El orgullo de Chanur [The Pride of Chanur - es]
- Автор: Черри Кэролайн Джэнис
- Год: 1988
- Язык: испанский
- Год: Ediciones B
- ISBN: 84-7735-856-7
- Переводчик: Albert Sole
- Жанр: Научная фантастика
Электронная книга - «El orgullo de Chanur [The Pride of Chanur - es]». Краткое содержание книги:
Una saga espacial que moderniza lo mejor de la clásica space opera y que da inicio a una tetralogía que hará historia dentro del genero.
—Otra vez, Tully, dilo otra vez. De un modo distinto.
—¡Dormir! Necesito dormir en salto.
—Ah, igual que los stsho. También ellos necesitan dormir entonces. Sí. Ya lo entiendo. Te daremos drogas para que duermas, no tengas miedo.
Había empezado a temblar. De pronto sus ojos empezaron a llenarse de líquido y el intruso agachó la cabeza, limpiándoselos en silencio. Nadie habló, comprendiendo lo intenso de sus emociones en aquellos instantes. Quizás él se dio cuenta del silencio porque de pronto, con un gesto brusco, cogió su cuchillo y pinchó con él un pedazo de carne que tenía en el plato. Se lo llevó a la boca y empezó a masticar, sin levantar nunca la cabeza.
—Necesitas drogas para dormir —dijo Pyanfar—, y los kif te hicieron pasar el salto sin ellas. Eso es lo que hicieron, ¿verdad?
Él la miró.
—¿Estabas solo al empezar todo, Tully? ¿Había otros contigo?
—Muertos —dijo él con la boca llena, tragando con dificultad—. Muertos.
—Estás seguro de ello.
—Estoy seguro.
—¿Hablaste con los kif? ¿Respondiste a sus preguntas?
Una negativa con la cabeza.
—¿No?
—No —dijo Tully, bajando nuevamente los ojos hasta esconderlos bajo sus pálidas cejas—. Dimos un = erróneo a su traductor.
—Cómo, ¿palabras erróneas?
Seguía teniendo el cuchillo en la mano, con un trozo de carne en éclass="underline" se había olvidado de la comida.
—Manipuló su traductor para que no funcionara —exclamó Tirun, encantada—. ¡Dioses!
—¿Y el nuestro no? —le preguntó Pyanfar.
Los ojos de Tully buscaron su rostro.
—Pensé que te apresuraste mucho a entrar aquí —dijo Pyanfar—. Qué Extraño tan listo… Hablaste de nosotros.
Entonces, al principio había más de vosotros en manos de los kif.
—Los kif cogen cuatro de nosotros. Nos llevan a través del salto sin medicina, despiertos, ¿entiendes?, tampoco nos dan comida buena y poca agua, nos hacen trabajar ante teclado de su traductor igual vuestro. Sabemos lo que quieren de nosotros. Trabajamos despacio, hacemos no entender teclado, no entender los símbolos, trabajo muy despacio. Dan muy poco tiempo. Nos pegan mucho, nos sacuden mucho, nos hacen trabajar en la máquina, trabajar rápido. Trabajamos todo mal en máquina, hacemos muchas palabras equivocadas, esta palabra por esa otra palabra, cinta larga, larga; algunas bien, muchas mal. Un día, dos, tres… lodo mal. —Una mueca fugaz retorció sus rasgos—. Hacen funcionar cinta y nosotros más error. Entienden lo que hacemos, cogen uno de nosotros, la matan. Nos pegan mucho a todos. Nos dan otra vez mismo trabajo, hacer cinta que quieran. Hacemos cinta dos mal, equivocada distinto. Los kif matan luego otro de mis amigos. Yo, un hombre nombre Dick James, dos en nave que viene a estación. Nos hacen conocer ese Akukkakk, él viene bordo nave vernos. Él… —Otra convulsión del rostro, un gesto incomprensible—. Él… coge brazo mi amigo, rompe, rompe muchas veces dos brazos, pierna, yo hago lucha con él, nada bueno, me pega… sale fuera. Y mi amigo… pregunta… le mato, ¿entiendes? Yo lo hago; mato mi amigo, = kif ya no más daño él.
Ahora en la mesa reinaba un silencio mortal. Pyanfar carraspeó levemente. Las demás guardaban silencio con las orejas pegadas al cráneo y las pupilas muy dilatadas.
—Vienen —prosiguió Tully en voz baja—. Encuentran mi amigo muerto. Kilos = enfadados, me pegan, me traen hacia segunda nave. Fuera. Muelles. Corro. Corro mucho tiempo. Vengo vuestra nave. —Agachó la cabeza y luego las miró con una pálida sonrisa de mahendo’sat—. Hago teclado bien vosotras.
—Ese kif está buscando sangre —dijo Haral.
—Tully —le dijo Pyanfar—. Entiendo el que tengas mucho cuidado al responder a las preguntas sobre tu lugar de origen. Pero apostaría a que tu espacio está cerca de los kif. Escúchame; creo que tu nave se metió entre ellos y ahora saben que existe una especie capaz de viajar por el espacio cerca de sus territorios, una especie a la que pueden robar a placer, o a la que tienen un miedo mortal pues quizá represente un peligro para ellos. No sé cuál es la verdad pero eso es lo que desean de ti, me atrevería a jurarlo. Quieren saber más de ti. Y tú lo sabes. Y no sientes muchos deseos de hablar con nosotras sobre todo eso.
Tully permaneció muy quieto durante unos segundos.
—Mi especie es humana —Pyanfar oyó la palabra pronunciada en su propia lengua.
—Humana.
—Sí, ellos intentan preguntarme. Yo no digo; hago no entiendo.
—Tu nave no tenía armas. ¿No lleváis armas?
Ninguna respuesta.
—¿Ignorabais que pudiera haber peligro?
—No conocemos este espacio, no. Salto largo. Dos saltos. = oímos transmisión.
—¿Kif?
Sacudió la cabeza, diciendo que no a su manera.
—Oigo… —Señaló hacia el comunicador, que permanecía callado—. Eso. Hace ese sonido.
—¡Por todos los dioses! Eran knnn.
Se tocó el oído.
—Dilo otra vez. No entiendo.
—Knnn, un nombre. Una especie. Respiran metano. Estabas en territorio knnn. Las noticias son cada vez peores, amigo mío. El espacio knnn se encuentra entre los stsho y los kif.
—Capitana —dijo Geran—, sería capaz de apostar con un chi a que los stsho andan metidos en todo esto. Era su estación, después de todo, donde los kif andan con toda libertad en público por el muelle. Me atrevería a decir que los kif no tendrán que responder a ninguna pregunta ante los stsho.
Pyanfar asintió, pensativa, recordando su entrevista en la oficina stsho y el cambio que se había producido. Una sonrisa de bienvenida, esos impasibles ojos color de piedra lunar, esas delicadas y pálidas cejas. Sintió un escalofrío en la espalda.
—Lo cierto es que los stsho harían la vista gorda ante todo lo que oliera a problemas. Chiquilla —dijo, viendo las orejas de Hilfy pegadas a su cráneo, y sus pupilas dilatadas al máximo—, presta atención: así se portan nuestros amigos y aliados por esta zona. Que los dioses los pudran… Anda, come.
Tully removió inquieto el contenido de su plato, concentrándose de nuevo en él y Pyanfar, aún pensativa, masticó lentamente un bocado de carne.
Knnn, kif, stsho, Dioses, todo había entrado en ebullición cuando el Extraño, el humano, había caído de golpe dentro del caldero. Seguía notando un molesto y helado escozor en la espalda, como un viento frío surgido de la nada. El muelle en Punto de Encuentro con su extraña atmósfera, todos intentando afanosamente no ver ni oír nada fuera de lo normal, con un fugitivo suelto y los kif de caza.
No había nada especialmente malo en los stsho, salvo su deseo de evitarse problemas. Siempre se habían portado así, pero en el fondo eran realmente distintos. No había ningún hani capaz de entender sus complicados modelos y rituales de conducta. Y ahora, si los knnn andaban metidos en algo con los kif… ¡Dioses!
Tenía la boca seca y para tragar la carne tuvo que tomar un sorbo de efe. Volvió a llenarse la copa. Tully comía con auténtico apetito, por lo que parecía. La comida iba desapareciendo a lo largo de toda la mesa y los platos circularon para ofrecerles una segunda ración.
—Voy a darle ciertas tareas a Tully —dijo—. Está claro que no puede leer, pero hay ciertas cosas que puede hacer —Tully la estaba mirando—. Sobrina —añadió—, ya no eres la más joven a bordo de la Orgullo en este viaje. Eso debería hacerte feliz.
El rostro atezado de Hilfy se descompuso en una mueca de inquietud.
—¿Es él el más joven?
—Un trabajador lleno de entusiasmo —dijo Pyanfar, arrugando la nariz—. Y, a partir de ahora, estará en parte bajo tu responsabilidad.
—Tía, yo…
—Ya te he dicho cuál es la situación, sobrina. ¿Me has entendido? Ya sabes con qué nos las estamos viendo y cuál es el precio del juego, ¿no?