Momentos del Pasado
- Автор: Hart Jessica
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «Momentos del Pasado». Краткое содержание книги:
Y Copper no había olvidado, pero no era la misma joven a la que había conocido siete años atrás. De hecho, tenía una propuesta de negocios muy pragmática que hacerle…
– ¿Mal?
– ¿Si?
– Yo… yo… -empezó a decir, desesperada-… he estado pensando en lo que me dijiste… -se interrumpió, sin poder evitarlo.
– ¿Qué es lo que te dije? -le preguntó él, súbitamente alerta.
– Tú… dijiste que no me tocarías a no ser que yo te lo pidiera -respondió Copper con precipitación. Todavía tenía la mirada fija en las lejanas de luces de la ciudad, que parpadeaban como si se burlaran de sus torpes intentos por explicarse-. Y… yo me preguntaba si… bueno, si podríamos fingir… sólo por esta noche… que… que todo esto es realmente como me había imaginado y que nos hemos casado… porque nos queremos de verdad y no porque hayamos firmado ese contrato… -volvió a interrumpirse, incapaz de mirar a Mal pero decepcionada por su silencio-. Bueno, no tienes por qué hacerlo. Probablemente no sea una buena idea, después de todo -añadió desesperada-. Ha sido un día muy largo, los dos estamos cansados y…
El resto de la frase murió en su garganta mientras Mal se le acercaba para volverla tiernamente hacia sí.
– Yo no estoy cansado -le dijo con tono suave, acariciándole el rostro-. ¿Y tú?
Copper sintió que se le detenía el corazón al ver la expresión de su mirada.
– No… no… -susurró.
– ¿Fingimos entonces?
– Sólo por esta noche -tartamudeó Copper.
– Sólo por esta noche -le confirmó Mal con tono solemne, aunque ella llegó a detectar un brillo de alegría en las profundidades de sus ojos castaños mientras le acariciaba tiernamente la nuca-. ¿Por dónde empezamos?
Sus caricias la inflamaban de deseo por instantes, y de pronto Copper comprendió que la respuesta a aquella pregunta era muy fácil.
– Bueno… -fingió reflexionar-. Si estuviera enamorada de ti, no me mostraría tan tímida. Podría acercarme un poquito más a ti… así -explicó mientras le acariciaba el pecho desnudo con una inefable sensación de alivio-. Y luego podría besarte… justo aquí -tentadoramente, le acarició con los labios el pulso que latía en su garganta, deslizándolos con deliciosa lentitud por el cuello hasta llegar a la mejilla y al lóbulo de la oreja-. O tal vez aquí… -susurró mientras continuaba-. O aquí… o aquí…
Mal se había quedado inmóvil al primer contacto, pero cuando sus besos se fueron tornando cada vez más provocativos, enterró los dedos en su cabello y la obligó a levantar la cabeza.
– Si yo estuviera enamorado de ti -le dijo con voz grave, profunda, mirándola directamente a los ojos-, te diría que estás preciosa, que me he pasado el día entero pensando en este momento, ansiándolo… -murmuró, inclinando la cabeza para besarla.
Copper abrió la boca como un capullo de flor entregándose al sol. Deslizó las manos por sus hombros y le devolvió el beso, mareada por el placer de poder tocarlo y saborearlo, de saber que era real y que, a pesar de lo que sucediera al día siguiente, aquella noche era suya, de los dos.
En ese instante, después de haberla estrechado entre sus brazos, Mal se dispuso a abrirle la bata, mientras Copper gemía de deseo.
– Creo -musitó él contra su cuello -que podríamos ponernos más cómodos, ¿no te parece? Esto es, si estuviéramos enamorados -añadió, apartándole la bata para besarle un hombro.
– Sí… -respondió Copper con voz temblorosa.
De repente, Mal apagó la luz principal, y durante un buen rato permanecieron mirándose solamente iluminados por las lámparas de la cama, saboreando de antemano lo que seguiría a continuación. Copper podía sentir cómo temblaba su cuerpo de expectación mientras Mal se quitaba los pantalones cortos y luego, con movimientos deliberadamente lentos, terminaba de despojarla a ella de la bata.
Su piel desnuda brillaba bajo la tenue luz y Mal contuvo el aliento a la vez que deslizaba las manos por su cintura, impresionado por su belleza.
– Copper…
Eso fue todo lo que dijo, pero pronunció su nombre como si fuera una caricia, y todos los sentidos de la joven se enardecieron de deseo al escuchar su voz profunda al ver la expresión de su mirada, al sentir la firme promesa de sus manos. Sin atreverse a respirar por miedo a que se rompiera aquel hechizo y se despertara para descubrir que sólo había estado soñando, Copper esperó… hasta que Mal la abrazó sonriendo y la llevó a la cama. Entonces, fue como si el mundo hubiera estallado en mil pedazos candentes de placer.
El contacto de sus cuerpos desnudos fue tan intenso que Copper casi sollozó de deseo. Deslizaba las manos impaciente por su piel, explorando su textura, la dureza de sus músculos, admirando la suavidad y la fuerza de aquel cuerpo que clamaba por su posesión… Pero Mal no parecía tener prisa.
– Si estuviéramos enamorados… -murmuró mientras le acariciaba un seno-…, te diría que he soñado contigo, que he ansiado tocarte así…
Exploraba cada centímetro de su cuerpo sin apresuramiento, deteniéndose posesivamente en cada curva, en cada ángulo, sonriendo contra su piel. Sus manos expresaban la misma firmeza y seguridad que recordaba Copper, su boca seguía siendo igual de excitante, pero la necesidad que sentía por él era más grande, mucho mayor que antes. Su cuerpo parecía tener el temple del acero, implacable pero cálido, suave, gloriosamente excitante.
Intoxicada de placer, Copper se colocó sobre él sembrando de besos su pecho, su vientre plano, acariciándolo con la lengua hasta que Mal gruñó y volvió a tumbaría de espaldas. Luego la castigó besándola lentamente, prolongando su tormento, y sólo cuando ella le suplicó que la liberara, cedió a aquella urgencia que ya no podía contener por más tiempo.
Copper gimió al sentirlo dentro de sí. Abrazándose a él, sollozó su nombre y Mal respondió instintivamente moviéndose a un ritmo salvaje, tan antiguo como el tiempo, arrastrándola cada vez más cerca del abismo, de la eternidad… Se detuvieron durante un momento mágico, interminable, antes de que una irrefrenable marea de sensaciones los barriera por completo lanzándolos a aquel abismo, en el que fueron cayendo una y otra vez. Abrazados desesperadamente, Mal y Copper pronunciaban sus nombres sin cesar, sin dejar de moverse, y justo cuando ya creían que sus cuerpos iban a romperse en mil pedazos, como una copa al estallar contra el suelo, cayeron en un puro éxtasis, en una pura tormenta de gozo que poco a poco fue amainando…
Tiempo después, Copper abrió los ojos lánguidamente y se quedó sorprendida al ver que la habitación seguía todavía allí. Aparentemente, nada había cambiado. Se habían dejado abierta la puerta del balcón y la brisa movía las cortinas, pero por lo demás todo seguía tan inmóvil como si el tiempo se hubiese detenido. Podía escuchar el sonido de sus respiraciones aceleradas, pero era como si procedieran de un lugar lejano, fuera del mundo.
Permaneció tumbada en la cama, satisfecha, ocupada en acariciar la espalda de Mal, saboreando su cálido cuerpo tan relajado en aquel momento como el suyo, escuchando cómo se iba calmando poco a poco su respiración. De repente, Mal se tensó y se incorporó sobre un codo para mirarla sonriente, con una expresión de inmensa ternura.
– Sé que estamos fingiendo -le dijo con tono muy suave -pero si estuviera enamorado de ti, ahora mismo te diría lo mucho que te quiero.
Por un instante, Copper estuvo a punto de confesarle la verdad, pero se contuvo a tiempo. Si le confesaba que realmente estaba enamorada de él, Mal podría sentirse irritado o avergonzado, y no quería estropear aquella mágica noche. En vez de eso lo abrazó con exquisita ternura murmurando:
– Y yo te diría que yo también te quiero.
Capítulo 8
Cuando Copper se despertó a la mañana siguiente, Mal ya se había levantado y vestido. Se encontraba de pie frente al tocador, pero al oírla bostezar se volvió para mirarla con un extraño brillo en los ojos.
Aunque soñolienta, aquel cambio de expresión no le pasó desapercibido a Copper, y se incorporó cubriéndose con las sábanas.