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Momentos del Pasado

Электронная книга - «Momentos del Pasado». Краткое содержание книги:

Cuando, después de algunos años, Matthew Standish volvió a la vida de Copper traía una propuesta de matrimonio muy poco romántica bajo el brazo. Según el, la situación requería soluciones prácticas: Matthew necesitaba una madre para su hija de corta edad y un ama de llaves para Birraminda. La solución parecía fácil, sencilla, lógica… sobre todo teniendo en cuenta que Matthew estaba seguro de que la pequeña Copper no podía haber olvidado los momentos que compartieron en el pasado.
Y Copper no había olvidado, pero no era la misma joven a la que había conocido siete años atrás. De hecho, tenía una propuesta de negocios muy pragmática que hacerle…
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Pero Mal no se volvió hacia ella. Ni siquiera le dio las buenas noches. Simplemente se quedó inmóvil y se durmió.

Decepcionada, Copper se volvió del otro lado. La noche anterior, ¿habría querido Mal simplemente satisfacerla? Ese pensamiento la hacía arder de humillación. Si Mal pensaba que ella iba a suplicarle que le hiciera el amor cada noche, estaba muy equivocado. Se lo había pedido una vez, ¡y sería la última! La próxima ocasión sería él quien hiciera el primer movimiento.

De madrugada. Copper tomó una decisión. Le resultaba sencillo tomar decisiones cuando estaba furiosa. Pero eso no cambiaba el hecho de que todavía lo amaba. De alguna manera, iba a tener que conseguir que Mal se enamorara de ella, como ella lo estaba de él. Si Mal quería una esposa práctica, nada romántica, la tendría. Jugaría su papel y no le pediría nada a cambio. Quizá, con el tiempo, se daría cuenta de que no se parecía en absoluto a Lisa y decidiría que, después de todo, quería una mujer que lo amara como ella.

Durante las semanas siguientes, Copper se esforzó realmente por ser como Mal quería que fuese. La mayor parte del tiempo lo pasaba con Megan, enseñándola a leer con unos manuales que había comprado en Adelaida. Cuando no estaba con la pequeña, limpiaba, fregaba y mantenía en orden la casa. Arregló la despensa, reorganizó el despacho e incluso se ofreció a ayudar a Mal con la contabilidad. Y también estaba lo del campamento turístico. Copper se sumergió totalmente en su proyecto, reservándose siempre cierto tiempo cada día para estudiar las propuestas de construcción del edificio o rediseñar los planos, a la luz de todo lo que había ido aprendiendo acerca de la vida en el interior.

Tan ocupada estaba que los días se le pasaban volando, pero no así las noches. No era muy difícil charlar a punto de caer la noche, y después de cargar todas sus compras en la camioneta, se dirigieron hacia la casa. Copper tuvo que dar de cenar a Megan, bañarla y acostarla, así que, para cuando se retiró a su dormitorio con Mal, se sentía demasiado cansada como para pensar en los planes que había trazado para redescubrir la magia que había compartido con su marido…

– ¡Estoy agotada! -suspiró dejándose caer sobre la cama, mientras Mal cerraba la puerta.

– No hay necesidad de que me lances indirectas -repuso él, y Copper lo miró sorprendida.

– ¿Qué quieres decir?

Irritado, Mal empezó a desabrocharse la camisa.

– Quiero decir que no tienes por qué inventarte una excusa cada noche para evitar acostarte conmigo. La noche anterior me lo dejaste suficientemente claro.

– Pe…Pero… pero si no era una indirecta… -tartamudeó Copper-. ¡Solamente estaba diciendo que me encontraba cansada!

– Muy bien -repuso Mal, dejando su camisa en el respaldo de una silla y tomando una toalla-. Tú estás cansada, yo estoy cansado, así que intentaremos dormir.

Cuando Mal volvió del cuarto de baño, Copper ya estaba acostada, rígida y tensa, de espaldas a la lámpara de la mesilla. Tenía los ojos cerrados y fingía dormir, pero su cuerpo vibraba de deseo. Podía sentir a Mal moviéndose por la habitación, oírlo mientras se desvestía, y se lo imaginaba con tanta claridad como si tuviera los ojos bien abiertos.

Luego Mal apagó la luz y Copper sintió que la cama se hundía cuando se acostó a su lado. En medio de la oscuridad, contuvo el aliento. Si en ese momento se volvía hacia ella, si le hablaba, evidentemente todo estaría bien. Lo recibiría en sus brazos y se reirían juntos de todas las tensiones y equívocos del día…

Pero Mal no se volvió hacia ella. Ni siquiera le dio las buenas noches. Simplemente se quedó inmóvil y se durmió.

Decepcionada, Copper se volvió del otro lado. La noche anterior, ¿habría querido Mal simplemente satisfacerla? Ese pensamiento la hacía arder de humillación. Si Mal pensaba que ella iba a suplicarle que le hiciera el amor cada noche, estaba muy equivocado. Se lo había pedido una vez, ¡y sería la última! La próxima ocasión sería él quien hiciera el primer movimiento.

De madrugada. Copper tomó una decisión. Le resultaba sencillo tomar decisiones cuando estaba furiosa. Pero eso no cambiaba el hecho de que todavía lo amaba. De alguna manera, iba a tener que conseguir que Mal se enamorara de ella, como ella lo estaba de él. Si Mal quería una esposa práctica, nada romántica, la tendría. Jugaría su papel y no le pediría nada a cambio. Quizá, con el tiempo, se daría cuenta de que no se parecía en absoluto a Lisa y decidiría que, después de todo, quería una mujer que lo amara como ella.

Durante las semanas siguientes, Copper se esforzó realmente por ser como Mal quería que fuese. La mayor parte del tiempo lo pasaba con Megan, enseñándola a leer con unos manuales que había comprado en Adelaida. Cuando no estaba con la pequeña, limpiaba, fregaba y mantenía en orden la casa. Arregló la despensa, reorganizó el despacho e incluso se ofreció a ayudar a Mal con la contabilidad. Y también estaba lo del campamento turístico. Copper se sumergió totalmente en su proyecto, reservándose siempre cierto tiempo cada día para estudiar las propuestas de construcción del edificio o rediseñar los planos, a la luz de todo lo que había ido aprendiendo acerca de la vida en el interior.

Tan ocupada estaba que los días se le pasaban volando, pero no así las noches. No era muy difícil charlar normalmente con Mal durante el día, pero cada noche, cuando se acostaban, los dos se mantenían apartados sin dirigirse la palabra. Copper no volvió a hacerle ninguna petición a Mal, pero como resultaba evidente que esa táctica no estaba dando resultado, se fue sintiendo cada vez más frustrada.

Estaba haciendo grandes esfuerzos por convertirse en una buena esposa, adaptándose además a la vida del interior, pero al parecer eso no era suficiente. No podía marcar una vaca ni montar a caballo muy bien, y para Mal lo demás no contaba. Era como si no tuviera mérito para él que mantuviera en orden la casa, o que advirtiera que uno de los jackaroos no se sentía bien, o descubriera que Naomi se encontraba profundamente deprimida. Y tampoco tenía ni una sola palabra de agradecimiento para ella por la educación que le estaba proporcionando a Megan.

Cuanto más reflexionaba sobre ello, más crecía su resentimiento… hasta que casi se convenció a sí misma de que no estaba en absoluto enamorada de Mal. ¿Cómo podía estar enamorada de un hombre que apenas reconocía su existencia?

Conforme transcurrían las semanas, la tensión fue aumento hasta alcanzar un límite insoportable para Copper.

Cierto día se encontraba en el despacho, trabajando con algunos diseños, cuando Mal entró de repente y le dijo que los hombres necesitaban que les preparase algo de comida para llevar, ya que pretendía mandarlos a revisar unos cercados.

Copper dejó a un lado su bolígrafo y lo fulminó con la mirada.

– ¿Por qué no me lo dijiste durante el desayuno?

– Porque entonces no lo sabía -respondió Mal, impaciente-. Creí que tardarían más en terminar lo que habían empezado ayer, pero han sido muy rápidos y será mejor que comiencen esta misma mañana a revisar esas vallas.

– Pues si han ahorrado tanto tiempo. Muy bien podrían prepararse ellos mismos la comida -repuso Copper, y volvió a tomar su bolígrafo.

Un ominoso silencio siguió a sus palabras.

– ¿Por qué no puedes prepararla tú? -le preguntó Mal con frialdad.

– Porque estoy ocupada -le espetó.

– No estás ocupada; ¡sólo te estás entreteniendo con ese precioso proyecto tuyo!

– ¡No me estoy entreteniendo! -estalló Copper, furiosa-. Estoy estudiando la forma más barata de aprovisionar a los grupos de turistas, y la manera más adecuada de calcular los costes. ¡Creo que eso es un poquito más importante que preparar unos sándwiches que tú y todos los demás sois perfectamente capaces de hacer solos!

– Por supuesto, piensas que eso es mucho más importante -replicó Mal, desdeñoso-. Estás obsesionada con tu negocio. Siempre estás aquí, moviendo papeles de un lado a otro. ¡Aunque Birraminda se cayera a pedazos a ti no te importaría, siempre y cuando pudieras sacar adelante tu proyecto!

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