El orgullo de Chanur [The Pride of Chanur - es]
- Автор: Черри Кэролайн Джэнис
- Год: 1988
- Язык: испанский
- Год: Ediciones B
- ISBN: 84-7735-856-7
- Переводчик: Albert Sole
- Жанр: Научная фантастика
Электронная книга - «El orgullo de Chanur [The Pride of Chanur - es]». Краткое содержание книги:
Una saga espacial que moderniza lo mejor de la clásica space opera y que da inicio a una tetralogía que hará historia dentro del genero.
—¡Ahora, Haral! ¡En nombre de los dioses, hazlo!
Los instrumentos parpadearon y las pantallas repletas de estática se fueron aclarando con algo parecido a la indignación. Un alarido ininteligible brotó del comunicador. Tully, pensó repentinamente Pyanfar: las drogas no habían actuado con la rapidez suficiente. Le habían traicionado, igual que los kif.
Una imagen apareció en la primera pantalla: Alijuun. La estrella había sido encuadrada correctamente y la identificación era positiva.
—¡Bien! —gritó Pyanfar, de puro alivio, apretando el botón del salto prolongado. Su voz se fue enredando hasta convertirse en una madeja de muchos colores que se abría paso lentamente a través de los intersticios que había ante ellos. El salto, con su acostumbrada sensación de náusea, las engulló a todas.
6
…Y de nuevo fueron escupidas al espacio, a un lugar distinto visto entre sombras confusas. Un parpadeo multicolor ante sus ojos: la pantalla, los instrumentos automáticos buscando, registrando. Sigue consciente, no te apagues ahora, ahora no, mantén la mano en los controles…
—Funcionando —dijo una voz casi inaudible. Haral, trayéndola de vuelta desde la eternidad.
—Oh, dioses… —Otra voz distinta. ¿Hilfy? Una estrella apareció encuadrada en la pantalla y luego se esfumó.
—Comprobar referencias —dijo Pyanfar mientras sus ojos extraviados buscaban entre los instrumentos. Una luz roja encendida.
—Tengo un problema —dijo Haral, despertando un escalofrío en su columna vertebral—. No consigo identificación positiva de las referencias.
—Mantén el curso —empezó el proceso de anular el segundo salto, reduciendo la velocidad lo suficiente para que los sensores de búsqueda lograran situarse. Un gemido detrás de ella ante el brusco frenazo: sus manos temblaron sobre los controles, vacilando a centímetros del botón.
—Dioses, hemos fallado —gimió Haral, y unos segundos después oyó a Tirun:
—¡Anulad el salto! ¡Vamos hacia una masa!
Ante ellos se alzaba una forma oscura, la masa que les había arrancado de su salto, a punto de chocar con ellas. Los sensores se dieron cuenta de la inminencia de la colisión y las alarmas empezaron a sonar por toda la nave. Pyanfar redujo la velocidad, aún más bruscamente, torciendo el gesto al ver cómo las pantallas se cubrían de estática y una de ellas se apagaba. Algo se había roto.
—Girando —advirtió a la tripulación. La Orgullo se desvió y la sangre se agolpó de nuevo en la nariz de Pyanfar, en tanto que sus articulaciones, sus órganos y sus músculos se esforzaban, cada uno aparentemente en una dirección distinta. Lanzó un bufido y luchó con los músculos de sus ojos para no perder su foco visual, tensando los doloridos músculos de su mano para no alejarla de los controles. El monitor mostraba una distancia mínima pero suficiente. Pyanfar dejó que la nave siguiera su curso, casi rozando el obstáculo.
Una voz kif en el comunicador.
—Identificación: urgente —alguien estaba esperando también aquí, otro de los largos brazos de Akukkakkt montando guardia.
—Tía —la voz de Hilfy, muy débil, con un burbujeo líquido—. Kif…
—Lo he oído —Pyanfar resopló, oliendo a sangre o a sudor, lamiéndose los labios y percibiendo un regusto salado. En las pantallas aparecía una masa oscura suspendida sobre ellas muy cerca, increíblemente cerca. Ahora seguían emitiendo la canción knnn, un gemido que subía y bajaba por toda la escala musical, una mezcla de llanto y chasquido; eso debía engañar a los kif, era preciso. Haral y Tirun hablaban frenéticas entre sí, haciendo funcionar los sensores en busca de una salida.
—¡Lo tengo! —exclamó Haral de repente. Una estrella apareció en las referencias de la pantalla.
—No lo conseguiré —dijo Pyanfar. La masa estaba demasiado cerca. Ahora no tenían otra elección: debían pasar junto a ella esperando que…
—Identificación —insistió la voz del kif.
Los instrumentos se encendieron de pronto y las pantallas se cubrieron de estática.
—Eso fue un disparo —le dijo Pyanfar a Hilfy—. Gracias a los dioses, cayó por cierto en nuestra antigua trayectoria.
Un segundo destello: la Orgullo había devuelto el fuego de modo automático. Las alarmas sonaron de nuevo en un crescendo de terror mecánico.
—Proximidad de masa —dijo Pyanfar por el comunicador general en beneficio de quienes estuvieran abajo—. No vamos a chocar.
De pronto sintieron el sólido influjo de la masa cercana: una repentina variación en todos los instrumentos que registraban la relación masa/impulso, una floración de luces rojas y una marea de estática en la pantalla número cuatro: la masa de Punto Kita, un trozo de roca y cenizas que apenas si irradiaba calor en la oscuridad del espacio, sin ninguna luz, solitaria y lejos, demasiado lejos para que la Orgullo la arrastrara en su salto.
En las pantallas aparecieron destellos luminosos, enormes manchas que parecían brillar tanto como el sol en mitad de aquellas tinieblas, iluminando la superficie de Kita. La roca que se habían llevado en su salto desde Urtur no había cambiado de rumbo y se estaba estrellando ahora en la masa oscura con velocidad casi lumínica, creando unos fuegos artificiales que ardían como flores en las tinieblas.
Pasaron velozmente por entre la pirotecnia y salieron despedidos como un proyectil de la honda con una torsión que hizo afluir nuevamente la sangre a la garganta de Pyanfar. Todo se volvió gris…
…Otra vez consciente.
—¡Haral!
Un instante de frenética locura.
—¡Ahí! —su punto de referencia había vuelto a surgir en la pantalla. Una voz kif crujiendo, hablando con un considerable retraso a lo que debían estar recibiendo: entonces, había una segunda nave, fuera del cénit de Kita.
Una marea de fuego las golpeó.
Pyanfar conectó otra vez los impulsores al máximo con el aullido de los kif resonando en sus orejas y la estática que brotaba de todo el instrumental arrastrada en la estela de aquel caos. Intentó con todas sus fuerzas no perder la orientación y muy lentamente extendió su brazo dolorido mientras que la materia se deshacía a su alrededor y la nave, con todas ellas, yacía desnuda en el espacio intermedio y el tiempo se divertía con sus sentidos. Era imposible que los kif hubieran conseguido seguirlas. Habían pasado por el sitio más difícil y lo habían conseguido. Después de Kita deberían elegir un destino entre tres y luego de ése sería uno entre otros dos y las posibilidades se irían multiplicando. A los kif les costaría cada vez más reunir el número de naves necesario para seguir a la Orgullo.
—Nos vamos —dijo Haral y sus palabras parecieron prolongarse a través del infinito, despojadas de toda emoción hasta perderse en la nada. Eso ocurría cuando una nave se perdía, cuando daba un salto y fuego no conseguía salir de él. Quizás un limbo matemático; quizá caía de cabeza en el infierno mahendo’sat, donde demonios de cuatro brazos inventaban horrores siempre nuevos. Pyanfar vigilaba la pantalla, esperando que la imagen se perdiera. Tal vez el impacto había estropeado los motores, robándoles parte de su capacidad, quizás ahora se extraviaran para siempre…
…Segunda llegada, una cegadora caída de los sentidos hasta el aquí y el ahora, otra vez. Pyanfar se acercó al panel y ordenó una búsqueda en todos los monitores. En el comunicador se oía ya una señaclass="underline" la baliza del sistema Kirdu, una asombrosamente bella voz mahendo’sat indicando la zona de salto.
—¡Lo logramos! —gritó Hilfy—. Lo logramos.
—Recepción clara, estamos dentro de la zona —dijo Pyanfar con orgullo mal disimulado. Accionó los motores para reducir velocidad y su orgullo se fue evaporando al darse cuenta de que el impulso vacilaba, no siendo tan fuerte como debería.