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Электронная книга - «Una terapia muy especial». Краткое содержание книги:

Noche tras noche, la fisioterapeuta Brianne Nelson fantaseaba con el apuesto desconocido que había visto en la cafetería en la que trabajaba media jornada. Lo que no sospechaba era que aquel desconocido acabaría convirtiéndose en cliente suyo…
Gracias a la generosidad de su hermana, Jake Lowell iba a disfrutar de los servicios de Brianne durante una temporada. Aunque no tenía la menor gana de volver a su empleo de policía, debía encontrar al tipo que le había disparado. Pero antes necesitaba una buena terapia, y lo cierto era que Brianne estaba consiguiendo que se sintiera mucho mejor…
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En aquel momento, Brianne abrió mucho los ojos y pareció sumar dos y dos.

– Tú resultaste herido tratando de detener a un traficante de drogas. Ayer te vi en el hospital en la misma planta en la que está esa chica que tuvo una sobredosis…

Jake no sabía que ella lo había visto el día anterior y bajó la cabeza. Debería habérselo imaginado. Con Brianne, nada resultaba sencillo.

– Que me hayan enviado esas flores no es ninguna coincidencia, ¿verdad? -añadió, con el rostro lleno de temor.

– No, no es ninguna coincidencia -admitió Jake, lamentándose por anticipado del dolor que le iba a causar-. Y estamos hablando del mismo traficante que me disparó.

Al ver que Brianne entornaba los ojos, él supo que había llegado el momento de sincerarse completamente con ella. No había marcha atrás. También se dio cuenta de que aquél sería un momento crucial en su relación.

– Eres el objetivo de un traficante que se llama Louis Ramírez -le dijo, tras tomarla de la mano-, probablemente porque se ha imaginado lo que significas para mí y te ve como un modo de hacerme daño.

Ramírez sabía perfectamente que si algo le ocurría a Brianne, mataría a Jake. Aquel tipejo sabía muy bien cómo jugar al gato y al ratón, un juego que a Jake no le agradaba en absoluto. Y, por el gesto de furia que vio en el rostro de Brianne, a ella tampoco.

– ¿Me estás diciendo que estoy en peligro por tu culpa?

– Indirectamente sí -respondió él, sintiendo que aquellas palabras le dolían más que un golpe-. Eso es lo que parece.

Técnicamente, estaba en peligro porque había aceptado la oferta de Rina y se había mudado al apartamento. Sin embargo, Jake decidió no enojarla más contándole aquello.

– Ese Ramírez, ¿tiene acento? -le preguntó Brianne, con un hilo de voz. Una vez más, Jake asintió-. Por el teléfono… me dijo que podría darle las gracias por las flores en persona -añadió, soltándose de él, lo que dolió mucho a Jake-. ¿Cómo ha sabido dónde encontrarme?

– Ha estado vigilándote. Lleva un tiempo haciéndolo.

– ¿Se trata del tipo que vi desde la cafetería?

– Sí.

– ¿Qué te hace estar tan seguro de eso?

– En primer lugar, por el tatuaje. Además de eso, lo han visto rondando el hospital.

– ¿Quién lo ha visto?

– Ahí es donde se complican las cosas -susurró él, tras respirar profundamente. Entonces, se puso de pie y se pasó una mano por el pelo-. Cuando me dijiste que creías que te estaban siguiendo, empecé a sospechar.

– Y, sin embargo, nunca me dijiste nada. De hecho, me mentiste -le espetó ella, furiosa.

– Sí y no. En realidad, te estaba protegiendo. Acababas de decirme que tenías una historia con episodios de ansiedad. Me comparaste con tus padres y me dijiste que, cuando yo entré en tu vida, provoqué que todos tus miedos volvieran a salir a la superficie. Yo no pude atreverme a confirmar tus sentimientos para así darte un disgusto o que decidieras marcharte.

– ¡Yo no soy ninguna loca que necesite que nadie la acoja! Te pedí un consejo profesional, no que me protegieras de la verdad. Pensé que alguien me estaba siguiendo -dijo Brianne, mientras se ponía de pie-. Tal vez no me gustara, pero podría haberme enfrentado a ello. He tenido que vérmelas con cosas peores.

– Eso es cierto. Te has enfrentado a la tragedia y te has hecho más fuerte de lo que eras antes. Sin embargo, a menos que te hayas enfrentado a un psicópata como Ramírez, uno que te mataría con tanta facilidad como parpadea, no conoces lo peor -añadió. Al oír aquellas palabras, Brianne dio un paso atrás, muy alarmada-. Siento asustarte, pero pienso contarte por completo todos los hechos.

– Es un poco tarde, pero tienes razón -contestó ella, encontrando la fuerza interior que sabía que poseía-. No he pasado cosas peores. Ese tipo me ha estado siguiendo. ¿No te parece que me merecía la oportunidad de poder protegerme?

– Me aseguré de que estuvieras protegida.

– No muy bien si esas flores han conseguido llegar a mis manos.

– En un hospital se reciben envíos de flores constantemente, aunque no he venido aquí para discutir contigo.

– ¿Y cómo me has estado protegiendo? Te pido que no te dejes nada en el tintero.

– Eso ya no serviría de nada.

– Yo no puedo estar segura de que no vayas a hacerlo. De hecho, no puedo entender por qué me lo ocultaste todo al principio -le espetó Brianne, mientras se cruzaba los brazos sobre el pecho.

– He hecho que te siga un detective. Cuando él no estaba a tu lado, lo estaba yo.

Aquellas palabras la sorprendieron. Se abrazó un poco más fuerte, como para reconfortarse, aunque no lo consiguió. Una pequeña parte de su ser se preguntaba si el reciente interés de Jake tenía más que ver con que ella no saliera del apartamento que con tenerla en su cama.

Habían hecho el amor muchas veces, por lo que su corazón se rebeló contra aquella idea. Jake le había dicho que se sentía atraído por ella desde mucho antes de que fuera a vivir al apartamento y de que se convirtiera en un blanco. Sin embargo, su orgullo herido y la traición que sentía la obligaba a seguir preguntándose por sus motivos. No quería creer que él hubiera sido capaz de mentirle, ni aunque fuera para protegerla.

– De acuerdo, ¿y ahora qué, detective?

– Brianne, esto no es un caso oficial para mí.

– No, efectivamente, estás de baja, pero no pareces poder mantenerte alejado del peligro. Esta vez, tu necesidad de una descarga de adrenalina ha traído el peligro justo a mi puerta.

– A nuestra puerta, ¿o es que te has olvidado de que ahora vives conmigo?

Tenía razón. Brianne reconoció que le estaba culpando de cosas que él no podía controlar.

– De acuerdo -dijo, tras suspirar lentamente-. ¿Está la policía a punto de atrapar a ese tipo y meterlo entre rejas? Es decir, antes de que me haga algo.

– No mucho -admitió él.

Entonces, le explicó el caso de la paciente que estaba ingresada en urgencias por sobredosis, de la posible conexión del restaurante The Eclectic Eatery en aquel asunto y de que a Jake le había resultado imposible encontrar drogas allí.

– Todavía no hemos podido vincular el caso de sobredosis con el restaurante o con Ramírez.

– Estupendo, así que eso me convierte en un blanco andante.

Jake sintió lo afectada que se sentía y le colocó una mano en el brazo, Brianne se apartó rápidamente y se volvió a sentar en el sofá. Durante los cursillos que había hecho para curarse de su ansiedad, había aprendido a respirar para tranquilizarse. En eso se concentró en los siguientes instantes.

Cuando abrió los ojos, vio que Jake la estaba mirando, con los ojos llenos de preocupación.

– No te va a ocurrir nada mientras yo esté a tu lado. Y no pienso dejarte sola por nada del mundo.

– Justo lo que quería… Un guardaespaldas -dijo ella, tristemente. Especialmente, no quería uno que se había acostado con ella para saber dónde estaba por las noches.

– Ya sabes que protegerte no supone un esfuerzo muy grande para mí…

– Entonces, te gusta el sexo. No creo que hayas conseguido que me sienta mejor con esas palabras.

Estaba mintiendo. Sólo saber que tenía a Jake a su lado hacía que, inmediatamente, se sintiera mejor. Aquello, lo confundía aún más.

– Voy a tratar de olvidarme de ese comentario.

A Brianne no se le pasó por alto el dolor que se le adivinaba en la voz. Se estaba portando con él de un modo muy frío, lo que era completamente irracional. No obstante, no podía olvidarse de que él le había dejado que fuera por toda la ciudad de Nueva York sin saber que un traficante de drogas y un detective que Jake había contratado la estaban siguiendo.

– Tienes que tener cuidado, ¿de acuerdo? No vayas ni a la cafetería, ni al vestuario ni al cuarto de baño sola. No vayas a ningún sitio sola, ¿me comprendes? Haré que David pase a conocerte. Él es tu guardaespaldas durante el día. Es muy bueno. Lo que tienes que hacer es seguir las reglas y no te ocurrirá nada.

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