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Sin Retorno

Электронная книга - «Sin Retorno». Краткое содержание книги:

En 1972, tres adolescentes blancos -Alex, Billy y Pete- decidieron meterse en un barrio marginal de Washington. Esa incursión cambió la vida de seis personas: a causa del enfrentamiento con tres chicos negros, Billy resultó muerto y Alex seriamente herido.
En 2007, Alex llora la muerte de su hijo caído en Iraq. De pronto, uno de los chicos negros que sobrevivieron al incidente del 72 contacta con él, abriendo la puerta a la reconciliación al tiempo que otro superviviente sale de prisión con intención de extorsionarle…
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– Ya le he dicho que podía probar un par de cosas, ¿no?

– A tu manera, sí.

– Es que me irrita, el crío este.

Alex aguardó el mudo recordatorio de Vicki que también era una amonestación: «Johnny no es Gus.» Pero Vicki continuó cortando la lechuga y no hizo más comentarios.

Alex regresó al teléfono y lo levantó de la horquilla.

– Voy a llamar a mi madre.

Se trasladó al cuarto de estar y tomó asiento en su sillón favorito. Marcó el número de su madre, que actualmente vivía en Leisure World. Procuraba telefonearla todas las noches e ir a verla dos veces por semana, aunque ella le recordaba a menudo que no se sentía sola. Calliope Pappas no se había juntado con ningún hombre desde que falleció su marido, pero tenía muchas amistades. Matthew, el hermano de Alex, que vivía en el norte de California, llamaba con poca frecuencia y hacía una visita sólo ocasionalmente, en vacaciones, así que la madre, que ya iba acercándose a los ochenta, era lo único que conectaba a Alex con su niñez. Decía muchas veces que si se había quedado en la zona de Washington había sido por ella. Pero en secreto, sabía que necesitaba a su madre más de lo que lo necesitaba ella a él.

– Hola, mamá. Soy Alex.

– Ya lo sé, cariño. ¿No voy a conocerte la voz a estas alturas?

Cuando se hubieron despedido, Alex regresó a la cocina, volvió a poner el teléfono en su horquilla y fue hasta el frigorífico para coger otra rebanada de queso. Echó una mirada a la foto de la pared, la de su viejo con el delantal en el magazi, dando vuelta a las hamburguesas con una expresión de auténtica felicidad en la cara. Alex había vivido sus buenos tiempos en la cafetería. Había echado unas risas con los clientes y con los empleados. Pero jamás se había sentido igual que parecía sentirse su padre en aquella foto. Se le ocurrió pensar que, en los treinta y tantos años que llevaba trabajando allí, nunca había experimentado una felicidad tan relajada.

Capítulo 1 0

– ¿Cómo consiguió este empleo ese tío? -preguntó Raymond Monroe.

– Antes de eso era cómico -respondió Kendall Robinson.

– Pues a mí no me ha hecho reír nunca -dijo Monroe-. Ni una sola vez.

– A mí tampoco -dijo Marcus Robinson.

Estaban en el adosado que tenía Kendall en Quebec Place, cenando comida que habían comprado para llevar y viendo aquel popular concurso de televisión que echaban por la noche y que presentaba un tío calvo que lucía un parche de trompetista de jazz bajo el labio inferior.

– Me gustaría saber dónde se solicita un trabajo así-dijo Monroe-. Porque estoy totalmente seguro de ser capaz de hacerlo mejor que él.

– ¿Has visto alguna vez un presentador de concursos que sea negro?

– ¿No había uno que lo presentaba Arsenio?

– Ése tampoco es gracioso.

– Podría ser el primero en romper la barrera del color en los presentadores de concursos. Lo que quiero decir es que si el Don Limpio ese es capaz de hacer algo así, yo también. Porque ese tío está totalmente falto de talento. ¿Se dice así?

– Creo que sí.

– ¿Quieres saber cómo consiguió ese empleo? Por suerte. Igual que encontrar un trébol de cuatro hojas, igual que ganar en el casino, lo mismo. Este tío debe de tener una herradura de la suerte metida por el…

– ¡Raymond!

Marcus soltó una carcajada.

– Tiene mucha suerte.

– Eso es lo que estoy diciendo, Cacahuete.

Monroe había puesto aquel apodo al chaval a causa de su estatura y de la forma tan graciosa que tenía su cabeza afeitada. A Marcus no le importaba que se lo llamara. El señor Raymond le caía bien, y cuando éste le puso el apodo, era porque Marcus también le caía bien a él.

– ¿Para qué estamos viendo esto? -dijo Kendall.

– Tienes razón -contestó Monroe-. No sé por qué lo llaman concurso, cuando no se necesita ninguna habilidad. Todo se basa en la avaricia.

Monroe se levantó de la mesa de la cocina y apagó el televisor.

– Así, qué fácil -comentó Kendall.

– Debería hacerlo con más frecuencia -replicó Monroe-. Venga, hombrecito, vamos a echarle un vistazo a tu bici.

– Tiene que hacer los deberes de matemáticas -protestó Kendall.

– Ya los haré, mamá.

– ¿Le prometes a tu madre que luego vas a hacer los deberes? -dijo Monroe.

– Sí.

– Pues entonces vamos.

Kendall dirigió a Monroe una mirada de aprobación mientras éste cruzaba la habitación con el niño. Salieron por la puerta trasera de la cocina, bajaron unos escalones de madera que daban a una acera agrietada y bordeada por dos estrechas franjas de tierra, hierbajos y un poco de césped y penetraron en un garaje pequeño e independiente que se elevaba junto al callejón.

Kendall había comprado aquella casa diez años atrás, por cincuenta y pico mil dólares, y ahora valía varios cientos de miles. Había soportado el trapicheo de droga, los allanamientos y la violencia de aquel vecindario, y aunque los problemas no estaban erradicados del todo, estaba empezando a tomar cuerpo la visión que tenía de un Park View transformado.

Muchas de las viviendas de su calle actualmente tenían propietarios de nuevas generaciones y estaban siendo reformadas. Kendall, aunque no había hecho mejoras importantes, mantenía su casa en un estado decente. Monroe se encargaba del mantenimiento básico, que a menudo no iba más allá de dar una mano nueva de pintura a una pared, hacer agujeros nuevos para tornillos para sustituir los que se habían estropeado, calafatear bañeras y duchas y reponer las ventanas rotas, una habilidad que les había enseñado su padre a él y a James cuando eran pequeños.

Monroe también organizaba el garaje. Sus padres no tenían ninguno en Heathrow, y para él suponía un lujo. Tenía tornillos, tuercas, pernos, arandelas y clavos almacenados en tubos de carretes de fotos vacíos, cada uno con una pegatina escrita con rotulador y todos alineados en una balda de madera. Aceite de motor, líquido de la transmisión, líquido de frenos, trapos, útiles de limpieza, líquido para lavar el parabrisas y anticongelante; todo este material estaba colocado en fila, apoyado contra uno de los muros. Había llevado allí su caja de herramientas, y cuando era necesario la llevaba a casa de su madre. Pensaba que poco a poco estaba instalándose en aquel lugar.

– No sé cómo se ha pinchado -dijo Marcus mientras Monroe ponía en posición vertical su bicicleta, una Dyno 2000 con ruedecitas a los lados en la parte de atrás, y la apoyaba sobre el manillar y el sillín.

– Habrás pisado algo, imagino. Alcánzame esas palancas para desmontar neumáticos que hay en la balda. -Al ver que Marcus no se movía, explicó-: Esas cosas azules de plástico, un poco alargadas. Con ganchos en la punta.

Raymond le mostró al chico cómo insertar el extremo grueso de la palanca entre el neumático y la llanta, y cómo engancharlo en el radio. Le indicó cómo emplear la segunda palanca de la misma manera, enganchándola dos radios más abajo. Trabajando así, se podía sacar el neumático.

– Ahora pasa con cuidado la mano por dentro del neumático. Encontrarás unos trocitos de cristal, o alguna rama puntiaguda, algo así. Lo que haya causado el pinchazo en la cámara.

– Ha sido esto -dijo Marcus sosteniendo con cuidado entre los dedos un pequeño triángulo de cristal verde oscuro.

Monroe bombeó aire un par de veces al interior de la cámara nueva y la encajó en el neumático vacío. A continuación sacó la válvula por el agujero de la llanta y metió un lado del neumático en el borde de la misma. Después rodeó la bici y encajó el otro lado con los dedos a fuerza de músculo. Completó la tarea inflando la rueda hasta la presión adecuada. Mientras tanto no dejó de hablar con el chico, describiendo el proceso con un lenguaje sencillo.

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