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El orgullo de Chanur [The Pride of Chanur - es]

Электронная книга - «El orgullo de Chanur [The Pride of Chanur - es]». Краткое содержание книги:

Los comerciantes hani y sus antiguos enemigos, los kif, coexisten en precaria paz en la estación Punto de Encuentro. Hasta que el Extraño aparece y provoca la gran conmoción que acabará poniendo en peligro el pacto interestelar entre diversas especies. La capitana hani Pyanfar Chanur deberá afrontar la persecución de los kif, con la ayuda de los mahendo sat y la constante presencia de los misteriosos knnn. Y todo ello sin olvidar la defensa de la mismísima casa de Chanur en su planeta natal.
Una saga espacial que moderniza lo mejor de la clásica space opera y que da inicio a una tetralogía que hará historia dentro del genero.
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—He comprendido —dijo Hilfy con voz queda—. No lo sabía pero estoy empezando a imaginármelo.

—Kif —bufó Geran—. Son muy distintos cuando tienen los números en contra.

—Hace mucho tiempo… —dijo Haral, y luego torció el gesto. La canción knnn de nuevo, aún más aguda—. Así se pudra.

—Muy cerca —opinó Pyanfar. La recepción era sorprendentemente clara. Sus ojos se encontraron con los de Haral, cada vez más inquietos, al otro extremo de la mesa. La canción prosiguió durante unos momentos, demasiado alta como para que fuera posible hablar, y luego se fue esfumando entre gimoteos ahogados, como el parloteo de un loco que baja de tono hasta callarse.

—Demasiado cerca —dijo Haral—. Capitana…

Pyanfar empezó a levantarse de la mesa, cediendo por fin ante el nerviosismo que sentía.

—Capitana Chanur —dijo el comunicador en un volumen mucho más reducido. Una voz toda chasquidos y chirridos, hablando en hani—. Capitana Chanur, no es preciso acusar recibo, Sólo escuche.

Pyanfar se quedó muy quieta, con el cuerpo rígido, mirando hacia el comunicador: el vello de su nuca estaba erizado y las orejas echadas hacia atrás. Todos se habían quedado inmóviles, como helados.

«—El trato rechazado en Punto de Encuentro ya no es posible. Ahora ofrezco nuevos términos más adecuados a la situación. Un nuevo trato. Podréis abandonar el sistema con toda seguridad, tanto vosotras como la nave Faha ahora en el muelle. Garantizo todo lo que realmente os interesa, a cambio de algo que no os interesa en lo más mínimo. Expulsa al vacío el resto de tu carga, ladrona hani. Ya conoces nuestras costumbres. Si actúas sabiamente no te perseguiremos más. Sabes que somos los legítimos propietarios de esa mercancía. Sabes que conocemos tu nombre y el de tus aliados. Siempre recordamos el mal que se nos hace. Todos los kif recordamos los crímenes cometidos contra nosotros. Pero debes limpiar tu nombre, Pyanfar Chanur. Es más, debes salvar las vidas de quienes no estuvieron implicados originalmente en tu acto de piratería. Devuélvenos nuestra propiedad, Pyanfar Chanur, y no emprenderemos ninguna acción posterior contra los Faha o contra vosotras. Ésta es mi mejor oferta. Y ahora ya sabes, por experiencia, que no se trata de una amenaza hueca, ¿Vale todo esto acaso vuestra destrucción y la de las Faha? ¿O piensas quizás huir de nuevo abandonando a tu aliada? ¿Piensas quizás huir eternamente? Eso no contribuirá a ayudarte en el comercio ni te hará demasiado bienvenida en las estaciones apenas se enteren de los riesgos que supone tu cercanía. Abandona, ladrona. La ganancia es muy pequeña comparada con las pérdidas que puede traerte lo que has robado»

—Akukkakk —dijo Pyanfar en voz baja cuando la transmisión hubo terminado—. Bien.

—Tía —dijo Hilfy, conteniéndose a duras penas—. Piensan atacar a la Buscaestrellas. Primero la atacarán a ella.

—Sí, indudablemente —el mensaje empezó a repetirse y Pyanfar se puso en pie con un gesto brusco—. ¡Maldito aparato! Apagadlo.

Chur era la más próxima al comunicador. Se levantó de un salto y quitó el volumen de la unidad mural. Las demás ya habían empezado a levantarse, así como también Tully. Su piel estaba cubierta por una fina capa de sudor que parecía rocío.

—Cerrad la cocina y aseguradla —dijo Pyanfar—. Preparadlo todo para saltar. Nos vamos.

Hilfy se volvió hacia ella con una mirada implorante. Pyanfar clavó en ella unos ojos que parecían arder y con Geran instándole a moverse Tully se detuvo unos instantes, extendiendo la mano hacia el hombro de Pyanfar.

—Dormir —suplicó Tully, recordándole sus palabras con el rostro lleno de terror.

—En nombre de los dioses, sacadlo de aquí —gruñó Pyanfar, volviéndose y echando su plato y algunos otros que tenía cerca en el conducto de basuras, mientras iba recogiendo las fuentes y los cubiertos para entregárselos a Haral, Tirun y Chur, que a su vez se apresuraban a despejar la mesa lo más deprisa posible. Hilfy se dispuso a echarles una mano—. Fuera —le dijo Pyanfar a Chur—, El traje de la esclusa: pon en marcha el sistema de apoyo vital. ¡Muévete!

Chur saltó por encima de la mesa y corrió hacia la puerta con un repiqueteo de garras, Pyanfar se volvió, controlando mucho mejor sus movimientos, y la siguió en dirección a los controles. Tirun fue detrás de ella, cojeando, pero Pyanfar no estaba de humor para esperarla. Sentía en el vientre un hormigueo de nervios que le estaba revolviendo el alimento recién ingerido: de pronto todas las elecciones que había hecho hasta ese momento le parecían muy poco de fiar, incluyendo entre ellas el tener suelto a un Extraño ligeramente enloquecido a bordo de una nave en situación de emergencia. Y los knnn tan cerca; y ellas con sus ojos y sus oídos ciegos y sordos ante todo lo que pasaba en el exterior.

Entró en la penumbra del puente y se instaló en el asiento cuyo desgastado respaldo conocía tan bien las dimensiones de su cuerpo, abrochándose el cinturón y oyendo cómo todas las demás se movían a su alrededor: Tirun, Hilfy, Haral. En el comunicador resonaba aUn la voz del kif. A lo lejos oyó a Tully que hablaba con Geran en tono suplicante, intentando transmitir a través del traductor algo que en su origen ya parecía bastante confuso. Empezó a efectuar una serie de comprobaciones internas de las que muy bien habría podido prescindir y miró a sus compañeras.

Haral y Tirun habían ocupado sus asientos y estaban empezando también a comprobar sus aparatos, con el rostro impasible y totalmente absortas en su labor. Hilfy tenía las orejas echadas hacia atrás y sus manos temblaban visiblemente sobre los controles. Bien. Una cosa era enfrentarse al fuego de los kif en Punto de Encuentro y otra, muy distinta, esta larga espera imaginando que en cualquier momento podían empezar los disparos.

—Por favor —dijo repentinamente una voz mahendo’sat en el tablero de Hilfy y unos instantes después en el suyo—, Manténganse alejados de la estación. Pedimos a todas las partes implicadas que mantengan la calma. Sugerimos un arbitraje.

La emisión había sido difundida a máxima potencia y se dirigía a todo el sistema: la estación, llena de seres inocentes refugiados en ella desde todos los confines de Urtur, suplicaba a sus combativos invitados involuntarios que no atacaran.

Y, entre esos seres inocentes, estaba también la tripulación de la Buscaestrellas.

—Ese mensaje debía preceder al otro —dijo Pyanfar pensativa—. Para la estación todo esto pertenece ya al pasado sus palabras se dirigían a Hilfy, intentando con ello que no se le ocurrieran más ideas locas. Tully seguía hablando. Pyanfar se quitó el auricular del oído, eliminando así todas las comunicaciones de esa procedencia confiando en que, si todo lo demás fallaba, la nada despreciable fuerza del brazo derecho de Geran se encargaría de mantener la calma.

—Capitana —era Chur, dirigiéndose a toda la nave—. El sistema de apoyo vital está conectado y la esclusa cerrada otra vez.

—Entendido, Chur —murmuró ella, trabajando en el teclado y revisando los cálculos de trayectoria que había preparado antes—. Dirígele a la sala de operaciones de la cubierta inferior. —Habría preferido tener a Chur en el puente pero Tully necesitaba vigilancia, los kif andaban sueltos por el sistema y el tiempo estaba en su contra; no era un buen momento para ir recorriendo los pasillos. Dio media vuelta en su asiento, aún indecisa. Hilfy, el eslabón más débil, estaba observando la pantalla del comunicador—. ¿Qué están haciendo los kif? ¿Alguna transmisión?

—Negativo —dijo Hilfy con voz bastante tranquila—. Repetición del mensaje. Recibo cierta señal de los sistemas interiores de la nave, por el momento no hay ninguna disrupción perceptible. Los knnn…

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