La huella del hereje
- Автор: Фортес Сусана
- Год: 2011
- Язык: испанский
- Жанр: Триллеры
Электронная книга - «La huella del hereje». Краткое содержание книги:
Una trama de ritmo creciente en la que se cruzan ecologistas, peregrinos de paso, profesores universitarios, tiburones de las finanzas y curas que hacen sus propias apuestas de salvación en una ciudad levítica donde nada es lo que parece. La huella del hereje es un adictivo thriller que insta al lector a viajar en el tiempo y traslada la atmósfera amenazante y brumosa de la mejor novela negra a las calles inolvidables de Santiago de Compostela.
XII
El aula era amplia, con un ventanal corrido en la pared de atrás y cubierto por una cortinilla gris metalizada para tamizar la luz. De pie en la tarima delante de la pizarra digital, el profesor encendió su ordenador portátil. A pesar de que se hallaba sentada en la última fila de pupitres, Laura Márquez lo reconoció al momento. Un tipo sexy no se le despintaba así como así. Las gafas de montura dorada, la chaqueta de ante, barba de perilla y un tono de piel curtido, inusual en quien se supone que pasa las horas de estudio en archivos y bibliotecas. También su complexión atlética parecía más propia de un aventurero a lo Indiana Jones que de un teórico en filosofía pura.
«Vaya -pensó para sí-, el mundo es realmente un pañuelo.»
– Para enlazar con nuestro último tema sobre la teoría de los mitos y los símbolos -dijo el profesor abarcando con la mirada a toda la clase-, hoy les presentaré a la serpiente «de jardín», llamada así porque su primera aparición en este mundo tuvo lugar en un jardín del Éufrates. -Mientras hacía su introducción, la pantalla se iluminó con un grabado antiguo en el que aparecía una culebra común, identificada en letras cursivas con un nombre en latín: Tentator hortensis-. No es mi intención en una simple clase confundirlos a ustedes con oscuros tecnicismos propios de esta ciencia que sólo entienden aquellos que la han estudiado largos años. Tan sólo pretendo mostrarles, empleando un lenguaje lo más sencillo posible, las diferentes especies de demonio con las que es más probable que se encuentren. Especialmente -añadió con una sonrisita irónica- aquellas de ustedes que acostumbran a frecuentar las discotecas.
La clase le agradeció la broma con una sonora carcajada. Daba la impresión de que el tipo conocía a la perfección las claves de su auditorio, sobre todo del femenino. A juzgar por las miraditas que le lanzaban, debía de tener a todas las alumnas rendidas a sus pies.
– No se rían -replicó sin abandonar el registro irónico-. El conocimiento de los ofidios es de la máxima utilidad. Hay gente que va por ahí confundiendo a verdaderos cocodrilos de tomo y lomo con cándidos lagartos y después pasa lo que pasa. Cuando uno es joven e inocente, todas las escamas parecen iguales.
Tuvo que cortar la segunda oleada de risas con un ligero carraspeo para continuar con la clase.
A Laura le pareció demasiado seguro de sí mismo. Una actitud un tanto engreída, nada extraño tratándose de un profesor universitario.
– El siguiente espécimen en importancia de esta interesante rama de la ciencia que sedujo a grandes poetas es el demonio medieval. -Ahora la ilustración de la pantalla había sido sustituida por el Diabolus Faunalius, un animal de aspecto grotesco, armado con un tridente. El grabado procedía de un códice del siglo XI-. Como ven, su aspecto, con cuernos, cola y garras, contrasta notablemente con la forma serpentina del primer tipo. Tanto es así que muchas autoridades en la materia la consideran una categoría completamente diferente de la especie común o de jardín, y la conectan con un animal de forma similar ya extinto, conocido como Fauno o Pan, natural de muchas zonas de la Arcadia. -El profesor se dio la vuelta para contemplar la cara expectante de sus alumnos-. Los prejuicios que los clérigos y otros hombres de Dios sienten contra este notable ejemplar son desproporcionados y en exceso crueles -añadió con una media sonrisa-, ya que, si no fuera por ese ser al que pretenden destruir, se quedarían sin trabajo… Y, sin embargo, hacen lo imposible por aniquilar a esta simpática criaturita y aplastarla dondequiera que asome la pezuña. Hay gente que no tiene corazón.
Los alumnos volvieron a reírle la gracia. Durante los siguientes minutos el profesor se dedicó a analizar unos versos del famoso poema épico El paraíso perdido, en el que John Milton habla de la caída de Lucifer, la desobediencia del hombre y su consiguiente exilio del Edén.
Toc, toc, toc… Unos discretos golpecitos en la puerta del aula interrumpieron su disertación. Toda la clase volvió la cabeza hacia allí. El profesor bajó de su tarima para abrir y permaneció unos segundos bajo el umbral de la puerta intercambiando unas palabras en voz baja con el tipo que había llamado, un hombre bastante grueso, calvo y con una mancha roja en la frente como la de Gorbachov. Era otro de los profesores del departamento, según pudo enterarse Laura por el murmullo de los estudiantes. Después los dos subieron juntos a la tarima y el recién llegado se dirigió al aula con un tono más bien solemne.
– Bueno, supongo que ya se habrán enterado todos de la triste noticia. Una alumna de esta facultad, Patricia Pálmer, ha muerto en circunstancias que todavía están por esclarecer. Ni que decir tiene que todos lamentamos profundamente esa muerte, que ha venido a alterar la tranquila existencia de nuestra Universidad. -El hombre bajó la cabeza y su voz adquirió un tono más afectado e íntimo-: Mis más sinceras condolencias a aquellos de ustedes que la conocieron personalmente. Sólo quería anunciarles que en señal de duelo mañana quedarán suspendidas las clases en todo el distrito universitario y se celebrará una misa funeral en la capilla del campus a las 19.30. Nos gustaría contar con su asistencia. Nada más. -A continuación le hizo un gesto con la mano a su colega en señal de que podía continuar con la clase.
Esta vez al profesor le costó unos cuantos carraspeos volver a recuperar la atención de los alumnos, que comentaban entre sí la noticia en medio de un murmullo creciente que amenazaba con convertirse en un auténtico alboroto. Quizá algunos de ellos no se habían enterado todavía, a juzgar por las caras de afectación o sorpresa, aunque a Laura le pareció raro, después del despliegue mediático que se había montado. O tal vez lo que comentaban eran los nuevos detalles del caso, que se iban filtrando por aquí y por allá, entre los pasillos y el bar de la facultad. Eso precisamente era lo que Márquez había ido a averiguar.
Después de la entrevista al cura de Caldas, Villamil y ella habían acordado una estrategia en dos frentes. Mientras el veterano periodista de El Heraldo se centraba en el ámbito policial, donde tenía sus contactos, ella debía camuflarse en el entorno estudiantil de Patricia Pálmer, entre sus profesores y sus compañeros de clase. Ambos estaban convencidos de que ahí podrían encontrar alguna información sustancial.
Laura miró a su alrededor con todos los sentidos alerta. Se preguntaba cuántos de aquellos estudiantes que abarrotaban el aula sabían algo. Había un temblor en el aire, como un millar de alas. Tenía la impresión de hallarse dentro de un avispero.
Finalmente el profesor consiguió que las aguas volvieran a su cauce y continuó la clase con su peculiar tratado de demonología. La pantalla mostraba ahora a un apuesto diablo rojo con una pluma de pavo real en el sombrero. Parecía una xilografía renacentista y, al igual que las anteriores, incluía una nomenclatura en latín.
– Diabolus Mephistopheles -puntualizó el profesor-. Este singular espécimen mide casi dos metros de alto y fue descubierto por un culto y emprendedor naturalista alemán llamado Wolfgang von Goethe, del que ustedes sin duda habrán oído hablar. Goethe publicó una interesante historia sobre este personaje, tan entretenido como impredecible. El ejemplar fue criado en casa de su compatriota, el doctor Fausto, que, como saben, llegó a hacer un interesante pacto con el diablo.
Esta vez el comentario no suscitó ninguna sonrisa de complicidad entre los alumnos. El ambiente no parecía muy propicio para las bromas y el profesor continuó la explicación con un tono neutro, algo contrariado, como el niño al que le han estropeado su juguete.