El orgullo de Chanur [The Pride of Chanur - es]
- Автор: Черри Кэролайн Джэнис
- Год: 1988
- Язык: испанский
- Год: Ediciones B
- ISBN: 84-7735-856-7
- Переводчик: Albert Sole
- Жанр: Научная фантастика
Электронная книга - «El orgullo de Chanur [The Pride of Chanur - es]». Краткое содержание книги:
Una saga espacial que moderniza lo mejor de la clásica space opera y que da inicio a una tetralogía que hará historia dentro del genero.
—Uruus —dijo Chur con una sonrisa maligna, pinchándole suavemente el brazo con una garra para atraer su atención, señalando hacia la carne—. El mismo animal que le daremos a los kif.
Tully puso momentáneamente cara de no entender, pinchó el filete con su cuchillo y alzó los ojos de nuevo hacia el rostro sonriente de Chur.
—¿El mismo?
—El mismo —le confirmó Chur. Tully puso una cara bastante rara y luego siguió comiendo. Rió brevemente para sí mismo, con su habitual alegría de loco, los hombros encorvados y su atención totalmente concentrada en la comida, apartando los ojos de ella sólo los segundos necesarios para fijarse en las demás e intentar usar los cubiertos al estilo hani.
—¿Bueno? —dijo Pyanfar, rompiendo el silencio general. Tully alzó la vista de inmediato, mirándolas a todas por turno, sin saber quién había hablado. El traductor que resonaba en su oído carecía de personalidad—. Yo, Pyanfar. ¿Todo bien, Tully? ¿Te gusta esta comida, es la adecuada?
—Sí —respondió él—. Estoy hambriento. —Hambriento, dijo sin la menor pasión el traductor en su oído pero la expresión de su rostro en esos instantes lo decía todo al respecto. Los golpes parecían destacar aún más bajo la luz blanca de la habitación y la angulosa osamenta de su cuerpo se hubiera dicho a punto de romper la piel de sus hombros y costillas.
—Dice que casi siempre tiene frío —intervino Chur—. Después de todo carece de nuestra protección natural. Intenté ponerle una chaqueta pero es demasiado pequeña para él. Me la ha pedido, dice que la abrirá un poco. Quizá sería mejor empezar dejándole algo de Haral.
—Seguiría resultando demasiado pequeño para esos brazos —dijo Haral, contemplándole con expresión pensativa—, pero veré lo que puedo encontrar.
—Frío —dijo Tully, comprendiendo muy poco de la conversación.
—Lo estamos intentando, Tully —dijo Chur—. Le acabo de pedir eso mismo a Haral, ¿entiendes? Puede que encontremos algo para ti.
Tully asintió.
—- —dijo con cierto abatimiento y luego el rostro se le iluminó—. Bueno. ¡Bueno! —dijo, señalando a la comida.
—No te estarás quejando, ¿verdad? —comentó Pyanfar—. No… ¡dioses!
Del comunicador brotó repentinamente una canción knnn y Tully dio un salto. Todas contemplaron con expresión algo inquieta el altavoz y Pyanfar dejó escapar un lento suspiro cuando quedó claro que la transmisión estaba toda en knnn. Sólo Tully siguió con los ojos clavados en el comunicador.
—No es nada —dijo Pyanfar—. Otra vez los knnn. Lo desconectaré enseguida. —Miró a las demás, el rostro nuevamente serio y la mente concentrada en el trabajo—. Tenemos preparado un rumbo, por si llegara a ser necesario. Está en el ordenador para cuando haga falta. Y acabará haciendo falta. Chur, Tully y yo estuvimos preparando una pequeña distracción, un regalo para los kif que les costará perder velocidad crítica si quieren apoderarse de él. Lo preparamos de modo que tenga un aspecto atractivo para sus sensores.
Un momento de silencio.
—¿Puedo hablar? —preguntó Hilfy.
Pyanfar asintió sin más comentario.
—¿Adonde? —dijo Hilfy—. Si vamos a salir corriendo, ¿hacia dónde iremos? ¿Otra vez a Punto de Encuentro?
—No. Claro que estuve pensando en ello como una manera de hacerle perder la pista a los kif, pero cuando empecé a pensarlo detenidamente una y otra vez… Estuvimos a punto de no conseguirlo en el trayecto hacia aquí con toda la masa de Urtur para guiarnos y por mucho que recemos no hay modo de conseguirlo invirtiendo el camino con la poca masa de Punto de Encuentro para guiarnos. He estado trabajando mucho con los rumbos posibles y no hay otra solución que Kirdu, en dos saltos. Es una estación grande y puede que allí tengamos ayuda disponible.
—Los kif se lo habrán imaginado también —dijo Geran—. Nos interceptarán en Kita.
—Pues daremos los saltos a toda velocidad —dijo Pyanfar, tomando un sorbo de efe—. No hay otro modo, Geran, absolutamente ninguno.
—Dioses —musitó Chur con muy poca diplomacia. Hilfy parecía inquieta y sus ojos no se apartaban de las demás, que tenían más experiencia. Tully había dejado nuevamente de comer y también él las miraba, entendiendo parte de la conversación.
—Un salto consecutivo al inicial —le dijo Pyanfar a Hilfy—. Ningún retraso para tiempo de recuperación, ninguna disminución de velocidad en el intervalo y, bien lo saben los dioses, bastante riesgo en cuanto al lugar adonde vayamos a parar: puede que nos llevemos en el salto parte de este polvo y rocas. Pero el riesgo sigue siendo preferible a quedarnos aquí sentadas mientras la población kif sigue aumentando. Debemos llegar a un punto de salto: Kita. Después del Punto Kita los kif tendrán que escoger entre tres destinos posibles para nosotras: Kura, Kirdu y Maing Tol. Puede que acaben acertando, pero deberán enviar algunas naves para cubrir las otras dos posibilidades.
—Estamos yendo a casa —dijo Hilfy, no muy segura.
—¿Quién habló de ir a casa? Vamos a resolver este lío, eso es lo que haremos. Vamos a encargarnos de unos cuantos kif buscando un lugar en el que nos sea posible encontrar aliados. Eso es lo que haremos.
—Entonces, la nave Faha; podríamos avisarles.
—Cómo, ¿piensas ir diciendo por ahí cuál es nuestro destino? También ellas imaginarán que nuestra mejor esperanza es Kirdu y probablemente irán allí.
—Podríamos avisarles. Aquí, ahora. Darles una oportunidad para que huyan.
—Saben cuidarse de sí mismas, como ya han demostrado en otras ocasiones.
—Después de que fuéramos nosotras las que trajimos aquí el problema.
—Ésa es mí decisión —dijo Pyanfar.
—No estoy de acuerdo y creo que…
—No podemos ayudarlas meramente yendo hacia ellas. Y si no es yendo hacia ellas, ¿cómo piensas enviarles un mensaje? Lo único que podemos conseguir de ese modo es empeorar su situación. ¿Me has entendido?
—Lo he entendido —sus orejas se pegaron al cráneo y luego volvieron a erguirse con un leve esfuerzo. El silencio era absoluto y sólo lo rompía el gimoteo de los knnn, motivado por lo que les impulsaba a cantar, fuera lo que fuera.
Y de pronto el gimoteo se detuvo.
—¡Dioses! —murmuró Haral irritada, con sus ojos llenos de preocupación fijos en el otro extremo de la mesa, Pyanfar le devolvió su mirada y luego observó al Extraño.
—Pyanfar —dijo Tully, que sostenía su copa como si se hubiera olvidado de ella, con algo parecido al pánico en su expresión, obviamente cada vez más deseoso de hablar e incapaz ya de contenerse—. ¿Yo hablo? —le preguntó. Pyanfar asintió—. ¿Qué movimiento hará esta nave?
—Nos acercaremos más a nuestro territorio, al espacio hani. Vamos hacia donde los kif no puedan seguirnos tan fácilmente, hacia donde hay demasiado tráfico hani y mahendo’sat como para poder atacarnos igual que ahora. Un sitio mejor, ¿entiendes? Más seguro.
Dejó la copa sobre la mesa haciendo un gesto impreciso con su mano de largos dedos carentes de uñas.
—Dos saltos.
—Sí.
—=. Necesito =, capitana -.
Ahora estaba muy nervioso, terriblemente inquieto. Pyanfar tomó aire intentando calmarle con un gesto.