombiana hasta su misteriosa desaparición, en abril de 2004. El testimonio de este criminal de guerra es un reflejo de la descomposición de la sociedad colombiana, de la suciedad de un conflicto armado que hace años dejó de ser ideológico. Un documento periodístico que ayuda a conocer mejor a una persona que, desafortunadamente, influyó de manera decisiva en la Colombia actual y que ha sido uno de los protagonistas de los episodios más trágicos de las dos últimas décadas. Contribuye también, a comprender que las Autodefensas Unidas de Colombia no son los hijos díscolos del gobierno de turno y de los militares, sino que funcionan de manera autónoma, aunque con frecuencia las autoridades no las han combatido, se han beneficiado de sus actuaciones e inlcuso les han facilitado la comisión de actos ilegales.
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-��C�mo se cambian de bando los padrinos de la guerrilla?- pregunt�.

A medida que la presi�n militar los va asfixiando se voltean, pues no saben meterse al monte porque son unos �bacanes�. Optan por sumarse a la fuerza que mayor poder est� ejerciendo. Ellos no tienen una gran raz�n de fondo que los motive, su �nica ideolog�a es el dinero.

Permita que ahora le cuente casos tan aberrantes como el del narcotraficante Gustavo Escobar, quien no era familiar de Pablo Escobar pero s� trabajaba con �l y, adem�s, era el aliado m�s importante de la guerrilla del EPL. Este hombre puso a su hermano Emilio ��o�o�, como el gran testaferro de sus tierras, muchas en sociedad con la subversi�n. Gustavo fue uno de los m�s grandes padrinos de la guerrilla que tuve que ejecutar. La informaci�n de los nexos del comandante del EPL Bernardo Guti�rrez, alias �Tigre Mono�, con Gustavo Escobar Fern�ndez nos lleg� por los d�as en que los hermanos Casta�o llegamos al departamento de C�rdoba.

La alianza del narcotr�fico y la guerrilla estaba en su mejor momento con Gustavo Escobar, un �narco� inescrupuloso; ten�a poder, relaciones con gente adinerada de Medell�n y estaba vinculado a la empresa privada. Un hombre muy peligroso.

A trav�s de su hermano Emilio ��o�o�, pod�a vender semanalmente novecientas cabezas de ganado a la feria, en Medell�n, el 30% del mercado de la �poca. Ten�a f�cilmente quinientos camiones y era uno de los mayores compradores de insumos para fincas. Mov�a tranquilamente cuatro o cinco mil millones de pesos al mes. Este sinverg�enza trabajaba las fincas con su hermano y generaba empleo, pero arruin� a gente honesta y trabajadora para llegar hasta ese punto. Por eso se tom� la decisi�n de ejecutar a Gustavo, el cerebro de todo, y dejar vivo al que manejaba las tierras, al testaferro, su hermano Emilio ��o�o�.

En el EPL era respetado y querido, era un jefe m�s de la guerrilla, una especie de patr�n y a la vez socio.

Con esto no pretendo hablar mal de la gente del EPL; a ellos los respeto, porque a�os despu�s dejaron las armas y se reinsertaron de verdad. Mi amistad con esos ex guerrilleros me ha ayudado a conocer m�s a fondo el modus operandi de la subversi�n.

Gustavo Escobar convirti� a su hermano en uno de los grandes terratenientes de Colombia, f�cilmente lograron acumular cien mil hect�reas de tierra productiva y as� fue como la consigui�: Mientras el poder militar del EPL entraba y asolaba una regi�n al secuestrar y extorsionar a su gente honesta, la tierra perd�a valor y de pronto aparec�an de la nada, como los grandes salvadores, Gustavo Escobar y su hermano Emilio ��o�o�. Compraban las tierras a precio de huevo y la gente terminaba agradeci�ndoles, porque eran hombres supuestamente prestantes. La misma historia que narr� nuestro Nobel en su libro �La mala hora�.

Pero, tenga en cuenta que �sta no s�lo era una estrategia del EPL, tambi�n un m�todo utilizado por las guerrillas del ELN y las FARC. Padrinos de la subversi�n, como Gustavo, lograron adquirir un elevado n�mero de fincas de la mejor calidad. Fincas bajas, medias y en tierra alta, para ceba, levante y cr�a de ganado.

Gustavo acumul� muy r�pido, porque contaba con el dinero del narcotr�fico para invertir y adem�s, casi nada, socio de la guerrilla. No exist�a para �l ning�n problema hasta cuando llegu� yo.

Recuerdo que le gustaba que le dijeran: �Dotor; no, doctor�. �Dotor! Imag�nese el personaje.

-��Pero ustedes hacen lo mismo en ciertas zonas para �limpiarlas� de todo lo cercano a guerrilla? -le pregunt� a Casta�o.

-�Partamos del principio, su pregunta es la respuesta. Somos un mal necesario y debemos ser transitorios; contrarrestamos a la guerrilla con sus mismos m�todos, pero el fin es opuesto.

Fidel y yo est�bamos preocupados con lo que le suceder�a al pa�s si se dejaba progresar esta alianza, m�s yo que mi hermano. Fidel cometi� el error de decirle una vez a Gustavo Escobar: �Hombre, Gustavo, �por qu� est�s patrocinando vos esta guerrilla?� La respuesta fue tajante: �Fidelio, aqu� pensamos distinto, el enemigo es el Estado colombiano y hay que estar con el que est� contra el Estado�. Fidel, muy prudente, no le dijo lo que pensaba; mi hermano no cazaba una guerra antes de tenerla ya ganada, a no ser que se la cazaran a �l.

Pero ese comentario casi me cuesta la vida. Gustavo Escobar intu�a que yo era muy peligroso para �l, pues, a pesar de la posici�n conciliadora de Fidel, yo ya hab�a ejecutado gente suya aliada al EPL. Por eso me mand� a matar en dos oportunidades. La primera fue en Medell�n. Me confundieron con un miembro de nuestros comandos urbanos que viajaba en uno de mis carros y lo asesinaron. En teor�a me mataron porque yo me hab�a movilizando esa semana en ese veh�culo de vidrios polarizados.

Dise�� varios intentos para ejecutarlo en Medell�n y no fue posible. Intent� refugiarme por unos d�as en San Carlos, Antioquia, y hasta all� arribaron los sicarios. Transitaba por la �ltima calle del pueblo en un campero Mitsubishi, bajaba por una trocha, al lado hab�a un barranco alto, y desde all� me dispararon con pistolas 9 mil�metros.

Por suerte no mataron a mis dos acompa�antes, Humberto Zea y su esposa Judith. El parabrisas qued� destrozado y el techo del campero, con alguna perforaciones. De manera incre�ble s�lo result� herido en una pierna, una bala atraves� mi muslo derecho con dos orificios de entrada y dos de salida, por la posici�n de mi cuerpo al volante. En el hospital de San Carlos, los m�dicos diagnosticaron que la herida no revest�a gravedad y que pod�a irme, si lo deseaba. Entonces alquil� un campero Land Rover y me fui en la silla trasera, no quise llevar una camilla, como lo acostumbran esos camperos convertidos en ambulancias. Prefer� viajar sentado, con el suero gota a gota en la mano.

A mi hermano Fidel ya se le hab�a avisado y se vino como un rayo, solo y sin escolta, en su camioneta Ford Bronco, por una carretera llena de guerrilla, una zona brava, entre los municipios de Granada y San Carlos. �sta es una de las manifestaciones de arrojo y cari�o que recuerdo de Fidel. Nos encontramos en la carretera y no me dej� caminar para cambiar de carro. �l mismo me carg� en sus brazos y, cuando me trasladaba a su camioneta, me dijo: �Yo ven�a a recibir un cad�ver, cre� que me lo hab�an matado�. Entonces le contest�: �No se preocupe, hombre, que todav�a nos falta camino�.

Al ver que corr�a peligro en Medell�n, decid� irme para Bogot� y esconderme un tiempo, mientras planeaba la ejecuci�n del padrino de la guerrilla, Gustavo Escobar. Alquil� un apartamento peque�o en la 116 con 11 y me dediqu� a estudiar ingl�s en el Colombo Americano de la calle 114 con carrera 15. All� decid� hacer el operativo en Bogot�, en el puente a�reo Avianca. Fue una acci�n limpia, hasta espectacular, podr�a decir, all� s�lo muri� el que ten�a que morirse. Eso de poner cargas de dinamita o disparar r�fagas de metralleta a lo loco, eso es de bandidos, pues muere gente inocente.

Siempre se dice en la cr�nica roja: �Bastaron s�lo cinco minutos para acabar con la vida del criminal�. No, no, no. Fueron d�as enteros de trabajo y sincronismo en las horas finales. Cuento este caso, para dejar bien claro al pa�s que quien estuviese con la guerrilla era enemigo nuestro, incluidos los narcotraficantes.

Esa ma�ana nos lleg� un dato de nuestro informante �Carrielito�, el hermano de uno de los escoltas de Gustavo Escobar. �Va para Bogot� en su avi�n�. Gustavo ten�a tres aviones y dos helic�pteros, lo que un �narco� grande acostumbraba a usar en ese tiempo. Yo lo esperaba con el hombre preparado para realizar la acci�n. Manuel, un lisiado y enfermo terminal que apenas pod�a mantenerse en pie y con dificultad daba pasos. Una operaci�n suicida, pero ten�a como motivaci�n adicional que su madre y dos hermanos hab�an muerto en una toma guerrillera.

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