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Momentos del Pasado

Электронная книга - «Momentos del Pasado». Краткое содержание книги:

Cuando, después de algunos años, Matthew Standish volvió a la vida de Copper traía una propuesta de matrimonio muy poco romántica bajo el brazo. Según el, la situación requería soluciones prácticas: Matthew necesitaba una madre para su hija de corta edad y un ama de llaves para Birraminda. La solución parecía fácil, sencilla, lógica… sobre todo teniendo en cuenta que Matthew estaba seguro de que la pequeña Copper no podía haber olvidado los momentos que compartieron en el pasado.
Y Copper no había olvidado, pero no era la misma joven a la que había conocido siete años atrás. De hecho, tenía una propuesta de negocios muy pragmática que hacerle…
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– Qué pena que no visitaras a tu contable antes de que yo apareciera por aquí -añadió resentida mientras empezaba a desnudarse.

Mal también estaba desvistiéndose, y ambos estaban demasiado furiosos para darse cuenta de ello.

– Vamos a ver, ¿cuál es el problema? -le preguntó él-. Dijiste que tenías demasiado trabajo que hacer y yo he encontrado a alguien para que te ayude. ¡Imaginaba que me estarías agradecida!

– Te recuerdo que tenemos un teléfono -le espetó Copper mientras se quitaba los vaqueros-. ¡Podrías haberme preguntado antes si quería ayuda!

Mal juró entre dientes al tiempo que se despojaba de la camisa.

– ¡Nunca imaginé que podrías llegar a comportante de una manera tan irracional!

– Simplemente, me habría gustado que me consultaras -repuso ella, obstinada-. Se supone que soy tu esposa.

– ¡Sólo cuando tú te sientes como tal!

– ¿Sólo cuando yo me siento como tal? -Repitió Copper, incrédula-. ¡Tú eres el único que me trata como si fuera un ama de llaves… y no muy satisfactoria, además!

– Si eso fuera verdad… no me habría complicado tanto la vida para conseguir simplemente un ama de llaves, ¿no te parece?

– No lo sé -Copper se quitó la camiseta y se apartó el cabello de los ojos-. Mis funciones como esposa son bien escasas, ¿verdad? Ni siquiera soy una esposa en la cama.

– ¿Y de quién es la culpa? -exclamó Mal-. En cierta ocasión me dejaste muy claro que sólo me querías por una sola noche. Yo me comprometí a que no te tocaría a no ser que tú me lo pidieses, y ciertamente no lo has hecho.

– Una esposa de verdad no le hace esas peticiones a su marido -repuso Copper, desabrochándose el sostén y tomando su camisón-. ¿Por qué no podemos comportamos normalmente?

– De acuerdo -desnudo como estaba, Mal rodeó la cama y le quitó el camisón de las manos-. Vamos a acostarnos.

– ¿Qué?

– Que vamos a acostarnos -repitió-. Quieres que seamos una pareja normal. Las parejas normales se acuestan.

– No seas ridículo -replicó Copper, tensa, e intentó arrebatarle el camisón.

– ¡Ah, no! -exclamó Mal acercándola hacia sí y arrastrándola consigo a la cama.

El contacto de su cuerpo desnudo la dejó sin habla por un momento, pero cuando se disponía a apartarse Mal se colocó encima de ella y le sujetó los brazos.

– Tú eres la única que quiere ser normal -le recordó-. Así que vamos a empezar.

La sensación de su piel contra la suya resultaba indescriptiblemente excitante, y los intentos que hizo Copper por liberarse sólo consiguieron aumentar su deseo. Mal debió de haber sentido su reacción, porque le soltó los brazos y, tomándole una mano, se la llevó a los labios.

– Un marido normal se disculparía con un beso -murmuró, depositando un cálido beso en su palma-. Siento no haberte consultado antes lo de contratar a una nueva ama de llaves -continuó mientras la besaba delicadamente la parte interior del brazo, hasta llegar al hombro-. Lo siento mucho -y dejó de hablar para besarla apasionadamente en los labios.

Copper se había olvidado de su intención primera de resistir. Se había olvidado de la furia, de los celos, de la terrible tensión que había soportado durante las últimas semanas. Nada importaba en ese momento salvo aquel fuego que le corría por las venas, consumiéndola de deseo. Se abrazó a Mal y entreabrió los labios entregándose a la seductora exploración de su lengua, mientras se estiraba voluptuosamente bajo su cuerpo.

– Ahora es tu turno -susurró Mal, sonriendo contra su piel.

Era tan maravilloso poder tocarlo otra vez, poder acariciar sus poderosos músculos… Rápidamente se colocó sobre él, excitada por su propio poder sobre aquel cuerpo fuerte, bronceado, que yacía a su merced.

– Siento haber sido tan gruñona y desagradecida-dijo Copper con tono obediente mientras empezaba a besarlo.

– ¿Cuánto lo sientes? -inquirió Mal.

– Ya te lo demostraré -repuso ella con una sonrisa.

Capítulo 9

Protegiéndose del resplandor del sol con una mano, Copper contempló el patio. Sí, allí estaban el padre y la hija, charlando animados mientras caminaban. No podía distinguir la expresión de Mal, que inclinaba la cabeza para escuchar atentamente a Megan, pero de repente vio que alzaba la mirada como si hubiera intuido su presencia, y le sonreía. Copper estaba demasiado lejos para poder escuchar lo que decían, pero debían de estar hablando de ella, porque Mal le dijo algo y la niña la señaló con alegría y se lanzó corriendo a su encuentro.

Mal la siguió, sin dejar de sonreír, y a Copper le dio un vuelco el corazón cuando abrazó a la pequeña, emocionada.

Los últimos días habían sido maravillosos. La terrible tensión anterior de su relación con Mal había desaparecido, como fulminada por la pasión que habían compartido la noche en que llegó Georgia. A partir de entonces, Mal se había mostrado tan contenido y callado como siempre, pero algo en su interior se había relajado, aunque rara vez tocaba a Copper delante de los demás. Sin embargo, cuando se retiraban por las noches a su habitación y cerraban la puerta, su silenciosa reserva se evaporaba y le hacía el amor con una ternura y una pasión que la dejaban exultante, vibrante de alegría.

No le había dicho que la amaba, pero Copper estaba contenta con la situación actual. Le resultaba difícil de creer que Mal podía hacerle el amor de esa forma sin sentir algo por ella, y no veía necesidad alguna de forzarlo a contraer un compromiso para el cual quizá no estuviera preparado. A fin de cuentas, todavía disponía de tres años para que se enamorara de Copper.

– Pareces muy satisfecha -le comentó Mal-. ¿En qué estabas pensando?

– En esta noche -respondió sincera.

– Eres una mala mujer -repuso él con tono suave, pero sonrió mientras la atraía hacía sí para darle un beso cálido, dulce, lleno de promesas.

Copper se sentía ebria de felicidad. Todo estaba funcionando perfectamente. Mal quizá no la amara todavía, pero lo haría tarde o temprano, y Megan se estaba convirtiendo en una niña feliz y encantadora.

Incluso Georgia estaba disfrutando con su nueva vida. El resentimiento que Copper había sentido por su llegada se había transformado en un cariño realmente sincero. Georgia era una chica sencilla, buena, y una gran trabajadora. Como ella se ocupaba de la cocina y de gran parte de las tareas de la casa, Copper disponía de mucho más tiempo para pasarlo con Megan o para trabajar en el despacho. Todavía tenía mucho que hacer con su proyecto, pero ya estaba esperando a que la empresa constructora fijara una fecha, y mientras tanto aprovechaba para ayudar a Mal con la contabilidad.

Solamente Brett parecía descontento. De manera extraña, no hacía ningún intento de ligar con Georgia, e incluso parecía disgustarlo su presencia.

– Es demasiado perfecta -le comentó a Copper algunos días después, cuando se lo encontró sentado solo en la veranda.

– Yo creía que te gustaba -repuso Copper con desenfado-. ¡Estamos muy preocupados por ti, Brett! Una chica guapa, con tantas cualidades… ¡y tú apenas le has dirigido la palabra!

– No es tan guapa -replicó, hosco-. Y no me gusta ese tipo de gente tan fría, tan competente.

– Puede que Georgia sea competente, pero nadie podría llamarla fría -objetó Copper-. Es una chica buena y cariñosa, y no la culparía si se sintiera dolida por la forma en que la ignoras.

– Es ella la que me ignora a mí -dijo Brett-. Siempre me hace sentir como si me arrastrara detrás de una piedra, a su acecho -permaneció silencioso por un momento-. Y tampoco quiero su aprobación -continuó, con un tono muy poco convincente-. Ella no es ni mucho menos tan divertida como tú, Copper, ¿Y has notado la relación de complicidad que comparte con Mal?

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