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El orgullo de Chanur [The Pride of Chanur - es]

Электронная книга - «El orgullo de Chanur [The Pride of Chanur - es]». Краткое содержание книги:

Los comerciantes hani y sus antiguos enemigos, los kif, coexisten en precaria paz en la estación Punto de Encuentro. Hasta que el Extraño aparece y provoca la gran conmoción que acabará poniendo en peligro el pacto interestelar entre diversas especies. La capitana hani Pyanfar Chanur deberá afrontar la persecución de los kif, con la ayuda de los mahendo sat y la constante presencia de los misteriosos knnn. Y todo ello sin olvidar la defensa de la mismísima casa de Chanur en su planeta natal.
Una saga espacial que moderniza lo mejor de la clásica space opera y que da inicio a una tetralogía que hará historia dentro del genero.
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—Capitana. —Una comunicación de abajo, con prioridad uno, hizo aparecer una imagen en pantalla.

Nave a distancia de salto, acercándose, a popa.

—Dioses… —siseó Pyanfar—, Maldición para todos los kif… Hilfy, identificación, deprisa.

Hilfy vaciló durante una fracción de segundo y Tirun ya estaba extendiendo su largo brazo, entrometiéndose en su parte de los controles. Un gemido brotó del altavoz, haciéndole fruncir el ceño a Pyanfar.

—Knnn —dijo Tirun—, capitana, son esos condenados knnn.

—No sabemos si se trata de esos knnn —respondió secamente Pyanfar, agarrando el micro con brusquedad y agitan dolo irritada en dirección a Hilfy—. Estación. La estación, sobrina, y procura despertar.

La luz se encendió en el tablero.

—Adelante —dijo Hilfy, con aspecto inquieto y las pupilas muy dilatadas, haciendo bajar de volumen la señal knnn.

—Aquí la Estación Kirdu —dijo la voz traducida por la máquina—. Elevamos protesta urgente severa por esta entrada. Avance despacio, capitana hani aproximándose.

—Aquí la Orgullo de Chanur, Pyanfar Chanur al habla. Nos estamos acercando con nave sin identificar a popa y con averías, pero no hemos perdido la capacidad de maniobrar. La nave que tenemos detrás puede suponer una amenaza para la estación; sugerimos que su escolta se fije atentamente en ella.

El comunicador permaneció silencioso por un tiempo superior al exigido por la demora de transmisión.

—La escolta está pasando por el punto de regreso —dijo Geran en voz queda desde el otro centro de operaciones—. Capitana, van a pasar de largo junto a nosotras para echarle una mirada a ese bastardo.

Pyanfar vio que estaba en lo cierto y luego se concentró de nuevo en el ordenador, del que brotaban ya nuevas estimaciones sobre la posición de la nave que tenían detrás. Estaba muy cerca y se movía a gran velocidad, sin dar señales de reducirla.

—Tengo un contacto hani —dijo Hilfy—. Tahar.

—Dioses y truenos… —No era una casa amiga de Chanur. Pyanfar recibió la señal en su tablero—. Nave Tahar, aquí Pyanfar Chanur. Manténganse alerta en previsión de problemas. No se dejen coger desprevenidas en el muelle.

—Chanur, aquí Dur Tahar. ¿Se trata de sus problemas?

—De momento no tienen patente especial de propiedad, Tahar. Mi advertencia es que se mantengan lejos de la estación, por si acaso.

—Chanur —la interrumpió la voz mecánica de la estación—, capitana Tahar. Esto, contra reglas. Usen canal estación. Y la estación ordena quedarse. Ningún movimiento salida.

—Nos estamos acercando, estación. Advertimos de que se han perdido vidas y varias naves han sido destruidas. Si esa nave de ahí atrás es knnn, perfecto; pero si no lo es, Kirdu tendrá problemas.

Otra voz, áspera y llena de chasquidos. Kif.

—Ésa viene de una nave atracada en la estación —se apresuró a decir Hilfy—. La recibo en el direccional de la estación.

—¡Capitana! —la voz de Tirun—. La nave que nos sigue está empezando ahora mismo a reducir velocidad. Están frenando.

Pyanfar pestañeó lentamente, como si aquella tenue señal de buenas noticias no lograra penetrar muy bien en su aturdido cerebro.

—Ojalá los dioses hagan que sea una nave knnn —murmuró tragando aire—. Estación, deberían estar recibiendo nuestra señal sin demora; lo explicaremos todo tan pronto como lleguemos y podamos reparar nuestros problemas mecánicos. Les aconsejamos muy sinceramente que tomen las máximas precauciones y consigan una identificación visual de esa nave, aparentemente knnn, acercándose. Tenemos se rías denuncias que presentar.

Silencio de la estación. Lo más probable era que las noticias no les estuvieran alegrando demasiado.

Pyanfar interrumpió la comunicación.

—Bastardos —se pasó la mano por los labios—. Cobardes. —La escolta pasó junto a la Orgullo, dirigiéndose hacía la nave que tenían detrás. Pyanfar se reclinó en su asiento mientras escuchaba los informes.

—Tía —dijo Hilfy por último—, confirmación visual mahendo’sat: es una nave knnn.

—Alabados sean los dioses —murmuró Pyanfar, quitándose el cinturón para poder moverse con mayor comodidad en el asiento. Estaban recibiendo señales de la estación y un torrente de instrucciones para el atraque empezaba a surgir en la pantalla número tres.

Así que detrás de la Orgullo no había ningún kif, sólo un knnn totalmente confundido y hecho un lío. Imaginó brevemente el estado emocional de aquellas extrañas criaturas, metidas de repente en un jaleo mucho mayor del que a los knnn les resultaba tolerable, dada su mentalidad. Quizá fuera una coincidencia, dado que las naves podían surgir en cualquier lugar desde mil destinos distintos. Sí, dioses, resultaba extraño que dos naves aparecieran tan cerca una de otra después de un salto, pero no era imposible. Kirdu tenía un tráfico muy superior al representado solamente por la Orgullo, después de todo: Kirdu era la civilización, al fin.

Su respiración fue calmándose gradualmente mientras observaba el diagrama indicador del camino hacia el muelle. Estaba cansada, desde luego. Le dolían los huesos y le hizo falla un buen esfuerzo de voluntad para efectuar las maniobras del atraque de forma manual y no confiando en los sistemas automáticos para que no la sorprendiera ninguna avería inesperada.

Por su mente estaban empezando a formarse ya todas las posibles discusiones a mantener con la nave Tahar: un préstamo, lo que fuera necesario para llevar a cabo las reparaciónes de la Orgullo, pagarlas y salir a toda prisa de Kirdu. Ya tenían averías más que suficientes y, por encima de todo, no les hacía ninguna falta quedarse aquí de modo prolongado.

Si tenían mucha, mucha suerte, los kif estarían ahora viéndoselas con cierto knnn que había recogido algo del espacio en Urtur; y quizás ese knnn no encontrara nada divertida una broma hani. El gran hakkikt Akukkakk estaría todavía menos dispuesto a saborear esa broma en su justo valor, pero habría tenido que perder un buen rato negociando con los knnn para que le permitieran echarle un vistazo a lo que habían encontrado; y luego habría pasado un rato todavía menos agradable con los demás kif. Sí, realmente habría sido un rato nada agradable. A decir verdad, Pyanfar se encontraba bastante satisfecha.

Pero se habían encontrado un knnn nada más salir del salto, casi chocando con él. Dioses, ¿acaso poseían aparatos capaces de permitir tal tipo de rastreo?

La voz de la nave knnn resultaba tan distante y extraña como la que habían duplicado en Urtur para escudo y disfraz de la Orgullo.

Sólo los dioses sabían el mensaje que había estado transmitiendo a cualquier knnn que las escuchara: «¿Seguidme?» «¿Ayudadme?» ¿Quizás algo mucho menos amistoso?

Quizá los tc’a lo supieran pero la estación de Kirdu no contaba con ningún tc’a dispuesto a responder esas preguntas.

Cuando llegaron al muelle ocuparon una posición paralela a la de la nave Tahar. Kirdu, al parecer, deseaba tener bien juntos todos sus problemas hani, asignándoles diques contiguos. En parte ello era bueno pues les permitía hablar sin testigos, pero en parte no era nada bueno porque hacía de las dos naves un solo blanco.

—¿Dónde están los kif? —le preguntó Pyanfar sin miramientos a la estación, desdeñando todo posible rodeo—. No pienso meter la nariz en la estación sin saber cuáles son sus diques.

—Números veinte y veintiuno —le informó la estación—. En números intermedios mahe y stsho, no hay problema, no hay problema, capitana hani. Por favor, ocupe dique.

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