Seducida por el millonario
- Автор: Mallery Susan
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «Seducida por el millonario». Краткое содержание книги:
Consiguió que Annie se hiciera pasar por su amante, pero ahora necesitaba que lo fuera en la vida real. ¿Lograría el ejecutivo gruñón desplegar el encanto necesario para seducir a la mujer a la que casi había destruido?
Cuando Duncan empezó a hablar con alguien sobre la subida del petróleo Annie se excusó para ir al lavabo. Era tan bonito como el resto de la casa, con una encimera de mármol italiano v docenas de caros jabones, crema de manos y gruesas toallitas del mejor algodón. Después de lavarse las manos, abrió la puerta y salió al pasillo… donde se encontró con Valentina, que parecía estar esperándola.
La ex de Duncan llevaba un pantalón negro y un top de color crema que resbalaba sensualmente por uno de sus hombros. Era alta, delgada y preciosa, con el pelo largo y liso que Annie siempre había envidiado.
– Hola -dijo Valentina, levantando la copa de Martini que llevaba en la mano-. Tú eres la novia de Duncan, ¿verdad?
– Sí.
– ¿Lleváis mucho tiempo saliendo juntos?
– Nos conocimos en septiembre -dijo Annie, esperando que no se le notaran los nervios-. Yo… se me había pinchado una rueda y Duncan se detuvo para ayudarme.
– ¿Ah, sí? Qué raro. Eres profesora, ¿verdad?
– Sí, de primaria.
– A ver si lo adivino, eres dulce y amable. Acoges a perros abandonados y huérfanos.
Annie se daba cuenta de que la otra mujer estaba tensa, pero no sabía por qué.
– Si me perdonas…
– Espera, por favor -la interrumpió Valentina, dejando su copa sobre una mesita y respirando profundamente-. No sé cómo están las cosas entre vosotros y sé que no es asunto mío. Hace tiempo que perdí el derecho de meterme en los asuntos de Duncan… y es culpa mía porque fui una tonta. Pensé que encontraría algo mejor y me equivoqué. Duncan no es sólo el mejor hombre que he conocido nunca sino que… nunca he dejado de quererlo.
Los ojos de Valentina se llenaron de lágrimas y una de ellas rodó por su mejilla, pero la apartó con la mano, impaciente.
– Quiero una segunda oportunidad con él. Sé que es prácticamente imposible porque Duncan no va a perdonarme tan fácilmente, pero debo intentarlo. ¿Tú has estado enamorada alguna vez? ¿Has sentido alguna vez que has encontrado al único hombre del planeta que te hace feliz?
Annie asintió con la cabeza. Le gustaría haber dicho que el amor no era encontrar a alguien que «te hiciera feliz» sino alguien a quien tú hicieras feliz también, pero no era el momento.
– Lo quiero -insistió Valentina-. Antes, cuando estábamos juntos, siempre mantenía una parte de él para sí mismo, sin compartirla conmigo. Yo creo que tiene algo que ver con su pasado, pero ahora lo entiendo. Merece la pena esperar por Duncan, merece la pena luchar por él. Yo cometí un error y he pagado un precio muy alto por ello, pero es mi marido. Para mí siempre será mi marido y quiero otra oportunidad con él. ¿Lo entiendes?
Annie volvió a asentir con la cabeza porque hablar le dolería demasiado. Valentina había dicho las únicas palabras que podían convencerla para que se rindiera. No iba a interponerse entre los dos. Si tenía éxito, tal vez Duncan olvidaría su miedo a ser abandonado, tal vez aprendería a amar otra vez.
Mejor Valentina que nadie, se dijo a sí misma. Y, con el tiempo, tal vez ella lo creería también.
Las tiendas estaban cerradas a las doce de la noche, pero Internet siempre estaba abierto. Annie buscó la página y miró el retrato una vez más. Era pequeño, de unos veinte por veinte centímetros, con un marco negro. El artista, un famoso pintor deportivo, había elegido el boxeo como tema.
Los colores eran vividos, las expresiones fieras. Había algo en la manera en que se miraban los dos hombres que le recordaba a Duncan.
– ¿Qué haces levantada a estas horas?
Annie sonrió a Kami, que la miraba con cara soñolienta desde la puerta.
– Vete a dormir. Es tarde y mañana tienes clase.
– Pero he visto la luz de tu habitación encendida.
– Ah, perdona, ¿te molesta?
– No, no -suspiró Kami, sentándose al borde de la cama-. Es que estoy preocupada por ti. Estabas muy rara cuando volviste a casa esta noche. ¿Te encuentras mal? ¿Duncan te ha hecho algo?
– Duncan va a volver con su ex mujer.
– ¿Ah, sí?
– Bueno, la verdad es que aún no ha pasado, pero seguramente pasará y yo no voy a ponerme en medio -suspiró Annie.
Kami sacudió la cabeza.
– No sale contigo sólo porque tenga que hacerlo. Ya no. Ha conseguido lo que quería hace semanas. Además, ¿qué pasa con el congelador que te regaló? ¿Y los regalos?
Unos días antes había llegado una caja con regalos para las chicas. No había nada para ella. Entonces había pensado que se lo daría en persona el día de Navidad, pero ya no estaba tan segura.
– Valentina sigue enamorada de él.
– ¿Y qué? Ella lo dejó, ¿no? Ella tuvo su oportunidad, ahora es la tuya.
– Mira, agradezco mucho tu apoyo, pero merecen una segunda oportunidad.
– ¿Y tú qué? Sé que estás enamorada de Duncan.
– Ya se me pasará -dijo Annie, pulsando el botón de compra mientras intentaba olvidar el precio del cuadrito. Quería regalarle a Duncan algo especial, algo que lo hiciera feliz.
– Deberías decirle que lo quieres -insistió Kami-. Para que sepa lo que hay.
Annie consiguió sonreír.
– No va a comprar un coche, no tiene que hacer comparaciones.
– A lo mejor alguien tiene que recordarle qué es lo importante. Tú eres lo mejor que le ha pasado en su vida y si no se da cuenta es un idiota.
– ¿También debería decirle eso?
– ¡Desde luego!
Annie llegó a la oficina de Duncan poco después de las cuatro. Había llamado para pedir cita porque quería asegurarse de que estuviera allí. Supuestamente, tenían que salir juntos esa noche, pero no la necesitaría para más fiestas porque su reputación había sido salvada y seguramente tenía cosas más importantes que hacer. Como seguir adelante con su vida, por ejemplo.
Annie llevaba todo el día diciéndose a sí misma que estaba haciendo lo que debía, que amar a Duncan significaba querer lo mejor para él, que debía ser fuerte. Perder a Ron y A.J. no había sido tan importante. Se había recuperado en cuestión de semanas. Pero perder a Duncan era diferente. Se había enamorado de él por completo.
La secretaria de Duncan le abrió a la puerta y, en cuanto entró en el despacho, él colgó el teléfono.
– ¿Por qué has pedido una cita? -le preguntó, con una sonrisa en los labios-. Tenía que ir a buscarte en un par de horas.
Estaba guapo, pensó ella, admirando la anchura de sus hombros, la forma de su boca. Y sus ojos. ¿Cómo podían haberle parecido fríos alguna vez? En aquel momento estaban llenos de alegría.
Duncan salió de detrás de su escritorio y la tomó por la cintura.
– A ver si lo adivino: has venido a convencerme para que reparta beneficios con mis empleados.
– ¿Puedes repartir beneficios con tus empleados? Oye, pues deberías pensarlo.
Qué típico de Annie, pensó Duncan, llevándola al sofá. Volvía del colegio, lo sabía porque llevaba una falda por debajo de la rodilla y un jersey ancho. Tenía el pelo un poco alborotado y no llevaba ni gota de maquillaje. No era la Annie sofisticada con la que iba a las fiestas, era más real, más bonita.
Ella se aclaró la garganta antes de decir:
– Hablé con Valentina en la fiesta de anoche.
El buen humor de Duncan desapareció de repente y no la sorprendía.
– No sé qué te dijo, pero está mintiendo. No se puede confiar en ella, Annie. Hará lo que sea, dirá lo que sea para salirse con la suya.
– Pero te quiere.
– ¿Y tú la has creído?
– Te quiere, Duncan. Se ha dado cuenta de que cometió un error y quiere volver contigo. Estuvisteis casados, le debes una oportunidad.
Annie había creído las palabras de Valentina, podía verlo en sus ojos. Aunque en ellos había algo más. Dolor tal vez, desconsuelo.