La Piedra de las Lágrimas (A Espada da Verdade #3)
- Автор: Гудкайнд Терри
- Серия: La Espada de la Verdad #2
- Язык: испанский
- Переводчик: Joana Claverol
- Жанр: Фэнтези
Электронная книга - «La Piedra de las Lágrimas (A Espada da Verdade #3)». Краткое содержание книги:
Para vencerlo, Richard debe aprender a dominar sus incipientes talentos arcanos, pues de otro modo morirá. A no ser que Richard aprenda a controlar sus poderes, nadie, ni siquiera su amada Calan, la poderosa pero benevolente Madre Confesora, podrá salvar al mundo. El único modo de lograrlo es ponerse en manos de las misteriosas Hermanas de la Verdad, que afirman ser su única esperanza.
— Ann…, ¿estás segura respecto a mí? Tal vez…
— Esta noche lo has demostrado al atravesar el escudo. Nuestros escudos se componen de Magia de Suma, por lo que el único modo de que puedas haberlo atravesado es que tu han haya usado Magia de Resta.
— Tal vez mi han, mi Magia de Suma, era más fuerte que el escudo.
— Cuando atravesaste el valle de los Perdidos las torres te atrajeron. Tanto las blancas como las negras. ¿Me equivoco?
— Es posible que me topara con ellas por casualidad.
La mujer lanzó un suspiro de cansancio.
— Las torres fueron creadas por magos que poseían ambos tipos de poder. En las torres blancas hay arena blanca, arena de hechicero. Dudo que cogieses siquiera un puñado.
— Eso no prueba nada. ¿Y qué es esa arena de hechicero?
— La arena de hechicero es muy valiosa, casi diría que no tiene precio. Solamente existe en las torres blancas, y solamente pueden recogerla quienes se topan con ellas por casualidad. La arena de hechicero son huesos cristalizados de los magos que dieron sus vidas para alzar las torres. Es algo así como magia destilada. Confiere poder a los hechizos que se dibujan en ella, tanto buenos como malos. El hechizo adecuado trazado sobre arena de hechicero puede conjurar al Custodio.
»Pero tú cogiste arena negra, ¿verdad?
— Pues sí. Simplemente quería un poco. Eso es todo.
La Prelada hizo un gesto de asentimiento.
— Sólo un poco. Richard, desde que esas torres fueron construidas ningún mago ha sido capaz de recoger ni un grano de arena negra. Solamente pueden cogerla de las torres quienes poseen Magia de Resta. Guarda esa arena con tu vida, Richard. Es más valiosa de lo que imaginas.
— ¿Por qué? ¿Qué puede hacer?
— La arena negra es la opuesta a la blanca; se anulan mutuamente. Un solo grano de arena negra es capaz de contaminar un hechizo dibujado para conjurar al Custodio. Destruiría ese hechizo. Un puñado de esa arena vale más que todo un reino.
— No obstante, es posible que…
— Los últimos magos nacidos con ambos tipos de magia imbuyeron al Palacio de los Profetas su poder. Los profetas de aquel tiempo predijeron que volvería a nacer un mago con ambas caras de la magia, un mago guerrero, y para él crearon asimismo el bosque Hagen y a los mriswiths. Solamente alguien con Magia de Resta se sentiría atraído hacia ese bosque por el deseo de luchar.
— Pero yo usé la Espada de la Verdad —objetó Richard. A él mismo su voz le sonó como una súplica en medio del vendaval—. Fue la espada.
— La Espada de la Verdad también fue creada por magos con ambos tipos de magia. Solamente uno como ellos es capaz de aprovechar todo su potencial. Solamente tú puedes hacerlo. Y aún no lo has conseguido.
»Para ti es una ayuda, pero no la necesitas para matar un mriswith. Tu don basta. Si no me crees, deja la espada en palacio e intérnate en el bosque Hagen armado sólo con un cuchillo. Ya verás cómo matas a un mriswith.
— Otros usaron la espada y no poseían el don, ni mucho menos Magia de Resta.
— No usaban verdaderamente la magia de la espada. Esa arma fue creada para ti. Es una ayuda, del mismo modo que los mriswiths, o que una profecía dictada en épocas remotas para ayudarte.
— No creo que yo sea uno de esos magos guerreros.
— ¿Comes carne?
— ¿Qué tiene eso que ver con lo que estamos hablando?
— Eres un hijo del equilibrio. Los magos deben hallar su equilibrio entre lo que hacen y su poder. Los magos guerreros rara vez comen carne. Su abstinencia es un modo de compensar las muertes que deben causar a veces.
— Lo siento, Ann, pero no puedo creer que tenga Magia de Resta.
— Justamente por eso eres un peligro. Cada vez que te topas con magia, tu han aprende más sobre cómo protegerte y servirte, pero tú no eres consciente de ello. El rada’han ayuda a tu han a crecer, pero tú no te das cuenta.
»Haces cosas sin comprender su trascendencia ni la razón que te impulsa, como cuando te sentiste atraído por la arena negra y cogiste un puñado o cuando cogiste el hueso redondo de casa de Adie.
Richard frunció el entrecejo.
— ¿También conoces a Adie?
— Sí, ella nos ayudó a tu padre y a mí a cruzar el paso para coger el Libro de las Sombras Contadas.
— ¿A qué hueso redondo te refieres?
Richard percibió un leve destello de alarma en los ojos de la Prelada.
— Adie tenía un hueso redondo tallado con figuras de bestias. Es un objeto de gran poder. Tu Magia de Resta tuvo que atraerte hacia él.
Richard recordó haber visto ese hueso en un estante.
— Vi un hueso como ése en su casa, pero no me lo llevé. Jamás cogería algo que no me perteneciera. Tal vez eso significa que no poseo Magia de Resta.
— No. —La Prelada se irguió—. Te fijaste en él. Si no lo cogiste fue porque aún no llevabas el rada’han y tu poder no se había desarrollado lo suficiente para atraerte hacia el hueso de skrin del mismo modo que te atrajo hacia la arena negra.
Richard vaciló.
— ¿Supone eso un problema?
La mujer sonrió con una sonrisa que a Richard le pareció forzada.
— No. Adie protegería ese hueso con su vida. Sabe lo importante que es. Ya lo recuperarás en el futuro.
— ¿Qué es lo que hace?
— Ayuda a proteger el velo. Si lo usa un mago guerrero, como tú, que posee ambos poderes, invoca al skrin. Los skrins son la fuerza que ayuda a mantener los mundos separados. Podríamos decir que son los guardianes de la frontera entre ambos mundos.
— ¿Y si cae en manos de la persona equivocada? ¿En manos de un servidor del Custodio?
La mujer tiró de su camisa para que se pusiera de pie.
— Te preocupas demasiado, Richard. Ahora tengo trabajo. Tú déjamelo a mí. Hazlo lo mejor que puedas, hijo mío, y estudia. Aprende a tocar tu han para controlarlo. Si quieres ayudar al Creador, debes aprender.
Richard la miró. La Prelada tenía la mirada perdida.
— Ann, ¿por qué el Custodio codicia el mundo de los vivos? ¿De qué iba a servirle? ¿Cuál es su propósito?
La Prelada respondió con voz suave y distante.
— La muerte es la antítesis de la vida. El Custodio existe para consumir la vida. Su odio hacia la vida no tiene límites. Es tan eterno como su prisión de muerte.
62
Richard iba hacia el puente de piedra sumido en sus reflexiones. Se había pasado varios días enclaustrado en su habitación, pensando. Seguía recibiendo las lecciones de las Hermanas, pero apenas se esforzaba; ahora tenía miedo de tocar su han.
Warren se pasaba día y noche en las criptas, comprobando lo que Richard le había dicho sobre sí mismo y buscando más información. Tenía que haber parte de verdad en lo que la Prelada le había dicho, ¿por qué si no el Custodio no había atravesado aún el velo, si podía?
Necesitaba dar un paseo. Sentía como si la cabeza le fuera a estallar. Quería alejarse un rato del palacio.
De pronto Pasha apareció a su lado.
— Te he estado buscando —dijo a modo de saludo.
— ¿Por qué? —Richard siguió caminando con la mirada al frente.
— Quería estar contigo.
— Bueno, yo voy a dar un paseo por el campo.
Pasha se encogió de hombros.
— No me importa caminar. ¿Puedo acompañarte?
Richard la miró. La joven llevaba un fino vestido granate con el escote en pico. El día era bastante fresco. Al menos llevaba también una capa color violeta que parecía abrigar bastante. La joven se adornaba con unos grandes pendientes de oro en forma de aro así como con un cinturón con medallones dorados a juego con los del escote. Se veía muy seductora, aunque no era la ropa más adecuada para una excursión.