El Asesino de la Carretera
- Автор: Эллрой Джеймс
- Язык: испанский
- Жанр: Триллеры
Электронная книга - «El Asesino de la Carretera». Краткое содержание книги:
Nacido en Los Ángeles en los años cincuenta, su adolescencia es extraña y compleja, hasta el punto de que, en cierto modo, acaba provocando el suicidio de su madre. A raíz de este suceso, queda bajo la tutela de un oficial de policía, de quien aprende justo lo que no debía: el oficio de ladrón. Martin tiene una inteligencia extraordinaria y cierta tendencia al aislamiento, por lo que va construyendo sus obsesiones mientras continúa con los atracos. Tras pasar un año en la cárcel, comete su primer asesinato.
En la película mental en blanco escribí SÍ SÍ SÍ SÍ SÍ. DIME QUÉ TENGO QUE HACER.
La Sombra Sigilosa dijo: «Abre los ojos.» Obedecí y Lucretia y él estaban allí, desnudos. Yo estaba memorizando sus cuerpos cuando la S. S. me increpó con el tono de voz más duro que había utilizado nunca conmigo. «Somos unos padres de fantasía a los que has utilizado desde la infancia. Te damos lo que necesitas para que hagas lo que tengas que hacer. Has experimentado lo que algunos llaman brote psicótico. En realidad, tarde o temprano habrías hecho premeditadamente lo que acabas de hacer.»
La Sombra Sigilosa calló unos instantes para que yo respondiera y escribí: «¿Por qué?»
«Eres un asesino, Martin», dijo.
Era la primera vez que me llamaba por mi nombre.
Le rogué que lo repitiera, para saber bien lo que tenía que hacer. Él accedió.
«Eres un asesino, Martin.»
«Eres un asesino, Martin.»
«Eres un asesino, Martin.»
Me gané el título. El destino me tintineaba en el oído y mi padre de fantasía, como él mismo se había descrito, me conducía paso a paso. Primero limpié todas las superficies que pudiese haber tocado; luego destruí las pruebas forenses de mis hachazos profanando los dos cuerpos en los lugares donde los había cortado, utilizando un cuchillo de cocina y un mazo de la carne para confundir las marcas de los hachazos y los puntos de impacto. Fue un trabajo chapucero y sucio, pero obligué a mi cerebro a considerarlo tedioso. Cuando terminé, me lavé las manos, me quité los pantalones empapados de sangre, me puse un mono que encontré en el armario de Steve y envolví mi ropa y mi calzado en siete capas de plástico de bolsa de basura. Con los pies descalzos y libres de material ajeno, recogí el hacha y la canana y consulté el reloj. Eran las tres y dieciséis minutos. Apagué las luces y salí del apartamento. La calle estaba desierta. Fui a casa y me dormí viendo colores.
De la portada del San Francisco Examiner, 4 de septiembre de 1974:
PAREJA ASESINADA EN UN APARTAMENTO
DEL DISTRITO DE RICHMOND
Los cuerpos horriblemente mutilados de dos jóvenes, un hombre y una mujer, fueron descubiertos anoche en el apartamento del hombre. La policía acudió tras la llamada de los vecinos que se quejaban de «olores extraños» procedentes del apartamento de la planta baja del número 911 de la calle Veintiséis.
«Sabía que allí dentro había algo muerto», dijo Thomas Frischer, del 914 de la calle Veintiséis a los sanitarios que acudieron a retirar los cadáveres. Tras echar la puerta abajo, los agentes encontraron los cuerpos del inquilino del apartamento, Steven Sifakis, de 31 años, mecánico de la terminal de la Pan-American en el aeropuerto internacional de San Francisco, y de su novia, Jill Eversall, de 29, empleada en la agencia de colocación Mighty-Man. En unas declaraciones en exclusiva a los periodistas del Examiner, el sargento W. D. Sternthall, del DPSF y jefe de la unidad que respondió a la llamada de «problemas desconocidos», dijo: «Supe que allí dentro habría personas muertas, por lo que me puse un pañuelo en la nariz antes de entrar. Cuando vi los cuerpos, lo primero en lo que pensé fue en los asesinatos de Sharon Tate y sus amigos, ocurridos hace cuatro o cinco años. La escena era increíble. La cocina estaba cubierta de sangre seca y en el suelo había un hombre muerto con el cráneo aplastado, pero eso no era lo peor. En el umbral de la puerta de la cocina había una mujer muerta. La habían decapitado y la cabeza estaba en la alfombra de la sala. Vi el arma homicida, un cuchillo de cocina, en el suelo de la cocina, cerca del cadáver del hombre, y mandé a mi compañero a la patrulla para que avisara por radio a los detectives y al forense.»
Pronto el tranquilo barrio de Richmond se vio inundado por las luces giratorias de los coches policiales. Ocho equipos de patrulleros empezaron a peinar la zona casa por casa y Willard Willarsohn, forense adjunto, examinó los cuerpos y atribuyó la causa a «un trauma masivo causado por repetidos cuchillazos y la posterior hemorragia». Willarsohn añadió que la pareja llevaba muerta cuarenta y ocho horas como mínimo, tal vez incluso cincuenta y dos.
Mientras se realizaba un amplio interrogatorio de los vecinos, se contactó con los amigos, familiares y jefes de los fallecidos. Cuando las expresiones de conmoción, dolor y rabia remitieron, los agentes encargados de la investigación se enteraron de lo siguiente:
Uno: Sifakis y la señorita Eversall eran amantes desde hacía mucho tiempo y fueron vistos con vida por última vez en el Molinari Delicatessen, en North Beach, el lunes 2 de septiembre a las 19.30, cincuenta y una horas antes de que se descubrieran sus cadáveres. Dos: ambas víctimas eran conocidas por sus inexplicadas ausencias laborales. Por eso, ninguna de las personas que trabajaba con ellas pensó en denunciar su desaparición. Un amigo de la pareja que quiere mantener el anonimato dijo a nuestros reporteros: «Stevie y Jill eran unos fiesteros. Les gustaba colocarse y pasarlo bien, y eran muy descuidados a la hora de escoger compañía. Recogían autoestopistas y, bueno, a Jill le gustaba cambiar de pareja. Stevie solía beber con los moteros de Oakland y creo que va a ser un caso difícil de resolver, porque los dos conocían a mucha gente de paso.»
Mientras, sin ninguna pista clara, la policía está ampliando sus esfuerzos y un portavoz del DPSF ha anunciado: «Éste es un crimen importante y se le prestará mucha atención. Llamamos a los ciudadanos de San Francisco para que aporten información que pueda resultar de ayuda en nuestras investigaciones y no cejaremos hasta que el asesino o asesinos estén entre rejas.»
De la portada del San Francisco Chronicle, 6 de septiembre de 1974:
SIN PISTAS EN LOS ASESINATOS DE RICHMOND
SE INTERROGA A LOS AMIGOS DE LAS VÍCTIMAS
A pesar de haber realizado una amplia investigación, la policía apenas ha hecho progresos en la resolución de los brutales asesinatos de Jill Eversall y Stephen Sifakis, que el miércoles por la noche fueron hallados muertos a cuchilladas en el apartamento de Sifakis, sito en la calle Veintiséis. Según el jefe de detectives Douglas Lindsay, del DPSF, las cincuenta horas transcurridas entre el crimen y el hallazgo de los cadáveres juega a favor del asesino o asesinos, y el estilo de vida de las víctimas plantea importantes problemas en la investigación. En unas declaraciones oficiales hechas esta mañana a los medios en el ayuntamiento, Lindsay ha dicho:
«Con los elementos básicos corroborados, puedo decirles lo siguiente: el señor Sifakis y la señorita Eversall fueron vistos solos por última vez el lunes por la noche en North Beach y se encontraron con el asesino o asesinos en algún lugar entre el restaurante y el apartamento del señor Sifakis. Pese a los amplios llamamientos públicos y al interrogatorio de prácticamente todos los habitantes en un radio de ocho manzanas alrededor del apartamento, no hemos encontrado testigos. Nadie vio a las víctimas en compañía de otra persona o personas. Las únicas huellas que se han hallado en el apartamento pertenecen a las propias víctimas o a conocidos suyos que ya han sido descartados como sospechosos. Hemos encontrado el arma asesina -un cuchillo de cocina con filo de sierra- en el escenario del crimen y creemos que fue lo que utilizó el asesino para decapitar a la señorita Eversall. Al señor Sifakis, que murió de varios golpes en la cabeza, le mutilaron el cráneo con el cuchillo una vez muerto, pero creemos que, en su caso, el arma asesina fue un mazo de acero para la carne, también de la cocina de la casa. Los técnicos forenses han examinado concienzudamente el apartamento sin obtener información de importancia y hemos descartado el móvil del robo ya que, tras hacer un inventario de los objetos de la casa con amigos del señor Sifakis, se ha llegado a la conclusión de que no falta nada. Ningún vecino oyó los hechos, que debieron de ocurrir de manera repentina para que nadie oyera la carnicería.