Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Исторические любовные романы » El Diario Secreto De La Señorita Miranda Cheever
El Diario Secreto De La Señorita Miranda Cheever - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

El Diario Secreto De La Señorita Miranda Cheever

Электронная книга - «El Diario Secreto De La Señorita Miranda Cheever». Краткое содержание книги:

A la edad de diez años, Miranda Cheever no mostraba indicios de Gran Belleza. E incluso a los diez, Miranda aprendió a aceptar las expectativas que la sociedad tenía para ella… hasta la tarde en que Nigel Belvestoke, el guapo y gallardo vizconde Turner, besó su mano solemnemente y le prometió que un día ella se convertiría en ella misma, que un día sería tan hermosa como inteligente.
E incluso a los diez años, Miranda supo que lo amaría para siempre.
Turner siempre ha considerado a Miranda como de la familia. Tras un desastroso matrimonio, Turner sabe que el amor que pudiera sentir lo destruyeron las infidelidades de su difunta esposa.
Pero a pesar de su cinismo, Turner se sorprende a sí mismo al darse cuenta del incontrolable deseo que Miranda empieza a despertar en él.
1 ... 22 23 24 25 26 27 28 29 30 ... 72
Перейти на страницу:

– ¿Qué pasa contigo?

La miró de manera insulsa.

– ¿Disculpa?

– He estado trabajando con cada aliento de mi cuerpo para que esos dos formen pareja, y lo estás arruinando todo.

– No te pongas dramática -dijo con un breve movimiento de cabeza-. Sólo voy a comprar guantes. No detendrá una boda, si de verdad hay alguna inminente.

Olivia frunció el ceño.

– Si no te conociese bien, pensaría que estás celoso.

Por un momento, Turner no pudo hacer otra cosa que mirarla. Y entonces encontró el sentido común -y la voz- y le dijo bruscamente:

– Bueno, me conoces bien. Así que te agradecería que no hicieses acusaciones infundadas.

Celoso de Miranda. Buen dios, ¿qué sería la siguiente cosa en que pensaría Olivia? Ella se cruzó de brazos.

– Bueno, ciertamente estabas actuando de forma extraña.

Durante toda su vida, Turner había tratado a su joven hermana de diferentes maneras. En general, de forma benignamente descuidada. A veces, adoptaba un rol más amistoso, sorprendiéndola con regalos y halagos cuando era conveniente para él hacerlo. Pero la distancia entre las edades había asegurado que nunca la tratara como a una igual, que nunca le hablase sin primero considerarla una niña.

Pero ahora, al haberlo acusado de aquello, de desear a Miranda, de todas las cosas, arremetió contra ella sin medir sus palabras, sin reducir su magnitud ni sus sentimientos. Y su voz fue ruda, cortante y afilada cuando dijo:

– Si miraras más allá de tu propio deseo de tener a Miranda constantemente a tu disposición, verías que ella y Winston son extremadamente incompatibles.

Olivia jadeó ante el inesperado ataque, pero se recuperó con rapidez.

– ¿A mi disposición? -repitió furiosa-. ¿Ahora quién hace acusaciones infundadas? Sabes tan bien como cualquiera que adoro a Miranda y no quiero más que su felicidad. Además, le falta belleza y una dote, y…

– Oh, por el amor de… -Turner cerró la boca con fuerza antes de maldecir delante de su hermana-. La menosprecias -le espetó.

¿Por qué la gente insistía en ver a Miranda como la desgarbada muchacha que había sido? Quizás no se ajustaba al actual estándar de belleza de la sociedad como Olivia, pero tenía algo mucho más profundo e interesante. Uno podía mirarla y saber que había algo detrás de sus ojos. Y cuando sonreía, no era algo practicado, no era de manera burlona, oh, muy bien, a veces sí era de forma burlona, pero podía aceptarlo, ya que poseía exactamente el mismo sentido del humor que él. Y realmente, atrapados en Londres para la temporada como estaban, estaban obligados a encontrarse con un montón de cosas dignas de burla.

– Winston sería una excelente pareja para ella -continuó Olivia con vehemencia-. Y ella para… -se detuvo, jadeó, y se colocó la mano con fuerza sobre la boca.

– Oh, ¿y ahora qué? -dijo Turner irritado.

– Esto no es por Miranda, ¿verdad? Es por Winston. No crees que ella sea lo suficientemente buena para él.

– No -replicó, instantáneamente con una extraña y casi indignada voz-. No -volvió a decir, midiendo esta vez las palabras con más cuidado-. Nada podría estar más lejos de la realidad. Son demasiado jóvenes para casarse. Especialmente Winston.

Olivia se sintió inmediatamente ofendida.

– Eso no es verdad, somos…

– Es demasiado joven -la cortó con frialdad-, y no necesitas mirar más allá de esta habitación para ver por qué un hombre no debería casarse tan joven.

No lo entendió en el acto. Turner vio el momento exacto en que sí, vio la comprensión, y luego la compasión.

Y él odiaba la compasión.

– Lo siento. -Dejó escapar Olivia. Las dos palabras le garantizaron que volverían a colocarlo una vez más sobre el borde. Y entonces volvió a decir-. Lo siento.

Y huyó.

Miranda había estado esperando en el salón rosado durante varios minutos cuando apareció una criada en la entrada y dijo:

– Le pido me disculpe, señorita, pero Lady Olivia me ha pedido que le diga que no bajará.

Miranda dejó en su sitio la figurilla que había estado examinando y miró a la criada con sorpresa.

– ¿Se siente indispuesta?

La criada pareció vacilar, y Miranda no deseó ponerla en una posición difícil cuando simplemente podía ir a ver a Oliva ella misma, así que dijo:

– No importa. Se lo preguntaré yo misma.

La criada se inclinó en una reverencia, y Miranda se volvió hacia la mesa que estaba a su lado para asegurarse de que había devuelto la figurita de regreso a su antigua posición, entonces, lanzándole un último vistazo -sabía que a Lady Rudland le gustaba que hiciese gala de su curiosidad pero dejando las cosas en su sitio- caminó hacia la puerta.

Y chocó contra un largo cuerpo masculino.

Turner. Lo supo incluso antes de que hablase. Podría haber sido Winston, o un lacayo, o podría haber sido -que dios la ayudase, qué vergüenza- Lord Rudland, pero no lo era. Era Turner. Conocía su olor. Conocía el sonido de su aliento.

Sabía cómo se sentía el aire a su alrededor cuando estaba cerca de él.

Y fue entonces cuando supo, con total seguridad, que aquello era amor.

Era amor, y era el amor de una mujer por un hombre. La jovencita que había pensando en él como en un caballero de brillante armadura ya no estaba. Ahora era una mujer. Conocía sus fallos y veía sus defectos, y aún así lo quería.

Lo amaba, y quería sanarlo, y quería…

No sabía lo que quería. Lo quería por completo. Lo quería todo. Ella…

– ¿Miranda?

Las manos de él estaban todavía en sus brazos. Levantó la vista, incluso aunque sabía que sería casi insoportable enfrentarse con el azul de sus ojos. Sabía lo que no vería allí.

Y no lo vio. No había amor, ni revelación. Pero parecía extraño, diferente.

Y ella sintió calor.

– Lo siento -tartamudeó, tirando para apartarse-. Debería tener más cuidado.

Pero no la liberó. No de inmediato. La estaba mirando, a su boca, y Miranda pensó por un adorable y bendito segundo que quizás quería besarla. Contuvo el aliento, y entreabrió los labios, y…

Y entonces todo se acabó.

Él se alejó.

– Mis disculpas -dijo, con apenas inflexión de ningún tipo-. También yo debería tener más cuidado.

– Iba a buscar a Olivia -dijo, sobre todo porque no tenía ni idea de qué más decir-. Me acaba de mandar a decir que no bajará.

La expresión de él cambió, sólo lo suficiente y con el suficiente cinismo como para que supiese que sabía que algo iba mal.

– Déjala -dijo-. Estará bien.

– Pero…

– Por una vez -dijo cortante-, deja que Olivia se encargue de sus propios problemas.

Los labios de Miranda se abrieron con sorpresa ante su tono. Pero se libró de tener que responder gracias a la llegada de Winston.

– ¿Preparados para irnos? -preguntó jovialmente, completamente inconsciente de la tensión en la habitación-. ¿Dónde está Olivia?

– No va a venir -dijeron Miranda y Turner al unísono.

Winston miró a uno y luego al otro, ligeramente desconcertado por su respuesta colectiva.

– ¿Por qué? -preguntó.

– No se siente bien -mintió Miranda.

– Qué le vamos a hacer -dijo Winston, sin sonar particularmente triste. Sostuvo el brazo en alto para Miranda-. ¿Vamos?

Miranda miró a Turner.

– ¿Aún vas a venir?

– No. -Y ni siquiera tardó más de dos segundos en responder.

11 DE JUNIO DE 1819

Hoy fue mi cumpleaños, encantador y extraño.

Los Bevelstoke celebraron una cena familiar en mi honor. Fue realmente dulce y amable, especialmente ya que mi propio padre probablemente se ha olvidado de que hoy es otra cosa aparte del día en que cierto estudioso griego realizó un cierto cálculo especial matemático o alguna otra Cosa Muy Importante.

1 ... 22 23 24 25 26 27 28 29 30 ... 72
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)