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MI CONFESION CARLOS CASTAÑO revela sus secretos

Электронная книга - «MI CONFESION CARLOS CASTAÑO revela sus secretos». Краткое содержание книги:

Este libro es algo más que las confesiones de Carlos Castaño, uno de los principales actores de la guerra colombiana hasta su misteriosa desaparición, en abril de 2004. El testimonio de este criminal de guerra es un reflejo de la descomposición de la sociedad colombiana, de la suciedad de un conflicto armado que hace años dejó de ser ideológico. Un documento periodístico que ayuda a conocer mejor a una persona que, desafortunadamente, influyó de manera decisiva en la Colombia actual y que ha sido uno de los protagonistas de los episodios más trágicos de las dos últimas décadas. Contribuye también, a comprender que las Autodefensas Unidas de Colombia no son los hijos díscolos del gobierno de turno y de los militares, sino que funcionan de manera autónoma, aunque con frecuencia las autoridades no las han combatido, se han beneficiado de sus actuaciones e inlcuso les han facilitado la comisión de actos ilegales.
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Conclu�a la �ltima hoja de la declaraci�n, cuando, de repente, regres� Casta�o:

-�Yo le dije que hoy le iba a contar cositas. Est� por llegar �Don Berna�, pero si quiere evacuamos preguntas -me sugiri� Casta�o.

-�Comandante, dice en la declaraci�n que usted permanecer�a fuera de Antioquia por una temporada y que no quer�a cobrar la recompensa. Pero, �c�mo se enteraba de los inminentes atentados?

-�F�cil. En Medell�n hab�a mucho bandido a sueldo, incluyendo a los miembros de la organizaci�n de Escobar. Pablo quer�a hacer un atentado y le hac�a la propuesta a varias personas que estaban en capacidad de llevarlo a cabo. La gente de Escobar dec�a: �Hay tanta plata para esta vuelta, �qui�n se le mide?� As� se planearon muchos atentados y, en la mayor�a de los casos en los que yo ten�a claro que varias personas sab�an que un hecho se iba a producir, me atrev�a a pasar la informaci�n a las autoridades, pues los sospechosos de una delaci�n �ramos varios y as� pod�a seguir en mi lucha contra Pablo Escobar.

Sin embargo, no siempre puede evitar muertes en esa guerra tan absurda. En agosto de 1989, me toc� ver, en la v�spera de la explosi�n, un Mercedes Benz blanco cargado con trescientos kilos de dinamita. Con este carro bomba Pablo pensaba asesinar al coronel Valdemar Franklin Quintero, y a esa informaci�n tuvimos acceso muy pocas personas. Quise evitarlo, pero pens� con cabeza fr�a y decid� callar: �Esto equivale a mi muerte de manera in�til�, porque era f�cil que encontrara al delator y el monstruo iba a seguir vivo.

Esa noche no dorm�, era imposible. Saber que iba a estallar un carrobomba repleto de dinamita al d�a siguiente fue terrible, pues yo no pod�a hacer nada. A las 7 y 50 minutos de la ma�ana en los alrededores del estadio Atanasio Girardot, el carro bomba explot�, como estaba previsto, al paso de una caravana escoltada. Pero una fatal coincidencia se dio, quien cruzaba la calle Pichincha era el gobernador de Antioquia, Antonio Rold�n Betancourt, y no el coronel Quintero. Antonio Rold�n y varios personas m�s murieron en el atentado, que, mire lo raro, le caus� mucho dolor a Escobar. No sufri� por los inocentes que fallecieron, se lament� porque consideraba al gobernador su amigo y el pobre Rold�n lo era, pero, como muchos, por obligaci�n.

-��Por qu� Alberto Romero, director de la Central de Inteligencia del DAS, termin� declarando ante la Fiscal�a a favor suyo?

-�Lo que sucedi�, se lo explico as�: los hombres de Pablo Escobar que se entregaron a la justicia quer�an vengarse de alguna forma de los hermanos Casta�o Gil. Entonces me acusaron calumniosamente de ser el autor material de la bomba que explot� en el avi�n de Avianca. Absurdo. Mi trabajo permanente era evitar el narcoterrorismo de Escobar, por lo cual mi abogado solicit� que se tomara declaraci�n a la persona a quien yo le transmit� la informaci�n en el DAS.

-�Pero si usted era un informante que se autodenomin� �Alekos�, �c�mo se enteraron de que �Alekos� era Carlos Casta�o?

-�Muy sencillo. Las grabaciones con mi voz existen, pero �nicamente se enteraron de que era yo porque los visit�. Un d�a llam� a la Central de Inteligencia y ped� que me comunicaran con su director, a quien le dije: �Se�or Romero, le habla �Alekos� �c�mo est�?�. �Caramba, �Alekos�!, exclam�, sorprendido, y yo continu�: �Algo extremadamente grave est� pasando en este pa�s y tenemos que hacer algo o Colombia se destruir�. Yo quiero hablar personalmente con usted�. ��Alekos�, a usted yo le salgo a donde me diga�. �No se moleste, se�or Romero, yo lo visito�. ��Aqu�?�, me pregunt�, incr�dulo. Entonces le contest�: �S�, se�or, ma�ana estoy en su oficina en las horas de la ma�ana�. La expectativa era enorme, no sab�a c�mo reaccionar�a Romero al enterarse de mi identidad.

Lo que motivaba mi determinaci�n fue la fuga de Escobar, pues yo sab�a la oleada terrorista que desatar�a en todo el pa�s, yo conoc�a la mente enfermiza de Escobar.

Al d�a siguiente, llegu� al DAS, y cinco hombres me estaban esperando en la puerta, y les dije: �Soy la persona que tiene una reuni�n con el se�or Romero�. De inmediato me subieron por un ascensor privado hasta el �ltimo piso. Yo estaba vestido de traje y corbata, como siempre; me indicaron la oficina y entr�. Al verlo, alcanc� a sonre�r por dentro sin que se me notara mucho; es que le digo una cosa: pocas personas en el mundo son tan parecidas como el ex narcotraficante Jorge Luis Ochoa y Alberto Romero, fundador de la Central de Inteligencia. Su aspecto es el de un hombre gordo y bonach�n.

Romero me esperaba parado detr�s de su escritorio, yo camin� hasta las sillas para invitados y, al darle un breve saludo de mano, me dijo: ��Si�ntese, hombre!�. Al instante percib� que el encuentro iba a ser m�s tenso y fr�o de lo que me imaginaba. Recuerdo que antes de iniciar la conversaci�n medi� un silencio eterno en el que alcanc� a mirar por el inmenso ventanal blindado de su oficina el hermoso cerro de Monserrate, en Bogot�, con su iglesia en la cima.

De pronto me dijo: ��Alekos�, nosotros a usted lo d�bamos por muerto. Aqu� dec�amos: al �Fantasma� lo eliminaron. Incluso, de cada cuerpo sin vida que aparec�a en el r�o Medell�n, pens�bamos: �se era. �Qu� pas�? �Por qu� no volvi� a aparecer?�

Se�or Romero, a ustedes siempre les fui fiel, pero s�lo una vez les ped� un favor y, como no se me colabor�, sent� ingratitud por parte de ustedes, y, sobre todo, no hab�a confianza para continuar trabajando con el DAS, y como yo trabajo es por Colombia, continu� suministrado informaci�n a otra instituci�n del Estado. Recuerde el caso del se�or H�ctor Casta�o.

�S�, �Alekos�, hicimos todo lo que se pudo, pero ten�amos encima a una fiscal delegada, con la que trabajar era muy dif�cil�.

�Se�or Romero, usted ten�a pleno conocimiento de que al testigo de �Las Tangas� el DAS le dio un libreto que recit� al pie de la letra para mantener preso a H�ctor Casta�o. Y as� acusar al �nico de los Casta�o que lograron capturar. El testigo sab�a d�nde estaban las fosas, �nicamente; lo dem�s fue producto de un montaje que ustedes hicieron. Yo les coment� que ese individuo es hermano de un se�or muy mentado, Fidel Casta�o. Resulta que ese hombre es mi principal informante contra Escobar y es �l quien me ha dado la mayor�a de los positivos al DAS, adem�s ustedes saben que no hay pruebas. Simplemente, me dieron la espalda, se�or Romero. Yo les ped� algo justo y dentro de la ley, ustedes me dijeron que lo har�an y despu�s no cumplieron�, y la l�nea que separa la ingratitud de la traici�n es tenue, y as� no pod�a uno trabajar con confianza. Entre pregunta y respuesta siempre medi� un silencio que mantuvo el encuentro muy lento; yo no dejaba de ser un informante al margen de la ley y �l, el jefe de Inteligencia del Departamento Administrativo de Seguridad, DAS.

Alberto Romero a�n no sab�a mi verdadera identidad, para �l yo segu�a siendo �Alekos�.

El H�ctor Casta�o, del que habl�bamos, es otro hermano m�o que es casi un cura, nunca estuvo de acuerdo con la Autodefensa y es un hombre muy sano. �l hab�a visitado a Fidel en la finca �Las Tangas�, en el departamento de C�rdoba. Resulta que por esa �poca el DAS mont� un operativo contra nosotros y descubri� unas fosas comunes con cad�veres en predios aleda�os a una finca de Fidel. Efectuaron un allanamiento en Medell�n y culparon a H�ctor Casta�o, mi hermano, quien, a pesar de no tener cuentas pendientes con la Justicia, es capturado, sin oponer resistencia. Por espacio de tres d�as lo mantuvieron detenido de manera irregular en la Cuarta Brigada.

Mientras tanto, el testigo fue sacado de los calabozos del DAS, y obligado a leer un libreto para inculparlo en el hallazgo de las fosas. Esos cuerpos eran de la masacre de Pueblo Bello, un error, un horror y una estupidez que orden� Fidel a uno de sus hombres. La guerrilla del EPL le hab�a robado a Fidel un ganado y varia gente en la vereda tuvo que ver con el robo. Fidel estaba en Europa cuando esto, le consultaron y orden� �recojan� la gente, pero esta ejecuci�n la hizo el �Cabez�n�, uno de los peores hombres de la Autodefensa. Casos aberrantes como este no tienen justificaci�n; tiempo despu�s se le hizo un juicio al �Cabez�n� y fue ejecutado. Mi hermano H�ctor sali� libre a los ocho meses y la acusaci�n se cay� por su peso.

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