Secretos en el tiempo
- Автор: Хоффман Кейт
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «Secretos en el tiempo». Краткое содержание книги:
Después de haber crecido como hija única, Keely McClain descubrió con asombro que no sólo tenía un padre, sino que también tenía seis hermanos mayores. Pero antes de nada debía descubrir qué había sucedido hacía tantos años. Y, al investigar su pasado, encontró una familia… y un amante…
Rafe Kendrick sólo tenía un objetivo en la vida: vengarse de los Quinn, y no estaba dispuesto a permitir que nada ni nadie lo distrajera… Hasta que se enamoró locamente de la nueva camarera del pub de los Quinn. Aún así, decidió poner su plan en marcha… fue entonces cuando descubrió que la mujer que había en su cama también era una Quinn.
Luego, mientras metía primera, se preguntó por qué los habría unido el destino delante del pub aquella primera noche. Si creyera en la predestinación y los hados, significaría que Rafe y ella estaban hechos el uno para el otro. Pero quizá no debían estar juntos y la lección que tenían que aprender era la fuerza de los lazos familiares.
Fuera lo que fuera lo que ocurriera en Boston, estaba preparada para afrontarlo. Volvería y les contaría a sus hermanos lo que sabía. Y luego se presentaría y trataría de integrarse en su familia. Y algún día, cuando todo volviera a la normalidad, quizá pudiera llamar a Rafe… y cenar juntos… y hablar.
Pero eso tendría que esperar. En ese momento había cosas más importantes en su vida que dejarse llevar por la pasión.
Supo que se había marchado nada más abrir los ojos. El fuego había crepitado a su lado, pero había notado la casa en silencio. Se levantó y llamó a un servicio de limusinas por el móvil.
De vuelta a casa, había intentado no pensar en Keely, pero lo persiguió el recuerdo de la noche que acababan de compartir. Nunca había querido tanto a una mujer. Y no era solo pasión. La necesitaba en su vida para darle equilibrio y perspectiva. Keely le había enseñado en qué consistía la felicidad.
Al llegar al apartamento, el portero le había entregado las llaves de su Mercedes, al tiempo que lo informaba de que Keely le había llevado el coche en perfecto estado hacía unas horas. Rafe ni siquiera se había molestado en subir. Había entrado en el coche y había ido directo a su despacho.
Miró el desbarajuste de papeles que tenía sobre la mesa. Había ido a la oficina para quitarse a Keely de la cabeza. Pero había desechado un proyecto tras otro, distraído por fantasías que, debía reconocerlo, no eran ni la mitad de buenas que hacer el amor de verdad con ella.
– Concéntrate -se dijo.
Volvió a los expedientes y se fijó en un proyecto de construcción de oficinas en Portland. Pero, mientras miraba la columna de las cifras, volvió a desconcentrarse. Descubrir lo que le había ocurrido a su padre en el barco había consumido sus pensamientos antes de conocer a Keely. Y, de pronto, ya no estaba seguro de que siguiera importándole. Su padre estaba muerto y nada podría devolverle la vida. Pero Keely estaba viva, era parte de su presente y la había dejado marchar.
– ¿Se puede saber quién co…! Ah, hola… ¿Qué haces aquí? -preguntó al ver a Sylvie en la puerta.
– Buenos reflejos. Media palabrota: cinco dólares -dijo la secretaria-. Es Año Nuevo. ¿No deberías estar en casa?
– Sabes que no celebro las fiestas.
– Entonces, ¿qué hacías en la cabaña con una mujer en Nochevieja? -preguntó Sylvie.
– ¿Somos parientes? Porque deberíamos serlo, teniendo en cuenta el tiempo que le dedicas a entrometerte en mi vida -contestó Rafe-. Tú sí que deberías estar con tu familia -añadió para cambiar de tema.
Sylvie entró en el despacho, se sentó.
– He venido a trabajar porque los niños me estaban volviendo loca y mi marido estaba empapelando el cuarto de baño. Si no me hubiera ido, me habría visto obligada a darle mi opinión, se habría enfadado y habríamos estado rabiando el resto del día.
– ¿En eso consiste el matrimonio?
– ¿Por qué?, ¿te lo estás planteando?
– ¿Cómo se te ocurre! -Rafe soltó una risotada.
– No sé, estás muy raro últimamente. Pensaba que podías haber conocido a alguien.
– Quizá.
Se quedaron callados unos segundos. Sylvie, siempre impaciente, le dio una patadita al pupitre.
– ¿Entonces es eso? -preguntó por fin.
– ¿Cómo supiste que querías casarte?, ¿por qué estabas segura? O sea, decidir pasar el resto de tu vida con una persona es una decisión muy importante.
– No fue difícil -contestó Sylvie-. Simplemente, no podía imaginar mi vida sin él. Cuando pensaba en el futuro, formaba parte de todos mis planes. Hice la prueba de intentar quitármelo de la cabeza, pero era imposible. Así que eso: como no podía quitármelo, me quedé con él.
– Suena muy fácil.
– Lo es si no te complicas. Rafe se apoyó contra el respaldo y entrelazó las manos tras la cabeza.
– ¿Y Tom?, ¿sentía lo mismo que tú?
– No, al principio no. Me costó un poco convencerlo. Creo que a los hombres les cuesta más comprometerse que a las mujeres. Siempre creen que va a haber alguien mejor esperando a la vuelta de la esquina. Pero. antes o después, comprendes que aunque la persona que está a la vuelta de esa otra esquina sea más guapa, inteligente o rica, da igual.
Rafe cerró los ojos, echó la cabeza hacia atrás.
– Es verdad. Da igual.
– ¿El qué?
– Keely -Rafe hizo una pausa-. Keely Quinn. Sé que nunca encontraré a otra mujer como ella. Jamás.
– Entonces, ¿por qué no os casáis? -preguntó Sylvie con una sonrisa enorme.
– Problemas. Muy grandes. Su familia.
– Si la quieres, superaréis cualquier problema.
– Eso espero -Rafe alineó los papeles que había sobre la mesa y se puso de pie-. Me voy a casa. Hoy no estoy en condiciones de trabajar. Puede que mire un poco la tele o empapele alguna pared -añadió y Sylvie se echó a reír.
– En serio, si necesitas consejo, puedes contarme lo que quieras. Sobre todo si se trata de joyas, bombones y flores.
– Lo tendré en cuenta -Rafe se paró antes de salir del despacho-. Vuelve a casa, Sylvie. Y recuerda lo afortunada que eres por tener lo que tienes.
Mientras bajaba en el ascensor al garaje, Rafe repasó la conversación que acababa de tener con Sylvie. Aparte de su madre, era lo más parecido a una familia que tenía. Valoraba su opinión. Pero seguía sin creerse que enamorarse fuese algo sencillo. De hecho, era la cosa más difícil, desconcertante y perturbadora que le había pasado.
«Déjalo» se dijo. «Márchate antes de que Keely Quinn te corte las alas y no te deje volar».
Pero no podía alejarse de sus recuerdos, de las imágenes que poblaban su cabeza cada vez que pensaba en Keely. Estuviera donde estuviera, hiciese lo que estuviese haciendo, siempre estaría con él. ¿Cuánto tiempo?, ¿meses?, ¿años? ¿El resto de la vida?
Las puertas del ascensor se abrieron y Rafe echó a andar hacia el único coche estacionado esa mañana en el aparcamiento. Entró, puso la llave en el contacto y dio marcha atrás. Pero, al hacerlo, reparó en un par de guantes que había sobre el asiento del acompañante. Paró el coche, los agarró. Eran de Keely.
Rafe se los acercó a la nariz. Todavía conservaban su perfume. Cerró los ojos y dejó que el olor invadiera sus sentidos. Seguro que Keely los echaría de menos, sobre todo en invierno. Sacó el móvil del bolsillo y empezó a marcar el teléfono de la pensión donde se alojaba.
Pero tras pulsar los primeros dígitos del número, colgó.
– Maldita sea -murmuró. Era una excusa para verla de nuevo. Keely podía permitirse comprar otro par. Debía dejar que se marchara. De momento, tenía que solucionar sus problemas con su familia y apoyar a su padre.
Pero, en vez de guardarse el móvil, pulsó un botón de marcación automática. El dueño de una de las empresas contratistas preferidas de Kencor respondió a los dos tonos.
– Soy Rafe Kendrick. Necesito que me hagas un favor. Quiero que me encuentres a un depurador de amianto lo antes posible. En menos de una semana. Y que permita que el cliente pague con unas condiciones especiales de financiación. Que les reduzca el importe de la factura, yo abonaré la diferencia. Llámame cuando localices a alguien.
Después colgó y sonrió. Después de todo, quizá podía reparar algunos de los puentes que había quemado. Y quizá, algún día, podría volver a encontrarse con Keely a medio camino.