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La Piedra de las Lágrimas (A Espada da Verdade #3)

Электронная книга - «La Piedra de las Lágrimas (A Espada da Verdade #3)». Краткое содержание книги:

Tras derrotar a Rahl el Oscuro, Richard se dispone a disfrutar de la máxima recompensa a la que podría aspirar, el amor de Calan. Pero, inadvertidamente, el joven rasgó el velo que separa el mundo de los vivos del de los muertos y ahora debe enfrentarse al mal supremo, al temible Custodio del inframundo, que intenta escapar.

Para vencerlo, Richard debe aprender a dominar sus incipientes talentos arcanos, pues de otro modo morirá. A no ser que Richard aprenda a controlar sus poderes, nadie, ni siquiera su amada Calan, la poderosa pero benevolente Madre Confesora, podrá salvar al mundo. El único modo de lograrlo es ponerse en manos de las misteriosas Hermanas de la Verdad, que afirman ser su única esperanza.
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Richard aguzó los oídos. Recordó que Kahlan le cantó en una ocasión una tonada sobre los aulladores en la que se mencionaba «el guijarro en el estanque». Warren no conocía esas profecías a fondo y aún no se daba cuenta de su importancia.

— ¿Conoces la Segunda Norma de un mago? —preguntó Richard.

— ¿La Segunda Norma? ¿Es que los magos tienen normas? ¿Cuál es la Primera?

— ¿Recuerdas la noche que Jedidiah se rompió la pierna y yo te dije que tenías un poco de ceniza de la alfombra? ¿Y tú trataste de limpiártela? Pues estaba usando la Primera Norma de un mago. —Warren puso ceño—. Piensa sobre ello y trata de averiguar cuál es. Mientras tanto es importante que aceleres la investigación.

— Bueno, ahora me será más fácil, porque la hermana Becky tiene mareos matutinos y no la tengo constantemente mirando por encima de mi hombro. Sí, está embarazada —confirmó ante el gesto de curiosidad de Richard.

— ¿Son muchas las Hermanas que tienen hijos?

— Sí. Imagínate; con tantos magos jóvenes en palacio a los que ya no se permite ir a la ciudad… Las Hermanas satisfacen sus necesidades para que no interfieran en sus estudios.

Richard miró a Warren con recelo.

— ¿Es tuyo el hijo de la hermana Becky?

Warren enrojeció hasta la raíz de los cabellos.

— No. —Sin apartar los ojos de la ciudad, añadió—: Me estoy reservando para la mujer a la que amo.

— Pasha.

Warren asintió. Richard posó la mirada en el Palacio de los Profetas y la ciudad que lo rodeaba. Necesidades.

— Warren, ¿todos los hijos de los magos heredan el don?

— Oh no. Se dice que hace miles de años, antes de que el Viejo Mundo y el Nuevo se separaran, nacían muchas personas con el don. Pero con el tiempo quienes ejercían el poder fueron matando a los más jóvenes con el don, para que nadie pudiera arrebatárselo. Tampoco permitían que se les enseñara. En el pasado los padres enseñaban a sus hijos, pero conforme nacían menos bebés con el don y éste se saltaba más y más generaciones, quienes poseían el conocimiento lo guardaban celosamente para sí. Ésta es la razón por la que fue creado el Palacio de los Profetas; para enseñar a los poseedores del don que no contaban con un maestro.

»Con el transcurso del tiempo, el don fue desapareciendo de la raza humana, del mismo modo que se elimina un rasgo concreto de una raza animal. De este modo los magos cada vez eran menos numerosos y tenían más poder.

»Ahora que el don casi está erradicado, los nacidos con él son muy poco habituales. Tal vez solamente uno de cada mil hijos de un mago lo hereda. Somos una raza en extinción.

Richard miró de nuevo el palacio y luego la ciudad. Con los ojos clavados en el palacio, se levantó.

— No es que satisfagan nuestras «necesidades» —susurró—, sino que nos están usando como sementales.

Warren también se puso en pie. Tenía el entrecejo fruncido.

— ¿Qué?

— Están usando el palacio, todos los jóvenes que viven en él, para engendrar magos.

El ceño de Warren se hizo más profundo.

— Pero ¿por qué?

Richard tensó la mandíbula.

— No lo sé, pero pienso descubrirlo.

— Bien —repuso Warren con una sonrisa—. Necesito una aventura.

Richard lo miró fríamente.

— ¿Sabes qué es una aventura, Warren?

— Pues claro. Una experiencia emocionante.

— Aventura significa estar muerto de miedo, sin saber si vas a morir, ni si tus seres queridos podrán salvarse. Aventura es meterse en un lío tan grande que no sabes si podrás salir de él.

Warren jugó con el trenzado de su manga.

— Nunca lo había considerado así.

— Bueno, pues hazlo, porque estoy a punto de empezar una aventura.

— ¿Qué vas a hacer?

— Cuanto menos sepas, de menos tendrás que preocuparte. Tú encuentra la información que te pedí. Si el velo está roto, nos veremos todos empujados a una aventura sin fin.

— Bueno —repuso Warren con mirada brillante—. Al menos he averiguado una cosa que te será de ayuda.

— ¿Sobre la piedra de Lágrimas?

— Exacto. He descubierto que es imposible que la hayas visto. Está encerrada detrás del velo. Podría decirse que forma parte de éste.

— ¿Estás seguro? ¿Estás seguro de que no puedo haberla visto?

— Segurísimo. La piedra de Lágrimas es el sello que mantiene al Innombrable prisionero en el mundo de los muertos, en el inframundo. Puede gobernar las almas de los muertos que están con él, pero le está vetado el paso a nuestro mundo. Justamente la piedra de Lágrimas se lo impide.

— Menos mal. —Richard soltó un suspiro de alivio—. Es fantástico, Warren. Buen trabajo. —Suavemente agarró la túnica del joven y lo acercó—. Estás seguro; es del todo imposible que la piedra de Lágrimas esté en este mundo, ¿no?

Warren negó con la cabeza, muy seguro.

— Imposible. El único modo de que la piedra estuviera en este mundo sería que atravesara la puerta.

Richard empezó a sentir un hormigueo en la carne.

— ¿Puerta? ¿Qué puerta?

— Es algo así como un pasillo entre el mundo de los vivos y el mundo de los muertos. Fue construido con magia de ambos mundos y solamente puede abrirse usando ambos tipos de magia, tanto de Suma como de Resta. Puesto que el Innombrable habita el inframundo, solamente posee Magia de Resta y no puede abrirla. Y lo mismo ocurre con los magos de este mundo, que no pueden abrirla porque solamente poseen Magia de Suma.

Richard tenía ya la piel de gallina.

— ¿Pero alguien que pudiera controlar ambos tipos de magia podría abrirla?

— Bueno, sí —tartamudeó Warren—. Siempre que tuviera la puerta. Pero se perdió hace más de tres mil años. Ha desaparecido. Tranquilo, estamos perfectamente a salvo.

Richard no sonreía. Aferró la túnica de Warren con ambas manos y lo atrajo bruscamente hacia sí.

— Warren, dime que la puerta no se llama magia del Destino. Dime que la puerta no son las tres cajas del Destino.

Lentamente los ojos de Warren se fueron abriendo hasta alcanzar el tamaño de dos monedas de oro.

— ¿Dónde has oído ese nombre? —susurró en tono desasosegado—. Aparte de mí, solamente la Prelada y otras dos Hermanas a las que se les permite leer los libros en los que se llama a la puerta por su antiguo nombre lo conocen.

Richard apretó los dientes.

— ¿Qué pasa si se abre una de las cajas?

— No es posible abrirlas —insistió Warren—. Es imposible. Ya te lo he dicho. Se necesitan ambos tipos de magia, tanto de Suma como de Resta.

— ¿Qué pasa? —insistió Richard.

Con ojos aún desorbitados, Warren tragó saliva.

— En ese caso se abriría la puerta entre ambos mundos. El velo se rasgaría. El sello que retiene al Innombrable desaparecería.

— ¿Y la piedra de Lágrimas estaría en este mundo? —Warren asintió. Richard lo agarró con más fuerza si cabe por la túnica—. ¿Y si esa caja se cerrara, se cerraría también la puerta? ¿Se colocaría el sello en su lugar?

— No. Bueno, sí, pero solamente puede cerrarla alguien con el don. Se precisa magia para cerrar la puerta. Pero si un poseedor del don cierra la caja, y con ello la puerta, rompe el equilibrio, pues solamente posee Magia de Suma. En ese caso el Innombrable se escaparía del inframundo. Más correctamente, el mundo de los muertos engulliría este mundo.

— Pues ¿cómo se puede cerrar la caja para mantener ambos mundos separados? —preguntó un agitado Richard.

— Del mismo modo que se abre la puerta. Con Magia de Suma y de Resta.

— ¿Y qué hay de la piedra de Lágrimas?

— No lo sé. Tendré que estudiarla.

— Pues será mejor que te des prisa.

— No me digas que sabes dónde están las cajas —gimió Warren—. No las habrás encontrado, ¿verdad?

— ¿Encontrarlas? La última vez que las vi, una estaba abierta e iba a engullir al bastardo de mi padre y enviarlo al inframundo.

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