Secretos en el tiempo
- Автор: Хоффман Кейт
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «Secretos en el tiempo». Краткое содержание книги:
Después de haber crecido como hija única, Keely McClain descubrió con asombro que no sólo tenía un padre, sino que también tenía seis hermanos mayores. Pero antes de nada debía descubrir qué había sucedido hacía tantos años. Y, al investigar su pasado, encontró una familia… y un amante…
Rafe Kendrick sólo tenía un objetivo en la vida: vengarse de los Quinn, y no estaba dispuesto a permitir que nada ni nadie lo distrajera… Hasta que se enamoró locamente de la nueva camarera del pub de los Quinn. Aún así, decidió poner su plan en marcha… fue entonces cuando descubrió que la mujer que había en su cama también era una Quinn.
– ¿Toda la noche?
– Puede. Por aquí es muy frecuente. Esperemos que las tuberías no se hielen. La ultima vez que pasó fue un desastre -Rafe encendió una cerilla, encendió la lámpara de queroseno que había en la mesita de café y se la acercó-. ¿Por qué no la pones en la cocina? Voy por algunas velas y a ver si encuentro más linternas.
– Yo tengo que acercarme al servicio antes de que refresque o anochezca más -Keely se puso las botas grandes que ya se había acostumbrado a usar, agarró el abrigo de una percha de la puerta y una linterna para guiarse-. A partir de ahora, valoraré la comodidad de tener servicio dentro de casa -murmuró antes de salir hacia un anexo de la cabaña, junto al pozo del porche.
– Cuidado, no te vayan a comer los osos – bromeó Rafe cuando ya estaba yéndose.
El viento frío se filtraba bajo el abrigo, de modo que se dio prisa para volver lo antes posible al calor de la casa. Cuando abrió la puerta y entró, se quedó boquiabierta. Rafe había iluminado el interior con velas y linternas distribuidas por todo el salón, creando un ambiente romántico y acogedor.
– Hasta podemos poner algo de música si las pilas no están gastadas -dijo él, volviendo justo de una habitación con un radiocasete en la mano.
– Qué bonito.
– Está agradable -Rafe asintió con la cabeza-. A mí me gusta así: sencillo, algo rústico. Había pensado que podíamos cenar frente a la chimenea. Y tendremos que dormir delante del fuego. ¿Por qué no traes la cena y voy poniendo las cosas?
Cuando Keely llevó el primer plato. Rafe ya había lanzado unas almohadas al suelo. Abrió la botella de champán y llenó dos copas. Keely tomó una y se la llevó a los labios.
– Es Nochevieja -la detuvo Rafe-. Deberíamos brindar.
– Vale. ¿Por qué brindamos?
– Por los hados que cruzaron nuestros caminos -propuso Rafe.
Y por los que los separarían, pensó Keely antes de chocar la copa con la de él. Y, cuando iba a dar el primer sorbo. Rafe se adelantó y le dio un beso lento y delicado en la boca.
– Siempre he pasado solo la Nochevieja – dijo-. No me parecía importante celebrarla. Pero ahora lo entiendo: se trata de mirar atrás, ver todos nuestros errores y problemas, y empezar de cero. Borrar la pizarra. Se trata de tener esperanzas -añadió al tiempo que le hacía una caricia en la mejilla.
– ¿Tienes algún propósito de Año Nuevo? -preguntó Keely.
– No he pensado en nada. ¿Y tú? Keely dejó la copa en la mesita, se levantó y fue hacia la chimenea.
– En primer lugar, voy a intentar ser menos impulsiva. Claro que ese es el propósito de todos los años desde que soy adulta.
– Me gusta que seas impulsiva -dijo Rafe-. Yo no lo cambiaría.
– Vale. Entonces, voy a perder cinco kilos.
– No me parece buena idea -Rafe negó con la cabeza y se acercó despacio hacia Keely-. Tienes un cuerpo increíble. Me gusta tal como está.
– Pues… -Keely sonrió agradecida-, voy a apuntarme a clases de español.
Como no tenía respuesta para eso, Rafe la estrechó entre los brazos y volvió a besarla. Keely sabía que estaban jugando con fuego. Habían dejado de lado sus diferencias por el momento, pero en cuanto dejaran la cabaña, la realidad volvería a imponerse.
– No deberíamos hacer esto -murmuró-. Solo conseguiremos hacer las cosas más difíciles.
– Es Nochevieja -Rafe le acarició el pelo-. ¿Por qué no fingimos que es el principio de algo, en vez de un final?
Keely asintió con la cabeza y Rafe le rodeó la cintura con las manos. Mientras la besaba, la lengua caliente contra sus labios, Keely notó que las rodillas se le aflojaban, su decisión se resentía. No podía negarse. Era inútil. Desde que lo había conocido, se había sentido atraída hacia Rafe de un modo que desafiaba cualquier lógica y decisión.
Bajó la boca hacia el cuello de Keely. Después siguió descendiendo hasta ponerse de rodillas delante de ella. Le subió el jersey y apretó la boca contra su ombligo. Luego tiró de Keely con suavidad para que se arrodillara también. Era como si hiciera siglos que no compartían un momento de intimidad, aunque la misma noche anterior la había dejado temblando de placer.
Recorrió su cuerpo con las manos, introduciéndolas por debajo de la ropa, tocándola y apartándose, como si quisiera ir estimulándola despacio. Pero Keely no estaba dispuesta a ceder el control esa vez. Quería demostrarle el poder que podía tener sobre él. Quería hacerlo retorcerse de necesidad y que explotara dentro de ella.
Paseó las manos por todo el cuerpo de Rafe antes de dejarlas reposar en su espalda.
– Me toca a mí -dijo-. Tienes que hacer lo que te diga.
Rafe sonrió, listo para complacerla.
– De acuerdo -murmuró-. Sedúceme, Keely.
– Quítate la ropa -le ordenó después de sentarse sobre los talones-. Te quiero desnudo.
Se puso de pie y, mientras se sacaba el jersey, Keely observó la luz de las llamas bailando por su musculado torso. Después de tirar el jersey, empezó con los vaqueros.
– Más despacio -dijo ella-. Mucho más. Se quitó los calcetines, de uno en uno.
– ¿Así?
– Despacio -repitió Keely.
Se desabrochó los vaqueros y se bajó la cremallera centímetro a centímetro. Su miembro presionaba la seda de los calzoncillos. Ya estaba erecto. Keely tuvo que cerrar los puños para no agarrarlo y acariciarlo hasta que eyaculara en su mano. Si quería controlar el placer de Rafe, tendría que controlar primero el suyo.
Cuando estuvo totalmente desnudo, le ordenó que pusiera las manos encima de la cabeza.
– ¿Qué? -Rafe rió.
– Ya me has oído. Las manos encima de la cabeza. Así son las reglas. Si me tocas, se acabó.
Rafe obedeció a su pesar, mirándola todo el tiempo con reserva. Keely se puso de rodillas y se acercó a él hasta situar la boca a unos pocos centímetros de su erección. Cuando él se echó hacia delante, Keely se retrasó y se inventó una regla nueva: ella podía moverse, pero Rafe no.
Esa vez, cuando avanzó hacia él, se quedó quieto. Era un hombre realmente bello. Keely contempló su cintura estrecha, el pecho ancho, las piernas musculadas, las caderas esbeltas, el miembro que rozaba el vello bajo el ombligo. Muy lentamente, sacó la lengua y la deslizó desde la base hasta la punta del pene. Rafe contuvo la respiración.
Repitió la operación y Rafe emitió un gemido gutural. Le temblaron los abdominales, a la espera del siguiente movimiento de Keely. Pero esta estaba decidida a hacerlo suplicar. Le dio un beso en el hueco situado bajo el hueso de la cadera, rozando su erección con la mejilla antes de volver a pasar la lengua de extremo a extremo. Cuando tuvo la certeza de que había soportado suficiente, se lo comió con toda la boca.
No se recreó demasiado ahí. Estaba demasiado cerca del límite y le tenía reservadas muchas torturas más como para acabar tan pronto. Así que empezó a subir por su espalda, le besó el vello del torso, posó la boca en su nuca y en ningún momento dejó de tocarle la erección con los dedos. Rafe cerró las manos, apretó los puños, tuvo que cerrar los ojos mientras aguantaba con la respiración entrecortada y la erección palpitante.
Ella era la primera sorprendida por aquel comportamiento tan descarado. Keely siempre se había sentido algo cohibida con el sexo, pero con Rafe parecía perderse en busca de cotas inexploradas de placer. De alguna manera, estaba segura de que aunque pudieran pasar la vida juntos, siempre inventarían formas distintas para hacer del sexo una aventura.
Pero no pasarían la vida juntos. Tenían solo esa noche. Una escalada más hasta la cumbre del éxtasis y se acabaría todo.
– ¿Te puedo tocar ya? -preguntó entonces Rafe.