Enamorado de Gracie
- Автор: Mallery Susan
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «Enamorado de Gracie». Краткое содержание книги:
¿Y cómo podría olvidarlo si a cada momento se encontraba con Riley? El que en otro tiempo había sido el chico rebelde del pueblo había regresado buscando el respeto de los demás, pero las chispas que saltaban cada vez que se veían eran demasiado salvajes. Gracie había decidido guardar las distancias, pero cuando alguien se empeñó en arruinar la reputación de ambos, descubrieron que, a veces, el primer amor mejoraba con los años…
– Lo de hacerme sentir mejor. Tú no eres mi tipo.
– ¿Y cuál es?
– Me gustan las mujeres fáciles. Lo que yo llamo de usar y tirar.
– Oh…
– Tú no eres una mujer así. Tú eres la clase de mujer a la que los hombres compran flores y anillos. Tú eres la clase de mujer con la que un hombre desea hacer el amor. Yo no soy así Gracie. Nunca lo he sido. Creo que ahora deberías marcharte -concluyó él soltándole el cabello.
– Sí, creo que tienes razón.
Gracie se sentía como un pajarillo al que una serpiente está encantando. Una parte de su cerebro le decía que lo mejor era echar a correr, pero el resto quería averiguar lo que se sentiría al verse seducida por un hombre como Riley Whitefield.
Lo miró a los ojos. Era tan guapo. Besaba tan bien… Tal vez si pudiera besarla una vez más… Tal vez…
– Si empiezo no voy a parar
Gracie se sobresaltó al darse cuenta de que él le había leído el pensamiento. Entonces, se levantó y salió corriendo de la cocina.
Regresó a su casa en un tiempo récord. Ansiaba un poco de tranquilidad y una taza de té mientras trataba de comprender lo que había ocurrido. Sin embargo, cuando aparcó delante de su casa, vio que no iba a poder ser. Vivían estaba esperándola en el porche.
Capítulo 9
– ¿Te has vuelto a pelear con Tom? -le preguntó Gracie mientras salía del coche y se dirigía a la puerta principal.
– ¿Cómo lo has adivinado? -replicó Vivian muy sorprendida.
– Vaya, pues no sé. Supongo que ha sido una intuición.
Se figuró que su comentario había sido lo suficientemente sarcástico. En realidad, lo que le habría gustado decir habría sido que sabía que ocurría algo porque las únicas veces que Vivían se molestaba en venir a verla era cuando quería algo.
Gracie abrió la puerta de la casa y entró.
– Bueno -dijo mientras se disponía a hervir un poco de agua-. ¿Qué ha ocurrido?
Vivian se sentó a la mesa de la cocina, donde se estaban secando unas flores. Tomó una rosa que, inmediatamente, se le desmoronó entre los dedos.
– Lo siento -comentó, limpiándose los dedos en los vaqueros-. Como tú has dicho, se trata de Tom. Está terminando su MBA y nos vamos a casar.
– Creo que eso ya lo sabía -bromeó Gracie mientras preparaba los dos tés.
– Ha hecho entrevistas para varios trabajos en Los Ángeles. Yo creí que iba a aceptar uno de ellos, pero acabo de descubrir que está pensando en aceptar un puesto en el banco.
Inmediatamente, Gracie comprendió que se trataba del banco de Riley, a pesar de que había muchos bancos en la ciudad.
– Interesante -comentó Gracie, preguntándose si Riley lo sabría.
– No es interesante. Es horrible Yo no quiero quedarme aquí durante el resto de mi vida. Quiero marcharme y ver otros lugares. Tú te has marchado. ¿Por qué no puedo yo? No me puedo creer que él esté considerando ese trabajo después de todo lo que hemos hablado.
Vivian empezó a llorar. Los agudos sollozos competían con el pitido de la tetera
Gracie terminó de preparar el té y llevó las tazas a la mesa. Entonces, se sentó enfrente de su hermana.
– En ese caso, anula la boda -dijo, sin mostrar mucho interés por el resultado de la conversación.
Vivian la miró completamente atónita.
– ¿Cómo dices?
– Que canceles la boda. Si no eres feliz, no te cases con Tom.
– Pero tengo que casarme con él. Estamos prometidos. Hemos encargado las invitaciones. ¿Sabes cuánto dinero está costando esta boda?
– Seguro que aún te lo pueden devolver.
Vivian la miró como si fuera una completa idiota.
– Yo no voy a cancelarla boda.
– Entonces, tienes que hablar con Tom sobre sus planes. Su trabajo os afecta a los dos y al lugar en el que viváis.
Vivian se encogió de hombros y tocó una de las rosas.
– ¿Van a hacer flores así para mi pastel?
– Si quieres… Aún no me he decidido. Te dibujaré algo dentro de un par de días.
– Son muy bonitas. Debes de tener mucho talento.
– Trabajo mucho.
– Tom dice que yo no trabajo lo suficientemente duro. Dice que los dos tendríamos que estar ahorrando para comprar una casa, pero, en estos momentos, estoy ahorrando para pagar mi vestido de novia. No se gana mucho con la enseñanza y por eso tengo que trabajar a tiempo parcial en la ferretería.
– ¿Podrías seguir dando clases si os mudarais a Los Ángeles?
– Supongo que tendría que hacerlo. Sin embargo, si el trabajo de Tom fuera lo suficientemente bueno, podría quedarme en casa.
– ¿Vais a tener familia inmediatamente?
– No. ¿Por qué dices eso?
Gracie no respondió. En su mundo, el marido y la mujer eran compañeros y aportaban lo mismo para los objetivos comunes. Evidentemente, a Vivian no le parecía bien.
– Creo que no soy la persona adecuada para que le pidas consejo.
– En ese caso, supongo que es mejor que me vaya a hablar con una de mis amigas. Mamá está completamente enloquecida por la boda y Alexis está tan centrada en sí misma que no puede ver más allá. Tú no eres así, Gracie. Tú piensas en otras personas.
– Vaya. Gracias -dijo Gracie muy sorprendida-. Me alegro de que pienses así.
– Así es. Bueno, tengo que marcharme -anunció Vivian, poniéndose de pie-. Aún no tengo los zapatos para la boda y me voy a marchar a Santa Bárbara para ver una tienda de novias que acaban de abrir. No te olvides que mañana tenemos reunión familiar. Tenemos muchas cosas de las que hablar. Que te diviertas.
Prácticamente, Vivian se marchó saltando. Gracie recogió las tazas y las llevó al fregadero.
No entendía lo que acababa de presenciar. ¿Cómo podía Vivian pasar de pelearse con Tom a irse de compras para la boda en menos de cinco minutos? Gracie no era una experta en el asunto, pero le parecía que su hermana no era lo suficientemente adulta como para casarse con nadie.
A pesar de todo, decidió ponerse a diseñarle el pastel de bodas. Si terminaba por cancelar la boda, siempre podría utilizarlo para otro cliente.
Al día siguiente por la tarde, Gracie se dirigió a casa de su madre. Había hecho varios dibujos de pasteles de boda y tenía algunas ideas para realizar centros de mesa bonitos y no demasiado caros. Mientras aparcaba, se preguntó si no se estaría esforzando demasiado. No parecía dispuesta a creer que su familia iba a fastidiarla constantemente. Con sus tíos muertos, sólo le quedaban su madre y sus hermanas.
Recogió sus cosas y salió del coche. Casi no había dado ni dos pasos cuando alguien la llamó por su nombre de pila.
– ¡Gracie! ¡Oh, Gracie! -exclamó Eunice Baxter, saliendo del porche a una velocidad que superaba con mucho la correspondiente a sus ochenta años- El otra día vi la foto en el periódico.
– Hola, señora Baxter.
– Estabas tan guapa… Y Riley. Bueno, él también es un hombre muy guapo. Ese pendiente… Resulta muy sexy -comentó la anciana con una risita.
Gracie parpadeó. ¿A la señora Baxter le parecía que Riley era sexy?
– ¿Vas a ver el debate? -preguntó la mujer-. Yo creo que sí. Tal vez vaya pronto para poder sentarme en la primera fila.
– ¿Es que va a hablar en alguna parte?
– Esta tarde, en el instituto. Algo sobre la responsabilidad cívica. En realidad, no me importa lo que vaya a decir. Normalmente voto por el más atractivo y tengo que admitir que Riley gana a Franklin Yardley por muchos puntos. Tú deberías pasarte… -concluyó la mujer, guiñándole un ojo. Gracie sintió ganas de hacerlo, aunque sabía que se trataba de algo que ella ni siquiera quería considerar. Sería buscarse problemas.
– Gracias por la información -dijo, dirigiéndose de nuevo a la casa-. Tengo que ir a mostrarle estos diseños a mi hermana.
– Esa muchacha -susurró la señora Baxter, con un gesto de desprecio-. Su novio y ella siempre están como el perro y el gato. No les doy ni un año. Y a Alexis no le va mucho mejor. Acuérdate de mis palabras, Gracie. Tú eres la mejor.