Seducida por el millonario
- Автор: Mallery Susan
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «Seducida por el millonario». Краткое содержание книги:
Consiguió que Annie se hiciera pasar por su amante, pero ahora necesitaba que lo fuera en la vida real. ¿Lograría el ejecutivo gruñón desplegar el encanto necesario para seducir a la mujer a la que casi había destruido?
Desear que hubiese algo más no cambiaría nada. Duncan le había dicho una vez que, en su vida, alguien siempre ganaba y alguien siempre perdía. Y esta vez, Annie tenía la impresión de que la perdedora iba a ser ella.
El lunes por la mañana, Duncan entró en su oficina y encontró un plato de galletas sobre el escritorio. Estaban tapadas con un plástico transparente y sobre el plato había una nota que decía:
Querido señor Patrick,
Gracias por el descuento en mis ruedas que anunció el viernes. Soy una madre divorciada con tres hijos y siempre me cuesta trabajo llegar a fin de mes. Hace algún tiempo que necesitaba cambiar las ruedas de mi coche y, sencillamente, no podía permitírmelo, pero el descuento significa que podré llevar a mis hijos en un coche más seguro.
Siempre me ha gustado ser empleada de Industrias Patrick. Gracias por darme otra razón para estar orgullosa de mi lugar de trabajo.
Que tenga unas felices fiestas.
Atentamente,
Natalie Jones,
Departamento de Contabilidad
Duncan no sabía quién era o cuánto tiempo llevaba trabajando para la empresa. Sonriendo, quitó el plástico de las galletas y tomó una. De chocolate, su favoritas.
Luego se acercó a la ventana que daba al patio en el centro del edificio. Podía ver a la gente entrando para empezar la semana laboral, gente a la que nunca se había molestado en conocer.
Diez años antes habría sabido el nombre de cada uno de sus empleados. Entonces trabajaba veinticuatro horas al día, intentando que la empresa diera beneficios y ampliarla en lo posible. Durante los últimos años había tenido relación con sus jefes de departamento y su secretaria, nadie más. No tenía tiempo.
¿Quiénes eran esas personas que trabajaban para él? ¿Por qué habían elegido Industrias Patrick y no otra empresa? ¿Les gustaban sus trabajos? ¿Debería eso importarle?
Duncan miró la nota y el plato de galletas.
Annie sería un desastre como jefa, regalando más de lo que la empresa ganaba, pero tal vez había llegado el momento de salir de los confines de su despacho y recordar cómo era conocer a los empleados, escuchar en lugar de dar órdenes, pedir en lugar de exigir.
Tal vez había llegado el momento de dejar de ser el empresario más odiado del país.
Capítulo Nueve
Duncan nunca había disfrutado en las reuniones del consejo de administración, pero aquel día era peor que nunca. No porque hubiera quejas, eso podía manejarlo, sino por cómo le sonreían todos. Sonriendo de verdad, como si estuvieran orgullosos de él. ¿Qué demonios estaba pasando allí?
– Los dos últimos artículos sobre ti han sido excelentes -dijo su tío-. Muy positivos.
– Estoy haciendo lo que acordamos que haría.
– Este periodista… -uno de los miembros del consejo se puso las gafas de leer- Charles Patterson, parece pensar que has tenido una revelación. ¿Quién es Annie McCoy?
– La chica con la que Duncan está saliendo -contestó su tío por él.
Los demás miembros del consejo lo miraron.
– Dijisteis que buscase una buena chica y eso es lo que he hecho. Es profesora de primaria y muy guapa. Creo que Charles se ha quedado prendado de ella.
– Bien hecho -lo felicitó uno de los miembros de más edad-. Deberías traerla un día para presentárnosla.
– No hace falta -respondió Duncan, pensando que lo último que necesitaba Annie era un montón de viejos intentando coquetear con ella.
– Annie es especial -dijo Lawrence-. Y a Duncan le ha sentado muy bien salir con ella.
Su sobrino lo fulminó con la mirada.
– Estamos saliendo juntos hasta que terminen las fiestas, de modo que es un acuerdo de conveniencia. Me pedisteis que buscase una buena chica y lo he hecho, no penséis que es nada más.
– A mí no me parece que sea sólo eso -insistió su tío.
– Las apariencias engañan a veces.
No pensaba contarle a su tío, ni a los miembros del consejo, que también él pensaba que Annie era especial. No tenían por qué saber que se había hecho un hueco en su vida y, lo más curioso, que no lo había hecho a propósito. Pero, fueran cuales fueran sus sentimientos por ella, cuando terminasen las fiestas, también terminaría su relación.
Cuando la reunión terminó, Duncan se quedó en la sala de conferencias esperando que los miembros del consejo se marchasen.
– ¿Has dicho en serio lo de cortar con Annie cuando terminen las fiestas? -le preguntó su tío.
– Por supuesto.
– Os he visto juntos, Duncan. Esa chica te gusta, deberías casarte con ella.
Él negó con la cabeza.
– Ya estuve casado una vez.
– Con la mujer equivocada, sí. No sé qué quería Valentina, pero sé que no era a ti ni un matrimonio de verdad. Annie es diferente, Duncan. Es la clase de chica con la que uno se casa.
¿Y eso lo decía un hombre que había estado casado cinco veces?
– ¿Cómo lo sabes?
– He vivido más que tú. He visto cosas, he cometido errores. Y hay pocas cosas que uno lamente más que saber que has dejado escapar a la mujer de tus sueños. Tú siempre has sido más listo que yo en casi todo, no seas un idiota ahora.
– Gracias por el consejo -murmuró Duncan, levantándose.
– Pero no vas a hacerme caso.
– He hecho lo que me pedía el consejo. Eso es todo lo que pienso hacer.
Lawrence lo miró durante largo rato.
– No todo el mundo va a dejarte, Duncan.
Él sabía que su tío estaba equivocado. Casi todas las personas que le habían importado en la vida lo habían dejado. Por eso había aprendido que era mejor no encariñarse con nadie. Más seguro.
– Annie no es de las que se van. Mira su vida…
– ¿Qué sabes tú de ella?
– Lo que tú me has contado: vive con sus primas, cuida de ellas… las ayuda a pagar su educación. Y aceptó salir contigo para que su hermano no fuera a la cárcel. No es una persona que se rinda fácilmente.
Cierto, pensó Duncan. Annie era una persona seria, responsable.
– Lo de su hermano es diferente.
– No lo es y tú lo sabes. Annie te da pánico porque con ella todo es posible -suspiró Lawrence-. No dejes que lo que pasó con Valentina destroce tu vida. No vivas lamentando haberla dejado escapar, los remordimientos te comerán vivo.
– No pasará nada de eso.
– Muy bien, puedes intentar convencerte a ti mismo si quieres, pero no es verdad. Annie es lo mejor que te ha pasado, hijo.
– Annie aceptó salir conmigo para salvar a su hermano, no tiene nada que ver conmigo.
– Tal vez al principio no, pero ahora sí. Se está enamorando de ti, Duncan. Tal vez ya lo está. Y estas cosas no ocurren a menudo, yo lo sé muy bien.
Después de eso, Lawrence salió de la sala de juntas y Duncan se quedó a solas, pensativo. ¿Lamentaría dejarla escapar?, se preguntaba.
La verdad era que su tío tenía razón, Annie le daba pánico. Con ella había posibilidades, muchas posibilidades.
Pero él ya le había entregado su corazón a una persona y había un sido un tremendo error. El amor era una ilusión, una palabra que las mujeres usaban para utilizar a los hombres. Tal vez Annie era diferente, pero no sabía si quería arriesgarse.
A pesar de llevar tres días trabajando casi sin parar, Duncan no podía olvidar las palabras de su tío. Y no podía dejar de pensar en Annie.
Arriesgarse en el amor era algo que se había prometido no volver a hacer y, sin embargo, sentía la tentación de hacerlo. Era la única explicación para que estuviera en unos grandes almacenes una semana antes de Navidad, abriéndose paso entre la gente y buscando un regalo para sus primas y para Kami.