Momentos del Pasado
- Автор: Hart Jessica
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «Momentos del Pasado». Краткое содержание книги:
Y Copper no había olvidado, pero no era la misma joven a la que había conocido siete años atrás. De hecho, tenía una propuesta de negocios muy pragmática que hacerle…
– ¿Glyn? -Repitió Mal, apretando su abrazo-. ¿Quién le invitó a la boda?
– Yo, Glyn siempre ha sido un buen amigo mío. No podía dejar de invitarlo…
– No sé por qué -repuso Mal, disgustado-. Yo pensaba que no querías volver a verlo.
– No le guardo rencor a Glyn -explicó Copper, algo sorprendida por su actitud. Si no lo hubiera conocido mejor, habría pensado que estaba celoso-. De hecho, ahora nuestra relación es mucho mejor que la que teníamos antes.
Era verdad. Su compromiso con Mal había disuelto los últimos vestigios de tensión que habían existido entre ellos, y Copper había sido capaz de hablar con Glyn con la misma naturalidad que con un viejo amigo. Además, el hecho de verlo aquella tarde la había hecho darse cuenta de la diferente calidad de sus sentimientos hacia Mal. Su relación con Glyn había sido agradable, cómoda. Pero superficial comparada con lo que sentía por el hombre con quien en ese momento estaba bailando.
– ¿Quieres decir que lo has visto antes de esta tarde? -le preguntó Mal, incrédulo.
– Sí, un par de veces.
– ¿Y qué pasa con esa mujer por la que te dejó? -continuó con tono áspero-. ¿Estaba ella al tanto de esos encuentros?
– No. el marido de Ellie regresó hace un par de semanas, y ella decidió conceder una última oportunidad a su matrimonio. Así que ha acordado con Glyn que no se verán durante un tiempo.
– De modo que vuelve a estar libre -comentó Mal-. ¡Supongo que ahora te arrepientes de no haberlo esperado un poco más!
Copper reflexionó amargamente sobre el absurdo de aquella situación, cuando delante de todo el mundo parecían dos enamorados.
– No, porque entonces no habría sido capaz de ejecutar mi proyecto en Birraminda, ¿verdad? -replicó exasperada. ¿Acaso no podía Mal darse cuenta de cómo se sentía? ¿No se daba cuenta de ello cuando la besaba?
De inmediato se arrepintió de sus palabras. La mención de su negocio había sido suficiente para endurecer aun más la expresión de Mal, y Copper no tuvo dificultades en adivinar que estaba pensando en Lisa, quien siempre había antepuesto su trabajo a todo lo demás.
– ¿Me estás recordando por qué te has casado conmigo? -le preguntó él.
– No creo que necesite hacer eso -repuso Copper en voz baja, sabiendo que Mal nunca se olvidaba de las verdaderas motivaciones de su matrimonio, al igual que ella.
Más tarde, cuando al fin terminó la fiesta, Copper no pudo pensar en nada más que en la noche que se avecinaba. La tensión provocada por su discusión acerca de Glyn se había evaporado, para ser sustituida por una nueva y distinta inquietud en el mismo momento en que se quedaron solos.
Reinaba un silencio incómodo en el coche mientras se dirigían colina arriba, hacia el hotel. Para cuando llegaron, Copper casi temblaba de expectación y estaba tan nerviosa que apenas podía hablar; fue Mal quien se encargó de recibir las felicitaciones del director del hotel y quien cerró al fin la puerta de la habitación.
– Gracias a Dios que todo esto ha terminado -suspiró, dejándose caer en uno de los sillones.
– Sí -fue todo lo que pudo decir Copper. Observó cómo Mal se desabrochaba el botón superior de la camisa y cerraba los ojos.
– Todo ha ido bien, ¿verdad?
– Sí -respondió ella, con la garganta cerrada.
Mal parecía agotado. Copper anhelaba acercársele, darle un masaje en los hombros, sembrar su rostro de pequeños besos hasta lograr que sonriera y se olvidara de su cansancio. Aquel anhelo era tan intenso que, debilitada, tuvo que sentarse en una silla, frente a él. Sentía un nudo de opresión en su interior, un nudo que la estrangulaba y que le aceleraba el corazón. Se obligó a sí misma a respirar pausadamente, aspirando el aire y reteniéndolo por un momento antes de soltarlo.
De repente Mal abrió los ojos, dando al traste con todos los esfuerzos que estaba haciendo Copper por tranquilizarse.
– Yo… creo que voy a tomar una ducha -balbuceó, levantándose, y se dirigió al cuarto de baño.
Bajo la ducha, se vio asaltada por imágenes de su pasado, por recuerdos de los días que había pasado con Mal en Turquía. Ansiaba acurrucarse contra él. Como había hecho entonces; quería saborear su piel, escuchar el latido de su pulso… Las manos le temblaban mientras se ponía la bata, y cuando se miró en el espejo vio que los ojos le brillaban con febril intensidad. «Todo lo que tienes que hacer es pedírmelo»; aquellas palabras de Mal resonaron de nuevo dentro de su cerebro y Copper acogió aliviada la oleada de furia que acompañó a aquel recuerdo. Mal era injusto al obligarla a que le pidiera algo parecido. ¿Qué esperaba que le dijera ella? ¿Que, después de todo, le gustaría acostarse con él?
No podía hacer eso… ¿o sí?
Al fin y al cabo, Mal había sido completamente franco con ella. No había visto ninguna razón por la que los dos no pudieran satisfacerse físicamente. Lo único que no quería era comprometerse emocionalmente, pero Copper no tenía por qué confesarle que estaba enamorada de él. Nada podría ser peor que pasar tres largos años soportando aquella terrible necesidad…
– ¿Te has quedado dormida ahí dentro?
– No, no… Ahora salgo -aspirando profundamente, se ajustó el cinturón de la bata. «Ahora o nunca», pensó.
Cuando Copper abrió la puerta, Mal estaba sentado en el borde de la cama, con el torso desnudo, quitándose los zapatos y los calcetines.
– Estaba empezando a preguntarme si pensabas pasar la noche allí -le dijo sin mirarla.
– Lo siento -musitó ella con voz débil.
Ahora era el momento. Todo lo que tenía que hacer era sentarse a su lado y acariciarle la espalda desnuda. «Hazme el amor, Mal»; eso era lo único que tenía que decirle. No sería tan difícil, se dijo a sí misma. Pero sus pies se negaban a moverse y aquellas palabras se le habían atascado en la garganta, y cuando Mal se levantó para entrar en el cuarto de baño. Copper se dio cuenta de que había desperdiciado una buena oportunidad.
Decepcionada, despreciándose a sí misma por su falta de coraje, Copper salió al balcón para que el frío aire de la noche refrescara sus ardientes mejillas. Allá abajo podía distinguir las luces de Adelaida, entre las colinas y el mar. Una de aquellas luces podría ser la de su casa, donde sus familiares y amigos todavía estarían celebrando su matrimonio, y quizá imaginándosela pasando una luna de miel inolvidable con Mal…
– ¿Qué estás haciendo ahí fuera? -le preguntó él cuando salió del cuarto de baño y la vio asomada al balcón, descalza y medio oculta por las sombras. Después de un momento de vacilación se reunió con ella y se apoyó en la barandilla. Se había quitado los pantalones y sólo llevaba unos pantalones cortos, tipo boxeador.
– Estaba pensando -respondió al fin Copper.
Una leve brisa se levantó procedente de los árboles, despeinándola, y la joven se subió el cuello de la bata, como si tuviera frío.
– ¿En qué?
– Oh… sólo en que esta noche de bodas no es como me había imaginado que sería -contestó, fijando firmemente la mirada en las luces de la ciudad.
– ¿Qué te habías imaginado? -inquirió Mal con tono suave desde las sombras, y Copper tragó saliva, nerviosa.
– Una habitación como ésta, quizás. Una vista, una noche semejante… Creía que todas estas cosas podrían ocurrir, pero nunca pensé que todo lo demás sería tan diferente.
– Me fijé en la manera en que mirabas a Glyn esta tarde -le comentó de repente Mal con voz áspera-. Supongo que habrías esperado pasar esta noche con él.
– Simplemente había esperado pasar esta noche con alguien a quien amara -repuso ella con dificultad-. Eso es todo.
Siguió un largo e incómodo silencio. Copper era atrozmente consciente del latido acelerado de su propio corazón, de la textura de la bata sobre su piel desnuda, del poderoso cuerpo de Mal a su lado…