Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне

Электронная книга - «El Vizconde Que Me Amo». Краткое содержание книги:

Los cotilleos de lady Whistledown no fallan nunca: una vez más, Anthony Bridgerton es el soltero más codiciado de la temporada en la alta sociedad victoriana. Pero este año, el atractivo vizconde, amante de la diversión y enemigo del compromiso, sorprende a todos y decide buscar esposa y sentar cabeza.
La joya más preciada, la joven y hermosa Edwina Sheffield, es su elección natural. Pero para conseguirla ha de obtener antes la aprobación de la hermana mayor de la muchacha, Kate. Anthony comprobará que convencer a esa mujer arrogante y decidida de que ha dejado de ser un vividor no es tarea fácil. Como tampoco lo es quitársela de la cabeza cuando llega la noche.
1 ... 25 26 27 28 29 30 31 32 33 ... 85
Перейти на страницу:

Kate sacudió la cabeza con decepción en la mirada. Una decepción que en cierto modo a él le hizo sentirse menos hombre.

– Tampoco pensaba que fuera un mentiroso -dijo en voz baja- Un mujeriego y un vividor sí, y tal vez un montón de cosas más, pero no un mentiroso.

Anthony sintió sus palabras como puñetazos. Algo desagradable estrujó su corazón, algo que le dio ganas de arremeter contra ella, de hacerle daño o al menos mostrarle que no tenía el poder de herirle.

– Oh, señorita Sheffield -su voz se arrastraba con cierta crueldad no irá muy lejos sin esto.

Antes de que ella pudiera reaccionar, metió la mano en el bolsillo, sacó la llave de la puerta de su estudio y la tiró en su dirección, apuntando en de forma intencionada a sus pies. La cogió desprevenida, sus reflejos no estaban preparados, y cuando ella se estiró para cogerla, erró por completo. Cuando sus manos se juntaron, sonaron con una palmada hueca, seguida del ruido sordo de la llave al caer sobre la alfombra.

Kate permaneció allí de pie durante un momento contemplando la llave. Anthony se percató del instante en que ella comprendió que no era su intención que la atrapara. Se quedó del todo quieta y luego alzó la mirada para mirarle directamente a los ojos. Los ojos de Kate centelleaban de odio y algo peor.

Desdén.

Anthony sintió que le daban un puñetazo en las tripas. Sintió el más ridículo impulso de saltar hacia delante, coger la llave de la alfombra hincarse sobre una rodilla y tendérsela a ella, para disculparse por su conducta y rogarle perdón.

Pero no hizo nada de esto. No quería enmendar esa falta, no quería ganarse una opinión favorable.

Porque aquella chispa tan esquiva, cuya ausencia era tan patente con su hermana, con quien se había propuesto casarse, refulgía con tal fuerza que la habitación parecía estar iluminada como si fuera de día.

Y nada podía aterrorizarle más.

Kate continuó inmóvil durante más tiempo del que él hubiera pensado, obviamente resistiéndose a arrodillarse delante de él aunque sólo fuera para recoger la llave que le permitiría la huida que tanto deseaba.

Anthony forzó una sonrisa entonces, bajó la mirada al suelo y luego volvió a su rostro:

– ¿No quiere marcharse, señorita Sheffield? -dijo con demasiada suavidad.

Continuó observando a Kate mientras le temblaba la barbilla y tragaba saliva con nerviosismo. Y también, cuando de forma abrupta se agachó y cogió la llave.

– Nunca se casará con mi hermana -juró con una voz grave e intensa que le provocó un escalofrío en los mismísimos huesos-. Nunca.

Y luego, con un chasquido decisivo en la cerradura, ya se había marchado.

Dos días después, Kate aún continuaba furiosa. También ayudó el hecho de que la tarde siguiente a la velada llegara un gran ramo de flores para Edwina, cuya tarjeta decía: «Con mis deseos de una rápida recuperación. La velada de anoche estuvo muy apagada sin su rutilante presencia. Bridgerton».

Mary había soltado un montón de exclamaciones extasiadas al leer la nota; tan poética, suspiró, tan encantadora, sin duda las palabras un hombre locamente enamorado. Pero Kate sabía la verdad. La nota era más un insulto dirigido a ella que un cumplido a Edwina.

Y tanto que apagada, pensó echando chispas mientras contemplaba la tarjeta -ahora expuesta encima de una mesa del salón-, y se preguntaba cómo podría arreglárselas para que apareciera de algún modo rota en pedazos y pareciera un accidente. Tal vez no supiera mucho de temas del corazón y asuntos de hombres y mujeres, pero habría apostado cualquier cosa a que, sintiera lo que sintiera el vizconde la noche anterior en el estudio, no había sido aburrimiento.

No obstante, no había venido de visita. Kate no podía imaginarse por qué, ya que sacar a pasear a Edwina iba a ser una bofetada aún más ofensiva que la nota. En sus momentos más fantasiosos, le gustaba pensar ufana que él no se había dejado ver porque tenía miedo de enfrentarse a ella. Pero sabía que aquello no era verdad, estaba claro.

Aquel hombre no tenía miedo a nadie. Y mucho menos a una vulgar solterona entrada en años a la que probablemente había besado por una mezcla de curiosidad, rabia y lástima.

Kate cruzó la habitación hasta la ventana y se quedó mirando Milner Street. No era la vista más pintoresca de Londres, pero al menos así conseguía no mirar la nota. Era la lástima lo que de verdad la consumía. Rogó para que, fuera cual fuera el motivo de aquel beso, la curiosidad y la rabia superaran la lástima.

Pensó que no podría soportar que él sintiera lástima de ella.

Pero Kate no tuvo mucho tiempo para obsesionarse con el beso y su posible significado, porque aquella tarde -la tarde siguiente a las flores- llegó una invitación mucho más inquietante que cualquier cosa que el propio lord Bridgerton pudiera haber enviado. Al parecer se requería la presencia de las Sheffield en una reunión campestre que organizaba lady Bridgerton de forma bastante espontánea en su casa solariega.

La madre del mismísimo diablo.

Y no había manera de que Kate pudiera escabullirse y no acudir. A no ser que se produjera un terremoto combinado con un huracán, combinado con un tornado; cosas que difícilmente podrían suceder en Gran Bretaña, aunque ella seguía abrigando alguna esperanza en cuanto al huracán, siempre que no hubiera truenos o relámpagos de por medio. Nada impediría que Mary se presentara en la bucólica entrada de la residencia de los Bridgerton con Edwina a la zaga. Y desde luego, Mary no iba a permitir que Kate se quedara sola en Londres, sin nadie cerca.

El vizconde no tenía escrúpulos. Lo más probable era que besara a Edwina igual que la había besado a ella, y Kate no podía imaginar que su hermana tuviera la fortaleza para resistirse a una insinuación así. Seguro que le parecería lo más romántico del mundo y se enamoraría de él allí mismo.

Incluso Kate había encontrado dificultades para mantener la mente clara cuando él puso sus labios en su boca… Durante un momento de dicha lo había olvidado todo. No existía otra cosa que la experiencia exquisita de sentirse acariciada y querida; no, necesitada. Había sido algo de veras embriagador. Casi tanto como para que una dama olvidara que el hombre que la estaba besando era un canalla indigno.

Casi… pero no del todo.

Capítulo 8

Como bien sabe cualquier lector habitual de esta columna, hay dos sectas en Londres que siempre se mantendrán en la más extrema oposición: las Mamás Ambiciosas y los Solteros Convencidos.

Las Mamás Ambiciosas tienen hijas en edad casadera. El Soltero Convencido no quiere una esposa. La esencia del conflicto debería resultar obvia para cualquiera con un poco de cerebro o, en otras palabras, aproximadamente el cincuenta por ciento de los lectores de Esta Autora.

Esta Autora aún no ha visto la lista de invitados a la reunión social que va a celebrarse en la casa solariega de lady Bridgerton, pero fuentes informadas indican que esta próxima semana se reunirán en Kent casi todas las jóvenes candidatas en edad de casarse.

Esto no es una sorpresa para nadie. Lady Bridgerton nunca ha ocultado su deseo de ver a sus hijos bien casados. Este parecer la ha convertido en una presencia favorita entre las Mamás Ambiciosas, quienes consideran con desesperación a los hermanos Bridgerton los peores Solteros Convencidos.

Si tuviéramos que confiar en las libretas de apuestas, al menos uno de los hermanos Bridgerton debería oír campanas de boda antes de que acabe este año.

Por mucho que le duela a Esta Autora mostrar su conformidad con las libretas de apuestas (están escritas por hombres, y por consiguiente contienen errores intrínsecos), tiene que coincidir con esta predicción.

1 ... 25 26 27 28 29 30 31 32 33 ... 85
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)